Ha nacido otra estrella.

Solapas principales

Regreso de Berlín con una sensación de felicidad plena, el tiempo acompañó, abrieron inopinadamente la Bildergalerie el uno de mayo, y así pude delectarme con la serena y solitaria contemplación de la Duda de Santo Tomás, saboreé un exuberante smoked salmon with hash brown and apple horseradish en Reinhard,s im Kempinski, con vistas a Kurfürstendamm, y asistí a la mejor Final Four que recuerdo, coronada con una final excepcional en la que dos exhibiciones sucesivas, una por y para cada parte, propiciaron un final de infarto en el que nuevamente la Diosa Fortuna sonrió al genio Obradovic, con un triple definitivo por medio, que esta vez escupió el pérfido aro.

Pero, con todo, de estos cuatro días disfrutados en la flamante ciudad berlinesa, lo mejor que me ha pasado ocurrió al final, en un domingo que me acompañará siempre hasta el final de mis días.

Y es que asistir al “nacimiento” de una estrella del firmamento europeo, flanqueado por dos de los mayores expertos en basket de formación de España, y me atrevería a decir que de Europa, no es algo que ocurra todos los días.

Eran las 11,55 de la mañana cuando desde la sexta fila del o2 World, con Luis  a mi izquierda y Juanan a mi derecha, oía hablar por primera vez del 10 serbio, un base cadete del Železnik, que dejó maravillados a todos los presentes con una exhibición inolvidable de clase y desparpajo.

Hablaban los dos expertos que era el tapado del equipo de Belgrado, tras los ya consagrados Dejan Musli, Branislav Dokic y cía, pero que estuviera atento porque si el entrenador le daba minutos, la podía armar.

Lo comparaban, en su juego y gestos, con Sergio Rodriguez, y hablaban con tanta exaltación del chaval, de quien pensaban que incluso su club pretendiera ocultar al gran público para evitar que se lo arrebatasen a golpe de euro o dólar, que empezaron a generarme un vivo interés por la eventual peripecia a la que estábamos por asistir.

Lo que luego vimos, durante los aproximadamente 30 minutos que el chaval estuvo en pista, confirmó, de manera casi profética, incluso superando sus expectativas, lo que ya me habían comentado, habiendo dejado el chico impronta de jugador de jerarquía.

Nenad Miljenovic, un niño de 16 años, con aspecto angelical y mente diabólica, asumió desde el primer momento en cancha el protagonismo, repartiendo juego de manera precisa y elegante, anotando cuando hacía falta y regalando un par de asistencias que harían llorar de emoción estética al propio Theodoros Papaloukas.

Todo ello lo hizo con la naturalidad que acompaña a los elegidos, sin excesos, aspavientos o desencuentros, es más, el propio Musli, receptatario de la mayor parte de sus pases definitivos, pareció más vivo, más eléctrico, más humano siendo dirigido por este nuevo heraldo del baloncesto artístico plavi, digno heredero de sus ancestros en la gran tradición de la escuela yugoslava.

La manera en que maneja la bola con ambas manos, cómo visualiza la cancha para encontrar siempre la mejor opción, haciendo fácil lo difícil, es de esas cosas que saltan a la vista incluso para los paladares menos acostumbrados a las categorías inferiores, como es mi caso.

Lo números (17 puntos, 8 rebotes y 10 asistencias, que debieron ser 15 en realidad) son lo de menos, lo importante es la sensación de superioridad, el intenso perfume a talento que emana de este chaval, la inconfundible sensación de que ha nacido una estrella.

Y cuando este alumbramiento ocurre con la mejor compañía posible, con gente que sabe de lo que habla porque le importa y apasiona, la experiencia no tiene precio y nunca se olvidará.

Tras el partido, una comida con los dos gurús e Iván,  otra enciclopedia del basket europeo, en la que hablamos del libro que prepara Juanan, y que editará Juan Carlos Rentero en su colección de libros de basket en  Ediciones JC, una historia del basket yugoslavo que, a base de estudio y documentación, desmitificará algunos de los lugares comunes que siempre se manejaron sobre el basket plavi.

Por lo detalles que dejó trascender, creo que puede ser una obra muy importante, exhaustiva y analítica, pero salpicada de jugosos datos hasta ahora desconocidos, al menos para quien suscribe. Solo falta que acabe de encontrar el enfoque definitivo.

Tras avituallar, de vuelta al Arena, para presenciar otra histórica final, no hacía más que pensar en qué feliz estaba sintiéndome un completo ignorante; yo y mi ego a veces nos lo podemos permitir.
 

Comentarios

Bienhallado muina (algún día me dirás si nos conocimos en otra vida virtual), esta vez estuve colateralmente, Checkpoint y tal, pero en mi anterior visita sí que anduve más detenidamente por el barrio.

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