BIOGRAFÍAS IMPOSIBLES: XI. EL TEMBLOR DE LA FALSIFICACION.

Solapas principales

De entre las muchas novelistas que el género negro/policial/suspense/whodunnit ha dado, refulge con gran diferencia la imagen de una tejana alcohólica, malencarada, obesa y aviesa, algunos dirían que misántropa, que decidió pasar la mayor parte de su vida en el corazón de una Vieja Europa que más se amoldaba a su laberíntica personalidad que la simpleza de las interminables llanuras del estado de la estrella solitaria, donde nació, o la estrafalaria prepotencia intelectual del Greenwich Village en el que creció.

Su estilo frugal, ambiguo y sicológicamente penetrante bien casaba con las temáticas turbias que gustaba transitar, plagadas de personajes amorales- Tom Ripley, por todos- criminales socializados que se dejan llevar por sus psicopatías latentes, tramas complejas que desgranaba con desarmante sencillez, con una austeridad estilística que fue su sello de autoría y calidad, marco perfecto para la última crueldad que subyace en su obra, por otra parte maravillosamente humanística.

Debutar con Extraños en un tren, dejaba poco espacio a la mejora, pero ella supo ganarse el pan y la admiración de los buenos aficionados, con títulos como Ese Dulce Mal, La Celda de Cristal o la serie de Ripley, por la que es conocida popularmente.

En el caso de quien suscribe, acabada antes de la adolescencia la obra de Agatha Christie, con su plácido mundo criminal, la Highsmith representó un enorme trampolín en la ontología noir, que condujera a las oscuras arenas movedizas de los Chandler, Ambler, Woolrich, Goodis, McDonald y Thompson de turno.

De la extensa obra de esta suiza de adopción, viene a colación de la historia de este capítulo, un título hechizante, Tremor of Forgery, El Temblor de la Falsificación, que es lo primero que acudió a mi mente cuando recién supe el triste final de su protagonista.

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El pulso de un ser humano adulto oscila entre las 70 y 80 pulsaciones por minuto, en estado de reposo.

Cuando en la tarde del 3 de abril de 1989 RUMEAL ROBINSON se situó en la línea de tiros libres del Seattle Kingdome, con todos los espectadores que lo abarrotaban y una audiencia millonaria – share 32% - pendientes de hasta la más ligera mueca de su faz, seguramente su pulso pasaría de los 150.

Estaba en juego un título nacional de la NCAA, y la universidad de Robinson, los favoritos Wolverines de Michigan, necesitaba que su base anotara los dos tiros desde la línea fatídica para obtenerlo. Sobre la pista planeaba el recuerdo de los dos libres fallados por Derrick Coleman en la final del 87, que permitieron la canasta final de Keith Smart , privando a Syracuse de levantar el trofeo.

El problema es que Robinson era un discreto tirador de libres, apenas alcanzaba el 65%, reflejo final de su mala muñeca, ya que se trataba más de un base atlético, con cuerpo de quarterback, precursor de los Charley Ward y compañía, gran defensor y extraordinario finalizador en la transiciones, antes que de un fino estilista con grandes fundamentos técnicos.

Pocos confiaban que encestara los dos tiros, y eran más los que pensaban que Seton Hall, la pequeña universidad de las afueras de New York entrenada por el colérico PJ Carlésimo, daría una de las más grandes sorpresas del Torneo, eliminando a la Duke del wonderboy Danny Ferry en Semis y frustrando las legítimas expectativas de los de Ann Arbor.

Sin embargo no le tembló el pulso a Rumeal en el agónico instante final y depositó, con insólita frialdad, ambos tiros en las redes del aro rival, dando el título a Michigan e ingresando en la leyenda del basket colegial.

Fue la primera vez que mostrara una frialdad emocional fuera de lo normal, más desgraciadamente no sería la única.

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22 años más tarde, ante un Juzgado de Des Moines, Iowa,  poco antes de oir la sentencia que le condenaría a 6 años y medio de prisión por delitos de estafa y falsificación, entre otros, Robinson se encontraba ante otra situación difícil, tomando la última palabra que los procesos penales de los Estados de Derecho suelen conceder al reo.

Su voz titilaba a medida que iba ordenando sus ideas, y a juicio de quienes las oyeron, poco favor hicieron esas postreras palabras para rehabilitar la depauperada imagen, antes bien, el retrato de tipo frío, egoísta y desalmado que se había bosquejado en su entrevista en el programa E:60 de la ESPN en la que acusaba a su madrastra de estar más preocupada por su casa que por él, quedó más patente si cabe al no mostrar remordimiento y achacar todos sus males a los demás.

¿Cómo se hace para pasar de héroe nacional, portada de Sports Illustrated, al más abyecto de los villanos en el curso de dos décadas?

¿Como una ejemplar historia de caridad y superación humana acaba entre las paredes de un penal del Midwest?

La imagen de Helen Ford, madre adoptiva de Robinson, a quien recogió en las calles de Cambridge, Massachussetts con apenas 10 años, tras ser abandonado por su madre natural, que volvió a Jamaica, sacándole de una miserable vida de dormir en los pasillos del colegio, alimentandose de lo que buenamente le podían dar  sus vecinos, pasa, con el tiempo, de aquella señora morena y mofletuda, aún joven, que lloraba orgullosa en las gradas del Kingdome, a una anciana canosa y demacrada, lanzada de su casa, junto con sus hijos adoptados,  a causa de las deudas nacidas al socaire de los oscuros negocios de su hijo adoptivo más conocido, aquel cuyo nombre lleva la calle donde se encuentra el que fuera hogar feliz de acogimiento e integración de los Ford.

Pasada su época de jugador, con 6 años en NBA, en los que ganó más de 5 millones de dólares, y una breve experiencia europea, más que olvidable, en Zadar y Fortitudo Bologna, Robinson no supo encontrar su hueco en la sociedad, y siguió viviendo a todo gas, como si sus ingresos no hubieran seguido la misma fluctuación que su carrera profesional.

La prensa de Miami describe con detallismo la acumulación estentórea y ostentosa de bienes suntuarios: vehículos BMW, Maserati y Mercedes Benz, motocicletas Ducati e incluso de armas de élite, se habla de una metralleta M100 adquirida por 10.000 pavos en una tienda de la policía de Miami en Little Havana, amén de otras compras más ordinarias en exclusivas tiendas Louis Vuitton, Bodega, y Royal Shop, o estancias prolongadas en carísimos hoteles como el Jamaican Ritz-Carlton, el Bellagio en Las Vegas y el Abbey Hotel en Miami Beach.

Y sobe todo, su gran debilidad, noches locas en los club de strip-tease, donde llegaba a gastar 20.000 dólares cada velada, según testimonio de su hermano adoptivo; allí conoció a Stephanie Hodge, una stripper buscona de deportistas profesionales, ex del pívot Heat Chris Gatling, quien no solo sería su cómplice en los fraudes, era directora de marketing de la promotora Megaladon Development, Inc. a razón de 150.000 dólares anuales, sino que también le introdujo en un mundo del hampa financiera.

Para subvenir ese ritmo de vida, Robinson se mete en todo tipo de negocios imposibles cuando no fraudulentos, en el que sus avispados socios juegan con su imagen de deportista millonario para atraer a incautos inversores; Desde una feble intentona como productor de música hip hop, hasta el megalomaniaco proyecto de un resort de lujo, llamado Harmony Cove, en su nativa Mandeville, en Jamaica, sobre un terreno de 25.000 acres: todo filfa con la que soportar las sucias operaciones bancarias que se proponía realizar.

La última trapacería inmobiliaria la intentó en Panamá hacia 2008, donde se presentó como un ex NBA con negocios en todo el mundo, especialmente en Europa, y donde planeaba promover la construcción de un circuito automovilístico en la costa panameña, aprovechando el boom inmobiliario, para el que se precisaba una inversión de 66 millones de dólares. Parece que los panameños vieron más allá de los reflejos dorados y decidieron no asociarse con el avezado timador jamaicano.

Los negocios no acaban de arrancar y la sangría económica que representa su nivel de vida le obliga inicialmente a vender la casa de su madre adoptiva en Cambridge, ella creía que firmaba una hipoteca para ayudar a su hijo a salir de una iliquidez temporal, y finalmente a recurrir a un siniestro banquero en Iowa, que había ideado un complejo sistema para derivar fondos a cuentas off shore mediante falsos préstamos a terceros. Hasta 1.200.000 dólares llegaron a sacar al Banco de la Comunidad Estatal de Iowa Robinson y su cómplice dentro del mismo, Jerome Williams.

Y el resultado de circular por la senda peligrosa, como no podía ser de otro modo, una sentencia a 6 años y medio de prisión, de la que ha de cumplir efectivamente al menos el 85%, y su madrastra y hermanos desahuciados y sin sitio donde vivir.

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Poco queda de aquel tímido chaval que nada más llegar al campus de Ann Arbor hubo de declararse redshirt a causa de la famosa Proposition 48, que exigía un mínimo nivel académico en los becados universitarios.

La dura infancia de niño abandonado le había dejado traumas de difícil curación, que en su caso se manifestaban en una dislexia acusada que hubo de corregir trabajando duramente durante un año con psicólogos y pedagogos.

Tras alcanzar un 2.4, de media en primer curso, debuta con los Wolverines y se hace con el puesto de titular en un equipo liderado por el mágico tirador Glen Rice y la leyenda local, el base multitalentoso Gary Grant.

Robinson llega de la mano del pívot Terry Mills, ídolo del estado, que también había sido víctima de la proposición 48, y que en su año de descanso- no podían jugar ni entrenar con el equipo- había cogido unas 35 libras que ya nunca le abandonarían.

Robinson, por el contrario, aún siendo compañero de habitación y correrías de Mills, mantenía un físico privilegiado, el mismo que le había permitido ser McDonalds All American tras promediar un triple doble en su última temporada en la misma High School que formó, entre otros, a Patrick Ewing, de hecho, los gurús del reclutaje le llamaban el Ewing de 1,85, por ese portentoso cuerpo que le permitía hacer mates con giro de 180 grados ante pivots de siete pies.

La temporada junior en Michigan representa el cenit de su carrera, contando con la confianza de Bill Frieder, técnico que es obligado a abandonar la institución a mitad de temporada cuando salen a la luz sus contactos con Arizona State. Milagrosamente, su sustituto sobrevenido, Steve Fisher, un oscuro hombre de la casa, conduce al equipo por el NCAA Tournament hasta la final, gracias a la excelente racha anotadora de Rice.

Subido a la ola del éxito, Rumeal firma un año senior excepcional, que le vale para ser elegido en el 2º equipo de All American, y salir en primera ronda de draft, escogido por los Hawks, un equipo saludable pero en ligera decadencia respecto a los años de 50 victorias, que le procuran un sustancioso contrato de 4.5 millones de dólares por 4 temporadas.

Su segunda temporada en Atlanta es sin duda la mejor como profesional, convirtiéndose en base titular de la franquicia sureña y alcanzando unas medias anotadoras de 13 puntos por partido.

Para hacerle hueco, los Hawks habían dejado libres a dos favoritos locales, Glen Doc Rivers y Spud Webb, y si bien en ataque había mostrado retazos de brillantez, la franquicia no estaba muy satisfecha con su aportación en defensa, donde era acusado de reservarse, y en distribución de bola, apenas 5.5 asistencias por partido se representaban como muy escasas para un base titular de la NBA en un equipo con gente como Dominique Wilkins, Kevin Willis o Stacey Augmon anotando en sólidas dobles figuras. Sus críticos le echan en cara el retener demasiado la bola y frustrar con ello el transition game de ataque de Atlanta, que siempre fue uno de sus puntos fuertes

De hecho, la prensa local destaca que el equipo juega más fluido cuando Morlon Wiley, uno de esos mercenarios CBA que entran y salen de la gran liga, toma las riendas que cuando es Robinson el director de orquesta.

Stan Kasten, presidente de la franquicia, pone la mortaja a nuestro hombre cuando antes de iniciar la temporada 1992/93 dice: “And old coach once told me a point guard who can score is a plus. A point guard who wants to score is a minus. Rumeal falls somewhere in between”, poco antes ser traspasado a los Nets a cambio de Roy Hinson y Mookie Blaylock.


Desde ese momento, su carrera entra en barrena y pasa sin pena ni gloria por Hornets, Blazers, Lakers y Suns, sin echar raíces en lugar alguno, una especie de remedo de su infancia cruel de niño abandonado, errabundo eterno en un mundo lleno de gente que no lo quiere.


Su fin de carrera en Europa y Venezuela no hace sino confirmar su irresistible descenso a los infiernos.

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Pero ni el peor de los infiernos justifica los crímenes de Robinson, de entre ellos el más grave la traición a la familia que lo ayudó en los malos momentos, que lo animó a estudiar y que permitió que sus dones atléticos naturales se expresaran en todo su alcance.

Helen Ford, fallecido ya su marido en 2001 por demecia senil, seguía dedicando su vida a los demás, haciéndose cargo de niños problemáticos como en su momento lo fuera Rumeal. Los Ford, a pesar de tener 4 hijos naturales, siempre estuvieron dispuestos a echar una mano al necesitado.

A Robinson, sin embargo, no le tembló el pulso cuando entregó a su madre la escritura de venta de su casa, haciéndola creer que era una hipoteca lo que iba a firmar.

A pesar de ello, Helen aún tiene amor para el falsificador:

Even with all of this, I still love Rumeal, I just want my home back; this is my city.


Comentarios

Por cierto, a Rumeal Robinson le vi jugar en ...Huelva..en un torneo internacional en que participaba Michigan, que gano y ademas fue el mejor jugador del torneo.

Jugador al que adoraba en sus tiempos en la NCAA, pero, por lo que compruebo, un auténtico cabronazo en su vida privada. Por cierto, Jerome Williams, es Junkyard Dog? Ha sido también condenado en el caso? Y estab Chris Gatling también metido en el ajo? Grandísima entrada, Remenber.

Ante tan ilustre presencia me veo en la obligación de concebir un capítulo afrancesado tipo LE SAMOURAI, con JP MELVILLE de referencia y HERVÉ DUBUISSON de protagonista.........

Ah, el bueno de Hervé. Uno de los pioneros en cruzar el charco y un auténtico mito viviente del basket galo.

Será un placer leerlo, como todo lo que usted escribe, buen connoisseur y amante de lo francés malgré vous.

Gatling solo fue un ex novio de la cómplice de Robinson, una cazadeportistas al uso, y el tal Jerome Williams no es el ex G;town, menuda fiera, sino un banquero con mucho amor por la pasta fácil.

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