“Filadelfia Nine and 73-ers”

Solapas principales

Los Nets de Nueva Jersey han batido ya el record –dudoso record, claro- de partidos perdidos en el inicio de una temporada: 0-18. A partir de este suceso, el siguiente paso es establecer si algún equipo de la NBA será capaz de empeorar el record de 73 derrotas que ostentan los Sixers de Filadelfia desde la temporada 1972-1973. Hay algún gurú de la pluma que incluso propone que los Nets se dejen ganar todos los partidos y terminen el año con un inaudito 0-82. “Sería poético”, le leí el otro día a este colega. Pues hombre, yo creo que más que poético sería trágico. Pero, en fin, hay gustos para todo.

Al día de hoy el registro de los Nets es de 1 victoria y 19 derrotas. Como dicen que no hay mal que cien años dure –gran verdad- cabe esperar que los Nets mejoren en algún momento de esta su horrorosa travesía y ganen algún partido. El Nueva Jersey tiene, al menos, promesa de futuro: están CDR, los Williams, Harris, López. Así que estoy convencido de que los (pocos) aficionados que acuden últimamente al Izod Center serán capaces de ver ganar a su equipo más de nueve partidos este año.

Por su parte, otro conjunto al que esos analistas que manejan bien los números están siguiendo con especial atención son los Timberwolves de Minnesota. En este momento, los chicos de Kurt Rambis tienen un registro de 3 victorias y 17 derrotas. Y parece que, una vez olvidado el experimento de jugar aplicando el célebre triángulo de Tex Winter, que tan bien utilizan los Lakers de Phil Jackson, el equipo tiene otro aspecto. De nuevo se demuestra que, cuanta menos sofisticación táctica tenga un equipo malo, mejores resultados obtiene.

Sin embargo, el especialista del portal multimedia ESPN, John Dollinger, no augura nada bueno para los Wolves y, al día de hoy, proyecta tan sólo siete victorias (7) para ellos en toda la temporada: lo que significaría que, efectivamente, pasarían a ser el peor equipo de la historia de la NBA al conseguir dos triunfos menos que los Sixers del año 1973.

Honestamente, la proyección de Mr. Hollinger me parece un poco exagerada. Es cierto que, de acuerdo a varios parámetros estadísticos, los Wolves –curiosamente más que los Nets- apuntan directamente a la historia de la infamia. Pero creo que hay signos de mejoría en el equipo de Rambis en los últimos días. Y el retorno de Love puede ayudarles mucho en los próximos compromisos. Diciembre y enero serán claves para determinar el futuro inmediato del Minnesota; entonces sabremos si realmente son serios candidatos a convertirse en el nuevo referente negativo de la NBA o no. Yo, sinceramente, creo que ganarán algún partido más que esos nueve del Filadelfia. Veremos.

Pero, ahora que se está hablando tanto de aquellos Sixers de Filadelfia del curso 1972-1973, sería bueno preguntarse, ¿Quiénes eran?. ¿Cómo eran?. ¿Qué pasó aquella temporada 1972–73?. ¿Por qué llegaron a aquel record tan negativo de victorias-derrotas?. La respuesta más inmediata sería: porque hicieron todo lo necesario para asegurarse de que así fuera. Sí; lo hicieron todo mal y, además, todos lo hicieron mal: desde el propietario del club hasta el último jugador de la plantilla.

Mi colega Don De Jardin –un veterano agente de jugadores junto a quien, en los años 80, trajimos a España al difunto Kevin Magee o a Dan Caldwell, por ejemplo- conoce mejor que nadie aquella historia. El fue el manager general del Filadelfia en aquella temporada nefasta. Don había trabajado hasta entonces como agente y alguien con mando en el Filadelfia le propuso que, puesto que tenía un buen conocimiento del mercado, fichara como Manager General de la franquicia para reconstruir un club que estaba en franca crisis. Don duró sólo una temporada en el cargo. Naturalmente.

Lo cierto es que Don nunca suele hablar demasiado de aquel curso nefasto. Es como si lo hubiera borrado de su memoria. Siempre se ha limitado a decir: “yo trabajé como Manager General en los Sixers”. Pero nunca dice en que temporada lo hizo.

Por lo que he podido escucharle a Don, en las poquísimas conversaciones que a lo largo de todos estos años hemos tenido sobre el tema, aquellos Sixers estaban predestinados al fracaso desde el principio. Eran un equipo muy malo que entró en una espiral de derrotas de manera inmediata. Perdieron los 15 primeros partidos de la temporada y, unos meses después, perdieron 20 encuentros seguidos más: consiguiendo, de paso, otro dudoso record que sigue vigente desde entonces. Y después de esas 20 derrotas consecutivas, hicieron otro terrible 4-58, para concluir la temporada con el históricamente infame 9-73, el record que todavía sigue vigente hoy.

Naturalmente, el porcentaje de .110 de victorias sigue también en lo alto de la clasificación negativa de un equipo NBA. Curiosamente, tan sólo seis temporadas antes, los Sixers habían establecido el record de victorias en una temporada: 68. Tuvieron que llegar los Lakers de West, Baylor y Chamberlain para superarlo, con 69 triunfos, unos años más tarde. Y luego los Bulls de Jordan, Pippen, Rodman, et al, con 72 victorias, para sobrepasar, a su vez, el registro de aquel equipo de L. A. que fueron llamados “Los Fabulosos Lakers”.

Los medios de comunicación, que en todas partes tienen su evidente punto de “mala llet” bautizaron a aquel terrible equipo del Filadelfia con el apodo de “Filadelfia Nine and 73-ers" en lugar de Filadelfia 76ers. Cruel sí; pero sencillamente genial.

La destrucción de los Sixers comenzó en 1968 con el traspaso de Wilt Chamberlain al los Lakers a cambio de un puñado de valientes entusiastas. Luego, el doctor Jack Ramsay, un gran entrenador pero un dudoso Manager General, y por supuesto mi colega Don DeJardin, que fue el sucesor de Mr. Ramsay, lograron, mediante otros nefastos traspasos e intercambios de jugadores, que el equipo acabara con una plantilla no ya descompensada, sino inapropiada para jugar a un nivel mínimamente digno en la NBA de entonces.

Tan sólo unos pocos años antes, los Sixers tuvieron a Wilt Chamberlain como estandarte. Junto a otros jugadores que, a finales de los 60 y principios de los 70, eran emblemáticos: hablamos de gente como Luke Jackson, Chet Walker, Wally Jones o Hal Greer como titulares al lado del gran Wilt. Y de reservas como Larry Costello, Billy Cunningham, Matt Guokas, Bob Weiss o Bill Melchionni: todos ellos con el nivel de jugador titular en casi cualquier conjunto de la NBA de aquellos tiempos. Pues bien, los Sixers pasaron a tener una plantilla con Manny Leaks, Jeff Halliburton, Mike Price, John Q. Trapp y Dave Sorenson como titulares en el año 1972. El mejor de ellos, reserva –como mucho- en cualquier otro equipo de la Liga de aquel curso.

Para colmo, el hombre elegido por Don para el puesto de entrenador esa temporada nefasta recayó en un entrenador universitario: Roy Robin. El Entrenador Robin había dirigido a la universidad de Long Island con bastante acierto durante once temporadas, pero no tenía experiencia alguna en la Liga Profesional. Ninguna.

La apuesta de mi colega Don DeJardin por Mr. Robin fue, hasta cierto punto, pionera. Años más tarde, la NBA empezaría a recibir un flujo considerable de entrenadores universitarios. Ellos aportaron a la Liga mucha más preparación y más disciplina táctica que lo que era costumbre en la NBA de entonces. En aquellos tiempos, imperaba más el instinto del jugador; las estrellas profesionales eran muy autónomas y los entrenadores eran vistos por los jugadores mucho más como una suerte de colegas con silbato que como auténticos jefes directos. Eso sí, el público se divertía mucho con aquellos marcadores centenarios.

El Coach Rubin, además de aterrizar en un territorio francamente ignoto para él, tampoco demostró ser un técnico especialmente motivador, ni experto en psicología deportiva tampoco. Está documentado que, en la rueda de prensa de inicio de aquella campaña, el hombre definió a sus Sixers como “una plantilla compuesta por partes sobrantes procedentes de otros clubes, recibidas no necesariamente en las mejores condiciones". Si esta declaración no constituye la peor definición que un entrenador haya dado de un equipo propio en toda la historia del baloncesto –y probablemente en toda la historia del deporte- tiene que estar, seguro, en el Top Five.

Así que este gran General Rubin, campeón de campeones en motivación de grupo, lideró a sus tropas hacia la derrota ad infinitum. Hasta que, con un registro de 4-47, fue cesado. En el que constituye, probablemente, el mayor acto de justicia y de misericordia con un entrenador y con un club de baloncesto profesional en la historia de este juego.

A Rubin le sustituyó en el banquillo un veterano jugador. Que aquel curso hizo las veces de entrenador-jugador y que más tarde sería un notable técnico en la NBA: Kevin Loughery. En los 31 partidos que los Sixers disputaron bajo el mando de su compañero lograron ganar 5 partidos más y perder otros 26. De modo que, todo sumado, los Sixers llegaron a su record de 9 victorias y 73 derrotas. Y se encontraron de bruces con la Historia.

Años más tarde, Loughery recordaba su bautismo como entrenador en la NBA con una filosofía casi Zen: “Entendí que, aquel año, la vida, el destino, había juntado a un grupo de personas para cumplir un propósito; para estar juntos en lo bueno y en lo malo”. No hace falta decir que pocos ratos buenos debió de vivir aquel grupo durante aquel curso. Pero sí es cierto que, bajo el mando de Loughery, los Sixers, por lo menos, no jugaban como pollos descabezados.

Una vez le pregunté a mi colega Don DeJardin si había habido alguna orden de arriba acerca de perder partidos a propósito. Tal vez para tener así más opciones en el draft del año siguiente. Su respuesta fue contundente: “No, en absoluto. No hubo órdenes”, me dijo. “De hecho, dudo mucho que los de arriba supieran siquiera que existíamos”.

Nunca he entendido por qué Hollywood, que suele contar todo tipo de historias deportivas, jamás haya hecho un film sobre aquellos Sixers del año 73 y de las 73 derrotas. El perdedor da mucho juego en la gran pantalla y los guionistas americanos saben muy bien que el “loser” es un elemento cinematográfico muy atractivo para captar la atención del público. Ellos sabrán. Porque, desde luego, puesto a tener ingredientes cinematográficos, aquel equipo tuvo hasta ciertos toques de humor negro.

El mejor jugador de aquel conjunto del 73 fue Fred Carter: que luego sería también entrenador del club de la ciudad del amor fraterno, por cierto. Mr. Carter, un tipo muy gracioso, recordaba en una ocasión historias de aquel año miserable y contaba esta anécdota: “Los otros equipos de la Liga nos llamaban el “Universal Health Spa” (algo asó como el “Balneario Universal”) porque todos los conjuntos que estaban mal aquella temporada se ponían bien cuando jugaban contra nosotros".

Hubo también algo que dijo Carter que tiene tanto o más humor que lo del balneario. Hablando sobre lo discretos que eran aquellos jugadores del Filadelfia, cuando visitaban otras ciudades, el hombre narraba lo siguiente: “Cuando salíamos de paseo, jamás nos poníamos el chándal del equipo. Y nunca jamás decíamos que éramos de los Sixers”.

Mi colega Don DeJardin tampoco lo ha dicho casi nunca.

Comentarios

Que buena la definicion de su propio equipo: “una plantilla compuesta por partes sobrantes procedentes de otros clubes, recibidas no necesariamente en las mejores condiciones" yo no se como despues de eso no dimitio el entrenador este , o en su defecto lo echaron.Le ha faltado decir a Pani algo que esta de moda en la actualidad , que es que si a ese equipo lo hubiera ganado un grande europeo de esa epoca.Es coña.Articulo tremendo, para variar.Grande Pani

yo no estoy de acuerdo contigo mikidumb, creo k los nets superaran las 10 victorias y estaran por las 15, no me parece k tengan tan mal equipo, no asi los wolves, k para lo poco bueno k tenian (jeferson) este esta desaparecido

muy buen articulo como siempre, deberias acer un libro de articulos con todo lo que sabes y todas las anecdotas

"...de nuevo se demuestra qué cuanta menos sofisticación táctica tenga un equipo malo, mejores resultados obtiene". Cuanta razón.
"...y se dieron de bruces con la historia". Buenísimo.
¿Top five?. Seguro qué lo ha escrito para ver si alguien decía algo.
Yo creo que Minnesota llega al menos a 10 victorias, para disgusto de su amigo.
Gran artículo. Muchas gracias.

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