LEROY SMITH

Solapas principales

 

Durante bastantes años si se quería contactar con el Coach George Karl en el hotel en el que se alojaba con su equipo, uno no podía decirle al telefonista que quería hablar con Mr. George Karl: ese señor no estaba registrado en el hotel. Y es que Mr. Karl, igual que casi el noventa por ciento de los jugadores y entrenadores de la NBA que están de viaje con su equipo, usa un alias.

Como ahora el Coach Karl utiliza otro distinto, puedo decir tranquilamente que, durante mucho, mucho tiempo, George Karl fue “Mr. Roberto Clemente”: un alias muy especial que el actual entrenador de los Nuggets de Denver utilizaba en honor a su ídolo deportivo de juventud, el sensacional jugador puertorriqueño de béisbol Roberto Clemente.

Clemente, apodado “El Cometa de Carolina”, fue uno de los mejores jardineros derechos en la historia de la pelota y un modelo de deportista comprometido con causas verdaderamente muy nobles. La leyenda de Roberto Clemente en el campo ya era enorme –ganó, si no recuerdo mal, nada menos que 12 Guantes de Oro- pero su mito se agrandó todavía mucho más al matarse en el avión en que viajaba. El día que se hizo eterno, el gran Roberto Clemente volaba hacia Managua en un aeroplano que transportaba ayuda humanitaria para las víctimas del terrible terremoto que asoló la capital nicaragüense el año de 1972.

En los últimos Juegos Olímpicos de Beijing, manejé dos -mejor dicho, tres- alias: correspondientes a dos jugadores y a un directivo. El dirigente todavía lo utiliza al día de hoy, así que no lo desvelaré. Pero como los jugadores en cuestión ya utilizan nuevos apodos, revelaré que había un “Bruce Wayne” (el alter ego de Batman) y un “SpongeBob SquarePants”, un personaje de dibujos animados muy popular en los Estados Unidos. El primer alias correspondía a Jason Kidd y el segundo a Dwight Howard.

Es curioso. En estos casos de privacidad absoluta de identidad, el personal del hotel está obligado a utilizar, siempre y en todo momento, el nombre elegido por el cliente para cualquier comunicación con él. Así que nunca puedo dejar de pensar en ese botones chino recorriendo el lobby del hotel del Team USA proclamando que “hay una llamada para Mister SpongeBob SquarePants”.

También es cierto –muy cierto- que hay algunos jugadores de la NBA que no utilizan alias. Son los menos. Pero alguno hay. Como aquel crack –cuyo nombre tampoco revelaré jamás- al que el personal de uno de los hoteles más lujosos de la ciudad de Phoenix, Arizona, le sugirió que utilizara un “alter ego” para registrarse en el albergue y sin dudarlo contestó: “¿Un alias?. No, ¿para qué?. Cualquier chica que quiera subir a mi habitación que suba sin más, si me hacen el favor”. Es todo lo que dejó dicho aquel hombre en Recepción.

Durante muchos años el gran Michael Jordan utilizó el alias de “LeRoy Smith” para registrarse en los hoteles de la Unión, siempre que los Bulls de Chicago viajaban fuera de casa. Dado que no era un alias especialmente pomposo, ni fundamentalmente notorio tampoco, el genio pudo utilizarlo durante bastantes años sin que nadie diera con aquel sencillo nombre clave. Luego, cuando, pasados los años, se desveló, por fin, el alias habitual que solía utilizar MJ hubo gente que supo enseguida el porqué de ese nombre: LeRoy Smith era el nombre del muchacho que le había quitado el puesto en el primer equipo de baloncesto del Colegio de Enseñanza Secundaria Laney, ubicado en Willmington, Carolina del Norte.

El nombre del entrenador de aquel equipo escolar, Pop Herring, figura desde entonces en una especie de panteón de personajes no ilustres. O tal vez de hombres ilustres por haberla pifiado a lo grande. En ese templo habitan toda suerte de entrenadores, directores de cine, agentes literarios, promotores artísticos, profesores, etcétera, que, en su día, no supieron ver que la grandeza pasaba a su lado y la dejaron escapar irremediablemente. Muchas veces para su propio oprobio y desgracia.

Son gentes como el Profesor Maximilian Winteler, el presidente del tribunal que decidió suspender a Albert Einstein en su examen de ingreso a la “Eidgenössische Technische Hochschule”, la Escuela Politécnica de Zurich. O –y esta es una de mis historias favoritas de grandes fiascos- como Mister Kenneth Olsen, el presidente de la prominente compañía de ordenadores Digital Equipment, la DEC; el hombre que, en su tiempo, fue el ídolo personal de Bill Gates. En 1977, Mr. Olsen rechazó tajantemente un informe estratégico sobre el futuro de la computación personal afirmando que: “no hay razón alguna por la que un individuo quiera tener un ordenador en su casa”.

Según cuenta la leyenda de MJ, el Coach de la Laney High School, Mr. Pop Herrings, le dijo a Michael Jordan que no encajaba en primer equipo del colegio –en USA se le llama el “Varsity Team”, el “VT”- y que no podría formar parte de la plantilla esa temporada. Sigue contando la leyenda que Mr. Pop fue incluso más lejos y que le recomendó a Michael Jordan que se preparara bien en matemáticas; que precisamente ahí estaba su futuro. Entonces el gran Michael, nos sigue narrando la mitología, se sintió tan devastado por no pasar aquel corte final que no sólo se apuntó a un curso de matemáticas sino que aprendió a cocinar: por si se quedaba soltero durante toda la vida de Dios.

Michael Jordan, la leyenda, tiene suficiente mitología como para escribir libros y libros sin parar. Pero cuando alguien quiere contar la historia verdadera de Michael Jordan, despacio y desde el principio, esa narración siempre empieza igual: “Michael Jordan fue cortado por Pop Herrings, el entrenador del equipo de la Laney High School. Y, a partir de ese hecho preciso, de toda esa frustración acumulada, nació su grandeza”.

Los asesores de imagen de Michael Jordan, incluso, crearon una campaña basándose sustancialmente en las raíces de esa historia. Por su parte, el jugador que le quitó el puesto en aquel equipo, el auténtico LeRoy Smith, hizo sus campañas de promoción también. Casi siempre bajo el lema de: “Soy Leroy Smith, el hombre que motivó a Michael Jordan”. Y vive Dios que el alter ego de MJ ha ganado su buen dinero con el momio: explicando a la gente -mediante charlas, pelis y DVDs- cómo consiguió dejar fuera de aquel equipo a Michael Jordan. Y también sobre cómo ese hecho no sólo inspiró la grandiosa carrera futura del mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, sino que ayudó al propio LeRoy a potenciar toda su fuerza interior. Suena muy americano, la verdad.

Pues bien, al hilo del ingreso de Michael Jordan en el sagrado Hall of Fame, esa historia del famoso corte de Michael Jordan ha sido refutada en su totalidad: ha resultado ser una mera ficción. Resulta que aquello nunca ocurrió y que todo fue mucho menos épico que lo que nos habían contado hasta ahora.

Parece ser que, en aquellos tiempos, los jugadores de la edad de Michael en el Laney HS –Jordan cursaba entonces el décimo curso de Primaria- jugaban siempre en el segundo equipo del colegio: lo que en los USA se denomina como el “Junior Varsity team”, el “JV team”. Y también han caído algunos mitos más: LeRoy Smith no era mejor jugador que Michael Jordan en aquel tiempo; LeRoy tan sólo era un año más mayor que MJ, y unos doce centímetros más alto también. Por ello, el Coach Herring decidió contar con Smith, que jugaba de pivot, y prescindir de un jugador más pequeño y más joven: que resultó ser el escolta Michael Jordan. Pero la realidad es que Jordan jamás fue cortado del “VT Team”.

La versión oficial siempre nos había dicho que a MJ le cortaron, pero que, luego, debidamente motivado y rotundamente vengativo, volvió al año siguiente a jugar al baloncesto y que aquello fue algo excepcional. La forja de un mito. Pues bien, la realidad es que ese año, el joven Jordan jugó con el segundo equipo, el JV, de su colegio y fue, de largo, el mejor jugador de la plantilla. Luego, más tarde, jugó sus dos últimos años con el primer equipo, el VT: en el que anotó más de 1.400 puntos; incluyendo un triple-doble de promedio el año de su graduación: casi 30 puntos, 12 rebotes y más de 10 asistencias por partido.

Michael Jordan siempre usó motivaciones externas para encontrar ese punto necesario que le permitió mantener su indomable espíritu competitivo al máximo; su conocido -y todavía no apaciguado, a juzgar por el tono de su discurso de entrada al Hall of Fame- instinto de gran caníbal en modalidad permanente de no tomar prisioneros.

Muchas veces la motivación le venía dada por la propia importancia del choque en cuestión, por supuesto. Pero otras veces, sobre todo cuando el mito ya había ganado todo lo ganable en este planeta, el hombre necesitaba buscar influjos adicionales; cualquier cosa que le sirviera de gasolina para provocar un incendio devastador en el campo rival.

Una vez fue, precisamente, George Karl, entonces técnico de los Sonics de Seattle, el que hizo de motivador de MJ muy a su pesar. Karl, antiguo alumno de Carolina del Norte, como Michael -y por lo tanto un favorito del genio de Chicago- tuvo la (poco) feliz idea de aseverar que “Michael ya no juega dentro de la pintura tanto como antes”. Craso error. Aquella noche Michael y sus Bulls devastaron a los Supersonics, en Seattle, y Jordan anotó 40 puntos, uno tras otro. Y todos, absolutamente todos, desde la pintura. Yo lo vi.

En otra ocasión, el entrenador del equipo universitario de Wake Forest, uno de los conjuntos rivales de la UNC, dijo a sus chicos que Michael Jordan no manejaba muy bien la mano izquierda; que debían forzarle a jugar por y hacia ese lado del campo. Aquello llegó a los oídos del gran caníbal y, aquella noche, la UNC borró a Wake del mapa: con 39 puntos del ya muy notorio número 23 de los Tar Heels. Todos ellos conseguidos con la mano izquierda, como ya se habrá imaginado el lector. Yo también lo vi.

El mito de LeRoy Smtih siempre fue un gran motivador para Michael Jordan. Así se lo hizo saber MJ al mundo y así ocurrió durante toda su carrera. LeRoy Smith también sacó su tajada del tema con esa suerte de inspiración motivacional tan al uso en América; sobre todo en la América corporativa. Pero ahora resulta que todo era una ficción. Un diseño publicitario muy bien orquestado por Michael y por sus estrategas de imagen y de marketing.

Pero, bueno, me parece que esta mentira tampoco resulta ser algo tan grave al fin y al cabo. No creo que haya culpables en esta historia; ni tampoco víctimas aparentes. Al final, incluso después de descubierta la falacia, la historia acaba bien: Michael Jordan es ya un miembro muy merecido del Salón de la Fama. Y, en un acto casi de justicia poética, el Coach Pop Herring sale del Salón de la Infamia: reivindicado y por la puerta grande.

Si acaso, los que lo van a tener peor a partir de ahora son todos esos entrenadores, jugadores y demás fauna que montan todos esos campamentos de verano en los que, por unos cuantos cientos de dólares, los niños sueñan con ser Michael Jordan durante unos cuantos días de sus bien merecidas vacaciones. Luego, sin contarles del todo la cruda realidad, los monitores y entrenadores de esos campus casi siempre suelen recurrir al mito de Michael Jordan para explicarle al chaval que, de momento no apunta a ser un nuevo Michael Jordan. Pero, no todo está perdido, le dirán. Le explicarán cómo la leyenda se superó a sí misma. Y de cómo, a pesar de ser cortado, y de que un tal LeRoy Smith le quitó entonces su sitio en el equipo, MJ siguió luchando. Hasta que acabó emergiendo, triunfante, sobre la adversidad. Luego, le dicen al niño que las cuotas han subido un quince por ciento para el año siguiente y que no se olvide de decírselo a su papá. Y vuelta a empezar.

De todos modos, y aunque esta historia de Michael Jordan y de su corte del equipo de su instituto no sea cierta, LeRoy Smith forma ya parte fundamental de la vida del mito. Y el propio LeRoy Smith se ha convertido, hasta cierto punto, en un mito también.

Creo que la leyenda de LeRoy Smith forma también parte inalienable de nuestras vidas. Sin duda. A LeRoy Smith lo reconocemos en aquel tipo que nos quitó a aquella chica rubia del barrio que nos gustaba tanto. En aquel compañero de colegio que era el preferido de los profesores y que siempre sacaba mejores notas que nosotros, aunque nunca supimos muy bien por qué. Lo recordamos en aquel colega, entonces más grande y mejor alimentado que nosotros, que nos quitó el puesto en aquel equipo cadete de nuestro colegio, pero que, para nada, era mejor que nosotros.

Y es que LeRoy Smith nunca fue, en realidad, tan sólo el Némesis o el alter ego de Michael Jordan. LeRoy Smith es, en realidad, el alter ego de todos nosotros.

Comentarios

Excelente artículo, Miguel Ángel. El día que decidas recopilar todo en un libro (quizá ya lo hay y lo ignoro) tendrás en mí un seguro comprador y un eterno agradecido

Extraordinario artículo, para variar. Mi idolo, Michael Jordan, es el ejemplo de un competidor que lo quiere todo que se inventa hasta enemigos imaginados para motivarse. El más grande. Gracias una vez más profe.

Han sacado una campaña publicitaria de Leroy Smith hace poco (supongo que Jordan brand) personificada por un actor que resulta ser hermano de Eddie Murphy

Siempre leo sus articulos y realmente son muy buenos. Es la unica columna que leo simplemente por el autor que lo realata, cada parrafo me parece una delicia y debido a esta admiracion nunca he posteado en uno de sus articulos para no "ensuciar" algo tan bonito, pero es que el articulo de hoy me ha llegado muchisimo.

Haciendo un "off topic", hay una frase en la archiconocida Lost donde John Locke uno de los protagonistas, en momentos cumbres de su vida dice esta frase: "No me diga lo que no puedo hacer...".
Para mi es brutal, esa frase y Leroy han de ser la esencia de esta, nuestra vida, pues solo nosotros nos ponemos limitaciones y barreras que creemos imposible superar.
La determinacion de MJ es sencillamente brutal y no dejo que nadie en su vida le dijera lo que no podia hacer.

Un saludo y enhorabuena

Hay que poner un LeRoy Smith en tu vida siempre. Alguien que te diga que no puedes, para no decir nada y simplemente conseguirlo. Grandisímo artículo

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