THE WALL

Solapas principales

En los Estados Unidos aparecen cíclicamente fenómenos en la competición escolar – high school- que son anunciados, por los múltiples heraldos del periodismo deportivo, como la próxima estrella del firmamento NBA. El último elegido para la gloria es John Wall. Un chaval de instituto (de la Word of God Christian Academy, en Raleigh, Carolina del Norte) al que algunos dedican tantos, y tales, adjetivos que he tenido que tirar del Diccionario Merriam-Webster para lograr entender la profundidad filosófica de alguno de los elogios que los compañeros dedican al muchacho.

No suelo hablar, ni escribir, con frases muy maximalistas pero a propósito del joven Wall diré esto: es el jugador más inteligente –baloncestísticamente hablando- que he visto en mucho tiempo en los Estados Unidos; y he visto unos cuantos. El chico me impresionó en el Hoop Summit, una competición que reúne a los mejores jugadores en edad escolar. Por cierto, a la hora de escribir estas líneas, el chaval tiene al mundo de la NCAA en vilo porque todavía no ha decidido con qué equipo universitario va a jugar el curso que viene: vaya donde vaya, lo hará durante un curso solamente: será otro “one and done”.

John Wall es la elección más unánime, y más consensuada, como número uno del draft que se recuerda en muchos años. Está destinado a ser el número uno del draft de 2010 se presente o no Ricky Rubio; se presente o no Ed Davis, el chaval de Carolina del Norte, un alero alto que está ya para jugar en la NBA. Se presente o no otro potencial “top five” del draft, el lituano Motejunas, un 2,13 de gran talento. (Por cierto, y para que conste en acta, si yo fuera GM de un club de la NBA, seguramente elegiría a Rubio antes que a Wall. Pero admito que, como el mundo baloncestístico estadounidense ha enloquecido tanto con este chaval, todos le saluden como al futuro número uno del draft. Algunos incluso, le aludan como la reencarnación misma de, quién se yo, del gran Oscar Robertson).

Sin embargo, me parece que lo más chocante de esta historia de John Wall no es toda esta neurastenia colectiva que se ha montado en los Estados Unidos por él; ni siquiera que alguien tan habitualmente circunspecto como mi amigo Fran Fraschilla, ex entrenador de la Liga NCAA, y ahora comentarista de la cadena ESPN, haya asegurado que el chaval es “mejor que Chris Paul (base del equipo de Wake Forest y ahora del N. O. Hornets en la NBA) a su edad”: por todos los santos, Fran, vaya forma de tirarte a la piscina. No. La noticia es que, durante 48 horas, justo después de deslumbrar en el Hoop Summit, el joven Wall jugó con la idea de presentarse al draft de la NBA de este mismo año, 2009, en lo que hubiera sido un claro reto al límite de edad impuesto por la NBA.

El convenio Colectivo entre la NBA y la NBPA (la Asociación de Jugadores de la NBA) es confuso en el caso de Wall. O dicho de otro modo, el chaval podría haber tenido (tiene) argumentos legítimos para presentarse al draft de Junio de este mismo año. Veamos.

Es cierto que hay una regla explícita que impide el salto directo de un high school a la NBA. Pero, aparte de declarar su disponibilidad para el draft de la NBA, por escrito y antes del día 26 de este mismo mes de Abril, John Wall cumple con lo descrito en el artículo 105 del Convenio. Este artículo describe -con bastante vaguedad, por cierto- los requisitos necesarios para que un jugador joven pueda acceder a la Liga NBA. A saber: a) “que el jugador haya cumplido los 19 años de edad”; y b) “en el caso de un jugador no internacional, deberá haber transcurrido, al menos, una temporada de la NBA desde su graduación. O si el jugador no se graduó, desde que su promoción se hubiere graduado”.

John Wall cumplirá los 19 en Septiembre, con lo cual está en línea con el párrafo a). La cuestión discutible está en el punto b). El chaval, que no es una lumbrera en el aula, no se graduó con su promoción y decidió quedarse en su academia para recibir algunas clases durante un quinto año, este curso que ya se acaba. Con lo cual, técnicamente, ya habría pasado una temporada desde que sus compañeros de promoción se graduaron.

Lo cierto es que nunca sabremos qué motivó a John Wall a flirtear con la idea de contravenir la normativa de la NBA, y pensar seriamente en declararse profesional, para luego recular. Seguramente, el chico recibió información –off the record- de la Liga NBA. O, tal vez, algún abogado le advirtió de que presentar batalla legal a la NBA, por el tema de la edad, podría tener efectos devastadores para su futuro. O, quizás, fueron ambas cosas a la vez. Lo cierto es que el muchacho y su entorno decidieron, la semana pasada, que el camino a seguir sería la Liga Universitaria. Eso que gana la NCAA.

Sin embargo, la enorme expectación que está provocando su tardanza en anunciar la universidad que ha elegido para su formación, así como su indudable calidad como jugador de baloncesto, dejan en un segundo plano la verdadera esencia de esta historia. Si John Wall hubiera retado a la NBA por el tema de la edad, habría sido una piedra en la rueda del carro de la Liga. Su causa es tan legítima -incluso más legítima, pienso yo- como la del joven Brandon Jennings, el actual jugador de la Virtus Roma, que el verano pasado decidió jugar en Italia y no cumplir un año en la universidad. (Por cierto, gloria y honor al chaval Jennings: ha donado 50.000 dólares para las víctimas del espantoso terremoto recientemente ocurrido en la región de Los Abruzos).

John Wall podía haber sido el paladín de una causa justa. De su causa y de la causa de otros muchos. Su argumento legítimo habría sido el de una superestrella en ciernes que pelea por el derecho a jugar al máximo nivel competitivo posible: LeBron James hizo algo parecido cuando amenazó con saltar a la NBA siendo junior (16-17 años), durante su tercer año de Enseñanza Secundaria. En el caso del joven Wall hay una clara situación de ambigüedad reglamentaria que habría sido muy interesante explorar jurídicamente. La noción de “su promoción” no está, en este caso, nada clara. En la normativa de la NBA tampoco se recoge nada relativo a los chavales que repiten curso; o a los que empiezan o acaban más tarde de lo previsto; o a los que son demasiado jóvenes o demasiado viejos para ir con “su promoción”.

Tampoco hay ninguna norma explícita que determine que los aspirantes a entrar en la NBA tengan que estar en posesión del diploma que acredita que han concluido satisfactoriamente su Enseñanza Secundaria. O, como en el caso de Brandon Jennings, que no hagan nada en particular durante ese año, digamos, pre-profesional: si no les apetece ir a la Universidad en los Estados Unidos, o si no se deciden a cruzar el charco.

Si el propósito real del límite de edad impuesto por la NBA es asegurar la educación y una temporada –como mínimo- de baloncesto en la NCAA, entonces las reglas deberían ser mucho más explícitas. En ese sentido, John Wall habría tenido argumentos muy válidos: y seguramente toda la razón legal. Porque, de hecho, el chico no se ha graduado: simplemente ha prorrogado un año su estancia en el instituto sin intención de graduarse.

A mí siempre me ha parecido que esta controvertida regla de la edad minima tiene un tinte algo paternalista. Y simplista también. La NBA quiere asegurarse de que elige a novatos, digamos, suficientemente maduros en su draft. Así que –según piensan los jefes de la NBA- al menos un año de NCAA les vendrá muy bien a estos chicos todavía algo inmaduros. Pero, por si quedaban dudas al respecto: Michael Beasley, número dos del draft de 2008, y actual jugador de los Heat de Miami, que pasó un año en la Universidad Estatal de Kansas, lo dejó muy claro el año pasado: “tal vez en la cancha tenga 30 años de edad, pero fuera de ella soy un niño. Sólo tengo 19 años. ¿Queréis que actúe como si tuviera 30 ó 40 años de edad?”. De modo que, si la regla no habla explícitamente de estudiar en la Universidad, o de graduarse en el instituto de Enseñanza Secundaria, y tan sólo habla de edad, el concepto de “chaval maduro”, preparado para la NBA, se torna muy relativo.

La ironía de todo esto es que John Wall, al ser la excepción que confirma la regla, habría podido reforzarla mucho más si hubiera ido contra ella. Porque la normativa de edad mínima es una ordenanza que, desde su implantación, me ha parecido mucho más una cuestión de imagen de la Liga NBA que un beneficio real para los jugadores jóvenes.

El fenómeno John Wall tal vez podría haber derribado esa pared si hubiera decidido cargar sus armas legales contra la NBA. Al no hacerlo, disfrutaremos de él durante un curso en la NCAA. Que no está nada mal. Y, luego, en 2010, le veremos comenzar a navegar por las aguas de la NBA. O, quién sabe, tal vez le veamos caminar sobre ellas: según pronostican algunos expertos convertidos últimamente en hagiógrafos del muchacho.

De todos modos, esta historia del “wunderkind” John Wall me sigue demostrando que la regla de edad minima que exige la NBA no es la solución. Y me pregunto: ¿tan difícil es que las cabezas pensantes de la NBA y de la NCAA encuentren un sistema lógico y justo que beneficie a todas las partes?

Comentarios

A mí la regla de tener que pasar por la Universidad no me parece del todo mal, de hecho creo que lo ideal para la formación de los jugadores sería cumplir el ciclo universitario y luego saltar a la NBA. Creo que sería un paso adelante en la formación de las cabezas de los chicos, y que eso a la larga redundaría en una mejor imagen de la liga, por otra parte, subiría el nivel de atención sobre la NCAA, revitalizando el sistema desde el orígen. A mí me gustaría, sería ir paso a paso en la cadena de montaje

Miguel Ángel, gracias por ponernos en la pista de un nuevo fenómeno. Lo cierto es que el invento de la edad es un poco artificioso, lo lógico es que los GM de la NBA tuviesen la madurez para identificar si un jugador es realmente bueno para saltar a la NBA o si sólo es una promesa y que deba estar en la NCAA. Pero también estoy de acuerdo es que debería ponerse unas reglas mínimas para poder inscribirse en el draft. Por cierto Ricky Rubio ha declarado ayer en España que se va a inscribir en el draft, ¿qué puesto puede conseguir?¿qué equipo le convendría?

Yo nunca he entendido muy bien esto del límite de edad. ¿Porqué no puede un jugador de 17 años jugar en la Liga que le apetezca?. Otra cosa, ¿crees que Ricky estará entre los 3 primeros este año?. Excelente artículo otra vez, no hace falta decirlo.

Simplemente es cuestión de reformular de nuevo dicho artículo. Obviamente no está bien escrito y deja lugar a posibles lagunas legales. La posible redacción podría ser "...un año a contar desde la fecha de su graduación" o "...un año a contar desde la fecha de la graduación de la promoción primera de la que formase parte"

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