Anatoly Bose, talento aussie

Solapas principales

Que el camino de ida y vuelta Australia-NCAA, cada vez se encuentra más transitado y permite el desarrollo de un mayor número de jugadores profesionales, es un hecho que apenas se puede discutir. Lo que unido al talento que directamente se exporta desde el país oceánico posibilita que el universo baloncesto, tenga una cita preferente con todo lo que de allí provenga.

Podríamos tomar como ejemplo a los míticos Gaze y Heal, pero no es menos cierto que en la “era moderna” estaríamos obligados a citar a los Bogut, Mills, Andersen, Maric, Nielsen o Ingles; y lo que es mejor, toda una nueva generación que en poco tiempo seguro nos hará girar la vista hacia ellos: Matthew Dellavedova (PG-Saint Mary’s), Brock Motum (PF-Washington State), Ryan Broekhoff (SF-Valpo) o Jeromie Hill (PF-UTSA).

Pero sirva este texto para “presentar” a uno de esos chicos que no dudaron en lanzarse a esta metafórica carretera, aunque dando más vueltas de lo acostumbrado. Su nombre: Anatoly Bose.

 

Un viaje por carreteras secundarias

Acaba de ser nombrado mejor novato de la NBL, premio que otros como Newley o Ingles recibieron, y podría ser la antesala de un futuro salto a Europa. Pero hasta este momento, las rutas tomadas no fueron las más iluminadas o de brillante pavimento.

Nacido en Kazajstán, en el seno de una familia humilde, nada hacía imaginar que el baloncesto se cruzaría en su camino, pues la granja donde vivía con sus padres, hermano y abuelos no guardaba relación alguna con nuestro deporte.

Sería su madre, la que decidiría que el futuro de sus dos hijos debería pasar por algo muy diferente a lo que allí podían aspirar. Y por eso no dudaron en migrar y partir hacia la “capital del mundo”, New York. Vivirían cerca de Coney Island. Al mismo ritmo que aprendían el idioma y dedicaban la mayor parte de las horas a varios empleos que les permitieran subsistir, el pequeño Anatoly de seis años, avanzaba hasta irse encontrando con su gran pasión.

Fue en aquellas canchas al aire libre donde pronto buscaría sus primeras oportunidades, pero el desconocimiento del idioma y el ser demasiado joven, eran suficientes motivos para que los otros chicos no le dejasen participar. Únicamente si su padre llegaba a casa de trabajar unos minutos antes, le permitía tener un compañero de juego.

Después de seis años en USA, la familia afrontaría un nuevo traslado: destino Sidney. El joven Bose, se enrolaría en el Waverley College, un instituto católico situado al este de la ciudad, donde formaría parte del equipo de baloncesto. Ya en el continente oceánico, se quedaría prendado de los duelos entre Morrison y Redick, tanto o más, como de las exhibiciones de Reggie Miller en el Madison Square Garden que tiempo ha le impedían pestañear.

Al término de su último año de instituto, tenía claro que quería volver a Estados Unidos, quería formar parte del universo NCAA y seguir estudiando. Por lo que no le tembló el pulso y armado de paciencia escribió más de 600 cartas de solicitud a casi todos los centros de la primera y segunda división del baloncesto colegial. Sólo recibiría seis contestaciones, entre ellas la de Nicholls State.

Martin Unger, entonces asistente de los Colonels, fue quién decidió viajar hasta Australia para conocer y ver en persona al chico. Sería en el campeonato nacional sub-20, y justo al llegar perdía toda esperanza al ver a David Patrick (St Mary’s) en el mismo pabellón. Pero el ayudante de los Gaels, decidía no ofrecer beca alguna a Bose, por lo que el camino quedaba despejado para el representante de la universidad emplazada en el Estado de Louisiana.

Durante cuatro temporadas vestiría el dorsal 31 y tras finalizar su año senior con un promedio de más de veinte puntos por partido, el pasado verano se cerraba el círculo, con un nuevo viaje a Sidney para formar parte, ya como profesional, de los Kings.

Su objetivo inmediato es entrar en la convocatoria de los Boomers para los JJ.OO de Londres 2012. No es descabellado pensar en su inclusión en las primeras listas preliminares, otra cosa será estar entre los doce elegidos.

 

¿Cómo juega?

Anatoly Bose, se desenvuelve en la posición de “3”, siendo ante todo un anotador. Es en ataque donde muestra todo su potencial, sin ser un chico excelso desde un punto de vista atlético, su combinación de velocidad, tamaño y recursos, lo encuadran perfectamente dentro del prototipo de alero alto. Pudiendo de manera puntual, hacer el “4” en quintetos pequeños o con el objetivo de abrir el campo.

Es capaz de atacar de cara y también jugar de espaldas al aro, donde posee una media vuelta en suspensión tremendamente efectiva. Técnicamente bueno, es muy habitual en él el uso de fintas de tiro y dirección, reversos, salidas abiertas y cruzadas por ambos lados; elementos que le permitan obtener cierta ventaja y al mismo tiempo le sirvan para crearse sus propios lanzamientos. Posee rango de 3pts. Siendo un jugador que se convierte en amenaza cada segundo que pasa en la cancha. Con carácter y personalidad suficiente, le gusta pedir el balón y sentirse importante.

Es cierto, que la NBL es una liga que se adapta bastante bien a sus características. Donde se juega un baloncesto de ritmo alto, de carácter ofensivo y bastantes posesiones, lo que le permite disfrutar de tiros y protagonismo en los minutos que disputa.

Defensivamente tiene que aumentar su rendimiento y dedicación. Acostumbrado a ser foco y referencia ofensiva, quizá en este primer año como profesional, ha mostrado más carencias en la parte menos vistosa del juego. Necesita ser más agresivo y constante, especialmente en la defensa del balón. Sobre todo pensando en su paso a una competición de mayor exigencia en este aspecto del juego

Resumiendo, un talento ofensivo, que si mantiene una progresión lógica, no tardaremos mucho en ver por el Viejo Continente.
 

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