
Sus inicios son similares a los de los grandes toreros, saltando a la plaza por voluntad propia con sólo quince años. “Fui con un primo a un Caja de Ronda – Joventut y estaba en la grada, pero las fotos que a mí me gustaban yo veía que estaban debajo de la canasta. Entonces le dije a mi primo: 'me encantaría estar ahí debajo'. Era otra época, con apenas 500-1000 personas en la cancha, y yo salté la valla, me puse junto a la canasta y empecé a lanzar fotos”.

Cuando empieza a hablar de Unicaja, la cara se le ilumina. Porque él trata al club como una familia. Ya no sólo por Juan de Dios, un hombre que desgraciadamente nos dejó y que fue un padre para muchos dentro de la institución, pero Mariano refleja en sus palabras el sentimiento familiar hacia mucha gente que lleva muchos años trabajando por el baloncesto en el equipo malagueño.
“Le tengo mucho cariño al inicio de todo, todo era nuevo para mí, un año muy especial en todos los sentidos, me acogieron y me trataron como un adulto siendo un crío. A mí me duele mucho este equipo, a veces me he ido del Carpena con lágrimas cuando he oído pitos, porque el club no es sólo doce tíos que juegan, es Toñi, es Juande, es Rosa, es Ignacio, María, Nuria y mucha gente que no nombro por no dejarme a nadie y que lo vive al máximo y trabaja mucho para sacar un partido adelante”.

Aquí comenzaron a llegarle los primeros ingresos a Mariano, gracias a las fotos que vendía a los jugadores. “Quiero remarcar que yo nunca regalé fotos. Los jugadores me compraban las fotos a 100 pesetas, que me servía para comprar más equipo y químicos para revelar, que lo hacía en casa de mi abuela, y los mismos jugadores me pusieron en contacto con la revista ‘Nuevo Basket’, no había nadie que enviase fotos de aquí y empecé a trabajar con ellos”.
Eran los inicios del fotógrafo que conocemos hoy, que inició un ascenso meteórico que le llevó a cubrir el PreOlímpico para Barcelona ’92 con la Selección de Lituania. “Estuve más de dos meses de gira con ellos pero no pude llegar a acompañarles durante la Olimpiada, pero esa experiencia no la cambio por nada, era un equipazo con Sabonis, Kurtinaitis, Chomicius, Marciuloinis, Krapikas… y estar con ellos, que te traten como uno más y la cantidad de anécdotas que viví con ellos para mí quedan”.

Su trabajo con la Selección Lituana y su buena relación con todo el grupo le valió para que la Federación Lituana de Baloncesto le otorgase la Medalla Olímpica de la Federación como agradecimiento a su labor con ellos. Porque si algo ha acumulado Mariano Pozo en estos años, además de fotografías, son amigos, y se jacta de no haber obtenido ni un enemigo en todo este tiempo.
“Aún mantengo contacto con jugadores de la primera época en la que comencé a tirar fotos y luego he ido haciendo muchos amigos durante estos años”. Uno de ellos, y con quién vivió una de las anécdotas más curiosas fue con Manel Bosch. “Manel y Antonio Medianero eran amantes de la pesca y nos fuimos con una zodiac que me había comprado al Faro de Calaburras. A mí no me gustaba el día pero los dos comenzaron a picarme y terminamos echando la barca al agua, con la mala suerte que el motor se para y las olas empezaron a llevarnos hacia las rocas. Saqué los remos pero no salíamos de allí porque no hacíamos más que dar vueltas debido a que Medianero remaba al contrario nuestra. Tuve que echar el ancla y al rato conseguí arrancar el motor y salir de allí, pero fue una aventura que estuvieron mucho tiempo sin conocer en el club”.

Pero una de las historias que más impactaron a Mariano Pozo fue acompañar a Kareem Abdul-Jabbar. “Manolo Rubia, un hombre que con un móvil consigue lo que quiera, trajo a Kareem al Campus de Unicaja y me dijo que si quería acompañarles a la Alhambra. Alquilamos una Space y lo llevé a mi lado hasta Granada, siendo una gran experiencia para mí hablar con él, así como la entrevista que hice a ‘Magic’ Johnson para Gigantes, el primer periodista español que le entrevistó tras anunciar que tenía SIDA, o ser el primer periodista en publicar una entrevista a Karnisovas antes de que fuese conocido”.

Pero el mundo de Mariano Pozo no siempre ha estado alrededor de una cancha de baloncesto. Un viaje personal le llevó a sacar al Mariano más solidario. “En un momento de mi vida donde andaba algo perdido, me saqué un billete de ida hacia un sitio que sabía que me iba a impactar, Nueva Delhi, en el trabajo fueron comprensivos ante mis necesidades de cambiar de aires, y allí conocí a gente muy interesante, como Lola Feliú, una mujer catalana casada con un danés que trabajaba en la Embajada Danesa, y ellos me condujeron a un Slum, una especie de guetto, donde estuve viviendo y trabajando de voluntario”.

Aquí se inició la otra faceta de Mariano Pozo que ahora está muy volcado con Mozambique. “Tras lo de Nueva Delhi comprendí que con la fotografía se podían hacer cosas, y ya a través de mi amigo Javier Souvirón, surgió lo de Mozambique, del que aún quedan libros que vender y con el que estamos logrando mucha repercusión”.
Pero la cosa no queda aquí “Estoy esperando acabar la venta de este libro para iniciar otra historia. Me gustaría volver a Delhi porque hay proyectos muy dignos allí en los que creo que puedo aportar mi granito” Y además ahora le llega la oportunidad de exponer en Nueva York, un gran logro después de haber expuesto en Rusia. “Un director de cine muy conocido y oscarizado de allí, Nikita Mijalkov, recibió mi libro a través de un amigo suyo que vive en Marbella y me invitó a exponer en Moscú en la Fundación Cultural de Rusia. Exponer allí es tocar el techo en Rusia y ya el siguiente paso debía ser Nueva York. Ahora me acaba de llegar la oportunidad casi sin esperarlo por la carta de una señora directora de una galería de arte de Nueva York que estaba interesada en representarme y que expusiese allí. Primero lo tomé como una broma, pero contacté con ella y era real, y estoy bajo shock, a falta de cerrar todas las condiciones para poder exponer”. Curioso que alguien que ha llegado a exponer en Rusia y que expondrá en poco tiempo en Nueva York no haya alcanzado el reconocimiento en su propia tierra.

¿Y qué foto le falta a Mariano Pozo por fotografiar? “Soy un insatisfecho compulsivo y siempre quiero más. Y cuando estuve en la Final Four de Atenas y vi aquel pabellón con los cuatro escudos te das cuenta que eso es algo muy gordo y ver a tu equipo el último día levantando la Euroliga sería lo más grande”.
29 años de fotografías, de baloncesto, de anécdotas, de solidaridad, de buenos y malos momentos, pero sobre todo 29 años pudiendo disfrutar de una gran persona, como define a Mariano Pozo todo aquel que le conoce. Y lo mejor de todo es que le queda cuerda, ilusión y ganas para seguir durante mucho tiempo más.







