Une y vencerás

Solapas principales

 

¿Somos realmente conscientes de lo que significa que para la próxima temporada (2016-17) el tope salarial en la NBA pasará de 63 millones de dólares por temporada a 92 gracias a una nueva firma de contratos televisivos? Ese incremento de unos 29 millones por franquicia supera los de cada sección de baloncesto de los dos clubes más ricos de España: Real Madrid o el Barça. Y aquí no acaba. Cada año que pase seguirá aumentando hasta el curso 2020-21 que podría alcanzar los 123 millones de dólares. Mientras, en Europa asistimos perplejos a la vuelta de la diversificación entre competiciones FIBA, Euroleague y largo etc. En España la Liga Endesa deja de ser en abierto en Televisión. Movistar Plus (sólo se podrá ver en abierto la final de la Supercopa y la de la Copa) tiene íntegramente los derechos. Se le supone por la subsistencia de muchos de sus clubes. Seguramente, la siguiente competición en seguirla será la Euroleague. Mientras, la FEB afronta una nueva candidatura, tras los más de 60.000 euros que José Luis Sáez destinó para consumo propio. Más tarde, se vería en la obligación de devolverlos. Paralelamente, sus mejores equipos de 'Oro', llevan años apeándose del ascenso a la liga Endesa. Sáez explotó a la perfección la pirotecnia de la mejor generación de la historia mientras las competiciones FEB siguen languideciendo. Jorge Garbajosa, Arturo Aguado y Alfonso Cabezas son los candidatos y ¿la solución a un equilibrio económico más global de nuestro deporte? ¿A una herramienta que nos una? Ojalá.

Todo el mundo conoce aquello de “Divide y vencerás” pero como queda poco por dividir me amparo en la acción inversa que, de paso, es mucho más constructiva: ‘Une y vencerás’. Además, contaría con el factor sorpresa que sumaría más para dar un golpe maestro. Y parafraseo a Will Durant recogiendo una reflexión de su obra Historia de la civilización: “Una gran civilización no es destruida por otra, si antes no se ha ha destruido a sí misma desde dentro”.

Nos encontramos en una Europa inmersa (también el resto del mundo) en una época socio política multipolarizada. El baloncesto no es una excepción. Eso puede ser bueno o malo, como todo. Un grupo heterogéneo que respeta sus propias diferencias actuará con conciencia colectiva y avanzará, un grupo heterogéneo que no las entiende actuará con conciencia individual y retrocederá ante otros grupos. Tan simple, tan difícil pero... ¿a caso no es lo primero que intentaríamos inculcar en cualquier equipo de baloncesto?

Nos jactamos de decir que la pluralidad siempre ha sido la madre de toda fuente de aprendizaje y, por tanto, trampolín hacia la potencialidad pero... ¿qué hay de la pluralidad de intereses? ¿Qué ocurriría si la FEB, ACB, Euroleague y FIBA dirigieran sus posiciones hacia objetivos comunes que beneficiaran desde los clubes de barrio de cualquier parte del continente a los más elitistas (desarrollar, proteger y potenciar el baloncesto en Europa)? Que la NBA sería una de las mayores fuentes de ingresos de nuestro baloncesto y no viceversa. Sin embargo, como ocurre en otros estamentos de poder, da la sensación de que la lucha es individualista y quien no juegue al mismo juego se estrellará. ¿Cuántos recursos, ilusión y energía se pierden por defender y/o atacar a cambio del mayor trozo de tarta posible. Una tarta que, año a año, acaba siendo lo más pequeña posible. 



-NBA, un gran protectora de su business.
A mediados de los 80 en la NBA había 23 franquicias. En la actualidad son 30, eso equivale a más de 100 jugadores en la liga y una mayor demanda anual de estos. Pero aquello es un sueño para la mayoría y, además, las diferencias de pago son más grandes y seguras (¿cuántos clubes integrantes de la ACB aún tienen deudas? ¿Y otros europeos?). La fuga de talentos es tan lógica en el marco 'no USA' como en el NCAA: competir contra los mejores y... ganar el máximo dinero posible. Y por esa máxima el fenómeno es totalmente lógico pero ¿el resto de organizaciones y clubes internacionales estamos haciendo un buen business que sostenga este deporte?
La Asociación que preside Silver paga un máximo de 600.000 euros por cada traspaso vía 'Resto del Mundo-NBA', el resto se lo paga el jugador solito de forma prorrogada extrayendo el dinero de su nuevo contrato con la franquicia NBA a la que pertenezca.

Si nos pusiéramos en el supuesto caso de una liga ochentera NBA con 30 equipos ni una rodilla maltrecha habría apartado de un papel relevante en la mejor liga del mundo a Audie Norris. Y se me antoja difícil que no hubieran acabado en algún quinteto titular los Oscar Schmidt, Vladimir Tkachenko, Dino Meneghin, Rickie Winslow, Nikos Gallis, Drazen Dalipagic, Antonello Riva, Andrés Jiménez o el mismo Fernando Martín. Y... ¿por qué no habrían podido ser importantes role players los Epi, Romay, ‘Pichi’ Campana, Hernán Montenegro, Panagiotis Fassoulas, Félix Morales (si se hubiera escapado del régimen cubano, claro), Richard Dacoury, Panagiotis Giannakis o Doron Jamchy?

Para el maestro Miguel Ángel Paniagua: “otro elemento de medida es el talento de los jugadores que venían a Europa, sobre todo a Italia y a España. Eran jugadores de un calibre tremendo. Hoy en día, no tengo duda de que los Kevin Magee, David Russell, Larry Wright, Bruce Flowers, por solo citar algunos, hubieran tenido un hueco en una plantilla de la NBA actual. Aunque fuera en Filadelfia”. Siguiendo con esa hipótesis… ¿Qué habría sido de nuestras ligas domésticas y europeas ochenteras sin todos esos nombres? Por desgracia, esa perspectiva la estamos viviendo desde hace ya un par de décadas en nuestras propias carnes en el viejo continente.


-Una trampa llamada NBA Development League.
Para más control de talentos, justo después de aquel curso de las 30 franquicias, David Stern dio una nueva vuelta de rosca creando en el 2001 una piscifactoría propia: la NBA Development League o NBA D-League. Ésta acabaría fulminando otras ligas de desarrollo en EE.UU como la CBA. Piensen que la CBA era el plato en el que, de vez en cuando, picoteaba la NBA. La famosa y esperanzadora call-up encarnaba a la perfección el sueño americano. Un caso evidente es el del subcampeón NBA John Starks que poco tiempo atrás de encontrar el camino del éxito trabajaba en un supermercado. Sin embargo, en Europa, aquella CBA de libre mercado, era la fuente principal para la mayoría de los equipos de Europa, sobretodo, para los de media-baja tabla.
Actualmente, cada uno de los equipos que forman la D-League tiene asignada una o varias franquicias NBA donde destinan todos aquellos jugadores que les pertenecen pero no consideran preparados para estar en la mejor liga del mundo, al menos de forma estable. Lo que conlleva a un importante coto privado para cualquier equipo fuera del marco NBA. Se trata de aquellos jugadores tan apetitosos para el resto del mundo que atesoran un potencial lo suficientemente elevado como para tener pie y medio en la NBA. Hablando con Máximo Tobías,  coautor de la obra Invasión o Victoria, me comenta sobre el número de ese perfil de jugador en los equipos de la D-League que “oscila bastante dependiendo de si la franquicia tiene equipo vinculado propio (algunas tienen equipos compartidos, y hablo de 5 franquicias NBA para uno de la NBA-DL) y de si tienen jugadores jóvenes pero, a ojo, pueden ser una media de unos 3-4 jugadores por temporada. Como pueden ser asignados y reclamados infinitas veces es normal que cada jugador sea asignado, a lo mejor, seis o siete veces a la NBDL a lo largo de la temporada”.
Según las estadísticas de la propia liga de desarrollo, las franquicias NBA asignaron 49 jugadores a la D-League durante el curso 2014-15. Sin esa red tejida, hábilmente, por la NBA, en Europa podríamos haber fichado en su momento a jugadores de la calidad de Eric Bledsoe, Reggie Jackson o Terrence Jones. Así como disfrutar durante más años de grandes pívots europeos como Gobert, Tavares, Pleiss o Nogueira en lugar de acabar de relleno en la NBA durante 2 o 4 años.



China, otro detonante que cierra puertas a Europa.
Sé que casos como el de Ralph Sampson en Málaga, Tom Chambers en Tel Aviv, Rony Seikaly en Barcelona o, más recientemente,  Allen Iverson en Turquía fueron duros de digerir pero fue una delicia poder disfrutar, sobretodo en Italia, de otros muchos como Reggie Theus, Bob McAdoo, Adrian Dantley, Artis Gilmore, Ray ‘Sugar’ Richardson, Jeff Ruland (éste recién salido del college), George Gervin, Orlando Woolridge, Dominique Wilkins, Roy Tarpley, John Williams, Marcus Fizer o Curtis Borchardt.

El aumento económico del gigante chino y su fluida relación con la NBA imposibilita ya que viejas glorias NBA, y no tan viejas, asomen su calidad y porte por nuestras canchas. Ganar mucho, entrar poco y competir menos parece ser un cartel irrenunciable para ese corte de profesional que quiere agotar sus últimos cartuchos en una pista de baloncesto. Un pena… entonces, señores Bertomeu, Muratore, Roca, futuro presidente FEB ¿qué hacemos?

Comentarios

El enfoque del artículo me parece correcto como oportuno, con el matiz de querer situar a los entes federativos como dinamo imprescindible para llegar al consenso. Cuando lo que se ha demostrado por activa y por pasiva es que su acción por omisión responde a un extraordinario servilismo de autor. Cuando realmente la punta del iceberg para no avanzar es el amateurismo instaurado en las altas esferas organizativas, ni hablar ya en los propios clubes. De una ACB a la que la crisis del país, la imposibilidad de generar recursos vía subvención pública, le pilló con el trasero al aire por una galopante falta de visión (la que si tuvieron en su día los Gasca y Cia) y de anticipación de los acontecimientos. Y de una Bertoleague que funciona a palos de ciego de manera presidencialista, y a la que de momento le salva la inversión a fondo perdido turca.

Vengo redundando en la necesidad de negociar con NBA las condiciones pecuniarias en concepto de traspaso de jugadores. Asumiendo que vivimos en galaxias diferentes, y que la FIBA no ha sido garante del trabajo de los clubes de cantera, debe ser la principal referencia actual fuera de USA -o sea IMG- la que lidere el cambio. Crear sinergias entre ambos modelos de negocio al margen del COI si es menester, guiñar un ojo a la NBA en su pelea por defenestrar los vigentes campeonatos de selecciones nacionales (del que sacan tajada esos entes que no hacen nada por el baloncesto) en favor de una estructura sostenible de clubs y jugadores. El resultado sería un nuevo contexto "para ricos" pero del que se beneficiarían los pobres y se vería recompensada así su labor de formación. Supondría retro-alimentar la rueda dar salida a esos jugadores y entrenadores de cantera. Su status sería diferente al actual, tal vez, a modo de franquicias patrocinadas de la D-League.

Por otra parte, ¿qué hay de la movilidad de aficionados? ¿Cómo se concibe una competición tan unida como la NBA en Europa, donde algunos aficionados necesitarían sacarse un visado para ir a ver a su equipo a otro país?

La pretensión de este ensaño no propone hacer una competición europea a lo NBA, sino que haya un trabajo en dirección al bien común y protección-explotación de talentos por parte de los máximos estamentos del baloncesto ante la NBA. Gracias de nuevo.

Entiendo. Mis comentarios no son una respuesta directa al artículo, sino más bien una continuación; reflexiones que intentan formular preguntas retóricas yendo un poco más allá en el plano práctico y funcional. Parto de algunas cosas que se plantean en el artículo pero también hago mención a temas que se debaten habitualmente en esta y otras webs cuando hablamos de estos temas.

Lo que quiero decir es que "el bien común" no lo veo yo en Europa. ¿Cuál es el "bien común" del Estu, el Mariupol, el Mega Leks, el Armani Jeans, el Astaná, el Lyetuvos y el Iberostar? ¿Cuál es el "bien común" de la ULEB y la FIBA, de la FEB y la Federación de Montenegro? ¿Le han preguntado a Montenegro si el bien común es que Mirotic se forme en España y juegue con nuestra selección? ¿Le han preguntado a Mirotic si el bien común es que se quede y se forme en su país? No quiero que me des las respuestas, sólo amplío tu lista de preguntas.

Coordinar todo esto, sobretodo en el baloncesto de base, a escala continental me parece una utopía. Buena idea pero imposible totalmente. Ten en cuenta que en Europa (entendida como el extremo occidental de Eurasia) vivimos unos 750 millones de personas en unos 50 países y hablamos más de 200 idiomas. Las realidades socio-político-económico-culturales son muy diferentes (en algunos casos radicalmente) y, en mi opinión, es una riqueza que, conflictos internacionales aparte... yo no cambiaba por nada. Ni siquiera por un baloncesto capaz de retener a los mejores jugadores.

Lo de la división europea de la NBA o una competición europea a lo NBA no es algo a lo que hagas referencia, pero lo comento porque es la punta del iceberg de la que muchos aficionados hablan como si fuera tan simple. Pero se olvidan del resto del iceberg.

Ay, sí, se me olvidaba la corrupción y las rencillas internas en las federaciones de cada país. ¿O unimos el baloncesto al margen de las federaciones? En España nos escandalizamos (bueno, ya no) pero no me quiero imaginar cómo están las cosas en otro países de Europa, sobretodo del este.

A mí me parece que la NBA y el baloncesto en Europa sólo tienen tres cosas en común:
- juegan 5 por equipo
- con un balón naranja
- que hay que meter en dos canastas

En el momento que el árbitro lanza el balón al aire, comienzan las diferencias. No son ya sólo en el aspecto más práctico del juego como normas, banquillos e incluso dimensiones del campo, sino todo, todo, todo lo demás que rodea a ese acto de 5x5. La NBA no sólo lleva una ventaja de muchas décadas sino que su organización es totalmente diferente y no comparable, ni tan siquiera imitable en Europa.

Para empezar, precisamente relacionado con el titular, la NBA es una competición que se desarrolla en un sólo país, con la excepción ahora de los Raptors: los Estados UNIDOS. En Europa hay varios países con diferentes legislaciones y, para más inri, una historia que en muchos casos aún duele hasta el punto de haber tenido recientemente un chico asesinado en Estambul o de tener aficionados serbios desplegando pancartas en Berlín contra los bombardeos de Belgrado (visto con mis propios ojos: "Ni olvidamos, ni perdonamos".) Aquí tenemos la UE, pero no todos los países son miembros de la UE.

Para seguir, y dejando la política a un lado, cada club es diferente y tiene una historia diferente. Porque son eso: clubes. No son franquicias pertenecientes a una misma "empresa". Y esos clubes se financia cada uno como buena o malamente puede: fútbol, mecenas, ayudas institucionales a cambio de promoción y prestigio, publicidad, abonos en diferentes divisas... Al que pida una "NBA a la europea" o incluso una conferencia europea, habría que decirle antes que eso supondría eliminar los clubes. Que si hay un equipo en Madrid o en Moscú, no serían el Real Madrid ni el CSKA. Tendrían que ser eso: franquicias creadas ex-novo para dicha competición.

Luego, el hecho de que sean clubes y no franquicias, hace que ocurra lo que ocurre: que un año la Kinder te gana la competición y 3 años después prácticamente dejó de existir. ¿Qué continuidad le puede dar eso a la competición?

Y enlazando con el primer párrafo, está lo de la formación... La gente no se forma igual en todos los países de Europa. Sin un sistema de formación deportiva/académica, eso es imposible. Y no veo yo, al margen del programa Erasmus, mucha sintonía entre cómo puede una universidad israelí y una italiana formar a un jugador cada una pero de la misma manera. ¿Y si es un jugador demasiado joven aún para la universidad? En USA los jóvenes juegan en el instituto y, vayan adonde vayan, están en su país. Aquí estamos sacando a chavales de 14, 15, 16 años de sus casas para darles una formación deportiva que, a priori, la pintan mejor. Pero al carajo la formación académica. Si un georgiano espigado y habilidoso de 15 años está en una etapa crucial de su educación y lo traemos a España o a Turquía sin hablar ni papa del idioma, que le jodan al instituto y no digamos a la universidad. Y si el chico no llega a nada en el mundo del baloncesto (lesión o falta de aptitud), pues jodido se ha quedado en el plano académico.

Une y vencerás, ¿pero cómo unimos Georgia y España desde los 15 años hasta el presidente de un club, que no franquicia, o incluso una federación?

Me remito a los 3 puntos que tienen en común la NBA y el baloncesto europeo. A partir de ahí, esto no tiene nada que ver. Nada. Los mundiales, partidos de exhibición y JJ. OO. son como puntos de encuentro de dos dimensiones paralelas. Como un contacto extraterrestre. Pero sólo es eso: un punto.

El concepto de creación de la Unión Europea era bueno, luego puede haber degenerado poco o mucho, pero a algo así me refería. Dentro de esa conexión con el jugador-baloncesto me parece decisivo tu apunte: facilitar una formación a la vez que se practica un deporte hacia el profesionalismo. El jugador, como persona, recibe una educación a la vez que practica el baloncesto, que no es poco. Gracias por compartir tus reflexiones.

Para eso habría que coordinar los programas de educación y deporte de todos los países (como mínimo los de la UE, pero hay mucho deporte más allá de la UE también) y éstos de organizan de forma muy diferente porque son los países individualmente quienes tienen esas competencias (en algunos casos conjuntas, en otros separadas, educación/cultura/deporte).

Además tendría que ser algo al alcance de todos los deportes, no sólo del baloncesto, puesto que la educación es para todos los chavales y chavalas. Sin embargo, el baloncesto parece ser el único que clama por algo así por comparación con la estructura NBA, ¿pero le interesaría algo así al fútbol? ¿Y al voleibol? ¿Y al balonmano? ¿Y al hockey sobre hielo? ¿Y qué hay de los deportes individuales? ¿O ellos no sacan a chavales de 14 años de sus casas para formarlos en otros países? El fútbol sí, pero no tengo ni idea de cómo funciona la formación en otros deportes.

Bruce Flowers, el mítico pivot rubio del Jolly Cantu, luego sustituido por Wallace Bryant (que fichó más adelante por el Barcelona de Aito). Bryant, luego fue sustituido por el mítico Audie Norris.
Hecho a faltar a dos nombres a tu lista de jugadores de los 80s: Mike D'Antoni y Steve Trumbo. Uno por sus estratosféricos triples de 8 metros y el otro porque ya trabajaba en la ONG de Felipe Reyes "Apadrina un rebote".

Demasiado intereses (FIBA, Euroliga) donde cada uno mira para lo suyo y lo que acaba perjudicando al espectador que sigue el baloncesto europeo.
Los mejores jugadores jovenes europeos ya no quieren ganar la Copa de Europa (ahora Euroliga) quieren jugar en la NBA y si aquí hubiera un división europea de la NBA, ya no haría falta que se marchasen.
Os imagináis a Ricky Rubio y Marc Gasol en el Barcelona, a Gallinari y Belinelli en el Armani, a Calderon y Scola en el Tau (perdón como se llame ahora), a Splitter y Noah en el Panathinakos o a Nowitzky en el Brose Baskets. Veríamos auténticos partidazos en la Euroliga.
Siempre pierde el mismo, el consumidor final, el contribuyente, en este caso el aficionado al baloncesto.

No sé si me imagino a Nowitzki en el Brose Baskets. Lo que no me imagino es partidos regulares de la NBA en un pabellón que no llega a los 7.000 espectadores, donde se bebe (excelente) cerveza con alcohol en vasos de cristal en las gradas y los fondos detrás de canasta tienen localidades de estar de pie. Todo ello en una ciudad de 70.000 habitantes. Bueno, ciudad... La NBA a eso no lo iba a llamar ciudad. Una división europea de la NBA no es tan simple como parece.

Muy aficionado no pareces si no sabes cómo se llama el baskonia o caja laboral, sobre todo cuando conoces a gente de los 80 y yo igual ni había nacido y el baskonia llevas muchos más años.

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