BIOGRAFÍAS IMPOSIBLES: XIII. LE SAMOURAÏ.

Solapas principales

 

" La profunda soledad del samurai sólo es comparable a la de un tigre en la selva" 

Con esta frase extraida de The book of bushidō, comienza la considerada obra maestra del eximio cineasta francés Jean Pierre Melville, que trata de la vida de un sicario solitario, lacónico, un hombre incomprendido a quien poco o nada importa que el resto del mundo le comprenda, que hace de la economía de gestos y el linfatismo sentimental pilares de un proceso de íntimo compromiso con su oficio, por cuyo honor estará dispuesto a la asunción del último sacrificio.

Melville fue a su modo un samurai, un artista celoso de su independencia, de la pureza de su obra, que incluye varias joyas del séptimo arte (Le deuxième souffle, Le Doulos, Bob Le Flambeur, Le Cercle Rouge….) un profesional que abominaba de las subvenciones y las contaminaciones políticas en cualquier forma de arte, razón por la que detestaba al movimiento cinematográfico político conocido como nouvelle vague. Acaso por ello no recibió en vida la aclamación crítica y social que su obra merece.

El hombre del que trata esta entrega también tenía una personalidad especial, se trataba de un sicario de la canasta, le llamaban “le gâchette” (el gatillo), entregado de manera cuasi ascética al arte de anotar; en la cancha era un ermitaño inaccesible en su elegancia obsesiva, un frío tirador de otros mundos, incapaz de integrarse en los equipos que sobre el papel lideraba.

Estéticamente impecable, a muchos aficionados no acabó de convencer su aparente ausencia de espíritu en un basket europeo muy distinto del que vemos ahora en las canchas.


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Nos situamos en el año 1.974, concretamente un 24 de mayo, la selección francesa de basket disputa un partido contra la República Federal de Alemania en la localidad de Giessen, y en las filas de “les bleus” va a debutar, con premonitoria derrota, un chaval de 16 años y 9 meses, un escolta de impresionantes condiciones físicas y letal muñeca que un par de años antes, siendo todavía cadete, en las filas de SN Denain Voltaire había dominado a su antojo el campeonato francés junior, anotando 47 puntos en las semifinales y 40 en la final.

La gente empezaba ya a hablar de él como el nuevo Alain Gilles, un eléctrico escolta con pinta de faquir que fuera el dominador indiscutible del basket francés durante la década de los 70, cuya carrera ya empezaba a decaer, y tan fulgurante aparición mereció la atención del primer equipo del Denain, al que entra directamente en el quinteto inicial y con el que promediará más de 12 puntos en su primer año, recibiendo la llamada de la selección, lo que le convierte en el más joven debutante de la historia del basket gabacho.

La presión mediática no descentró al joven HERVÉ DUBUISSON, que cuatro años más tarde, con apenas 20, llevaba al Le Mans a su primer Championat, repitiendo al año siguiente, temporada 1978-79. Curiosamente serían esos dos los únicos títulos que levantaría como jugador el astro de Douai a lo largo de su extensa carrera.

Le Mans era un equipo con una estructura técnica y económica muy sólida, que se había formado con la llegada a inicios de la década de jugadores como Patrick Robin, el rocoso pivot Jacky Lamotte y el excepcional ala pivot Eric Beugnot, arquitrabe que se complementará en sucesivos años con sagaces movimientos de mercado.

Y así, en verano de 1973 tiene lugar el fichaje de un americano emblemático, Lloyd King, un base blanco de Virginia Tech, excelente manejador de bola, rápido y anotador, con experiencia profesional que se convertiría en el líder natural del equipo hasta su retirada en septiembre de 1978, para convertirse en entrenador en Auxerre.

En 1975, mientras cumple su servicio militar en el batallón de Joinville, arriba Dubuison a La Rotonde, la flamante cancha de juego del Le Mans sita a apenas unos metros del célebre circuito, pero sería la llegada del entrenador americano Bill Sweek y del americano James Lister, un centro tejano de 2,08, excelente defensor y que en ataque sabe asumir un rol de complemento, lo que acabaría por conformar un bloque dominador con el que asaltar el campeonato francés durante el trienio espectacular 1978-1980, que se salda con dos títulos y un subcampeonato, con una sonada derrota ante Tours.

Precisamente este trapiés que precluye el triplete marca la carrera del alero nordista, que sale del equipo envuelto en cierta polémica, tras promediar más de 26 puntos por partido pero recibir ya sus primeras acusaciones de excesivo individualismo.

Este dato, junto a la crisis económica del club, propician su salida para fichar por uno de los equipos fuertes del basket francés: el Olympique de Antibes.

Pero ni en Antibes ni posteriormente en su etapa parisina (con el Stade Francais primero y luego con el Racing PSG), ni finalmente en Gravelines, Sceaux o Nancy, encontrará el escolta los éxitos de equipo que marcaron el inicio de su carrera, lo que unido al nuevo título de Le Mans en 1982 hace que la figura de Dubuisson sea puesta en entredicho en relación con los logros de su ex club.

En una década dominada por los dos nuevos poderes del basket galo- CSP Limoges 6 títulos y Pau Orthez 2- el escolta ha de resignarse al lucimiento personal sin títulos.

Y así, mientras el viejo Gillou había amasado ocho títulos de Liga liderando al legendario Asvel Villeurbane, su presunto delfín,“la gachette”, solo sumaría dos ligas y en equipos en que no era el patrón reconocido; eso sí, a nivel individual fue el mejor anotador francés en los años 1980, 1981, 1982, 1983, 1984, 1985, 1987, 1989. Otra razón más para zaherirle.
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Dubuisson era un atleta natural, hijo de un futbolista que dejó su carrera para ingresar en el ejército, desde pequeño fue estimulado por la familia para la práctica del deporte y llegó a competir en lanzamiento de jabalina y salto de altura, disciplinas en las que refulgía su explosividad muscular, apoyada en unas piernas tremendamente poderosas.

Pero fue el basket el deporte que captó su interés desde que su abuela le instalara en la casa de campo una canasta hecha con el molde de un tonel de vino, frente al que el pequeño Hervé practicaba tiro horas y horas.

Cuando su entrenador de atletismo lo puso en contacto con el entrenador del Denain, el equipo más importante de basket de la región, una de las más brillantes carreras del deporte galo estaba por comenzar, y el chaval, con 14 años abandonaba su casa para trasladarse a 80 kilómetros. Allí, dos grandes jugadores en el otoño de sus carreras, Jean Pierre Staelens y Jean Degros, serían fundamentales, con sus consejos y tratamiento duro, para la eclosión del astro nordista que se manifestaría inmediatamente en forma de partido con 91 puntos, record absoluto en categoría cadete.

Explosividad y tiro eran las dos notas características de su juego, junto con una gran anarquía táctica.

Su tiro en estático era como una plegaria bella y siniestra; se cuadraba mientras botaba y de manera imprevista, a la vez que iniciaba una sutil levitación anisoptera, sacaba a la altura del pecho el lanzamiento, como si orase, y en un último impulso violento la bola fluía, exprimida entre sus manos, como un proyectil teledirigido a las redes del aro rival. De esta manera, al cargar tan rápido, el lanzamiento era prácticamente indefendible, si bien en caso de fallar dejaba cierto aire de precipitación egoísta, o sea, de tirarse hasta las zapatillas.

No acababa ahí su arsenal ofensivo, pues Dubuisson dominaba con igual brillantez la penetración a canasta, gracias a una elasticidad de funambulista y a su gran capacidad de salto, que le permitían acabar en estruendoso mate, elegante bandeja, o, si encontrara oposición bajo aro, acrobática suspensión en escorzo desde tres metros.

Mas tal prodigalidad en sede ofensiva no encontraba contrapunto en faenas defensivas, que Dub prefería delegar en sus compañeros, lo que le de inmediato le convertía en ese punto débil sobre el que capitalizaban las estrategias de ataque de los equipos rivales.

Para un aficionado español medio, la imagen de Francia y Dubuisson durante los ochenta evoca palizas de nuestra selección, casi siempre con altos tanteos. Frente a la férrea disciplina defensiva y de salida al contraataque de Diaz Miguel y sus muchachos, Francia habitualmente acaba mostrando usos y maneras de banda desorganizada, en la que cada uno hacía la guerra por su cuenta, y en eso nuestro protagonista era especialista, salvando casi siempre su casilla estadística aún a costa del juego de equipo.

Ante la algazara de los comentaristas televisivos, que no escatimaban denuesto y hasta befa, en cuanto los partidos se ponían tensos, los franceses se crispaban, llegaban los errores y empezaban a enfrentarse entre ellos, con argumentos, gesticulaciones y miradas asesinas o incrédulas, ante la impotencia del entrenador de turno, que bien podía recibir algún desplante de starlette si decidía ejercer su autoridad.

Salvo las agónicas victorias españolas en el Europeo de Francia y el Mundial de España, en el partido del debut en Zaragoza, durante los 80 el resto de triunfos ibéricos son ora claros (Preolímpico París 117-102, Olimpiada Los Angeles, 97-82, Euro Zagreb, 95-87) ora escandalosos (Euro Stuttgart 109-83, Euro Atenas 1987, 111-70 o Preolímpico Holanda 97-70)

Pierre Dao, su pupilo Jean Luent y el arquitecto del milagroso Berck bicampeón en los 70,  Jean Gilles, que mejoró la imagen de la tricolor  implementando sistemas defensivos más eficaces durante el Mundial de España pero acabó engullido en la francachela de los jugadores, pasan por el banquillo galo en los buenos años de Dub, sin conseguir gran cosa; En medio de polémicas - Richard Dacoury y los hermanos Beugnot fueron separados del equipo en Los Angeles por indisciplina y se negaron a ir a Stuttgart- y encadenando fracasos, el escolta supera el record de internacionalidades del gran Jacques Cachemire, y en una jornada triste en Cherburgo- partido clasificatorio para el Mundial de España en el que caen ante su bestia negra Grecia tras prórroga por 126-130- con 51 puntos registra un nuevo record de anotación de “les bleus”, todavía hoy imbatido. Tipical Dubuisson.
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Esas condiciones naturales que indudablemente adornaban a “le gâchette”, le sirvieron para atraer la atención de la NBA, donde, catalogado en Street & Smiths como el mejor saltador de raza blanca del planeta, llegó a probar en verano de 1984 por los Nets, un equipo que de la mano de su jefe de scouting, Al Menendez, fue pionero en la busca de jugadores más allá de los Estados Unidos (el nigeriano Yomi Sangodeyi, y el brasileiro Oscar Schdmit estuvieron probando por aquella época en el campus de verano de los Nets y Fernando Martín haría allí sus primeros pinitos en el basket yankee al año siguiente).

A pesar de la creencia popular, Dubuisson no fue el primer jugador francés cortejado por la NBA, de hecho este honor recae en Jean Claude Lefebvre, un gigante de 2,18 que jugó en la universidad de Gonzaga, con quien llegó a anotar 50 puntos en un partido, y que resultó elegido con el número 64 por los Lakers, entonces todavía en Minneapolis, aunque finalmente no llegó a debutar en la NBA e hizo una carrera meritoria en la Liga Francesa, alcanzando más de 50 entorchados internacionales.

Aquel año 1984 Dubuisson, MVP del campeonato francés, recibe cartas de invitación a los campus de bastantes franquicias profesionales (Rockets, Pacers, Jazz y Nets) y tras disputar las olimpiadas de Los Angeles decide probar suerte, mas en los campus de verano de América el escolta francés es un cordero en el degolladero, casi podemos imaginar que pasó por la mente de aquellos rudos jornaleros de la gloria, de ese grupo salvaje a la busca de un clavo ardiendo, cuando vieron aparecer por primera vez en cancha a un gabacho bello y atildado, con aquel peinado tan fashion y sus pantalones ajustados, que podía quitarles un potencial puesto en un equipo profesional.

En el campus de los Nets, Dub sufre, además del enorme gap que entonces existía entre la NBA y Europa, esa falta de presión que dictaban las distintas ambiciones de cada cual, mientras la mayoría de los jugadores que acudían se estaban jugando sus carreras profesionales y no tenían nada más que perder - si acaso un par de dientes, como le ocurrió al pívot siete píes Brett Vroman, o algunos centiilitros de sangre por la nariz, caso del ex Laker, Varese y Maccabi Frank Brickowski- Dubuisson era de los mejores pagados en Francia, jugando para un rico club de París. Esta falta de hambre y su ausencia de aptitud defensiva acaban por cercenar las vanas esperanzas de hacer carrera con los pross.

Sobre su impresión en aquel campus circulan dos versiones, la francesa según la que la franquicia neoyorquina, consciente del enorme potencial del francés, le ofrecía un contrato garantizado si llegaba a disputar 4 partidos con los Nets, que rechazó, y la internacional, que mantiene que la floja prestación ofrecida tanto por Dub como por Richard Dacoury en el campus de los Cavs fue la causa del inicial desinterés de los ojeadores americanos por los jugadores de aquella nacionalidad.

En todo caso, parece que fue el astro brasileño Oscar quien sí impresionó a los técnicos, al punto de ofrecerle un contrato garantizado por 100.000 $, algo poco habitual, aunque Mano Santa estaba acostumbrado a cantidades más jugosas, de hecho Caserta le pagaba ese año 180.000 machacantes para que horadara los aros de la Serie A de la pallacanestro. 

No fue este el único tren que Dub dejó escapar durante su carrera, pues ya en sus primeros años en Denain, llegó a tener ofertas de equipos universitarios que rechazó, como hizo más tarde en el verano de 1981, tras su primer año en Antibes, con uno de los más grandes clubes continentales, el Maccabi de Tel Aviv, que le presentó una oferta astronómica para que luciera la camiseta amarilla en el sacramental Yad Elihau, al lado de los míticos Aroesti, Bercowitz, Perry y Williams.

Sin embargo, fiel a su estilo, el escolta francés no tomará decisiones deportivas basadas en el aspecto crematístico, y encontrándose muy a gusto en el Sur, con su sol y sus playas- incluso llegó a abrir con su hermano de socio una discoteca en la Costa Azul- decide acabar su contrato con el Olympique.
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En la noche del 10 de mayo de 2001, poco después de disputar un partido contra el Gravelines, el entonces entrenador del Nancy, Hervé Dubuisson, sufría un gravísimo accidente de tráfico: conduciendo su moto cerca de su domicilio en el centro de Nancy, es arrollado por un vehículo- se habló de un Ford Fiesta de color rojo pero el conductor se dio a la fuga y nunca pudo ser localizado- que a punto estuvo de costarle la vida.

Atendido urgentemente por un cardiólogo que vivía frente al lugar del accidente, que seguramente le salvó la vida, es ingresado en coma cerebral, y tras mes y medio recobra la consciencia. Comienza aquí un proceso para reeducar su cuerpo y su mente, un tortuoso camino de más de dos años, rodeado de médicos, fisios y terapeutas, en el que contó con el apoyo de su hermano Alban, también jugador de baloncesto y que solía fichar por los equipos adonde iba el astro de Douai, que fue designado tutor legal del incapaz y de la jugadora internacional búlgara Madlena Staneva, con quien contrajo matrimonio

Recuperada la capacidad de obrar, Dub se plantea muchas cosas sobre su futuro en la vida y en el basket. Tras 22 años como jugador en la máxima categoría del basket francés- se retira en plena forma con 38 años, en abril de 1996, anotando 36 puntos- 8/16 triples- en su penúltimo partido en las filas del Gravelines en unos cuartos de final de los playoffs, sorprendentemente para alguien que fue martirio de entrenadores, había decidido convertirse en uno de ellos- en esto hay concomitancia clara con Johnny Neumann, vid. Biografías Imposibles nº 1- y el caso es que no se le daba mal.

Durante su longeva carrera había llegado a estar bajo las órdenes de hasta 25 distintos entrenadores, siendo Bill Sweek el que más profunda impronta le había dejado. Con una ética de reconocimiento a la individualidad pero siempre sometida al bien del equipo, debuta con éxito en Montpellier, donde llega a vestirse nuevamente de jugador y al que lleva a los playoffs, lo que le vale para fichar por el Antibes, una plaza golosa, desde donde, tras dos años, sale rumbo a Nancy.

Precisamente la noche de autos, el presidente del club loreno le acababa de ofrecer la renovación ante la gran campaña que estaba realizando, comprometiéndose a poner dinero para fichajes importantes con los que poder luchar por los primeros puestos de la liga francesa. Pero todo eso fue antes de que aquel maldito coche rojo se interpusiera en su camino, dando un giro funesto a su vida

El hombre de los records, el más precoz y prolífico, el mayor talento baloncestístico nacido en suelo francés, el tirador infalible, el que podía saltar por encima de los edificios- Giorgio Gandolfi dixit-.aquel que parecía no conocer la palabra fracaso, con su imagen de elegancia y clase innata, se encuentra ante un inesperado dilema, y esta vez no valen saltos estratosféricos, taimadas fintas o inesperados gambeteos, pero al menos está vivo para contarlo.

Y eso, para alguien que ha llegado a avistar esa luz mortecina que conduce a quien sabe donde, alguien a quien el mismísimo Caronte exigió su óbolo, no es cosa baladí.

 

 

 

Comentarios

Precioso Rem, enhorabuena. Recuerdo mi infantil cabreo a principios de los 80 cuando decian que Dubuisson era mejor que mi adorado Epi, que estaba en la orbita NBA y tal, pero el equipo del aragones le ganaba siempre que se enfrentaban

Enorme, Rem. Qué recuerdos Dubuisson! Tan genial como díscolo. Un anotador nato con unas condiciones físicas tremendas. Eso sí, su selección de tiro dejaba mucho que desear, era un chupón con todas las letras. Era una selección menor, pero aquella selección francesa me caía bien: el volador Dacoury, el bregador Ostrowski, el gigante Vestris, el oscuro Haquet.... Por cierto, a Yomi Sangodeyi lo tuve en Donosti con Askatuak en 1ªB. Era un hombre de buena familia nigeriana, que tenía todo un cochazo para la época.

No gastaban en peines, espejos, secadores de pelo y pantene's el Dubuisson este junto con los freres Beugnot & Beugnot... Chupon total aunquele recuerdo un canaston brutal de campo a campo jugando con Paris.

No gastaban en peines, espejos, secadores de pelo y pantene's el Dubuisson este junto con los freres Beugnot & Beugnot... Chupon total aunquele recuerdo un canaston brutal de campo a campo jugando con Paris.

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