
Los aproximadamente 200.000 habitantes de la ciudad no costera más grande de Florida sabían que desde el mismo momento que la primera elección del draft del año 1992 les había correspondido a ellos, una franquicia de reciente creación, eran los afortunados de tener a un jugador especial en sus filas. Después de la decepción que supuso al joven Shaq no haber sido incluido, por turbias razones, en el Dream Team que compitió en Barcelona 92, su llegada a la NBA fue demoledora. ONeal era una apisonadora tanto en ataque como en defensa, y tantas expectativas generó en su año rookie, que fue muy comentado ese año el recibimiento que le tenían preparado en el All Star Game de Salt Lake City los más jugadores veteranos. Todos querían dar una lección al jovencito de ciento y pico kilos que estaba predestinado a poner la liga a sus pies, y en los años venideros, vaya que si la puso
Hoy, más de una década después, los habitantes del Condado de Orange tienen motivos para volver a ser felices. Después de pasar años de absoluta oscuridad baloncestística, después de ver como un traspaso tan favorable, a priori, como el de Grant Hill les salía rana, después de ver a Ben Wallace ganar cuatro trofeos de mejor defensor en otro equipo, después de ver volar a T-Mac desde Florida hacia Houston, después de ver apagarse poco a poco a Penny Hardaway, después de todo eso, ahora tienen a alguien que les recuerda sin cesar a ese joven pívot que tuvieron hace más de diez años. Cuando los asistentes al TD Waterhouse Center ven jugar a su número doce, el dominio que impone en ambas zonas les hace recordar que de nuevo tienen cuarenta y un días de fiesta más que el resto de norteamericanos.
Como diría una conocida marca de cerveza, Dwight Howard es, posiblemente, el pívot más dominante de la NBA. Y lo que más asusta de él no son sus gigantescos hombros, tampoco su físico portentoso, ni siquiera su capacidad reboteadora. Lo que más asusta de Dwight Howard es que sólo tiene veintidós años recién cumplidos hace menos de una semana. Si un jugador con su edad es capaz de dominar un partido de la manera que él lo está haciendo, ¿qué no será capaz de hacer cuando esté en su, aún lejana, madurez de su carrera?

¿Quién no ha tenido la sensación de estar viendo al Shaq del 94 o 95 cuando ve a Howard hacer uno de sus mates monstruosos o cuando coloca alguno de esos tapones? Si bien su juego ofensivo es ligeramente diferente, la potencia con la que suele terminar sus acciones es la pura esencia del Shaq Attack de los primeros años. No son jugadores iguales, pero muchas de sus acciones terminan igual, con dos puntos a pesar de las dobles y triples ayudas, con el balón en el medio campo después de un tapón, con una sensación de dominio en la pintura que desanima a cualquiera.
En ciertos momentos, también guarda un cierto parecido con el joven Karl Malone que llegó a los Jazz a mediados de los ochenta; un jugador físicamente imparable que fue evolucionando técnicamente hasta convertirse en un excelente jugador de baloncesto. Ese Malone de unos embrionarios Jazz que llegarían a las finales unos cuantos años después era puro físico, pura potencia, pero temporada a temporada se transformaba en mejor jugador sin por ello dejar a un lado ese dominio físico. El Dwight Howard que llegó con diecinueve años a la Liga era una fuerza de la naturaleza. El Dwight Howard que vemos actualmente sigue siendo un portento físico inigualable, pero con unas mejoras sustanciales en aspectos ofensivos, defensivos y de juego.
Shaq se convirtió en un jugador capaz de marcar una época en la Liga, y ahora, en el ocaso de su carrera, pocos son los que dudan en incluirlo junto a Jabbar, Chamberlain, Russell o Mikan como uno de los mejores centers de la historia. Howard lleva el mismo camino. Si las lesiones le respetan y la evolución sigue su curso, dentro de unos pocos años tener a Dwight Howard en un equipo significará posiblemente ser candidatos automáticos al anillo.
Otro activo importante de Howard es su carácter. Es un jugador entregado y con tremendas ganas de aprender. No parece ser, hasta la fecha, un jugador problemático, sino todo lo contrario. Aparente ser una persona que tiene muy claro lo que quiere, y que sabe que eso que persigue sólo se consigue con mucho trabajo y voluntad. Hasta en esto también sopla en viento de cara para el jugador.

* El Centro Nacional de Huracanes de los Estados Unidos considera a todos los huracanes que sobrepasan la Categoría 3 como Huracanes Mayores. Sus vientos oscilan entre los 177 y los 250 km/h, y sus efectos secundarios son, principalmente, grandes apagones y epidemias. Su categoría de daño se resumen entre los expertos en una palabra: CATASTRÓFICO.





Comentarios
El estadio de los Magic es el Amway Arena. Que gustico da este año ver a los Magic, eso si la temporada es muy larga y los jugadores escasos...Go Magics Go!