THE LIFE & TIMES OF SPENCER HAYWOOD.

Solapas principales


Hay en la vida una suerte de personajes que nacieron para ser estrellas estrelladas, tómese el término en la mejor o peor de sus acepciones.


Gentes que tienen una misteriosa capacidad para suscitar interés, para generar polémica, para atraer hacía sí los enrevesados hilos de la fascinación del público, los objetivos y los flashes de las cámaras, y, por qué no decirlo, para "cagarla".


Spencer Haywood es claramente uno de ellos, no en vano con 19 años ya había sido el deslumbrante líder del seleccionado americano que se llevó el oro en unos Juegos Olímpicos, se había convertido en oscuro objeto de deseo entre la NCAA, la ABA y la NBA, en medio del escándalo, la disputa y hasta el hito jurisprudencial , y a lo largo de su carrera mantuvo el nivel de expectación, protagonizando uno de los episodios más truculentos de la historia de las NBA Finals y uno de los más esplendorosos desembarcos en el Spaghetti Circuit, coronado, como no podía ser de otra manera, con un mutis a medio camino entre la intriga internacional y la soap opera.


Sus 15 años de carrera profesional dieron para mucho, haciendo correr ríos de tinta y situándolo, de manera definitiva, como uno de los grandes personajes de la historia del baloncesto, en América y en Europa, en alto grado por eventos acaecidos muy lejos de las canchas.

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La historia de Haywood comienza, como tantas otras, en medio de la pobreza y el desencanto, en una pequeña ciudad, sita entre plantaciones de algodón en pleno delta del río Mississippi, Silver City, donde viene al mundo en el seno de una humildísima familia.


Su padre, carpintero de profesión, fallece tres semanas antes de su nacimiento, y su madre a duras penas puede mantener a nueve hijos con 2,50 dólares diarios, trabajando en los campos de algodón desde que despunta el alba hasta que cierra la noche.

El mismo Haywood desde los dos años recoge algodón y cuando crece, en los ratos libres, trabaja de jardinero o caddie.


Siendo un adolescente, como creciera hasta convertirse en un esbelto mozalbete que destacaba en el deporte de la canasta, la madre decide sacarlo de aquel infierno de semiesclavitud y miseria, y con 15 años lo sube a un bus rumbo a Chicago, y de allí a la industriosa Detroit, donde con unas zapatillas raídas y llenas de agujeros, acompañado de su hermano mayor Sam, en cuyo coche pasa las noches, despunta en los torneos veraniegos, y llega a enfrentarse a tipos de la talla de Cazzie Russell o Dave Bing, grandes estrellas locales.


Su calidad pronto despierta el interés de aficionados y técnicos, y el entrenador de la High School de Pershing, Will Robinson, decide ficharle y adoptarlo, deviniendo en tutor legal del menor y consejero casi toda su vida.Con Haywood en sus filas, Pershing alcanza el ansiado campeonato estatal, algo que no había ocurrido en 37 años en el estado de Michigan para una escuela pública.


Como mal estudiante, llega a Detroit sin saber leer ni escribir, el joven Spencer no consigue beca para los grandes programas de la NCAA, debiendo ingresar en el submundo de los juniors colleges, concretamente en Colorado, en el Trinidad Junior College, donde sigue asombrando con 28 puntos y 22 rebotes por encuentro.


La fama del chico va en aumento y a pesar de que existía una norma que impedía a los universitarios de primer año jugar con el equipo nacional, Will Robinson presenta una solicitud en su nombre al Comité de selección de Basketball USA, y es seleccionado para defender a los USA en los Juegos Olímpicos, a celebrar en Mexico DF en el verano de 1968.


Allí, siendo el jugador olímpico más joven de la historia del basket USA, se ve en la tesitura de liderar a un equipo bastante limitado. De una parte, el todavía Lew Alcindor, llamado a ser la estrella del equipo, se había negado a ir, aduciendo que prefería pasar el verano colaborando con los niños desfavorecidos de su Harlem natal; de otra, jugadores como Calvin Murphy, Rick Mount, Pistol Maravich o Tom Boerwinkle habían sido descartados, por el legendario Hank Iba, un entrenador que preconizaba el juego de equipo y que, a preguntas del propio Haywood, justificó su decisión de la siguiente manera:


“I’ll be honest with you son, Murphy and Maravich dribbled and shot themselves out of the camp”

Finalmente, el equipo olímpico es cerrado e inicia una gira europea por Finlandia, Yugoslavia y la Unión Soviética, con una escuadra en la que el juego interior descansa casi exclusivamente en el de Silver City, que jugará de center ante las ausencias de Alcindor y Elvin Hayes, que ha firmado contrato profesional, con un buen juego exterior en el que destacan el alero Charlie Scott y, sobre todo, el playmaker Jo Jo White.


Haywood, un chico del Profundo Sur, queda impresionado por la vida en los países comunistas, no olvidemos que nos encontramos en plena guerra fría, incluso recuerda una encerrona en una cancha rusa, donde tras ir ganado de paliza a los locales, se interrumpió el partido, se desalojó la cancha, y se reanudó a puerta cerrada, con una remontada soviética a base de decisiones arbitrales injustas que nadie podía presenciar.


Antes de viajar a México, los olímpicos miden sus fuerzas ante los  Knicks de Willis Reed, Walt Frazier, Bill Bradley y Dave DeBusschere, a quienes baten y los Cincinnati Royals de Oscar Robertson, Jerry Lucas y Wayne Embry.


Ya en tierra azteca, Haywood explota, subyugando a la prensa internacional con la madurez de su juego, muy por encima de su edad, con esa extraña mezcla de calidad atlética y virtuosismo técnico, superando a todos sus rivales, con esa aparente sencillez que solo suele abrazar a los superdotados. Su 71,6% en tiros de campo durante el torneo olímpico aún despierta asombro.


Los Juegos se disputan en medio de una crisis racial en los States, es el año de los asesinatos de Robert Kennedy y Martin Luther King, y tse producirán  las demostraciones del Black Power, simbolizadas en la mítica foto de Tommie Smith y John Carlos, puños con negros guantes en alto y cabeza agachadaen la ceremonia de entrega de medallas de la final de 200 metros lisos.


Haywood es tentado por los grandes líderes de la comunidad negra, como Harry Edwards, de boicotear al equipo americano, incluso se plantea no jugar la final, pero finalmente, tras una charla con el famoso comentarista Howard Cosell, en la que éste hábilmente desliza que 50 millones de americanos estarán pendientes de él, decide saltar a la cancha para defender el honor de América ante los enemigos comunistas, en este caso la Yugoslavia de Kreso Cosic y Radivoj Korac, que se ha metido sorprendentemente en la gran final con dos tiros libres de Ivo Daneu a falta de cuatro segundos ante la  URSS de Sergei Belov.

Los plavi dan guerra y en el descanso solo pierden por tres puntos (32-29), con el apasionado público mexicano de su parte. Pero tras el descanso, un parcial de 22-3, con Haywood desenfrenado, protagonizando acciones que hacen rendirse a sus pies a toda la grada,  determina la victoria norteamericana.


Con 21 puntos, 16 rebotes y 6 tapones en aquella final, culmina unos Juegos excepcionales, y se siente en la cima del mundo.

-----------------------------------------------------------------------------------------------Transcurrido el año en el purgatorio juco, y con la gloria olímpica todavía fresca, Haywood ficha por la Universidad de Detroit, un centro jesuita no especialmente brillante en lo deportivo, pero que se encuentra en el hogar, cerca de los suyos, y en el que brilla en todo su esplendor, sin una disciplina que lo ahogue o compañeros que le resten protagonismo, superando, en un nivel competitivo más exigente, las cifras del año anterior hasta alcanzar los 32 puntos y 21 rebotes por encuentro.


Haywood empieza a dar muestras de su carácter especial, y en un partido, quejoso por el arbitraje, que se inhibe ante el duro marcaje que está recibiendo, pierde los nervios y persigue a un árbitro con ánimo de agredirlo. Recibe una fuerte sanción y, orgulloso como era, en el partido de su reaparición firma 41 puntos y 22 rebotes ante La Salle.


En todo caso, los que lo vieron coinciden en señalar que era, de lejos, el mejor jugador de la competición, como demostró en sus duelos con gente del calibre de Howard Porter, Jim McDaniels o el propio Bob Lanier.


Tras acabar la temporada, descontento por no haberse cumplido la promesa de la Universidad de reclutar a su mentor Robinson como head coach, y desmotivado por su superioridad, deja caer entre su círculo de allegados que quiere jugar con los pros, y se desata una intensa batalla por hacerse con sus servicios que desencadena todo tipo de pasiones y pulsiones, y que acabará en el mismísimo Tribunal Supremo.


La American Basketball Asociation (ABA), una competición alternativa recientemente creada, que pretendía competir con la omnímoda NBA, sobre la base de ofrecer un producto de baloncesto espectáculo y el reclutamiento de grandes nombres, había decidido que una de las estrategias para copar cuotas de mercado era ir a por underclasement, jugadores universitarios que no hubieran completado el ciclo de cuatro años y estuvieran dispuestos, a cambio de un buen puñado de dólares, a quebrar la regla no escrita de cumplir la elegibilidad antes de presentarse al draft.


De esa forma, a lo largo de aquellos años, colosos universitarios, incluso del Instituto, hablamos de gente como Julius Erving, Mo Malone, David Thompson o George Gervin, debutarían profesionalmente en la ABA, algo que hubiera resultado imposible en términos de igualdad de escrúpulos.


El provechoso y simbiótico idilio entre NBA y NCAA, un atronador pacto de silencio que interesaba a ambas partes, estaba en peligro, una galerna de codicia amenazaba la calma chicha imperante, y poco tardaron los puristas en elevar la voz, invocando razones que importaban a la misma esencia del americanismo.


El presidente de la asociación de entrenadores NCAA, John Dee, de Notre Dame, envió una carta a todos los programas, ordenando que se negara el acceso a los campus a la gente de la ABA.La reacción no se hizo esperar y el mismísimo comisionado ABA, el gran George Mikan, se reunió con los principales ejecutivos de los clubes.


La solución fue fácil, conforme señala el general manager de los Chaparrals, Max Williams:


“Mikan nos pidió que preguntáramos a nuestros jugadores que obtenían en sus universidades además de la beca deportiva y los libros. Yo pregunté a los míos en Dallas y salvo dos, todos habían obtenido extras: coches, pagas bajo cuerda y cosas así. De inmediato Mikan llamó a la Asociación de Entrenadores y les dijo que dicha información se haría pública si no revocaban las instrucciones y dejaban a la gente de la ABA acceder a los gimnasios. Automáticamente, la orden de bloqueo fue retirada”

Entre cruces de amenazas, boicots y conatos de demandas judiciales, finalmente es Haywood el hombre elegido por los cerebros grises de la ABA para testar el sistema, firmando tras su año sophomore por los Denver Rockets, que, previo concierto de los clubes, había sido designado como el equipo que pujara por el astro universitario.

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Haywood contrata por tres años y 450.000 dólares, que en la tradición extravagante de la ABA se abonarían de una manera bien curiosa, pues el jugador solo vería 50.000 $ por temporada, y a partir de los 40 años, hasta cumplir los 60, cobraría el restante a razón de 15.000 $ anuales, según un abracadabrante esquema retributivo conocido como Dolgoff Plan.


La temporada vino marcada por su gran rendimiento en la cancha, máximo anotador de la competición, MVP de liga regular y All Star Game.


No fueron fáciles los inicios, pues Denver comienza la temporada de manera penosa, 9-19, y cambia de entrenador, llamando a Joe Belmont, antiguo árbitro que se gana la vida en el departamento de marketing de la franquicia, y cuya única experiencia fue como entrenador de freshmen en Duke, cuando los novatos universitarios debían esperar un año para debutar.


Casi se puede decir que el tipo pasaba por allí, pero tras colocar a Haywood de cuatro, su posición natural, jugando con Byron Beck, un durísimo fajador blanco, en el center, los Rockets explotan y, se despachan con un parcial de 42-14 hasta final de temporada. Por el camino, Haywood, con 59 puntos ante los Stars, bate el record de anotación de la ABA que hasta entonces ostentaba el legendario Connie Hawkins con 57.


Comienzan los playoffs con un complicado duelo con los Washington Capitals, un equipo veterano, liderado por la estrella Rick Barry, que curiosamente tiene su residencia en Colorado Springs.


La eliminatoria llega al séptimo partido, donde Belmont ordena un durísimo marcaje sobre el anotador rival, y sucesivamente Haywood y el escolta Lonnie Wright serán expulsados por sendas agresiones. Mientras Barry, sangrando por una ceja, es atendido en el banquillo, un espontáneo local salta al parquet y se lanza contra él, tratando de rematar la faena con una tercera agresión. Así podía llegar a ser el peculiarísimo mundo de la ABA.


Los Rockets avanzan hasta la final de la Western Division, donde caerán ante los sorprendentes Stars de Los Angeles, que tienen el factor cancha en contra tras una liga regular bastante mediocre, pero que vienen de ganar a los favoritos Chaparrals.


A pesar de ganar el primer partido en la prórroga, los Rockets caen 4-1, la mayoría de las veces en finales ajustados, donde la pareja de rookies Willie Wise y Mack Calvin, junto al "madridista" Wayne Hightower y Billy "the Hill" McGill, demuestran mayor entereza para llevarse el gato al agua.


En Denver, desde un inicio, Haywood lleva un alto tren de vida, conduce un Cadillac negro hecho a medida y vive en uno de los más exclusivos vecindarios de la Mile High, con seguridad privada incluida.


Pronto, pues, comienzan las disputas contractuales con la franquicia para procurarse más pasta, convenientemente alimentadas por el representante del jugador, el inefable Al Ross, más conocido como el Pirata por sus tácticas negociadoras un tanto agresivas, que incluían esconder a sus representados- entre los que también se encontraba el temible psicópata deportivo John Brisker- hasta que los clubes cedían a sus exigencias.


De esta manera, hasta tres contratos distintos llegó a firmar con los Rockets, el último ya por 1,9 millones, eso sí, recibiendo solo 50.000 $ cada uno de los dos primeros, 75.000 $ cada uno de los cuatros siguientes, y los 1.5 millones restantes, a razón de 75.000 $ anuales de los 40 a los 60, con lo que no es de extrañar que, terminado este primer año, Haywood se cansara de tocomochos y decidiera cambiar de aires en busca de pastos más verdes.


Su decisión de pasar a la NBA, y dar el paso prohibido al firmar con los Sonics, una franquicia nueva que desoye la prohibición de la NBA de firmar jugadores que no hayan acabado su ciclo universitario, desencadena un litigio histórico.

 

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Durante ese año, que pasó court to Court (de la cancha a la Corte), Haywood tuvo que soportar todo tipo de humillaciones en las canchas contrarias, frecuentemente de parte de los aficionados de los equipos rivales que le insultaban y lanzaban objetos; pero lo que nunca se esperaba era la férrea maquinaria jurídica orquestada por el mismísimo David Stern, a la sazón consejero legal de la NBA, y consistente en presentar injunctions (una suerte de acciones de condena de no hacer) en las horas previas a los partidos a domicilio, que le eran notificadas por agentes que simulaban querer un autógrafo firmado.


Y todo para impedirle saltar a la cancha, lo que en algún caso acabó con el estrafalario hecho de que durante la presentación oficial de un partido, el announcer advirtiera:


"Señoras y señores, tenemos un jugador ilegal en la pista, y el partido se disputará bajo protesta."


Ni que decir tiene que la algazara y el tumulto estaban asegurados, era como utilizar gasolina para apagar un fuego.


De esta forma rocambolesca, Haywood solo disputa 33 partidos ese año, lo que no impide que empiece a consolidarse su condición de superestrella de la NBA, con 24 puntos y 12 rebotes de media.


Ante la repetidas amenazas de sanción a los Sonics por parte de la NBA, el caso llega a los Tribunales, configurado como una acción anti trust, por violación de la Sherman Antitrust Act, al considerar que la Sección 2.05 en relación con la 6.03 de las normas internas de la NBA, violaba el libre comercio y el derecho a la libre elección de trabajo, y suponía un acuerdo concertado para rehusar contratar jugadores que no cumplieran los 4 años de estancia universitaria o de graduación de su clase universitaria, lo que constituía per se una maniobra de grupo en boycott que vulneraba la citada norma legal anti trust.


La demanda Haywood vs National Basketball Asociation ya forma parte de los anales de jurisprudencia del T.S., pues en la primavera de 1.971 la máxima instancia jurisdiccional de los Estados Unidos falla a favor de Haywood, por 7 a 2, declarando, entre otras cosas:


"If Haywood is unable to continue to play professional basketball for Seattle, he will suffer irreparable injury in that a substantial part of his playing career will have been dissipated, his physical condition, skills and coordination will deteriorate from lack of high- level competition, his public acceptance as a super star will diminish to the detriment of his career, his self-esteem and his pride will have been injured and a great injustice will be perpetrated on him."


Siempre se ha pensado que en el espíritu de aquella decisión pesó mucho la personalidad del célebre Magistrado Thurgood Marshall, el primer negro en ser elegido para Magistrado del Tribunal Supremo, quien desde el principio mostró un especial interés por el caso, e hizo buenas migas con el jugador.


El caso se resuelve por acuerdo extrajudicial, se rumorea que Sonics tuvo que pagar otros 200.000 $, y con ello, el de Silver City deviene en pionero en la defensa de los derechos de los jugadores en su lucha por decidir sus destinos más allá de los intereses corporativos de la NCAA, los clubes profesionales o la propia Liga, ya que, como primera consecuencia del fallo judicial, la NBA aprueba la llamada “hardship rule”, que permite a los jugadores que acrediten necesidad económica presentarse al draft antes de agotar los cuatro años de elegibilidad.


22 años más tarde, Kevin Garnett dedicaría su MVP a, entre otros, Spencer Haywood, como el hombre que abrió las puertas del salto directo de instituto a la NBA.


Pero ese honor lleva anejas graves consecuencias, fundamentalmente la etiqueta de jugador polémico, de veneno para los equipos, que empieza a circular entre los general managers de la NBA y le acompañaría hasta el final de sus días profesionales.


Haywood se convierte en un improbable héroe: seguramente movido por prosaicos deseos de riqueza inmediata, pasa, sin embargo, a la historia como un luchador por los derechos de los jugadores.
 

 

(CONTINUARÁ)

Comentarios

Gran historia. Lo más curioso, ver todo el tiempo que lleva David Stern llevando la NBA como "the perfect company man". Y, para variar, como el basket profesional americano cambia quiera él o no. Que siga la historia... ¿Traigo palomitas?

Fijate si soy despistado, que miro lo publicado y veo que efectivamente el corte fue justo después del fárrago jurídico, jejejej, menuda cabeza la mía, nada de todas maneras me ha servido para al menos anunciar que queda una segunda parte y de lo que irá más o menos.

Gonzalo, falta la segunda parte: MBA e ITALIA, y evidentemente es invitable que toque el famoso HAYWOOD VS NATIONAL BASKET ASOCIATION, las injuctions y todos los demás envites jurídicos, aunque seré breve que lo que más me llama es su expeiencia veneciana.

Sencillamente delicioso y obligado. Incluso has eludido caer en el abuso jurídico de su caso. Y mira qué era fácil.

Cuatro apuntes de tono personal.

Una – Antes de la coartada benéfica en Harlem, el mismo Alcindor fue conminado a aducir razones de estudios para instalarse como versión oficial y moderar, en parte, a los muchos detractores de una decisión que en el fondo venía motivada por el boicot. Algo que no pudo evitar apelativos como “traidores” en la prensa y “malos ciudadanos” en boca de Iba.

Dos – Tres años después de la encerrona en territorio soviético, un partido en Cincinnati disputado un 20 de mayo, provocó el desalojo de una parte del público. Eran judíos que protestaban airadamente con bocinas la situación a la que sus correligionarios estaban sometidos en el país soviético. El partido hubo de ser detenido y no se reanudó hasta que parte de la grada fue desalojada por la policía.

Tres – De entre las muchas razones por las cuales Haywood ha pasado a la historia, firmo la que, en 1969, le convierte en la incursión más espectacular de un jugador en el curso de competición profesional alguna.

Cuatro – Triste destino el de aquel a quien la gloria ciega en el último peldaño.

Gracias.

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