Reflexiones sobre la BELLEZA.

 

Cíclicamente se desata entre los aficionados al basket el eterno e insólito debate, a medio camino entre lo estético y lo moral, sobre la belleza de nuestro deporte.

De honda raigambre futbolera, trata esta discusión de discernir entre una práctica y estrategia del deporte ágil, inteligente, que genera encantamiento en el espectador, de la que son abanderados, ¡¡como no!!, estos excelsos opinionistas, y otra que aburre soberanamente, plana y repetitiva, sin una magna idea detrás, que es la que gusta, o al menos admiten “los otros”.

Más en concreto, la carga axiológica pareciera gravitar sobre una ambigua idea de lo ofensivo, como creador, y lo defensivo como destructor, con una segunda ráfaga referida a la rapidez, según la cual quien juega rápido juega bello y quien lento, feo.

¿Qué basket es el más bello?, ¿Cuál es el más valiente?, ¿Qué es arriesgar en basket?, ¿Por qué un estilo de basket es aburrido?

Son preguntas que siempre resultaron improcedentes para quien esto suscribe en un deporte en el que tanto monta la defensa como el ataque, dos planos de una misma realidad, con igual valor, las dos caras de una misma moneda.

Estamos, pues, en presencia de una misma acción, que se sucede casi sin solución de continuidad, que mal parece pueda dar refugio o coartada a tan atrevidas conclusiones en sede ontologíca, sobre la bondad o la maldad de cada supuesta fase, o de cada tipo de basket.

¿Y por qué opino que tiene igual valor, mérito o ponderación la fase atacante y la defensiva en el baloncesto?

Sencillamente porque dadas las dimensiones de la cancha, la frecuencia del cambio de posesión, y el número de oportunidades en que un equipo ataca o defiende a lo largo de un partido, se trata de actividades fuertemente imbricadas, indisolublemente unidas, si me apuran, itero, la una continuidad de la otra.

No se explica la defensa sin el ataque, en diferentes términos psicológicos, cuando el paso de una fase a otra se produce en décimas de segundo, al contrario que en el futbol, donde pueden trascurrir 20 o 30 segundos desde la recuperación de la bola hasta el inicio de la actividad constructiva.

Pero es que, ahondando más en la crítica a esta visión simplista y maniquea, no se me alcanza el sentido de ligar el ataque a lo bello y la defensa a lo feo, siendo así que disfruto como el que más con una defensa exterior que colapsa la circulación de pelota del ataque contrario, con unos buenos traps en las esquinas de una zona bien dispuesta, con un sistema de ayudas bajo aro que impidan el tiro fácil, con una inopinada presión a toda cancha cada saque de banda o con un sistema de bodychecks encaminado a intimidar al equipo contrario.

La defensa es una técnica tan fina, delicada y elaborada como lo pueda ser el ataque, y si el triunfo del sistema defensivo propio sobre el ofensivo contrario condena a un tanteo bajo, nada cabrá achacar en términos de belleza.

Resulta curioso que el adjetivo intenso se reserve en basket a la defensa, nadie habla de un ataque intenso, sino agresivo, y esta perversión léxica parece haber calado hondo en los buhoneros del basket bello y sus entregados acólitos.

Belleza es, o al menos podría ser, en basket, intensidad, sublimación de los recursos físicos e intelectuales, verbi gratia, 1ª semifinal Ceska- Pao, ni un solo contraataque.

¿Es eso síntoma de juego espurio y ramplón? Antes al contrario, para mi no solo no es señal de degeneración, sino que epitomiza el buen basket, la ortodoxia, incluso si se me admite, la pureza del juego, aquel en el las canastas han de trabajarse y se obtienen venciendo una grave resistencia del contrario, donde apenas hay lugar para los errores y cada jugada queda impresa en la mente del espectador.

Nunca aprecié mérito, y menos belleza, en las hemorragias anotadores que propician la molicie defensiva, y el escaso empeño de jugadores y entrenadores que desembocan en correcalles sin sentido, tan del gusto de ciertos aficionados.

Jugar más rápido no tiene por que ser, per se, jugar más bello, si esa rapidez no va acompañada de precisión, lo cual será complicado a poco que en frente haya una defensa bien establecida. Jugar más lento, si reduce pérdidas y canastas fáciles del contrario, no tiene opor qué significar jugar más feo, tanto más si ello conviene al objetivo último de todo deportes, que no es otro que ganar, uvizorras aparte.

Curiosamente, todas  estas teorías alarmistas contra el basket puro e intenso, estas fementidas conspiranoias de aficionado con ánimo de distinguirse, suelen aparecer tras acaecer grandes sorpresas deportivas (Villanova over G,Town 1985, Limoges over Madrid & Benetton FF1993) y ahora regurgitan con malsano vigor con la enorme sacudida que ha producido la doble heroicidad contra pronóstico del Olympiakos over Barça y Ceska, (los dos grandes favoritos al título) y de habitual conllevan cambios de reglas, que afectan normalmente al tiempo de posesión.

¿Habrá que reducir la posesión a 20 segundos para que los falsos estetas nos den su aprobación?
 

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