SKYWALKER

Solapas principales

 

“When you dream of the perfect basketball player, you visualize David Thompson”. (“Cuando sueñas con el jugador de baloncesto perfecto, visualizas a David Thompson”). Bill Walton, ex estrella de la NBA y actualmente comentarista de radio y televisión.

Como es sabido, Michael Jordan, el gran Michael Jordan, entró –ni que decir tiene que muy merecidamente- el pasado viernes en el Salón de la Fama del Baloncesto, esa suerte de Museo-Olimpo de baloncesto ubicado en Springfield, Estado de Massachussets. Lo hizo junto a otros ilustres jugadores y entrenadores como David Robinson, John Stockton, Jerry Sloan, actual técnico jefe de los Utah Jazz, y a la no menos legendaria entrenadora del equipo femenino de la Universidad de Rutgers, C. Vivian Stringer.

Es costumbre que los nuevos miembros elijan a un personaje, que ya es miembro del Hall of Fame, para que haga las presentaciones pertinentes y pronuncie el discurso de bienvenida del nuevo cofrade a la fraternidad. En esta ocasión, el gran John Stockton pidió a Isiah Thomas que le hiciera los honores. El Coach más longevo en un banquillo de la NBA moderna, Jerry Sloan, se lo pidió a Charles Barkley: una mezcla algo rara, la verdad. Por su parte, David Robinson, solicitó el favor a dos personas muy ligadas a su club de siempre, los Spurs de San Antonio: al entrenador Larry Brown y al mítico ex jugador George “The Iceman” Gervin. Hasta aquí, ninguna sorpresa.

Sin embargo, Michael Jordan, que siempre fue un jugador -y hasta cierto punto un hombre- ciertamente diferente, sorprendió a todos al pedir a David Thompson que fuera su padrino para la ocasión. David Thompson fue el jugador que guió a la Universidad Estatal de Carolina, la NC State -casualmente una de las encarnizadas rivales de la Universidad de Carolina del Norte, la del propio Jordan y la del Coach Dean Smith- al título de campeón de la NCAA de 1974.

Seguramente, al menos una generación entera habrá crecido y se habrá hecho mayor admirando el juego del baloncesto gracias a la figura icónica de Michael Jordan. Pero probablemente esa generación no conozca, ni haya visto jugar jamás, al padrino de MJ.
Bueno, y ¿quién es este David Thompson?. Pues David Thompson fue Michael Jordan antes de que Michael Jordan fuera Michael Jordan. Suena algo confuso, pero no se me ocurre otro concepto más claro que este ahora mismo, la verdad sea dicha.

Cuando David Thompson -un chaval afroamericano que creció en una zona rural y deprimida cercana a la ciudad de Charlotte- llegó a NC State, la gente no daba crédito. Aquel escolta de 1,93 metros saltaba como nadie lo había hecho hasta entonces. Cuenta la leyenda que DT podía tocar la parte de arriba del tablero sin dificultad aparente.

Una vez asentado en la UNC State, fue llegando todo lo demás. Por ejemplo, la invención -junto al pequeño e inteligente base Monte Towe- del “alley oop”. Todo empezó porque, en aquellos tiempos, hacer mates en el baloncesto universitario era ilegal. De hecho, aquella norma se conocía entonces como “La Regla Alcindor”: porque parecía hecha a medida para privar al sensacional pivote de la UCLA, Lew Alcindor, de una implacable arma en su juego de cara al aro.

Así que los chicos de NC State, aprovechando el prodigioso salto vertical de Thompson (que se elevaba del suelo 1,12 metros exactamente) idearon una jugada para que recibiera un pase en lob y depositara el balón en el aro; sin machacarlo. De hecho, David Thomspon realizó un único mate, tras el “alley oop”, en toda su prolífica carrera universitaria: fue el día de su último partido oficial como jugador de la Estatal de NC. Lo hizo, según él, simplemente para darse el gustazo. Pero los creadores de reglas –a veces de reglas y de sombras- son tan oscuros y tan obtusos que aquella magnífica canasta fue invalidada; faltaría más.

Cuando David Thompson llegó a la ABA (Denver Nuggets) la película de George Lucas \'Star Wars\' estaba en su pleno apogeo. De modo que a alguien muy avispado se le ocurrió bautizar al jugador con el apodo de “Skywalker”. Por Luke Skywalker, naturalmente. Y, la verdad, muy pocas veces un alias ha hecho tanta justicia a un jugador profesional de baloncesto.
En las canchas de la liga de baloncesto profesional más loca y singular de todos los tiempos, la mítica ABA, David Thompson fue capaz de iluminarnos a todos desde el principio. Y siempre desde las alturas. El hombre empezó a hacer en la ABA cosas que nadie había hecho hasta entonces. Y vive Dios que en esa Liga de pelos afro, del balón tricolor, y de tipos ciertamente curiosos se veían cosas inimaginables. Thompson anotaba como nadie, corría como nadie, pero, sobre todo, saltaba como nadie. El único jugador que tal vez tenía una explosividad semejante por aquel entonces era un tal Julius Erving.

David Thompson anotó una vez 73 puntos con los Denver Nuggets ya en la NBA. Si no me equivoco -escribo de memoria- sólo Wilt Chamberlain y Kobe Bryant le superan en los libros de historia de la Liga: con 100 puntos Wilt, con 81 Kobe y con 78 tantos Chamberlain otra vez. Pero aquella explosión anotadora fue lo de menos. Por encima de todo, Skywalker demostró, quizás con más fuerza que nadie hasta entonces, que los hombres pequeños tenían algo que decir en este juego ideado para hombres muy altos y muy grandes. En su tiempo, Thompson fue también –de largo- el jugador mejor pagado de la Liga NBA. Incluso de todo el deporte profesional estadounidense en un momento dado.

Pero fuera de las canchas de la NBA, David Thompson fue incapaz de evitar uno de los grandes males que asolaron a la Liga durante aquella época: las drogas. Según su propia versión, el hombre tomó sustancias estupefacientes a granel. E hizo cosas que le condujeron al infierno en la tierra: literalmente. La perversa trinidad de alcohol, drogas y mujeres, formaron una combinación explosiva –casi letal según la versión del propio Thompson- que acortaron una de las carreras potencialmente más ilustres de todos los tiempos. El hombre lo resumió de manera contundente en una ocasión: “Tenía el talento suficiente como para ser uno de los jugadores más grandes en la historia de este juego y la cagué”.

Curiosamente, después de muchos altibajos a causa de las drogas, fue una caída en la célebre discoteca “Studio 54” de Manhattan, Nueva York, la que finalmente llevó a David Thompson al fin de su carrera. Supuestamente en un estado etílico de proporciones ciclópeas, el hombre se cayó por las escaleras de la disco. El impacto le provocó una serie de daños que, finalmente, acabaron siendo terminales para su carrera deportiva. Así que aquel chaval de orígenes humildes en la Carolina del Norte más rural, se vino abajo –literalmente- en el sitio más “posh” y sofisticado de todo Nueva York.

Pero, mucho antes, David Thomspon nos había dejado momentos inolvidables en las canchas de baloncesto. De todos los grandes partidos, de todos los grandes momentos, de todas esas grandes anotaciones, de todos esos grandes saltos, a mí el partido de David Thompson que más me impresionó fue uno de la Temporada 1972-1973; en la Liga NCAA. Permítame el lector que le relate cómo fue aquello.

En aquellos días el poder de la UCLA de John Wooden en la NCAA era simplemente incontestable. Llevaban nueve –sí, 9- títulos en diez temporadas; siete de ellos consecutivos. Dos temporadas seguidas, la de 1972 y la de 1973, los Bruins consiguieron el record perfecto: 30 victorias y ninguna derrota. 30-0. 60-0, mejor dicho. Aquella fue conocida com “La Era de Bill Walton”.

Bill Walton era un jugador atípico para el Sistema del Coach Wooden: tenía un look muy hippie y muy libertario; totalmente incompatible con las reglas de pelo corto y ausencia total de vello facial impuesta por el mítico Mr. Wooden. Walton finalmente cedió y demostró que, incluso con el pelo mucho más corto y sin barba, era un jugador estratosférico.

Que llegó a superar, incluso, lo que parecía insuperable. Sí, porque tras la época anterior de Lew Alcindor (luego renombrado Kareem Abdul Jabbar, como es sabido) en el campus de Westwood, Bill Walton subió otro peldaño. La UCLA pasó de aniquilar rivales a simplemente devastarlos. En una ocasión aquel chico con corazón de hippie rebelde había realizado una de las exhibiciones ofensivas más espectaculares jamás vista en un partido final de la NCAA: fue frente a Memphis en 1973. Bill Walton anotó 44 puntos: con un prodigioso registro de 21 de 22 en tiros de campo. Tremendo.

Curiosamente hubo otro equipo que, en aquella temporada de 1972-1973 consiguió también otro record perfecto: 27-0. Se trataba del equipo de North Carolina State. Precisamente. Pero la Estatal había cometido ciertas irregularidades en el reclutamiento de David Thompson y los jefes de la NCAA prohibieron a los Wolfpack jugar el Torneo Final.

La temporada siguiente, con todas las sanciones ya cumplidas, el choque entre los dos transatlánticos de la Liga Universitaria parecía inevitable. Se produjo en semifinales y David Thompson y sus compañeros doblegaron a la legendaria UCLA: fue un choque dramático que se resolvió tras una doble prórroga. Aquel fue un partido que figura en los anales de la historia de este juego como uno de los más espectaculares jamás vistos sobre el parqué de una cancha de baloncesto. Y, tal vez como una suerte de justicia poética, la última jugada del partido, la jugada ganadora, fue un mate de David Thompson saltando por encima del enorme Bill Walton. Increíble.

El ocaso de Skywalker fue una especie de muerte lenta, aunque ya anunciada desde hacía algún tiempo. En la temporada 1981-1982, jugando –es un decir- con los Nuggets de Denver, el hombre empezó a faltar a los entrenamientos, padeció lesiones (fingidas y reales) y su influencia resultó ser cada vez más negativa en el vestuario. Un buen día, David Thompson apareció en una sesión de tiro matinal visiblemente bebido y probablemente drogado hasta las cejas. El entrenador del equipo en aquel tiempo, Doug Moe, decidió sentarle en el banquillo de manera indefinida y pidió a los dueños del Denver que lo traspasaran.

Los Sonics de Seattle se la quisieron jugar con él. En la NBA siempre ha habido algún manager general con vocación de alma redentora para otras almas descarriadas. Sin embargo, la descripción fría de aquella transacción entre el Denver y el Seattle es ciertamente indicativa del declive al que puede llegar una estrella: en 1978, David Thompson firmó lo que entonces era un megacontrato en la NBA; 4 millones por 5 años. En el final de su carrera, David Thompson valía una primera ronda del draft y la ficha de Bill Hanzlik, un aceptable alero defensivo, pero que no veía aro ni usando un telescopio. En Seattle, Thompson estuvo tan sólo una temporada. Sin pena ni gloria. Luego, decidió colgar las botas. Hubo un intento de regreso, con los Indiana Pacers, en la temporada 1985-1986, pero no funcionó tampoco. Llegó el “Game Over”.

En 1988, los entonces novatos Charlotte Hornets le contrataron como su director de relaciones con la comunidad. Sin embargo, poco antes de la Navidad, David Thompson volvió a caer en las drogas. Sin embargo, el club de su Estado natal, en un gesto muy honorable, esperó a que se rehabilitara. Y, una vez curado, le asignó el cargo de coordinador de programas para la juventud. Thompson estuvo en la nómina de los Hornets hasta 1993.

En 1996, David Thompson obtuvo el reconocimiento de sus colegas y entró en el mismo Salón de la Fama en el que ahora acaba de entrar Michael Jordan. Después, a través de la religión, el hombre consiguió enderezar su rumbo. En 2003, retornó al campus de la UNC State para graduarse en Sociología. Escribió también su autobiografía, titulada precisamente “Skywalker”, en la que narra su historia de cielo y de infierno con una crudeza y con una sinceridad altamente encomiables. Basado en ese libro, se hizo también, en el año 2004, un magnífico film documental, del mismo título, que recomiendo vivamente a los aficionados al cine y al baloncesto.

Ahora que Michael Jordan ha puesto de nuevo de moda a David Thompson, tal vez esta nueva generación de jóvenes aficionados que ha crecido con YouTube pueda recuperar algunos trozos de los partidos de David Thompson. Y tratar de entender un poco quién y cómo fue el complejo David Thompson. Sinceramente, no he buscado nada por la Red, pero imagino que tendrá que haber unos cuantos trozos de partidos. Si es así, vale la pena contemplarlos con los ojos bien abiertos.

David Thompson fue un enorme talento cuya carrera se vino abajo debido a las adicciones. Como mínimo, esta joven generación podrá ver en su historia todo aquello que no se debe hacer; lo muy peligrosas que son las drogas, el alcohol y las malas compañías. Pero también podrá entender que el verdadero triunfo de David Thompson, de un hombre hundido al fin y al cabo, no fue tanto ganar partidos y volar sobre las canchas.

Su verdadero triunfo fue salir del infierno para retornar al campus de la Universidad Estatal de Carolina del Norte en la ciudad de Raleigh. Y no para hacer mates o para realizar saltos espectaculares. Lo hizo para ponerse una toga y una gorra y recoger su licenciatura en Sociología. A los 49 años de edad, entre lágrimas de alegría y de redención, ese día soleado del mes de junio de 2003, Skywalker caminó verdaderamente por los cielos.

Comentarios

No recuerdo donde vi lo de The Goat que a raíz de ello, me interesé por el documental. No se si fue leyendo al profe Paniagua, no me acuerdo pero me gustó mucho. Además, salen Kareem y un jovencísimo Garnett, con buenos actores como F. Whitaker.

Cierto shifty, el título en español es ''El mejor rebote'', en inglés ''Rebound''. Yo lo encontré buceando por la web..
El de ''Skywalker'', creo, que no lo hay en español. Un saludo!

Increíble, mágnifico artículo. He tardado mucho en encotrar el documental de Earl ''The goalt'' Manigault y ahora, buscaré este. Gracias

El último párrafo me ha hecho saltar las lágrimas y el resto del relato me retrotrae a la mejor época del baloncesto; es mi opinión. ¡Qué pena que los jóvenes no sean conscientes de lo pernicioso de las drogas y del exceso de alcohol! Artículo aleccionador (para quien quiera interiorizarlo) y maravillosas historias de "mi juventud baloncestística". Saludos. JOSEMI

Creo que el día en que Thompson anotó 73 puntos lo hizo porque se jugaba el título de máximo anotador en el último partido de la regular season y lo perdió por unas décimas ante otro de los mencionados en el artículo, "iceman" Gervin, quien anotó 63 y ganó dicho título.

Qué puedo decir. Gran artículo una vez más. He buscado videos de David Thompson en Youtube y hay unos cuantos. Gracias por estos ratos de lectura apasionante maestro Miguel Angel.

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