EL TRIANGULO DE LAS BERMUDAS

Solapas principales

 

“El gran reto del adulto vinculado a un niño (padre o entrenador) es tomar consciencia de cómo a veces puede utilizarlo inconscientemente  para su beneficio. Y a partir de ahí, decidir, o no, cambios de conducta”


Después de mucho tiempo sin escribir, vuelvo al ataque con un tema especialmente sensible y trascendente, desde mi perspectiva actual: la relación entre padres-entrenadores-jugadores en el baloncesto de base. Esto da para mucho más que un post, pero intentaré almenos ayudar en la toma de consciencia. Tres extremos pués en el triángulo: un extremo está en el banquillo, otro en la pista y el tercero en la grada. Tema recurrente, me direis. Pues sí, efectivamente es un tema recurrente y no por ello menos importante. Vamos a intentar enfocarlo desde una perspectiva descriptiva y no partidista o parcial, para aportar elementos de reflexión. Esta perspectiva será sistémica, y se basa en cambiar el foco de atención del individuo al conjunto o sistema. Voy a intentar explicarlo.


Todos pertenecemos a muchos sistemas a la vez (família, amigos, empresa, personas que vamos a un gimnasio concreto, etc..) Por ejemplo, imaginemos un símil de un gimnasio: hay tres hombres solos ejercitándose en bici estática. Cada uno con sus pensamientos, hay un campo emocional que podríamos describir como de tranquilidad, como un lago en calma al atardecer… En esas que entra una mujer guapísima que se va a hacer pesas. Los tres hombres cambian, aceleran pulsaciones, se miran, miran a la mujer, intentan atraer su atención, incluso puede que alguno vaya a hacer pesas y deje la bici para otro momento. No todos harán lo mismo, pero es evidente que la entrada de la mujer en el sistema ha tenido un impacto, el campo emocional del sistema ha cambiado, ya no hay “paz”, hay tensión sexual,  se levantan rachas de viento en el lago. La perspectiva sistémica pues, no juzga qué hace cada uno (foco en el individuo) sino que intenta describir, desde una posición de observador, la inter-relación entre los individuos, más el conjunto como tal.
 

El espacio que hay dentro de nuestro triángulo (banco,grada,pista) es lo que desde una perspectiva sistémica, llamamos la “tercera entidad”, es decir, un espacio emocional que tiene vida propia y que se alimenta de lo que meten en él cada uno de los individuos que cierran el triángulo. Es decir, cuando hay frustración de una parte, esa frustración desemboca en el “sistema” o espacio interior del triángulo. Cuando hay alegría, lo mismo, cuando hay resentimiento, envidia, celos, ánimos, sonrisas, palmadas, … todo, todo lo que una de las tres partes transmite, impacta en los demás y genera un cambio en el campo emocional del triángulo.


Unos estudios realizados por Gottman (psicólogo y escritor,  Washington) revelan  lo que simplificando y resumiendo podemos identificar como “toxinas” de los equipos, o sistemas (padres, entrenadores y niños formamos un “sistema” aunque no queramos, pues interactuamos para un fin común, que es el progreso de una de las partes, el niño, en este caso). Esas toxinas son las que Gottman llama “4 jinetes del apocalipsis”:
 

Crítica/Culpa: implica el atacar la personalidad o carácter, en vez de enfocarse en la conducta específica que molesta o que es fuente de desacuerdo.

Desprecio: Es un signo abierto de la falta de respeto. Los ejemplos del desprecio incluyen: burlarse, poner los ojos en blanco, llevar cara de desprecio, o derribar a la otra persona con el humor sarcástico, gestos corporales despectivos....

Estar a la defensiva: Cuándo una persona esta a la  defensiva, él o ella usualmente experimenta mucha tensión y eso dificulta enfocarse en lo que se ha dicho realmente. Negando responsabilidad, inventando excusas, o respondiendo a una queja con otra son todos ejemplos de estar a la defensiva.

Ignorarse: Cuándo se emplea esta táctica a menudo, uno está escapando del desacuerdo, en vez de resolver los problemas.
 

No es necesario poner ejemplos prácticos de cada una de las toxinas en el baloncesto de base, todos somos capaces de encontrar los nuestros en el día a día. Lo que Gottman demuestra en sus estudios, es que para la salud emocional de un sistema (nuestro triángulo), es necesario un ratio de 5 a 1, donde 5 son interacciones positivas y 1 las toxinas. Ahora, analicemos cual es el ratio en nuestro “triángulo” con cada familia como entrenadores, como padres...  Tenemos trabajo por hacer, ¿verdad?
 

Es necesario incrementar, pues, la positividad en el entorno, el sistema, el equipo, llamarle como querais, en definitiva, en el “espacio” que existe entre cualquier grupo de personas que interactúan con un objetivo común. Evidentemente, los que no compartan objetivo: ayudar al crecimiento del niño, abstenerse de todo esto (bueno, seguro que ya no han llegado hasta aquí).

¿Qué incrementa la positividad? Mostrar empatía, comunicación asertiva, gestos , sonrisas, miradas, ánimos, reconocimientos, humor, etc... todos sabemos que podemos transmitir mucho con nuestro comportamiento. El reto, pues será tomar consciencia del impacto que tenemos en el sistema, para así, intentar actuar desde una intencionalidad determinada en nuestras interacciones, y no dejarnos llevar por las toxinas. Y , en todo caso, cuando aparezca una toxina, saber que deberemos generar 5 interacciones positivas para devolver la “salud” a nuestro triángulo. Vaya reto, ¿verdad? Todo cambio en el comportamiento es un reto, y si todos esperamos que empiecen los demás, lo llevamos claro! Como dice Gandi: “sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Mostrar vulnerabilidad (que todos tenemos) nos aterra, y a cambio contaminamos a nuestro entorno. Es necesario un cambio en nuestro baloncesto de base, el real, el del día a día. No el otro.


“El verdadero progreso social no consiste en aumentar las necesidades, sino en reducirlas voluntariamente; pero para eso hace falta ser humildes.” (Mahatma Gandhi)

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