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Adiós definitivo del gran Kenny Green

Tiene 33 años y aunque él aún cree que le queda mucho baloncesto en el cuerpo, sus rodillas han dicho basta. Green nació en Waterbury, un pueblo perteneciente a Connecticut. Tras llegar a los dos metros con menos de 17 años y desarrollar una gran condición física, allá por finales de los 80, comenzó a recibir ofertas de diferentes universidades, entre ellas Rhode Island, por la cual se decantó teniendo a Ed Bradley como entrenador. En la universidad neoyorquina recibieron a un Green muy verde, pero que casi alcanzaba un metro en sus saltos verticales. Cualquier momento era bueno para hacer un mate, entrenamientos, partidos, pachangas con los colegas...

Con Rhode Island se midió a los mejores, siendo el líder en tapones por encima de Dikembe Mutombo, Elden Cambel, Derrick Coleman o Alonzo Mourning. Green llegó a afirmar que "ser el líder en tapones siempre ha sido una obsesión para mí", y no es de extrañar, Kenny dominaba la clasificación en el College en 1990 con 4.8 gorros por choque, cerca suyo andaba Mutombo con 4.1 jugando para Georgetown.

Kenny Green está considerado uno de los jugadores históricos en Rhode Island, siendo el mejor taponador de su historia, con records como haber conseguido poner 8 tapones en un encuetro en 5 ocasiones. En total 328 tapones en toda su carrera.

Green, tras salir de la universidad, deambula por la CBA y Europa, pero sin ganarse un nombre, hasta ser pescado por el, por aquel entonces, entrenador del Taugrés, Manel Comas, quién le dio la oportunidad de hacerse un grande en la ACB y ser reconocido en toda Europa, por su efectividad, garra y espectáculo.

Tras sus tres años en Vitoria (94/97) recibe ofertas de los grandes, Real Madrid y Barcelona, con un mayor interés de los blancos, pero Kenny no parece dispuesto a jugar 25 minutos por partido, actuó en un campus de los Knicks, que estaban muy interesados en ficharle, pero la oferta era por varios meses y mínimo salarial. Finalmente, al no satisfacerle ninguna de las opciones anteriores decide aceptar una oferta de más de 100 millones de pesetas del Ulker de Estambul (club actualmente desaparecido) donde formaría pareja de extranjero con Mike Anderson. Esto fue la ruina de Green. El entrenador turco obliga a un hombre de 30 años, ya con las rodillas maltrechas, a dejarse la piel en los entrenamientos como si de una final se tratase, lo que propicia más de una discusión entre el jugador y el técnico. Paco García que fue segundo entrenador de Comas en el Taugrés cuando el norteamericano jugaba en el equipo afirmó "nunca vi hacer un mate a Green en un entrenamiento", el pívot era consciente de la degeneración de su rodilla, y sabía cuando eran los momentos en que debía ir a por todas. Este hecho no era aceptado por el técnico turco y Green pasó un infierno entre sobreesfuerzos y pequeños castigos de su técnico que derivaron en la salida del jugador.

A partir de aquí Green no volvió a remontar el vuelo, y no fue el mismo ni en Granada ni en Lugo.

Este año fichó a principios de temporada por el Ferro Carril Oeste en la liga Argentina, y según nos relata Julián Pérez (colaborador de Solobasket en Argentina), Kenny llegó a Ferro Carril Oeste sin contrato garantizado, como la mayoría de los extranjeros, es decir, que su permanencia en el club dependía de su rendimiento partido a partido. Sólo jugo dos encuentros, uno como titular, consiguiendo 5 puntos, 3/4 en libres, 1/1 en dobles y un rebote. Se despidió de la liga sin sumar ni siquiera una asistencia, tapa, pérdida o recupero, lo que demuestra su pobre participación.

Su problema físico es una artrosis irrecuperable que sufre en una de sus rodillas, lo que le impide desplazarse con normalidad. Su actitud dentro y fuera del campo fue de esfuerzo y hasta esperanza. Le manifestó al entrenador de Ferro (Enrique Tolcachier) que podía recuperarse en unos meses, cosa que no era cierta ya que su artrosis es irreversible.

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