BIOGRAFÍAS IMPOSIBLES. XV: LET US NOW PRAISE UNFAMOUS MEN.

Solapas principales

 

Uno de los fenómenos más crueles que se haya manifestado en este deporte durante los últimos 30 años es el de los jugadores subrogados, jóvenes figuras que recuerdan a otra ya consagrada, preferiblemente retirada, y sobre los que se les coloca, como un pesado carnet de identidad, el prefijo “El Nuevo”.

Harold Miner fue el nuevo Michael Jordan, Baby Jordan le llamaban al escolta de los Trojans, que apenas llegó a ser un jugador marginal en NBA, algo parecido a lo que le ocurrió a Luis Felipe López, mito de la High School neoyorkina, que llegó a St John,s entre portadas de Sports Illustrated y exageradas loas, que acabaron por despeñarlo a las ligas menores de Europa, compitiendo por salarios mediocres.

Charles Barkley también gozó de muchos émulos, como Clarence Weatherspoon que llegó a fichar por los Sixers, siguiendo la estela de Sir Charles, pero tras un inicio esplendoroso, no pasó de buen jugador, o Byron Houston, figurón en Oklahoma State y hoy un recalcitrante exhibicionista con problemas legales, incluso James Forrest, recruit de lujo de Georgia Tech junto con Travis Best, era considerado el nuevo Barkley cuando arribó al campus de los Yellow Jackets.

Shaquille O,Neal, otra moderna megaestrella, no tardó en parir imaginarios hijos putativos, presuntamente herederos de su peculiar y hechizante mezcla de altura, potencia y agilidad, caldo de cultivo perfecto para el disparate y el estrambote.

Con tan solo 13 años, a Derrick Caracter ya lo llamaban Baby Shaq, aunque solo fuera por las casi 300 libras que a la sazón pesaba, y la fiebre emuladora llegó incluso a Europa, donde un enorme griego moreno, de origen africano, recibió el apelativo de Baby Shaq desde que con 17 años despuntara con la selección griega en los campeonatos de categorías inferiores.

En Gonzaga, cualquier base blanco que saliera era el nuevo Stockton (Matt Santangelo, Dan Dickau, Dereck Raivio, Blake Stepp….), por más que las diferencias fueran evidentes, nadie quería dejar pasar la oportunidad de rememorar aquellos tiempos felices.

Y en Duke se obró el milagro, pues el nuevo Ferry, el angoleño Christian Laettner, mejoró al genuino, levantando dos trofeos NCAA, aunque luego vinieron Cherokee Parks y Chris Burgess para arreglarlo.

Las más de las veces, esta suerte de reencarnación produce un efecto losa antes que acicate, el jugador afectado llega a interiorizar, para bien y para mal, que es, o al menos debe ser, la nueva versión del astro de turno, y la presión acaba por explotar cuando llegan los malos momentos que todos, inclusive las estrellas emuladas, han tenido en sus carreras.
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De todos esos casos de presuntos sosias, uno de los más curiosos acaeció en la Zona Este de los Estados Unidos, a finales de los 70, donde la omnisciente imagen de Lew Alcindor aún presidía la escena del basket de instituto.

Todos los aficionados conservaban vivo el recuerdo de aquel chaval espigado y tímido que con 15 años había tomado como rehén el basket neoyorkino, atesorando título tras título, record tras record, antes de empacar para Westwood, en las colinas de la remota Los Angeles, para iniciar una carrera universitaria y profesional que aún hoy no tiene parangón conocido.

3 campeonatos consecutivos con Power Memorial, 71 victorias seguidas y una marca global de 96-6, 2.067 puntos y capturando 2.002 rebotes, ambos records del estado de Nueva York, no dejan espacio para la duda de quien fue el mejor de todos los tiempos en la HS de New York.

Así que cuando, años más tarde, apareció un espigado chaval de West Virginia cercano a los siete pies, y con una extraña capacidad para botar la bola, asistir y anotar tanto desde dentro como por fuera de la zona, todos los ojos mediáticos se vuelven sobre él.

Corría el año 1977 y en la pequeña cancha del instituto de Mount Hope, pueblo minero enclavado en el extremo sureste de West Virginia, apareció un mozalbete encanijado, que dominaba sin aparente esfuerzo todas las suertes del juego, con esa mezcla de timidez y naturalidad que distingue a algunos de los elegidos; un tal EARL JONES, un genio, adelantado a su tiempo, precursor de jugadores que dos décadas más tarde, serían capaces de botar y subir la bola como un base, aún frisando los 7 pies, como Lamar Odom, Kevin Garnett o Kevin Durant.

Una institución modesta con unos 450 alumnos y un record de 3-18 el año anterior, Mt. Hope asistió al nacimiento de una leyenda en ciernes, sus topes de esa primera temporada en puntos (50) rebotes (25) y asistencias (12), y su media de tapones (6), hablan de esa naturaleza de jugador universal, de esa tendencia a hacer de todo y bien.

Del chiquillo, los gurús, que le seguían desde los 14 años, habían dicho que era mejor prospect que Moses Malone y con un juego más desarrollado que Jabbar en su primer año de Instituto- sabido es que el center del Harlem pegó un salto de calidad en su segundo año en Power cuando empezó a modelar su sky hook- por lo que la expectación estaba más que justificada, avalada por los 28 puntos y 21 rebotes de media que cosechó en su año frosh.

Con tan solo 16 años, Jim O,Brien, experto en recruiting en Street & Smith,s le dedica un artículo de dos páginas en el anuario 1977-78, foto incluida, en el que se refiere a la imagen del muchacho, que luce una intensa expresión de melancolía demacrada, una enjuta gravedad como salida de una de la fotos que Walker Evans hizo para el famoso libro de James Agee- el mismo que años más tarde guionizara la novela de Davis Grubb, The Night Of the Hunter, para Charles Laughton- "Elogiemos ahora a hombres famosos" (Let us now praise famous men), un retrato digno y humanista sobre varias familias de aparceros del algodón en la zona de la Dust Bowl a mitad de los años 30.

Al año siguiente, tras promediar 30 puntos y 17 rebotes por partido, es el único junior de una preselección de All American de High School que todos recuerdan por su calidad (James Worthy, Nique Wilkins, Isiah Thomas, Sam Bowie, Ralph Sampson por citar algunos). Con él, el modesto instituto Mt. Hope vive momentos de euforia, 24-2 esa temporada, para un fantástico record trienal de 63-9.

Su fama era tal, que en los mentideros baloncestísticos se rumoreó insistentemente sobre la posibilidad de que Usa Basketball se planteara invitar al chaval a las pruebas para la selección olímpica de Moscú, 80, palabras mayores que un jugador de instituto sea tenido en cuenta para acceder al mayor grado del escalafón nacional del llamado basket amateur.

Pero tanta excelencia técnica enmascaraba un grave problema de carácter: Jones era un chico introvertido hasta decir basta, tímido como él solo y la presión por ganar, en medio del escrutinio y asedio de la prensa, provoca que se resienta enormemente, como corresponde a alguien que rehuye la fama como alma que lleva el diablo.

Todo este proceso se manifiesta en constantes ausencias de clase, el chico no quería salir de la cama, agravadas por su precoz paternidad, lo que luego pesaría en su futuro, al no reunir los requisitos para ingresar en un programa universitario de Division 1.

Para poner fin a esta situación, la madre del jugador decide enviarle a Washington, donde viven sus tres hermanas. Allí, traba relación con Doc Robinson, un técnico de AAU Basketball, con el que ganará dos torneos nacionales en los veranos, que le recomienda se transfiera para su año senior a Spingarn High, un instituto mayoritariamente de raza negra a las afueras de la capital.

Su juego, sin embargo, sigue su evolución, y ya pocos dudan que será una estrella NBA en la posición de power forward, promediando 26 puntos, 17 rebotes y 8 tapones por partido.

La mayoría de los grandes programas universitarios, con West Virginia a la cabeza, se disputan su reclutaje, pero a última hora, solo dos powerhouses del Oeste emergen como favoritos: UCLA- nuevamente los reflejos de Alcindor- y UNLV, en la que Jerry Tarkanian llega a decir que si le traen a Jones puede garantizar el anillo para los de Sin City.

El chico se esmera en las aulas y sube su media a 2, pero su absentismo durante el curso anterior precluye el acceso a grandes programas y debe elegir entre esperar su oportunidad en un Junior College, uno o dos años, o ingresar en un programa de Division 2.
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Wil Jones era un base de los 60 famoso en DC por su carácter ganador, ciertamente se jactaba de no haber sido nunca batido en un playground por estrellas de NBA tales como Dave Bing, Elgin Baylor, Austin Carr o John Thompson Sr. Su mala cabeza le obligó a exiliarse en la división II de la NCAA donde estableció varios records.

Tras ser asistente de Lefty Driesell en Maryland, le llegó la oportunidad de ser primer entrenador en un equipo de la División II de la NCAA, District of Columbia una modesta universidad del noroeste de Washington DC, y empezó a reclutar gente de nivel superior. Michael Britt, un ala pivot poderoso con malas calificaciones, el primer recruit estrella, llegó en la temporada 79/80 y al año siguiente Earl Jones, la perla de la cosecha de freshmen, recién nombrado MVP en el McDonalds All American, amigo personal de Britt, llega al campus de los Firebirds. Para redondear el equipo, en la temporada 80/81 recluta a Kenny Payne, un chaval de DC que ocupa la posición de base, procedente de la universidad de Rutgers.

Con District of Columbia, Wil Jones revive un trasunto de su propia historia y con su carácter agresivo y ambicioso como estandarte, gana todo lo ganable, incluyendo dos torneos NCAA 2, incluso en partidos ante equipos de la División I como Wichita State, Pepperdine, Howard o Western Kentucky, el equipo demuestra jerarquía, a juicio de los entendidos, de top 25 en la máxima categoría del basket colegial.

De hecho, el anuario TSN 1982/83 les dedica un artículo llamado “The best show in town” lo que, teniendo en cuenta que Georgetown y Maryland juegan sus partidos a poco más de 10 millas, dice bastante del nivel que exhibían.

Nuestro hombre, liberado del corsé de una posición definida por su entrenador, se suma al espectáculo, y no era raro verle acabando un contraataque en mate, pasándose la bola por la cintura o entre las piernas en el aire, o dirigir al equipo en alguna jugada, rematando con alguna asistencia que discurría por senderos que solo a él le era dado divisar.

En el verano de 1982, con 21 años, es elegido para representar a los USA en los mundiales de Colombia, al lado de gente consagrada como Jon Sunvold, Mitchell Wiggins, Mark West, Fred Reynolds o Antoine Carr, liderados por un chaval de Marquette con 20 años y mucho talento llamado Glenn Doc Rivers

Allí asistiría a la debacle americana ante España y, sobre todo, en una final donde Jones se turnó con West y John Pinone, y tuvo sus minutos de imposible batalla ante el monstruo soviético Vladimir Tachenko, que le sacaba doce centímetros y cerca de 80 kilos.

Acabada su etapa universitaria, Jones continua siendo un enigma, apenas testado contra grandes equipos, con su eterna timidez como factor refractario, pero con sus centímetros y clase suprema como argumento definitivo.

Lo que parece evidente es la cada vez mayor querencia del jugador hacia los espacios lejanos al aro, ya desde muy joven manifestó que su referencia como jugador era Bob McAdoo, y al respecto, sus menguantes guarismos en la categoría de rebotes en District Of Columbia son esclarecedores: de 13.3 rechaces el primer año a 10.5 el segundo, 9.6 el tercero y 6.9 el último.

Aún así los Lakers, la sombra de Jabbar es alargada, pensando en él como relevo de Kareem a medio plazo, lo eligen con el nº 23 primera ronda, en la esperanza de ir modelando su carácter y su físico para cuando llegue el momento de asumir responsabilidades, mas pronto el mismo Pat Riley se da cuenta del craso error, y desiste de su particular pigmalión; el chico es ágil, fino y blandito y no puede jugar por dentro en la Liga, y así lo expresa con su particular gracejo:

“We,ll have to give him silicone shots and pump some air into him to get him up to 230”

(" Tendríamos que inyectarle silicona e inflarle de aire para que alcanzara las 230 libras")

Perdida la paciencia, solo disputó dos partidos de púrpura, la franquicia angelina lo traspasa a los Spurs donde a causa de una inoportuna lesión ni debuta, y al año siguiente es rescatado de la CBA por los Bucks, con quienes jugaría 12 partidos de temporero, sin mayor noticia.

“El nuevo Jabbar” acaba su experiencia en la NBA con apenas 14 partidos en dos temporadas, nunca más volvería a ser reclamado por la gran liga.
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A inicios de 1986, tras esos dos años perdidos en NBA, en medio de lesiones e incomprensiones, le viene una oferta procedente de segunda mejor liga del mundo, la pallacanestro classica.

En Trieste, Boscia Tanjevic buscaba un interior poderoso que sustituyera al recordado Ben Coleman en su Stefanel y parecía que Dave Feitl- un siete pies blanco bastante poderoso, procedente de New Mexico St.- iba a ser el elegido, de hecho en la pretemporada había agradado a técnicos y periodistas con su juego sobrio en la zona, algo muy apreciado en Il Bel Paese. Pero a última hora parece que diferencias entre el técnico serbio y el jugador precipitan la salida del tejano, que jugaría algunos años en NBA y más tarde regresaría a Italia para jugar en la Arimo Bologna.

La plaza estaba por cubrir y en esto a los julianos les ofrecen a Jones, jugador muy conocido en Italia y que mantenía vivo el cartel de wunderkind, incluso Superbasket saluda el fichaje con toda suerte de elogios, llegando a afirmar que potencialmente es el mejor siete pies que haya llegado a Italia (Joe Barry Carroll y Jim McDaniels seguramente no opinarían lo mismo)

Desde el principio todo rueda mal para el equipo y para el virginiano. Catalogado como la estrella del equipo, una vez más no puede con la presión, y especialmente en los partidos de casa naufraga entre los abucheos de los tiffosi, mientras que la prensa lo tilda de ballerina, un jugador sin sangre para hacer valer sus centímetros y clase en la cancha.

Tras perder los 5 primeros partidos, Tanjevic cambia al segundo americano, el semidesconocido George Wenzel, por Ken Johnson, una bestia de 2,03 y 130 kilos, reboteador compulsivo, que en España tuvimos ocasión de apreciar en las filas del Caja Canarias, donde dejó una magnífica impresión.

Con la presencia de Johnson patroneando la zona, Jones empieza a sentirse más cómodo y en la segunda mitad de la temporada lidera a la Stefanel hacia una racha de cuatro victorias en cinco partidos, que cimentan la ilusión de que finalmente el equipo triestino saldrá de las posiciones de descenso.

Jones realiza grandes partidos en la victoria en Gorizia (34 puntos y 17 rebotes) y, por fin en casa ante la Annabella Pavia (26 y 12) y la Jolly Colombani Forli (19 y 11). Pero el drama estaba servido y en la recta final los de Tanjevic pierden tres partidos consecutivos en los últimos instantes, los dos primeros en la prórroga, ante la Corsa Tris Rieti (Jones 17 puntos y 8 rebotes), la Alfa Sprint Napoli en casa (40 y 8) y la Liberti Firenze (22 y 11), lo que les aboca a una jornada final en la que necesitan que la Segafredo pierda y ellos ganen para al menos poder optar a un agónico partido desempate por la salvación ante la escuadra de Gorizia.

Trieste cumple, con otro partidazo de nuestro hombre ( 26 puntos y 14 rebotes) ante la Citrosil Verona y Segafredo Gorizia pierde ante la Alfa Sprint, ergo habrá desempate, a jugar en Bologna.

Hay mucho en juego en el derby- salir del circuito de la élite del basket italiano rumbo al abismo de la Serie B- y no se ve un gran espectáculo. Jones asume el rol que le corresponde y se va a los 25 puntos, pero en el recuerdo quedarán para siempre los dos triples fallados en el último minuto, buscando remontar una derrota que finalmente se confirma. A 22 segundos del final, en medio de una lluvia de monedas, los árbitros dan por terminado el partido, con 3.000 tifossi contentos y otros 3.000 furibundos.

Trieste pierde la categoría, es un fracaso sin paliativos para un equipo con un entrenador prestigioso, que viene de ser subcampeón con Caserta, y una plantilla- con gente como el abuelo Gianni Bortolotti, un alero anotador, ex estrella virtusina- más que apreciable.
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Tras su paso breve y traumático paso por la pallacanestro, el Olympique Antibes, uno de los grandes de Francia, en plena crisis de títulos, lo reclama a la temporada siguiente, en la que los de la Costa Azul naufragan y Jones no mejora su imagen de jugador blando, estilista pero sin corazón.

Por ello resulta extraño que la Penya, en la temporada 88/89 pusiera sus ojos en él, como pareja del astro Reggie Johnson, porque si bien es cierto que los verdinegros, tras los relativos fracasos de Winfred King y Joe Meriweather, empezaban a buscar un tipo de jugador más polivalente - ese año Greg Stokes, posteriormente Lemone Lampley - no lo es menos que Jones ya empezaba a arrastrar fama de jugador frágil, con sangre de horchata y carácter taciturno, de ilustre perdedor, y precisamente lo que el Bressol necesitaba de sus americanos eran líderes que aportaran experiencia y carisma, algo de lo que el de Oak Hill carecía por completo.

Su llegada a Badalona se produce a finales del año 1988, inicialmente a prueba para sustituir a un Stokes, que había decepcionado en la Copa del Rey disputada en La Coruña, pero una lesión de Reggie provoca que entre en su puesto, y, ya recuperado el ex Tennessee, un par de partidos después, sale Stokes del equipo, aunque queda para la Korac.

Su adaptación al equipo es buena, en los primeros partidos se limita a ser un jugador de apoyo, y conforme avanza la temporada, y va adquiriendo mejor forma y cogiendo confianza, se destapa con alguna gema, como la victoria de la Penya ante el Barça en la primera fase, en la que anota 9 de 10 en tiros de campo. Incluso en algunos partidos exhibe un tiro de 3 más que decente, sorprendiendo a prensa y aficionados.

Por momentos parece que, en un equipo donde el liderazgo está perfectamente definido con el eje Montero-Villacampa- Johnson, ha encontrado el lugar donde dar rienda suelta a toda su clase sin el peso de la responsabilidad acuciándole.

Pero por encima de todo permanece su irregularidad, sus desapariciones de la cancha, y esa sensación de abulia y desperdicio de talento que dejaba en sus peores partidos.

En primera ronda de playoffs firma uno de sus mejores actuaciones de verdinegro en el Ausías March, 22 puntos y 8 rebotes en una trabajada victoria ante la bestia negra, esa temporada, de los de Alfred Julbe, el Cacaolat Granollers.

La Penya finalmente cae de manera digna en semifinales ante un Madrid de Drazen Petrovic y Fernando Martín que está fuera de su alcance, aunque los catalanes luchan mano a mano el primer partido en el Palacio, donde caen en los últimos minutos por un punto, y vencen el el tercero en Badalona, para cerrar con un 1-3.

No fue tan mala la temporada española de Jones, pero la Penya no está convencida y no le ofrece la renovación. Su aventura europea toca a su fin con esa sempiterna sensación de que con un poco más de suerte y voluntad, podía haber hecho carrera en la ACB.
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Fuera ya del circuito europeo, Jones regresa a los USA, donde la mediocre pero tranquila CBA acaso sea su destino natural, a resguardo de los focos y las presiones anudadas a las exigencias deportivas de máximo nivel. Varios años de irregular rendimiento son el frío rescoldo a una carrera imperfecta.

Lo tenía todo para dominar, pero el chico nunca quiso destacar, y de él solo nos queda el recuerdo de alguien que pudo pero no quiso, los fulgores efímeros de un astro que se movía como pez en el agua en los tenebrosos territorios del anonimato, al calor de una opacidad necesaria, a despecho de los relampagueantes momentos de absurda genialidad que emanaban de sus innegables talentos.
 

Comentarios

De Paul era el alma mater de Mark Aguirre y, como dices, universidad top de los primeros 80. Piculín, en mi opinión, no tenía el talento para ser un primera ronda del draft del 87, pero fue ganando con los años, como el buen vino. Más talentoso que Lampley si que era, pero defensivamente era flojete, como bien dices, y un mediocre reboteador para su altura. Lampley dio mejor rendimiento en Zaragoza que, por ejemplo, el fallecido Mac Dowell, aunque a este último sus cualidades defensivas lo llevasen a Barcelona...

Nosotros al amigo Lampley le colgamos el mote de "gaseosa con limón" ya que empezaba bastante animado los partidos pero con el devenir de los minutos perdía "gas" y acababa bastante apagadillo. Por cierto el primer día que lo ví debutaba en ACB Piculín con gran expectación pero con la desgracia de que ese día también debutaba otro jugador. Un tal Audie Norris si no me acuerdo mal, que se comió crudito a Piculín y estofado a Lampley...

Me acuerdo de Randy White, que llegó a jugar en el Joventut y creo que también en Grecia. Se le comparaba en sus primeros años de profesional con el gran Karl Malone. Nunca llegó a dar lo que se esperaba de él. En el Joventut casi llega a las manos con Moka Slavnic.

Crocop, creo que estás confundiendo a EARL JONES con EDGAR JONES, que jugó unos partidos en Huesca y era un gran matador, de hecho disputó el primer torneo de mates con Dominique Wilkins, Darrell ‘Dr. Dunkenstein ‘ Griffith, Julius Erving, Michael Cooper, Clyde Drexler, Larry Nance, Ralph Sampson y Orlando Woolridge, luciendo por entonces Jones la camiseta de los SPURS.Tuvo una carrera NBA de 7-8 años bastante decente, siendo titular algunas temporadas. De él se contaba la anécdota que cuando inició su andadura en la universidad se presentó en el despacho de Jerry tarkanian en Las Vegas y le dijo " Coach ya estoy aquí", The Shark se quedó petrificado, no recordaba haber reclutado a ese tipo, así que se lo dijo y fue entonces cuando Edgar Jones recordó que había firmado con la Universidad de Nevada ( en Reno) y no con Nevada Las Vegas........

Dave Feitl!!! Recuerdo su figura de centro blanco, grandote pero capaz, a mediados de los 90s en la LNB. Suplanto a otro de similares características como Mark Landsberger.
¿Qué los hacia ir hasta la ventosa y poco agraciada ciudad de Comodoro Rivadavia en la costa patagónica? Solo tengo como respuesta el nefasto plan de convertibilidad y aquel US$ 1 = $ 1

Y la “futura estrella” de Luis Felipe López se dejo ver hace ya un año por estos lares. Solo sirvió para darnos cuenta del paso del tiempo.

Lampley fue un late bloomer en DePaul, programa que por aquel entonces aún conservaba cierto prestigio , y tras su etapa española jugó en Ticino Siena- pareja de Alexis- cuando aquella ciudad era más conocida por su Arte que por su Basket. Buen jugador, explosivo, tremendo taponador pero no de la misma categoría que Piculín, a pesar de las verguenzas defensivas del boricua. De hecho diría que Lemone aprendió bastantes fundamentos ofensivos- entre ellos el tiro a tabla- de Ortiz.

Para mi la mejor pareja de extranjeros que tuvo el Joventut antes de que ganaran las dos ligas seguidas era la que formaban Reggie Johnson y Lemone Lampley. Quedaron subcampeones de Liga y Copa, y después de muchos años ganaron un título importante como fue la Korac del 90, enfrentandose a un grandísimo equipo como era la Scavolini Pesaro, en el que jugaban Gracis, Magnifico, Darren Daye, Darwin Cook, etc, entrenados por un jovencísino Sergio Scariolo.

Lemone Lampley dejó un gran recuerdo en su paso por Zaragoza, donde hacía pareja con Piculín Ortiz. De hecho creo que hizo mejor temporada que el puertorriqueño, aunque no tenía tanta prensa como este último. Grandísimo taponador, muy liviano para jugar al pivot y con unos decentes movimientos en la botella. Así recuerdo yo al bueno de Lemone, un tipo que podría haber jugado más años en España siguiendo la estela de Gregg Stewart, otro ex CAI que posteriormente jugó con buen tono en el Joventut...

El tal Earl Jones no era para nada mal jugador pero no encajaba en su época. En aquellos tiempos los "pivots americanos" eran muy interiores. Un tío alto, flaco, con buena técnica, buena mano pero blando no tenía mucho futuro. Como 4 ya estaba Reggie Johson y como 5 era muy liviano para lo que se estilaba. Si jugase ahora no estaría muy lejos de un Channing Frye "light" por dar un ejemplo. En cambio pienso que el "sustituto" "Limón" Lampley ha estado demasiado bien considerado... a ver que opináis!!

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