LA MISTICA DE MANNHEIM

Solapas principales

"El Cantar del Mío Cid", la "Chanson de Roland", o "Los Nibelungos". Iconos de nuestra literatura. Mitología llevada a la literatura. Historias que se cuentan, que no se las lleva el paso de los a~nos, porque su paso y su camino son distintos: de boca en boca. Alguien lo escucha, se fascina, lo imagina y lo escribe. A posteriori, en todos los libros de texto de todos los colegios, se destaca, como la exposición en la que es obligatorio detenerse, estos llamados "Los Cantares de Gesta". Tienen una mística especial.

En baloncesto, uno siempre tuvo en el torneo "Albert Schweitzer" de Mannheim, sus propios "Cantares de Gesta". No se escribe en las revistas, no se publica en los periódicos, no se ve en fotos, ni se escucha en radio o se ve por televisión. En este Siglo XXI de las comunicaciones, Mannheim sólo lo cuentan los que lo jugaron y los que fueron a verlo "in situ". Como el inicio de los cantares: de boca en boca. "Allí, donde los americanos, donde los americanos" me decían algunos que habían estado hace a~nos, y recordaban las respuestas de los nativos de Mannheim cuando les preguntaban por el pabellón. En una base militar estadounidense, en un viejo gimnasio que bien pudiera ser el viejo pabellón del barrio (eso sí, con un parquet que tratan entre algodones), se congregan la mayoría de los mejores jugadores del mundo que no hayan superado las 18 primaveras. No es el marco más adecuado. Pero este lugar tiene una mística especial.

En el mencionado viejo gimnasio, dentro de un área rodeado de "America way of life", pasó Vince Carter y Tim Duncan. Por aquí, nuestros "juniors de oro", la generación de Gasol, Navarro o Calderón, sellaron su registro en el libro de los campeones. Aquí, Jerome Moiso apabulló a Jermaine O\'Neal, y aquí, en palabras del más veterano componente de la organización del torneo, se disputó en 1978, "el mejor partido que yo jamás haya visto" en una final Espa~na-Estados Unidos, donde nuestra quinta del 59 (Romay, Epi, Iturriaga, Llorente, Alocén, Nicolau...) perdió ante unos "yankees" liderados por un tal "Magic" Johnson. "El partido no fue igualado. Pero daba igual. El mejor que jamás he visto". Una historia que tiene una mística especial.

Y esto es Mannheim. Olor a barbacoa por todas partes, americanos apoyando a los suyos, agentes y  ojeadores a cada paso, y un escaparate maravilloso de jugadores dentro de la cancha. Porque como decía Gene Hackman en "Hoosiers", las dimensiones son las mismas, aquí que en cualquier sitio. En su viejo gimnasio, como en el Madison. Lo que interesa es el baloncesto. Pura y simplemente.

Comentarios

Ya pensé que nadie hablaría jamás del duelo Epi-Erving......para los profanos, eso explica el abrazo de ambos en Desastre´92.

Aquí te he visto muy fino Antoñito, gracias por este regalo. Esta mística es la que nos atrapa a todos los que amamos este deporte, disfruta y retén, que luego nos ha de contar.
Un abrazo. Santi

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