¿Qué pasa con el viejo teammate de Shaq: Mike Hansen?

  • La escena sigue fresca en la memoria. El Forum Valladolid acaba de ganar un partido igualado. Cuando los últimos aficionados están abandonando las gradas, de los vestuarios sale el base del equipo local. Es un jugador rubio, de ojos azules y tez muy blanca; cualquiera le habría tomado por un guiri. Se dirige, con un balón en sus manos, a la canasta en la que ha fallado, casi al final del partido, un par de tiros libres que podían haber permitido a su equipo sentenciar antes. Los aficionados más jóvenes saltan a la cancha y rodean la bombilla. Se planta y empieza a lanzar
El base se llamaba Mike Hansen. El mismo jugador que, a sus treinta y siete años, se resiste a abandonar las canchas de baloncesto. El base de Torrejón de Ardoz ha sido internacional absoluto con la selección española, ha jugado en la ACB (Estudiantes, Valladolid, Huelva, Murcia y Cáceres) y en Alemania (Bayer Leverkusen y Brandt Hagen). En su hoja de servicios también consta que fue capitán del equipo de su universidad -Louisiana State University- donde compartió vestuario con un tal Shaquille O´Neal. Casos de longevidad deportiva hay muchos, pero pocas veces nos encontramos con jugadores que han jugado al máximo nivel y que deciden seguir jugando en un equipo modesto, cuando no les obliga nada más que la pasión por su deporte.

Esta temporada, Mike ha jugado en el UFC Zamora, que compite en el grupo A de la liga EBA. Llegó a Zamora después de que su periplo alemán terminase abruptamente. En Alemania, con el Bayer Leverkusen, había disputado la Euroliga y la final de la Bundesliga, pero su siguiente etapa en tierras germanas, en el Brandt Hagen, no fue tan positiva. “Jugué allí mi último año y fue una mala experiencia, el equipo tenía problemas económicos y cuando volvimos de las vacaciones de Navidad nos reunieron a todos y nos comunicaron que disolvían el club porque no había dinero. Así que teníamos que buscarnos equipo a mitad de temporada”. Fue un golpe duro, y Hansen decidió que había llegado el momento de dejar el baloncesto profesional. Su familia le había estado siguiendo en su periplo por la ACB y la Bundesliga. Mario, su hijo mayor, tenía ya edad para empezar el colegio y la familia quería establecerse en Valladolid. Entonces surgió la posibilidad de comenzar un negocio con Sergio Luyk y decidió arriesgarse. “Pensé que mi familia ya se había sacrificado bastante por mi carrera. Mis hijos y mi mujer necesitaban una estabilidad, ella es de Valladolid y mientras jugaba en España todo iba bien, pero luego, en el extranjero, sufrió mucho. En Alemania la vida era muy dura para ella. Yo estaba en lo mío, iba a entrenar, y se me pasaba volando el día. Así que, aunque tuve ofertas para jugar en la LEB, tomé la decisión de arriesgarme, no jugué el final de aquella temporada y me dediqué cien por cien al negocio”.

Mike, no obstante, decidió intentar compatibilizar su recién iniciada vida laboral con el baloncesto. En la temporada 2004-05, fichó por el Palencia de la liga EBA. Esa temporada, el equipo castellano consiguió el ascenso a la LEB 2, pero la exigencia en la categoría superior era ya demasiada para un jugador cuyo “modus vivendi” no es el baloncesto. “Había que ir a entrenar a diario, pero yo ya tenía mi empresa y necesitaba viajar a Madrid con asiduidad. Así que cuando me llamó Gerardo Hernández de Luz (el presidente del C.B. Zamora) me decidí por Zamora. Allí han confiado en mí, cosa que agradezco muchísimo, ya que me han dejado compaginar el trabajo con el baloncesto. Esta es mi segunda temporada allí y estoy encantado”.

Mike necesita poder compatibilizar sus obligaciones familiares y profesionales con su afición al basket y eso no siempre es sencillo. “Es una cosa especial. El año pasado entrenábamos tres veces en Zamora y una en Valladolid, ya que algunos jugadores vivimos en aquí. Este año voy dos veces, los martes y los viernes a Zamora y entrenamos los miércoles en Valladolid. Tengo el lunes y el jueves libres, así que suelo estar trabajando en Madrid esos días. Puedo jugar y hacerlo a un nivel alto, porque tampoco quiero estar en Zamora por estar, me exijo mucho. Soy un privilegiado por poder seguir jugando en la liga EBA; hay mucho talento, jugadores jóvenes que poco a poco quieren subir”.

En la liga EBA toca viajar en autocar y comer por el camino. A la vuelta bocata y película. La mayoría de los equipos del grupo A son gallegos y los desplazamientos desde su residencia en Valladolid no son nada cómodos. “Te recuerda como empiezas. Vuelves con las piernas muy cargadas, sobre todo las rodillas, pero me encanta. De mi quinta solamente quedan en activo Nacho Azofra y Nacho Rodríguez, así que me considero un privilegiado”.

A Mike le recuerdan continuamente su estancia universitaria en Estados Unidos, país del que su padre es originario. “Tras jugar en los equipos inferiores de Canoe y Estudiantes, fui a estudiar COU (High School) con Sergio –Luyk- a Kentucky. Luego empecé mis estudios superiores en la Universidad de Tenesee. Tras un buen primer año, me llegaron ofertas de otras universidades como Arizona y LSU. Me decidí por esta última, pero al cambiar de universidad, y debido a la normativa de la NCAA, tuve que pasar un año sin jugar. Como dicen allí, llevé la “red shirt” (la camiseta roja). En LSU me licencié en Economía y en mi último verano los Rockets me invitaron al “rookie camp”, pero me lesioné un par de semanas antes en el tendón de aquiles. Luego me volvieron a llamar, pero renuncié porque era una lotería y si no estás en el draft es muy difícil. Con Shaquille O´Neal sigo en contacto a través de terceras personas. Mi padre vive en Orlando y se ha acercado alguna vez a saludarlo en algún partido de los Heat. Es un orgullo el haber jugado con él y espero verle en una próxima visita a Estados Unidos

En LSU Mike también coincidió con Stanley Roberts, otra estrella universitaria que luego jugó en el Real Madrid y en la NBA, antes de empezar a tener problemas que le llevaron a tener que dejar el baloncesto profesional. “Fuimos compañeros de habitación durante un año entero. Era un tipo con un corazón enorme, supergeneroso. Es difícil encontrar a un tío que, siendo una estrella como era en ese momento, fuese tan buena persona. No sabía decir que no y dejaba a todo el mundo acercarse. Esos años era mejor que Shaq mil veces, Shaquille tenía una fuerza, una determinación y unas ganas que no las tenía Stanley, pero lo que es jugador de baloncesto era bastante mejor que O´Neal en esa época. Después ha tenido problemas por falta de mentalidad. Viví con él cuando era un tío sin pasta, que es cuando conoces de verdad a la gente, cuando uno no tiene dinero, cuando llegó el dinero fue demasiado generoso con la gente que se le acercó. Le deseo lo mejor”.

Mike tiene muy gratos recuerdos del Europeo de Roma 91, en el que España conquistó la medalla de bronce. Cuando debutó con la selección absoluta todavía jugaba en la NCAA y, a pesar de haber estado parado un año, por el cambio de universidad, Antonio Díaz-Miguel le hizo un seguimiento especial. “El primer año en Lousiana lo hice muy bien, y Díaz-Miguel vino a verme varias veces y me seleccionó. Entre los bases de aquella época estaban Pablo Laso, Salva Díez, Rafa Jofresa, Antúnez, José Antonio Montero... Jugué con Epi, Villacampa, Antonio Martín... que eran ídolos míos desde chaval. Antes, además, ir a la selección no era como ahora. Antonio nos llevaba durante dos meses a un grupo grande, sin las estrellas, e iba descartando, luego llegaban los que iban a jugar, con lo que sólo había dos puestos, uno de base y a lo mejor otro de alero”.

El año siguiente, en la cita de Barcelona 92 fue el último descarte de Díaz-Miguel. “Es un orgullo ver a la selección que tenemos ahora, siempre ha habido mala suerte, pero ahora parece que el jugador español ya se lo cree. Estas generaciones tienen una cosa buena: tienen más ego que nosotros. Antes íbamos con mentalidad secundaria, ahora no tienen miedo a nada, y ser campeones del mundo les va a dar más fuerza. Tengo mucha ilusión con el Eurobasket de España. Seremos el equipo a batir, todos irán a por nosotros. Todo lo que no sea meterse en la final me extrañaría”.

Tras su aventura americana Mike decide regresar a la ACB y juega con Estudiantes, que tenía sus derechos de formación. En Madrid vivirá un año agridulce. “Tenía una ilusión muy grande por hacerlo bien. Fui el base suplente, pero creo que hice méritos para jugar más minutos. Seguramente en otro sitio podría haber duplicado mis estadísticas, pero por aquel entonces el Estudiantes estaba sólo por debajo de Real Madrid y Barcelona. Al final de temporada perdimos en semifinales 3-1 contra el Madrid de Sabonis”.

La siguiente parada fue Valladolid. Allí conoció a su mujer y allí reside en la actualidad. “Con el Forum jugué tres años, quizás los mejores de mi carrera en la ACB. Además tuve la oportunidad de compartir vestuario con Oscar Schmidt. Recordar cómo jugaba y se entrenaba, a los 38 años de edad, un jugador de su categoría me motiva para seguir en activo. Oscar ha sido uno de los más grandes. Recuerdo una vez en Vitoria cuando, después del entrenamiento, se quedó tirando triples. Metió 68 consecutivos y nos dejó a todos alucinados”. Cuando los compromisos con el Zamora se lo permiten, también queda tiempo para seguir al Capitol Valladolid, en cuya cantera juega la siguiente generación de la familia Hansen. “Creo que han reaccionado a tiempo, aunque todavía faltan partidos por jugar y no pueden bajar los brazos. Valladolid tiene una tradición de baloncesto importantísima y sería una pena descender de categoría. Creo que han mejorado mucho en defensa, quizás sea logro de Imbroda, aunque creo que los jugadores también han cambiado su actitud. Imbroda creo que ha hecho un buen trabajo psicológico, algo que es muy necesario en un deporte de precisión como el baloncesto, donde tienes que estar fresco mentalmente para rendir a tope”.

Después de Valladolid, Huelva. A las órdenes de Valdeolmillos, Mike recuperó una de las características que le habían llevado a triunfar en LSU: su capacidad anotadora. Su posterior experiencia en Murcia no fue, en cambio, una etapa muy agradable “La de Huelva fue una temporada muy bonita. Jugué de escolta en muchos partidos y fui uno de los mejores anotadores nacionales de la liga. Unas cuantas veces estuve cerca de los treinta puntos, en algún partido incluso los pasé. En cambio en Murcia, viví el peor año de mi carrera. Sigo conservando una buena relación con mucha gente de allí, pero la gestión de la directiva fue un desastre, con decir que por el equipo desfilaron 27 jugadores se dice todo. A nivel personal empecé jugando muy poco, pero todo cambió cuando Manolo Flores se hizo cargo del equipo y me salvó la temporada. Incluso un mes me premiaron como el mejor jugador nacional de la ACB, pero desgraciadamente para el club Flores llegó demasiado tarde y descendimos”.

La última parada en la ACB, tras el paréntesis del Bayer Leverkusen, fue Cáceres. “En Cáceres, aunque hubo momentos malos por los problemas económicos del club, había mucho respeto por los jugadores que creo que es lo más importante. Llegamos a estar cinco meses sin cobrar, pero entrenábamos y jugábamos al máximo nivel. Pero al final los problemas económicos se pagan y las marchas de los extranjeros (Deon Thomas, Bobby Martín...) nos hizo imposible mantener la categoría. Pero el recuerdo es muy bueno, incluso en el último partido la afición nos ovacionó. Ahora esas cosas ya no suceden. La ACB ha pulido esos temas; todo es más profesional. Los jugadores ya no tienen que preocuparse por su nómina, sólo tienen que concentrarse en jugar y en dar lo máximo”.

Mike no descuida sus obligaciones como padre y pretende inculcar a sus hijos –tiene tres- todo lo que ha aprendido en su devenir profesional.

“A Mario le enseño todo lo que puedo y le animo a que haga deporte. Me encantaría que jugase al baloncesto, pero lo más importante son los estudios porque llegar a ser profesional es muy difícil. El deporte, te da muchos valores, te enseña a competir y eso es importante en la vida, porque en la vida recibes muchos palos y hay que saber levantarte cuando te caes y cuando llegan los problemas. Un deporte como el baloncesto te enseña a jugar en equipo, a no ser egoísta, a sacrificarte. Mi padre es norteamericano, de los de la vieja escuela, y lo que me transmitió y me enseñó me ha ido bien; yo pongo mis pinceladas, el modelo funcionó conmigo y aunque los tiempos han cambiado y hay que evolucionar en ciertas cosas el deporte sigue teniendo los mismos valores que antes”.

Mike Hansen es consciente de que cada vez le queda menos para disfrutar del baloncesto de competición y tiene claro que no quiere defraudar a nadie, pero sobre todo no quiere defraudarse a sí mismo. “Jugaré siempre al nivel que me exijo, ni mi voy a arrastrar ni voy a engañar a nadie, sé que lo de seguir jugando me lo tengo que plantear año a año. Las lesiones me han respetado mucho, he tenido suerte en ese aspecto, así que si puedo compaginar trabajo y baloncesto, me sigo encontrando bien, y en Zamora están contentos seguiré, porque la ilusión la tengo”.

Sobre el autor

Antiguedad: 
7 años 6 meses
#contenidos: 
5
#Comentarios: 
16
Total lecturas: 
78,637