EL PEOR DIRIGENTE DEPORTIVO DE AMÉRICA

 

El singular Franklin Mieuli (1920–2010) falleció ayer en San José, Estado de California, por causas naturales. Mr. Mieuli hizo de todo en los Golden State Warriors –fue entrenador, manager general, director de marketing y propietario del club- durante los 24 años en que asumió el control, parcial primero, mayoritario después, de la franquicia. Justo desde que el club se trasladó desde Filadelfia hasta el Área de la Bahía en 1962.

Franklin Mieuli fue un notorio productor de música, radio y televisión durante más de seis décadas en la zona de San Francisco y Oakland. Su vida fue ciertamente una vida de otro tiempo. Pero su peculiar estilo vital y de gestión deportiva hizo de él uno de los personajes más carismáticos que han existido en un mundo no precisamente falto de tipos singulares como es la Liga NBA.

Su historia en la NBA es una historia improbable. Su periplo durante casi un cuarto de siglo como propietario de los Warriors nos enseña un par cosas. Una, que las corporaciones, las grandes empresas, y todos esos consejeros delegados y altos ejecutivos de los clubes actuales de la NBA –algunos poseedores de hasta tres o cuatro Masters por las Escuelas de Negocios de Harvard y de Stanford- acaban descubriendo que el baloncesto, igual que cualquier otro deporte, no siempre se rige por los parámetros deportivo-financieros que nos enseñan en las Escuelas de Administración de Empresas. Y dos, que si alguien tuvo claro eso, desde el principio, ese alguien fue el heterodoxo Franklin Mieuli.

Mr. Mieuli fue uno de los poquísimos propietarios a los que David Stern señaló con el dedo -para llevarlo a la guillotina, claro- cuando tomó el mando de la Liga NBA en 1984. Obviamente Mr. Stern quiso a este hombre fuera de la fraternidad porque sus coordenadas no convergían para nada con la idea que el Comisionado tenía acerca de cómo debía ser y comportarse el dueño de un club de la NBA de finales del Siglo XX y de principios del XXI.

Pero también es cierto que el único título que tienen en sus vitrinas los Warriors de Golden State, desde que se mudaron al Estado Dorado, fue conseguido en el tiempo Mieuli.

En muchos aspectos, la NBA del tiempo de Franklin Mieuli no se parecía en nada a la NBA de hoy en día. El año en el que los Warriors ganaron la Liga, 1975, uno podía comprar una entrada muy buena por el módico precio de 10 dólares. Los jugadores eran mucho más accesibles que los de ahora y no necesitaban todo ese entorno de guardaespaldas y de amiguetes que hoy posee cualquier figura que se precie. Y los propietarios de aquel tiempo no se escondían en esos búnkeres modernos llamados palcos de lujo. [Para que los lectores más jóvenes se hagan una idea, siempre he pensado que Franklin Mieuli fue Marc Cuban antes de que Marc Cuban fuera el dueño del Dallas. El sí fue un verdadero maverick].

Pero hay algo que no ha cambiado desde entonces. Los ingredientes para la construcción de un equipo campeón, de uno que verdaderamente se gane el afecto eterno de los aficionados, son los mismos de entonces y no han variado con el paso del tiempo.

En ese sentido, cualquier parecido de aquellos Warriors del 75 con la realidad actual no es que sea pura coincidencia, es que es diametralmente opuesto. Pero como quiera que esta es una columna dedicada a un buen hombre que se nos ha ido, no entraremos aquí a valorar las miserias del actual propietario de los Warriors, Mr. Cohen, y de su elenco protagónico. Un grupo que ha llevado al club de la Bahía al borde del precipicio.

Prefiero seguir hablando de este revolucionario que logró alcanzar un sueño imposible para demostrar al mundo que la combinación de un hombre con una idea acaba siendo una fórmula imparable casi siempre.

En realidad, el triunfo de Mr. Mieuli fue el triunfo de un aficionado. En el doble sentido de la palabra. Aficionado como diletante en la gestión de uclub. Y aficionado como fan irreductible que se desangra por unos colores.

Antes de hacerse millonario con sus negocios de producción, el hombre era un forofo del deporte. El tipo de fan americano de palomitas, dedo gigante y bufanda de su club. Al hombre le gustaban mucho los 49ers, el equipo emblemático de fútbol de la ciudad de San Francisco. Y fue a partir de su pasión por el fútbol que surgió su amor por el baloncesto.

Franklin Mieuli, que no era precisamente un hombre rico en aquel tiempo, invirtió poco más de 1 millón de dólares para hacerse con parte del control de los 49ers. Y con las conexiones que hizo como propietario minoritario del equipo de la NFL, logró convencer a un grupo de inversores que acabaron trasladando, bajo su liderazgo, a los Warriors desde la Nueva Inglaterra al Área de la Bahía. Era el año 1962. Trece años después, el equipo conseguiría el único título de la NBA que ostenta hasta el día de hoy.

Aquel equipo campeón del 75 era un grupo muy especial. Su entrenador era Al Attles, uno de los primeros coaches afroamericanos que se sentaron en un banquillo de la Liga NBA: otro fue el gran Bill Russell. Attles fue una apuesta personal -y es justo decir que muy valiente- del propio Fank Mieuli. Aquel era un tiempo en el que no estaba muy bien visto que un hombre de color se sentara en un banquillo de la NBA para ejercer sus funciones como entrenador principal.

Aquellos Warriors eran muy buenos, sí, pero no eran los favoritos para ganar la Liga. Sin embargo, con Rick Barry como líder en el campo, con jugadores de clase como Jamaal Wilkes, Charles Johnson o Derrick Dickey, y con un par de pivots, Cliff Ray y George Johnson, eminentemente defensivos pero con una contundencia proverbial en la pintura, el total de las partes fue superior a la suma de las individualidades. Y el Golden State ganó.

Nunca llegué a conocer a Franklin Mieuli en persona. Pero hay dos hechos que nunca olvidaré y que a menudo se obvian al hablar o escribir de su curriculum. Ambas anécdotas describen muy bien su manera de funcionar como propietario.

Uno de esos hechos afecta al mítico Wilt Chamberlain, el gigante que fagocitó todos los récords posibles de la NBA, y que se trasladó con los Warriors desde Filadelfia a San Francisco. Resulta que Wilt había estado de baja en el hospital durante un mes entero debido a una arritmia, que los médicos achacaron a una enfermedad hepática, por cierto. Cuando le dieron el alta, Franklin Mieuli le hizo al pivot una fiesta de bienvenida con el resto del equipo.

Pero Chamberlain –imás perro verde incluso que su propio jefe- declinó acudir alegando otros compromisos. Entonces, Mr. Mieuli determinó que semejante gesto era impropio de un jugador de la “famila de los Warriors”, como a él le gustaba denominar al equipo, y ordenó que lo traspasaran de inmediato. Poco tiempo después, Wilt Chamberlain retornó a casa, esta vez a la nueva franquicia de los Sixers, desde donde luego sería traspasado a los Lakers de Los Ángeles. El resto es historia.

El otro hecho es que Frank Mieuli seleccionó en el Draft de Novatos a una jugadora –he escrito bien, “jugadora”- de instituto llamada Denise Long: una maravilla conocida en su tiempo como “El Prodigio de Iowa”. Esta mujer anotó en una ocasión 93 puntos en un partido de competición oficial y estaba considerada la mejor jugadora joven de baloncesto en la historia de los Estados Unidos. Siendo todavía estudiante, recuerdo perfectamente leer las increíbles hazañas de aquella mujer en las revistas especializadas de la época.

El entonces presidente de la NBA, Mr. Walter Kennedy, dictaminó que la chica no podía jugar en la Liga Profesional Masculina. Aquello provocó no sólo la ira de Mr. Mieuli sino también la de las feministas y la de otros colectivos minoritarios, pero muy poderosos, de la ciudad de San Francisco. Recuerdo que hubo una manifestación multitudinaria a favor de la señorita Long en el populoso barrio del Castro. Allí se acusó a la NBA de ser una liga discriminatoria y racista. Pero lo cierto es que el sueño de Denise Long se desvaneció.

Cuando llegaron los años 80, Mr. David Stern quiso cambiar la faz de una liga que estaba ciertamente tocando fondo. La NBA había perdido el interés del público, estaba sacudida por las drogas y era noticia frecuente en los diarios por los escándalos sexuales. Empezaba una nueva era, de la mano de Magic Johnson y de Larry Bird, y el modus operandi del propietario Franklin Mieuli se convirtió en una china en el zapato del nuevo Comisionado.

Así que, aunque Mr. Stern volverá a llegarnos muy dentro cuando lea su elegía a la muerte de Frank Mieuli en su funeral dentro de unos días, lo cierto es que aquel dueño excéntrico y revolucionario se convirtió en un tipo prescindible para la nueva NBA de Stern.

Y en cierto sentido, su defenestración era lógica. Su estilo de gestión era mucho más propio del dueño de una tienda familiar de ultramarinos que del propietario de una franquicia deportiva profesional. Durante sus casi 25 años al frente de los Warriors, Mr. Mieuli jamás consiguió que el Debe cuadrara con el Haber en los libros contables del club. Gastaba mucho dinero en fichar jugadores, las entradas eran muy baratas, y las empresas y corporaciones de la región no eran especialmente proclives a patrocinar un club dirigido por un tipo que tenía un inaudito look de hippy algo trasnochado.

Pero también es cierto que durante su tiempo los Warriors consiguieron completar ocho temporadas consecutivas ganadoras. Y no es menos cierto que su carisma entre los aficionados era extraordinario. Sobre todo por su cercanía a los fans. Era uno de ellos.

Hoy en día esa conexión entre la masa de fans y el club se estudia en las Escuelas de Negocios. Y hay directivos muy brillantes que te proponen planes de marketing basándose en algunos fundamentos muy sagrados. A saber: el principio de rentabilidad, la protección salarial y el retorno de inversión.

Pero, en su tiempo, Franklin Mieuli utilizó otra retórica para atraer a los aficionados: les hablaba de lealtad, de honor y de orgullo. Conceptos todos hoy en día más pasados de moda que el teléfono candelabro, pero que entonces funcionaron con precisión.

En realidad, la clave de todo fue que Mr. Mieuli jamás vendió a sus Warriors como a un producto de consumo. Lo que realmente hacía aquel hombre era compartir su entusiasmo por el baloncesto y por el equipo de sus amores. Noche tras noche. De persona a persona.

Frank Mieuli tal vez haya sido el peor dirigente deportivo de América. Así lo dijeron muchos eruditos del deporte en su época. Así que no seré yo el que argumente en contra. Pero no por ello dejó de ser nunca el propietario más querido por la afición de los Golden State Warriors. El rebelde inolvidable.

Seguro que el hombre se habrá llevado ahora consigo todo ese cariño dondequiera que se haya ido. Y me parece que eso vale más que cualquier título de Ejecutivo del Año en la NBA.

Comentarios

Totalmente de acuerdo con Avino. 10 dolares del 75 eran aprox 600 ptas de las de entonces al cambio, si mal no recuerdo. Entonces una carrera de taxi costaba en una ciudad media unas 50 ptas si mi memoria no me falla. Una entrada para el cine costaba unas 75 ptas. Una pasta eran esos 10 pavos del 75. Por cierto, hay una peli que roza y en la que aparece algun jugador campeon de los Warriors del 75 y se titula "inside moves", que se titulo en España "Max's Bar". Las melonadas de las traducciones ocultan el tema baloncestistico de la peli...

pues por no argumentar en contra, dos tazas en el títutlo del artículo.
Cada uno se gasta la pasta como le sale de las pelotas, diria yo.
tampoco tengo tan claro que 10 dólares en 1975, sean baratas. Teniendo en cuenta el GDP americano, estaríamos a 90 dólares por entrada en 2010, pues lo que yo pagué para ver un Denver-Utah hace poquitos meses en la fila 12

Siempre admiré a aquellos Warriors campeones por tener a Al Attles como entrenador jefe y ahora leo esto acerca de su propietario. Gracias Paniagua por descubrirme a Mr. Mieuli. Excelente artículo.

Saludos. Blog A Place in South

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