Doubleheader

Solapas principales

“Doubleheader” se podría traducir por “programa doble”. Como cuando hacían dos pelis en los cines de antes. Pues bien, ayer la cadena generalista estadounidense ABC –acrónimo de American Broadcasting Corporation- nos ofreció uno de esos programas dobles con dos partidos muy interesantes: Boston-San Antonio, primero, y Cleveland-Los Ángeles, inmediatamente después. Ciertamente, un buen menú.

Pero, según el avance de audiencia que realiza la empresa Nielsen, y que me acaban de pasar, el mundo aficionado al baloncesto NBA estuvo, en los Estados Unidos, mucho más por el segundo plato del menú que por el primero. Y es que un “Kobe versus LeBron” barre en audiencia, hoy por hoy, a un “Celtics versus Spurs” de manera muy clara.

 

Efectivamente, los Celtics de Boston, vigentes campeones de la NBA y los Spurs de San Antonio, campeones de la NBA en casi todos los años impares de este milenio, se enfrentaron un poco antes que los “Kobe’s boys” y los “LeBron’s boys” en este domingo cualquiera. Y la verdad es que, sólo viendo un Celtics-Spurs como aperitivo de un Cavs-Lakers, llegas a comprender lo lejos que están los dos primeros equipos de la moda actual, de lo que se lleva ahora en el baloncesto moderno.

Todo empieza por los comentaristas. Ayer, en la previa del partido jugado en Cleveland, uno de los expertos de la ABC –creo que fue Jon Barry- aseguraba, con total rotundidad, que el título de Jugador Mas Valioso, el MVP, saldría del equipo ganador del super-partido de ayer. Aseveraba el experto que, si los Lakers batían a los Cavs, Kobe sería, el seguro MVP de la temporada 2008-2009 en la National Basketball Association. Sin ningún tipo de duda. Dicho lo cual, los demás locutores y expertos de la ABC se pronunciaron totalmente de acuerdo con la aseveración del señor Barry. Grandioso.

Entiendo que Mr. Barry forma parte –en su trabajo como analista de partidos de la NBA para la ABC- de una liga de estrellas. En ese sentido, la NBA es susceptible, como cualquier otra competición, a todo tipo de hipérboles y exageraciones. Y no me parece mal; pero hasta cierto punto. Yo soy el primero al que le gusta más contemplar a LeBron James que a Ilgauskas, y casi estoy más pendiente –como le sucede a todo el mundo- de la lesión del dedo meñique de la mano derecha de Kobe que de la rodilla derecha del joven Bynum. Pero, creo sinceramente que no hace falta exagerar tanto. Por Dios, si sólo estamos en Febrero. El título de MVP debería ser algo secundario a estas alturas de curso. Creo, además, que ni los jugadores, ni los aficionados necesitan motivarse especialmente para una batalla del calibre de la de ayer.

Que fue muy atractiva, por cierto. Los Lakers, menos Bynum, que ya habían despachado a los Celtics de manera apretada pero convincente, neutralizaron al King James y le endosaron a los Cavaliers su primera derrota en casa en toda la temporada. A pesar de que Kobe Bryant sufría una gripe tan fuerte que necesitó lo que en Estados Unidos –donde lo abrevian todo- se denomina I. V., y que en lengua castellana expresamos diciendo que al hombre tuvieron que ponerle una inyección en el descanso para que pudiera seguir jugando el partido. Así que, visto el segundo choque de la sesión doble de ayer de la ABC, sólo me atrevo a decir que los Lakers están muy bien colocados para el asalto al campeonato.

Pero falta mucho todavía. Y, por supuesto, no tengo ni idea de si Kobe Bryant será el MVP o si lo será LeBron James. Y, francamente, no me importa en absoluto en estos momentos de la temporada. Pero no dejo de pensar que la proclamación de Mr. Barry y sus colegas de la ABC –según su teoría Kobe ya es el MVP de la NBA, no lo olvidemos- es el símbolo claro de esa tendencia a sublimar la individualidad en esta liga que gira alrededor de un deporte que, al fin y al cabo, es colectivo no individual.

En cuanto al primer partido del “doubleheader” de ayer, pues lo esperado. Los comentaristas del encuentro Spurs-Celtics, infinitamente más comedidos en sus expresiones hiperbólicas que sus colegas del segundo choque, ya avisaban a los espectadores de que el Boston y el San Antonio son dos equipos con excelentes defensas, pero con una ofensiva que llega al aprobado raspado; y eso casi de milagro. Y nos anunciaban, muy prudentes, que no íbamos a ver ni muchos contraataques, ni movimientos de balón especialmente sorprendentes. Repitieron lo que ya se nos ha dicho tantas veces: que el baloncesto que practican Celtics y Spurs es un baloncesto feo, aunque efectivo. Por lo menos los expertos de la ABC concedieron eso a ambas escuadras: que son efectivas.

Y los espectadores intuimos que esos comentaristas darían gustosos parte de su jornal por oficiar el partido entre los Cavaliers y los Lakers, en vez de narrar esa potencial batalla de elefantes, esa antigualla, reliquia de los primeros años 90 del siglo pasado: los años del Nueva York de Pat Riley y del Houston de Rudy Tomjanovich. Dos equipos cuyos entrenadores utilizaban ese viejo cliché que dice que “la defensa gana campeonatos”.

Así, no me sorprenden los ratings que nos da Nielsen, claro. Con semejante preámbulo, más de un aficionado seguro que prefrió ir a regar las plantas, o a dar de comer a las palomas, en vez de sentarse enfrente de la tele a contemplar esa tediosa batalla, sumida en el aburrimiento y el tostón, que nos anunciaron los heraldos de la ABC.

Pero los que fuimos capaces de superar todo ese temor al tedio con el que los colegas de la televisión americana nos habían amenazado, pudimos ver un muy buen partido de baloncesto. Y extrajimos de él varias lecciones. Una, que la fuerza del Boston no garantiza que puedan ganarle a cualquiera. Tras el derrumbe de los Lakers, en las finales del año pasado, se había impuesto en la NBA una suerte de ley no escrita que dictaba que los Celtics eran capaces de ganar los partidos apretados gracias a eso que los alemanes denominan “Die Geisteskraft”, la fuerza mental. Otra, que los Spurs tienen también un enorme corazón de campeón y demostraron ayer que ya están aquí otra vez. Y otra más, que -con los Magic y los Lakers pendientes de las lesiones de jugadores importantes y una vez que los Celtics han demostrado al mundo que son vulnerables- nadie debería descartar al San Antonio de la carrera por el título.

Viendo el choque Celtics-Spurs de ayer, y sin llegar a decir que los comentaristas de la ABC se equivocaran en su análisis, faltaría más, sí creo que el baloncesto defensivo de hoy en día no tiene que nada que ver con el de hace unos años. No hay tanto contacto alevoso y hay muchas menos faltas de esas que había antes: que nunca eran intencionadas, sino hechas con mala intención. Y aquella regla del “no se permiten penetraciones cómodas a canasta, antes se le arranca la mano al rival de un zarpazo” parece, sencillamente, derogada.

Este es un baloncesto defensivo inteligente y bien ejecutado. Ayer, los Spurs y los Celtics ofrecieron la misma precisión en la retaguardia que la que puede ofrecer el gran Steve Nash en el contraataque o el genial Chris Paul en el pick-and-roll. Cada rotación defensiva pareció perfectamente ejecutada, cada tiro exterior del rival contestado por un defensor de manera bien estructurada y mejor trabajada.

Cuando se habla de defensa tendemos a imaginar que ese concepto del juego sólo tiene sentido si el defensor pone tapones estratosféricos o roba balones imposibles al rival. Pero la defensa de estos dos equipos habla de otra cosa. Habla del modo sutil en el que Tim Duncan fuerza a su atacante a alejarse del aro; o de la manera, igualmente un tanto etérea, con la que Kevin Garnett utiliza su envergadura y su rapidez para atrapar a su oponente en la línea de fondo.

Esa defensa puede llegar a ser tan atractiva como el método SSL que el Entrenador Mike D’Antoni utilizaba en Phoenix: un plan que ahora está todavía en proceso de implantación en Nueva York. Que nadie se asuste: el método SSL no tiene nada que ver con ese sistema de encriptación usan las e-tiendas de confianza cuando les vas a pagar algún artículo vía Internet. En el mundo NBA, el SSL es la abreviatura –otra vez los acrónimos- de “Seven Seconds or Less”, (“Siete Segundos o Menos” [de posesión en ataque]) que muchos expertos consideran como el paradigma de ese baloncesto, hermoso hasta las lágrimas, que, dicen, te puede llegar a producir el Síndrome de Stendhal al contemplarlo en todo su esplendor.

Comentarios

Grandísimo articulo, si señor. Lo que es verdad es que cualquier aficionado al baloncesto preferiría ver en directo el Celtics-Spurs por la tarde, pero con una birra y unos cacahuetes en casa de madrugada se lo pasaría mejor con el LA-Cleveland, cada cosa a su tiempo, jeje...

En primer, felicitar a nuestro blogger, Sr. Panigua. La NBA se vende como un espectáculo, y siempre ha sido así. En los 80, lo que vendía eran los duelos Jordan Vs Wilkins, en los 90, el comisionado Stern temblaba al contemplar en "ugly ball" de los Rockets y Knicks... Lógicamente, aunque el buen aficionado al basket se enamoré de las defensas de Tomjanovich, de la intensidad de Garnett etcétera, lo mediático son las acrobacias de Lebron o Kobe.

Que bueno el artículo! Me ha encantado lo del Sindrome de Stendhal...Y hablando de eso, la primera sensación parecida me pasó con Sacramento Kings en el lockout..

Deja tu comentario

Inicie sesión o regístrese para comentar