EL LOCUTOR QUE NOS DIJO DÓNDE ESTABA EL BALÓN

 

A veces a uno le cuentan una historia que hace que hace que te reconcilies con el mundo. El pasado sábado, un par de horas antes de comenzar mi intervención en la ya notoria Primera Hora del legendario “Carrusel Deportivo” de la Cadena SER, mi buen amigo Bob, que está muy vinculado a la organización de los Clippers de Los Ángeles, me dijo que Chick Hearn (1916-2002), la legendaria voz de los rivales Lakers, iba a tener una estatua en el Staples Center\'s Walk of Fame, una especie de Olimpo del deporte ubicado en el Staples Center, la cancha donde juegan, entre otros equipos profesionales, los Clippers y los Lakers de la Liga NBA.

La estatua de Chick Hearn, que sera descubierta mañana mismo, poco antes del inicio del Partido 2 de la serie de playoffs entre los Lakers y los Thunder de Oklahoma City, es sencilla. Como lo era él. En ella, Chick aparece sentado en una mesa, con los cascos en su cabeza, hablando por su micrófono. A su lado habrá un asiento vacío: supongo que para que los aficionados se puedan hacer una foto a su lado e imaginen, por unos instantes, que son el analista que acompañaba su siempre inconfundible narración.

El hombre no estará solo en ese Olimpo del Staples. La suya es, de hecho, la cuarta estatua que se ha levantado allá para honrar a una gran leyenda deportiva que, o bien nació en Los Ángeles, o bien se hizo mito desarrollando sus habilidades en la ciudad.

Junto a Chick Hearn hay otras tres estatuas de deportistas inolvidables. Está la de Earvin “Magic” Johnson: sobran comentarios. Está también la de Wayne Gretzky, el mítico jugador canadiense de hockey sobre hielo. Y está también la Oscar de la Hoya, el único púgil en toda la historia del boxeo que fue capaz de ganar 10 títulos en 6 divisiones diferentes. Ellos son, sin duda, una gran compañía para este locutor de todos los tiempos.

La sociedad estadounidense tiene muchos defectos. Muchísimos. Pero una de sus grandes virtudes es que no sólo idolatra a sus figuras deportivas. Los americanos respetan enormemente a aquellos seres que, ejerciendo su profesión a lo largo de muchas décadas, llegan a trascender su propio oficio.

Como gran amante de los medios que soy, y en particular un gran enamorado de la radio, el que una ciudad como Los Ángeles se disponga a honrar a un locutor, y le levante una estatua, me parece un hecho ciertamente muy loable. Pertenezco a una generación en la que el periodista que se especializaba en Deportes era algo así como un paria del oficio. Aunque parezca increíble ahora, efectivamente hubo un tiempo en el que se sospechaba que el licenciado que acababa en la sección deportiva de un diario o de una radio, era porque había pertenecido, seguro, al pelotón de los torpes de la Facultad.

En los Estados Unidos se tiene al gran Edward R. Murrow –el protagonista del film de George Clooney “Good Night, and Good Luck”- como al santo patrón del periodismo. Y muy merecidamente además. Mr. Murrow fue –es todavía- el espejo en el que se miran casi todos los periodistas. No sólo para determinar su nivel profesional, sino también para medir su altura moral. Y, claro, uno siempre se queda corto ante al gran Murrow.

Edward Murrow jamás hizo periodismo deportivo, por cierto. Pero es que creo que era demasiado solemne en su vida personal. Y además estaba involucrado en muchas causas nobles, intentando derribar a dragones y gigantes de la época a golpes de voz y de honestidad. Durante los maravillosos años en los que aquel hombre pudo ejercer su profesión -antes de que lo matara prematuramente un cáncer de pulmón- Murrow no tuvo nunca tiempo para la información deportiva.

Pero si en la historia del periodismo estadounidense hay un segundo tótem sagrado, alguien que se acercó a los niveles de credibilidad y de pulcritud moral del gran Ed Murrow, ese hombre fue Walter Cronkite. Curiosamente, igual que Mr. Murrow, Cronkite pasó muchos años de su vida profesional en la cadena CBS.

Pues bien, en una ocasión Mr. Cronkite nos ofreció una clase magistral en la que, entre otras muchas anécdotas de su vida profesional, nos contó sus inicios como reportero deportivo. Que no fueron precisamente muy brillantes. Pero sí, ciertamente, muy peligrosos.

Resulta que, en sus comienzos como locutor radiofónico en la sección de Deportes de una emisora de su nativa Kansas City, Walter Cronkite tenía que leer los resultados de los partidos del Torneo de Fútbol de la NCAA. Por alguna razón, su productor confundió los resultados del día anterior con los que se habían producido ese día. Así que Cronkite cometió un error monumental. En principio, aquello fue una pifia que parecería fácilmente subsanable con una simple disculpa a los oyentes. Pero resulta que, por culpa del error de su productor, Mr. Cronkite había creado un caos tremendo en el mundo del crimen organizado. Porque en ese cosmos criminal se cruzaban –se cruzan todavía hoy- miles de apuestas clandestinas.

Así que los llamados “bookies”, los tipos que mueven las apuestas en el mundo del hampa, pagaron ese día a quien no debían y dejaron de pagar a los que habían ganado en realidad. Mr. Cronkite nos aseguró que estuvo recibiendo amenazas de muerte durante varios días hasta que la cosa, por fin, pudo calmarse un poco.

En 1986, en la cancha de la Universidad de Loyola-Marymount, durante la Liga de Verano de Los Ángeles, y al mismo tiempo que Fernando Martín confirmaba en la pista que iba a quedarse en los Portland Trail Blazers, Chick Hearn estaba ofreciendo un Clinic para futuros locutores de radio y televisión. Paul Westhead, entonces entrenador del Loyola, nos presentó. Para alguien que venera tanto la radio como yo fue una gran fortuna, y un gran honor, que el gran Chick Hearn me permitiera asistir a varias de sus clases.

Recuerdo vivamente a uno de aquellos aspirantes a locutor que querían aprender de la Voz de los Lakers. Era un chaval recién salido de la Facultad, con evidentes dotes para la locución, que poseía, además, un notable conocimiento del juego del baloncesto. Pero aquel muchacho transmitía el partido como si se tratara de una clase de geometría mezclada con esas cosas que sólo te cuentan algunos entrenadores muy brillantes en un clinic de alto nivel. Aquello era un torrente de espacios, de triángulos y de diagonales mezclados con ajustes, pick and rolls y pin-downs. Pero aquel chaval no seguía las acciones del partido.

De modo que el bueno de Chick Hearn le dijo a aquel muchacho algo así como: “Hijo, tienes una bonita voz y tu locución es bastante buena. Además, sabes mucho baloncesto. Pero recuerda que la gente que te escucha tiene que saber dónde diablos está el balón”.

Así era Chick Hearn, “La Voz de los Lakers” durante 37 años. Justo desde que la mítica franquicia se mudara de las tierras altas del Norte hasta las cálidas brisas de la California del Sur. Chick Hearn fue, además, una especie de Iron Man, un hombre de hierro en los micrófonos. El hombre transmitió 3.338 partidos consecutivos de los Lakers: justo desde noviembre de 1965 hasta Diciembre de 2001. Y en ese espacio de tiempo, no faltó a un solo partido. Hasta que, poco antes de que empezara el año 2002, el hombre se puso verdaderamente enfermo. Los doctores le operaron a corazón abierto con éxito. Pero en cuanto estuvo recuperado, el hombre volvió a su puesto y transmitió los partidos restantes de aquella (triunfante para los Lakers) temporada 2001-2002. Hasta que su voz se apagó ese mismo verano; justo en el tiempo en el que su querido equipo descansaba. El hombre murió, casi literalmente, con los cascos puestos. Y como sucede con todos los seres cargados de luz, empezamos a echarle de menos justo desde el día en que se fue.

Chick Hearn inventó palabras que hoy son jerga común para los locutores de radio y televisión de toda Norteamérica.

Y del mundo entero.

El baloncesto es un deporte con una clara influencia anglosajona. Y bastantes de las expresiones que se usan habitualmente en cualquier lengua hoy en día tienen su origen en ese lenguaje inventado por Hearn. Una serie de chascarrillos que se conocen en los Estados Unidos como “Los Chikismos”.

Porque, tal vez al amigo lector le sorprenda saberlo, al talento y a la imaginación de este hombre debemos expresiones de uso tan común como “Slam Dunk” (mate o clavada), “triple-double” o “brick” (que se usa cuando un jugador efectúa un tiro horrible y que aquí traducimos como “pedrada”). Entre otras muchas más.

En sus últimas transmisiones, ya evidentemente enfermo, Chick cometía errores notorios durante su locución y tenía también algunos fallos de coordinación en su dicción. Pero en los Estados Unidos, cuando eso le ocurre a un mito, los fallos importan muy poco. Si se hubiera tratado de otro, esos errores seguramente habrían hecho que el locutor en cuestión fuera apartado de sus funciones. Pero no en el caso de Chick Hearn. Porque él era la voz de los Lakers. Era la voz legendaria de un equipo de leyenda. Era la voz de toda una ciudad. De hecho, dos generaciones de angelinos –y de aficionados de todo el mundo- crecieron escuchando su inconfundible voz.

La temporada pasada, esos mismos Lakers del “nuevo” Kobe Bryant y de Pau Gasol conquistaron su décimo título desde que aterrizaron en la ciudad de los ángeles procedentes de Minnesota. Pero, en realidad, ese título fue el primero que ganó el club amarillo sin Chick Hearn. Los nueve anteriores, los de Chamberlain, Baylor y West; los de Magic, Kareem y Worthy; y los del “viejo” Kobe, Phil Jackson y Shaquille O’Neal, sólo tuvieron un locutor.

Chick Hearn.

Un profesional que trascendió su propio oficio y que se convirtió en una genuina leyenda americana.

Seguramente fue el más grande. No tanto por su inconfundible ritmo de narración en staccato. Ni por sus ya míticos y ampliamente copiados “chikisimos”. Ni por su increíble capacidad para medir la distancia a la que se efectuaba un tiro, calculándola desde su posición de narrador.

Chick Hearn fue el más grande porque durante 37 años seguidos, durante 3.338 partidos consecutivos, fue siempre capaz de decirnos dónde diablos estaba el balón.

Comentarios

tosepower, estás hablando de Héctor Quiroga, ¿verdad? ;).
Ese fue un maestro y al igual que Chick Hearn murió prácticamente con los auriculares puestos (a la vuelta de los JJOO de Los Ángeles). Mi recuerdo para él y su familia.

La forma de contar las cosas también hace grande el deporte y es un justo homenaje.
Aquí en España se nos va alguien que nos hizo llegar el baloncesto con mucha fuerza contándonoslo de otra forma y ni siquiera la ACB es capaz de crear un simple trofeo a su nombre.
Cosas como esta nos dejan a años luz de la NBA.

Excelente articulo, profe. Me encanta como en los USA encumbran a la gente que no siempre son jugadores. Ojala aquí fuéramos así. Por mi edad yo no conocí a Hector Quiroga pero igual que Andrés Montes se merece todo el reconocimiento.

La forma de contar las cosas también hace grande el deporte y es un justo homenaje.
Aquí en España se nos va alguien que nos hizo llegar el baloncesto con mucha fuerza contándonoslo de otra forma y ni siquiera la ACB es capaz de crear un simple trofeo a su nombre.
Cosas como esta nos dejan a años luz de la NBA.

Tremendo el relato que nos trae esta semana el profesor Paniagua. Sencillamente brillante y más para los que nos dedicamos a esto. Enhorabuena Miguel Ángel.

Hablando con un amigo (entrado en años, las cosas como son), me comentaba q cuando estuvo en LA, le llegó a la memoria esa voz q narraba los partidos, y fue la q le guió a ir al Staples Center...Suena cursi, pero es cierto. Y hablando de eso, me recordó como anécdota, q en un partido del Showtime (es y será gran fan de los Lakers), en un descanso le pillaron a micro abierto, practicando ejercicios vocales, para no perder timbre de voz (o algo así, pues no entiendo de esto); lo he intentado buscar en internet ese partido, pero entre q mi compañero no se acuerda del partido, y mi torpeza a la hora de buscarlo, no he dado con ello. Aquí en España, los referentes radiofónicos son M. Prats (tantas cosas hizo), y de los q yo recuerde, Quiroga (x lo q me decía mi padre) y Andrés Montes... Aquí, tendemos muchas veces a alabar lo de fuera y menospreciar o ignorar (q no sé q es peor) a lo mejor de dentro...

Si algo distingue a los nortemaericanos respectoa nosotros es su capacidad para recordar y hacer justicia con todo aquel que ha realizado un gran trabajo. Como decía el gran Andrés Montes, él y Daimiel en USA tomarían café con Julia Roberts.

Chick Hearn es el locutor más famoso de la NBA y por ello tiene su estatua. la anécdota que cuentas de él es genial, como todo el artículo.

saludos. Blog A Place in South

tosepower, sé que te referías a Andrés Montes. Por eso puse ";)" al final de mi pregunta. Me sentí en la obligación, debido a mi edad, de hacer justicia con alguien al que vosotros es probable que no llegasteis a conocer. El hecho es, que aunque yo era un crio cuando él retransmitía los partidos, es la primera voz que relaciono con el baloncesto. Un abrazo

Orzowei, me refería a Andrés Montes, por edad soy más cercano a la época de Montes que la de Quiroga, pero es válido para ambos, incluso para gente que sigue en vida como Pedro Barthe.

Orzowei, me refería a Andrés Montes, por edad soy más cercano a la época de Montes que la de Quiroga, pero es válido para ambos, incluso para gente que sigue en vida como Pedro Barthe.

Tremendo el relato que nos trae esta semana el profesor Paniagua. Sencillamente brillante y más para los que nos dedicamos a esto. Enhorabuena Miguel Ángel.

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