MIND GAMES

 

Cualquier aficionado que conozca la historia de la National Basketball Association debe, con el “must” inglés que indica deber de obligación, darle todo el crédito del mundo a un entrenador como Phil Jackson, ahora en los Lakers de Los Ángeles, antes en los Bulls de Chicago, que ha conseguido 10 títulos de campeón: seis con el Chicago y cuatro con los angelinos. Un record absoluto de triunfos en el campo de los entrenadores de la NBA.

Phil Jackson, que fue un formidable jugador suplente en aquellos sensacionales Knicks de Nueva York de los años 70, ha sido un modelo de deportista que ha trascendido su actuación como jugador. Fue un jugador duro, sacrificado y ciertamente de equipo en aquellos Knicks cuya principal característica era que jugaban como un equipo de verdad. Jackson, a quien todo el mundo que le conoce considera un gran tipo, ha tenido varias etapas en su vida, casi todas muy enriquecedoras, que han hecho de él un tipo de entrenador que no se queda en el consabido “Chicos bien, partido difíciil” con el que muchos entrenadores llenan su bagaje cultural.

Phil Jackson abrazó en su momento la filosofía hippy –con una cuasi adicción a las drogas tipo LSD incluida- y vivió en toda su plenitud y esplendor esa liturgia “hippy-sesentera” que tan excelsamente queda representada en el film “Easy Rider”, la icónica película protagonizada por el recientemente fallecido actor Dennis Hopper. Más tarde, y en medio de un divorcio no precisamente amistoso, Jackson comenzó a interesarse por la filosofía budista: de ahí su sobradamente conocido apodo de “Coach Zen”.

En un momento determinado de su carrera, siendo entrenador del equipo de Albany, un conjunto casi mítico a pesar de que jugaba en la psicodélica liga menor profesional americana, la CBA, el bueno de Phil Jackson apenas llegaba a fin de mes con su salario.

Y, probablemente debido a sus no disimuladas simpatías por la contracultura de la época, ningún equipo de la NBA llamaba a su puerta para ofrecerle siquiera una ayudantía. De hecho, durante varios meses, el hombre llegó a estar mucho más fuera del oficio de entrenador que dentro.

Así que, inmerso en esa encrucijada vital, el hombre barajó distintos caminos a seguir: manejó seriamente la posibilidad de hacerse hippy a tiempo completo; se fue en moto por esos mundos de Dios, en una suerte de homenaje a Dennis Hopper, sólo que en versión gigante; y estudió muy seriamente una oferta, para trabajar como asesor político, que le hizo su gran compañero y amigo de los Knicks, el brillantísimo Senador Bill Bradley. Quien, por cierto, siempre ha sostenido ue Phil Jackson tiene mucha madera de político.

Entonces, en esa rueda del destino que a veces es la vida, llegó una llamada de los Bulls de Chicago. Doug Collins, el entrenador elegido a dedo por el gran Michael Jordan para conducir al equipo, -ironías del destino, ahora como propietario de los Bobcats de Charlotte MJ ha vuelto a llamar al Coach Collins para que dirija al equipo- le solicitaba ser su entrenador ayudante. Allí conoció también a su gurú baloncestístico particular, al gran Tex Wnter. Así que aquella llamada de Collins fue una llamada que cambió su vida para siempre.

El resto es historia, como se suele decir. Una historia que, afortunadamente para el mundo del baloncesto, se está escribiendo todavía hoy.

Sin embargo -y créame el amigo lector que jamás pensé que escribiría una conjunción adversativa en un artículo dedicado a un tipo tan admirable como Phil Jackson- últimamente el Coach Zen está entrando, y además de manera muy notoria, en un territorio en el que se siente feliz haciendo declaraciones chocantes a los medios de comunicación. Que, en realidad, no son sino juegos mentales principalmente dirigidos al jugador clave del equipo rival de sus Lakers. Aunque resulta seguramente obvio decir que PJ hace juegos mentales con alguno de sus hombres clave también: léase con Pau Gasol, por ejemplo.

Ni que decir tiene que Phil Jackson no sólo manda mensajes más o menos subliminales a los jugadores rivales sino también a los árbitros que ofician esos partidos que juegan sus Lakers. El buen aficionado al deporte sabe que esos juegos mentales se llevan haciendo, por muchos entrenadores de todos los deportes, en casi cualquier lugar del mundo. Sucede así desde la noche de los tiempos. No es algo nuevo.

No critico que, por muy brillante, inteligente y comprometido que sea Phil Jackson, el hombre trate de sacar un provecho y un beneficio último para su club con esos juegos mentales. Está en su derecho. Pero es que el Maestro Jackson parece haberle tomado mucho gusto a esto de enviar mensajes elípticos al personal.

Este año, sin ir más lejos, lo hizo con Kevin Durant, la joven estrella del Thunder de Oklahoma City. De él dijo el Coach Zen que “recibe un tratamiento de superestrella por parte de los árbitros”. Todo es opinable, pero yo no apoyaría mucho esa moción, la verdad.

Según Phil, a Kevin los árbitros no le pitaban determinadas violaciones al reglamento que eran, aparentemente, muy notorias y evidentes para nosotros, el resto de los mortales. Aunque, si nos atenemos a alguna teoría que circula por los medios de Oklahoma City, parece ser que todos esos juegos mentales influyeron, negativamente claro, en el rendimiento de la joven y bisoña estrella del Thunder de la Ciudad de Oklahoma.

Ahora el Maestro Zen le ha mandado un recado a los Celtics de Boston, el eterno rival de los Lakers. Y el equipo contra el que, como es bien sabido, los Lakers empezarán a disputar la Serie Final de la NBA-2010 a partir de mañana.

En este caso concreto, el ataque de Phil va dirigido, principalmente -pero tengo claro que sólo como objetivo secundario- al juego colectivo de los Celtics: “Un equipo que tiene una mentalidad clara de salir a pegar en cada partido”, vino a decir Mr. Jackson el otro día.

El verdadero objetivo primario de ese comentario en el que el Coach Zen acusa a estos Celtics de 2010 de ser algo así como los matones del barrio, es Kevin Garnett. Leamos: “Eso [esa mentalidad de pegar que tienen los Boston Celtics] se vio muy claro en el enfrentamiento entre [Kevin] Garnett y [Dwight] Howard en el Partido 6 de las Finales de la Conferencia Este”, comentó Phil Jackson hace un par de días. Para luego añadir: “Pero nuestro equipo no es así. Nosotros no vamos por ahí pegando a la gente”.

Pero tengo para mí que es muy posible que, en este juego mental concreto, atacando frontalmente a los siempre orgullosos y aguerridos Celtics de Boston, Phil Jackson haya tocado la tecla equivocada. O tal vez no.

Pero lo que sí tengo claro es que los Celtics, que estos Celtics, son muy distintos al pipiolo Kevin Durant. Y que lo dicho por el Coach Zen les va a afectar más bien poco. Es más, los Celtics se han sentido, de hecho, mucho más enaltecidos que atacados u ofendidos por las palabras del Maestro de los Lakers. En ese orden de cosas, el entrenador del Boston, Doc Rivers, ha contestado que se toma la frase de su colega “como un elogio”. Literalmente.

No sé porqué, al leer las declaraciones de Phil me vino a la memoria una de esas jugadas que, al principio, te parecen un lance más del juego, pero que luego se quedan en tu retina para siempre. Los lectores más veteranos la recordarán perfectamente y los más jóvenes la pueden encontrar seguro en YouTube.

En esa jugada, el alero del Boston, Kevin McHale, realiza una entrada brutal al alero de los Lakers, Kurt Rambis, y le tira al suelo: era un partido de la Serie Final de 1984. Todo vino a raíz de unas declaraciones procedentes de la trinchera amarilla en las que se cuestionaba la dureza mental de aquellos Celtics. Y eso fue como echar gasolina al fuego. En ese mismo partido, a partir de esa misma jugada, aquellos Lakers del Showtime entraron en un estado de pánico total y acabaron siendo claramente intimidados por los Celtics. Que ganaron aquella Final, por supuesto.

La explicación de la increíble transfiguración de aquellos Celtas “ochenteros” se encuentra seguramente en el propio corazón del equipo bostoniano. Un corazón de club campeón que lleva décadas enteras siendo una franquicia en cuyo entorno todo huele a ganador. Una dinastía que lleva manejando el orgullo, la tradición y la dureza mental como armas para superar la adversidad; cualquier adversidad.

Así que no estoy nada seguro de que el Maestro Zen vaya a conseguir su objetivo de distorsionar a sus rivales. Ni tampoco tengo claro que los árbitros permitan que prevalezca el juego de los Lakers, supuestamente fino y estilista, que el supuestamente mucho más bruto y trabado de los Celtics.

Estoy más a favor de la idea de que el Maestro Zen haya despertado a esa bestia que todo Celtic lleva dentro desde que se enfunda esa camiseta por primera vez. Un sentimiento que no es sino la fusión de todas esa leyendas que han hecho tan grande a esta franquicia.

No creo que sea verdad el postulado de Phil Jackson: no creo que los Celtics te peguen desde que sales del vestuario. Ni que los árbitros permitan tanta brutalidad. Y conste aquí que entiendo las razones de Phil Jackson para hacer sus comentarios. Él cree que sus juegos mentales ayudan a su equipo a ganar. Nada que objetar.

Pero, en realidad, creo que Phil Jackson debería saber que la cuestión no es tanto denunciar que te pegan o que te pueden pegar. NI que decir tiene que todo el mundo tiene derecho a denunciar al bruto que te agrede. Faltaría más.

En realidad, la cuestión es cómo responde un equipo cuando le pegan.

Ya lo dijo el mítico entrenador Vince Lombardi: "It\'s not whether you get knocked down, it\'s whether you get up." “No es tanto que te derriben, sino si eres capaz de levantarte”.

Precisamente.

Comentarios

He disfrutado con el artículo como casi siempre. Por cierto, me gustan más los artículos que publica en esta web que los que he leído en revistas (no recuerdo si en Gigantes o en NBA o en ambas). ¿Se puede deber a que en prensa escrita uno está supeditado al espacio y aquí no tanto? Un saludo.

Hago una PD: que se me olvido comentar, que las triquiñuelas, son mas bien, hablar mas de baloncesto (que si segunda unidad rival, que si dos centers, que hay bases mas rapidos...), "jugar" con los arbitros y adversarios,... ademas de con sus propios jugadores.

Pues fijate que yo creo que esto marca claramente, una cuesta abajo en su nivel tactico de entrenador.
Paradojicamente (y es mi opinion), en su epoca de bulls, y principio de lakers, tenia unos equipos trabajadiiiiisimo (y no el triangulo de TW, que tambien, sino la defensa, ritmo de partido,...), y enmascaraba su tejido tactico en el amparo del zen, para desviar atenciones del mismo. Y me da la sensacion de que segun avanza el tiempo, el tio se hace viejo, y opta por triquiñuelas motivadoras, para enmascarar en este caso que su equipo no tiene "tanto" trabajo tactico detras (que lo tiene, no se es 3 veces finalista por nada). No se es la impresion que me da

Contra Phoenix también hizo declaraciones sobre Nash, diciendo claramente que hacia pasos en todas sus acciones. Lo que pasa es que como muy bien apuntas hay jugadores y Jugadores, Steve no es de los que se amedrentan y respondió: "Si el mejor coach de la NBA, que es Popovich no ha dicho nada yo estoy tranquilo".

Muy buen articulo, como es habitual. Ni siquiera habia nacido cuando se produjo la jugada de McHale pero cada vez que la veo me parece mas brutal. De todas formas demostró que los playoffs son una batalla campal independientemente de la epoca y que los Celtics nunca se rinden facilamente. Saludos.

Muy buen articulo, como es habitual. Ni siquiera habia nacido cuando se produjo la jugada de McHale pero cada vez que la veo me parece mas brutal. De todas formas demostró que los playoffs son una batalla campal independientemente de la epoca y que los Celtics nunca se rinden facilamente. Saludos.

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