Destruyendo a Craig Hodges

Solapas principales

Nunca he sido un devorador de libros, al menos con continuidad. Siempre tengo 2 o 3 tres empezados y no hay garantía de que los acabe leyendo. En los que me suelo sumergir son de diferente temática al baloncesto. 

Desde que recibí, por parte de la editorial Capitán Swing, el libro “Tiro de larga distancia” (Long shot) de Craig Hodges y Rory Fanning no pude dejar de buscar un momento para leerlo. No importaba si sonaba, vibraba o se iluminaba mi móvil.
Ya había investigado sobre Hodges, analizándolo como contrapunto perfecto a Michael Jordan. Craig era unidimensional en el campo, Mike fuera de él. Y no puedo parar de profundizar en el personaje, amigos. Estoy apunto de acabar un documental de 30 minutos sobre el revindicavo ex jugador, homónimo al título de este artículo. Si os apetece, lo podréis ver en nuestro canal de youtube Solobasket. Así que, como suelen decir los youtubers: "¡No olvidéis suscribiros si no os lo queréis perder!"). He recogido el testimonio de Sergio Scariolo (sufrió el mejor partido de Hodges en la Lega), Bruno Arrigoni (entrenador de Hodges en el Clear Cantú italiano), Keith Jenning (jugador de la única franquicia, los Warriors, que se interesaron por Hodges en 1993) y Miguel Ángel Paniagua (agente de jugadores en los 80 y 90, entre ellos, de Fernando Martín).

Volviendo al libro, CH se ha marcado una autobiografía directa pero templada. Explica cómo la NBA y sus actores principales, en mayor o menor grado, contribuyeron a su destrucción como jugador profesional NBA. ¿La razón,? Ser militante de los derechos civiles de la comunidad afroamericana más desfavorecida y un detalle más: criticar a Michael Jordan. De la misma forma relata su tormentosa vida personal, algo que tampoco ayudó en su carrera. Hablamos de un bicampeón de la NBA con los Bulls (91 y 92). Hablamos del, probablemente, mejor tirador del planeta en aquel verano de 1992 (3 veces campeón del concurso de triples de forma consecutiva: 90, 91 y 92. En la Liga sumó un total de 563 triples con un 40%), Larry Bird se retiraba. En verano de 1992, ninguna de las 29 franquicias le quisieron. 

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Craig Hodges, sin equipo y esquivado por las miradas de compañeros y entrenadores en el concurso de triples de 1993 (Fotograma: NBA).
En ese tiempo, la NBA, como sobresaliente empresa económica, tenía que eliminar cualquier amenaza que pudiera resquebrajar su progresión material, que no moral. Hodges era “a pain in the ass” para la NBA y para... Michael Jordan. Lo que viene siendo en español "como un grano en el culo". Intentaba concienciar a los jugadores de la opresión que aún sufría el hombre negro en su país e intenta organizar boicots en partidos importantes. En los 60, unir esfuerzos en los círculos deportivos por luchar por temas sociales era una revolución; en los 90, una amenaza. 

Mientras machacaban a Hodges, todo el mundo miraba a otro lado... Sí, todo el mundo, también bocachancla Charles Barkley. "No querrás acabar como Craig Hodges" era la muletilla de agentes y multitud de mandamases. 

Después de las múltiples reivindicaciones y acciones en los Estados Unidos de los 60 y más allá, llegó el acomodo de más de 20 años. Las nuevas generaciones disfrutaban de los derechos que otros habían conseguido a base de sufrimiento. Sí, el ciclo de siempre. Gracias al desaparecido David Stern la NBA se convirtió en un producto bestial. Una superproducción de beneficios así se consigue a costa de mucho trabajo, inteligencia y, en ocasiones, pocos escrúpulos.

Hoy en día vemos a los Lebron, Chris Paul, 'Anteto' y otros cracks de la liga uniéndos desde sus principios y... contratos muy potentes. Desde la cima de los mejores jugadores de la NBA. Hodges lo hizo desde la soledad de un jugador del fondo del banquillo. Para las franquicias fue fácil ocultar la eclosión que hicieron en su contra. Es más, CH no sólo retó a la NBA también lo hizo al deportista más poderoso, MJ. ¿Por qué?

Porque Craig Anthony Hodges creció en Chicago Heights en 1960, es decir, en el fango. Rodeado de familiares, -sí abuelos, tíos y primos bajo un mismo maltrecho techo-, que tenían las agallas de soportar el dolor por luchar, frecuentemente en él. Dolor por sacrificar su presente e individualidad por un mejor futuro y el colectivo. 

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El duro, pobre y negro Chicago Heights, la otra cara de la ciudad del viento (Foto: Google Maps)
En el barrio de nuestro protagonista, alrededor del 70% de sus habitantes son afroamericanos o  hispanos. El 15.7% forma parte del afortunado grupo que acaba el bachillerato y tiene oportunidades de sacarse una carrera. Es decir, o son pobres o son muy pobres. 

Hodges acabó casado y con hijos con Carlita, una chica del barrio bastante más pobre que él y, peor aún, criada en un entorno familiar terrible. Quinta de nueve hermanos y, según el propio Hodges, traumatizada por un abuelo clérigo pederasta y un padre que, entre entradas y salidas de la cárcel, apalizaba a su madre, incluso, cuando ésta estaba embarazada. 

Nuestro protagonista acabó arruinado, divorciado (su mujer intentó quemarlo vivo, sí, lo que leen) y con una severa depresión mientras esperaba una oferta de la NBA. En verano de 1993, sin un pavo en el banco y viviendo con sus padres, aceptó la oferta del Clear Cantú de nuestro desaparecido Antonio Díaz-Miguel y la leyenda Pierlugi Marzorati para formar parte de la peor temporada del histórico club de la Lombardía. Según la información que encontramos en Internet, el siguiente curso, los huesos del estadounidense irían a parar al Galatasaray turco. Información errónea (que alguien arroje luz si me equivoco), todo apunta que se quedó en USA como técnico de la universidad de Chicago State y posteriormente sí que se quitó el gusanillo en la CBA y Suecia.

 

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