Solapas principales

Cibona de Zagreb 94 - Zalguiris Kaunas 82 (Final Copa de Europa, 1986)

Si algún imparcial y buen aficionado al baloncesto pudiera haber elegido a los 2 contendientes que se medirían en la final de la Copa de Europa de Budapest de 1986, muy posiblemente hubiera optado por la Cibona y el Zalguiris.

No le faltaban ingredientes ni atractivos al duelo. La Cibona era el vigente campeón de Europa (muy a pesar del R. Madrid) y aunque había perdido a 2 de sus titulares de la anterior final (Alexander Petrovic y Andro Knego), se había mostrado intratable en la liguilla europea y consiguió su pase a la final de una manera brillante con un genial Drazen Petrovic que había promediado 40.2 puntos por partido. El otro contendiente, el Zalguiris, ofrecía no pocos atractivos, ya que tenía entre sus filas al otro gran jugador europeo del momento, a un joven pívot llamada Sabonis (¿les suena?) que era todo un derroche de fuerza, brío y agilidad (aún no había sufrido la terrible lesión en su talón de aquiles que sin duda ha condicionado, su, por otra parte, no poco brillante carrera deportiva).

Dos veces se habían enfrentado ese año, y si bien no se dilucidó un dominador claro, ya que ambos equipos ganaron sus respectivos encuentros caseros, si sirvieron esos partidos para generar unas enemistades y antipatías irreconciliables, que provocaron una tensión que después sería decisiva en la propia final.

En vísperas de la gran final, se desató una guerra de nervios y declaraciones, en la que los lituanos menospreciaron a los jugadores de la Cibona tachándolos de meras comparsas por la enorme dependencia que tenían de Petrovic, al que además Sabonis llamó payaso y egoísta.

El día de la final llegó y el ambiente era impresionante, al menos en la grada ya se apreciaba una victoria yugoslava porque los seguidores de los lobos azules eran una inmensa y ruidosa mayoría. El Zalguiris presentaba un cinco inicial que bien podía haber sido el de la URSS de sus mejores tiempos con hombres como Iovaisha, Kurtinaitis, Homicius y Sabonis. Tampoco le iba la zaga la Cibona que también presentaba a muchos internacionales yugoslavos (Petrovic, Nakic, Cvjeticanin, Cutura, Arapovic).

El partido en cuanto a juego no fue demasiado brillante, los jugadores estaban quizás muy tensos y por eso incurrían en demasiados errores, los nervios estaban a flor de piel y Arapovic por ejemplo se esforzaba por sacar de sus casillas a Sabonis, con contínuas provocaciones, ante la imposibilidad de pararle. La primera parte del Zar fue pletórica (17 pts, 8 reb, 2 tp, 2 asist) con canastas de 2, con triples, asistencias por la espalda, ganchos, tiros desde todas las posiciones (ojo, en suspensión, sí, sí entonces saltaba... y de que manera) su dominio resultó aplastante, sin embargo la igualdad se mantuvo en el marcador gracias a la buena labor de Cvjeticanin y Usic (13 y 14 puntos respectivamente en la primera mitad) ya que Drazen estaba muy errático (no anotó hasta el minuto 8).

Sólo la entrada en juego del Genio de Sibenik con 2 triples consecutivos y 15 puntos totales en esta primera parte posibilitó que la Cibona se fuera al descanso con una ventaja de 8 puntos, 47 a 39.

En la segunda parte la Cibona logró mantener una ventaja estable de 10 puntos que dosificaba magistralmente ante el intermitente juego lituano, donde los denodados esfuerzos de Sabas y el pundonor del veterano Iovaisha resultaban insuficientes ante el inexistente tiro exterior de su equipo en el que Kurtinaitis no anotaba y Homicius tampoco estaba nada lúcido, y todo ello pese a que de nuevo Drazen tardaría 8 minutos en anotar sus primeros puntos.

Sin embargo a pesar de todo, los soviéticos en el minuto 32 consiguieron acercarse en el marcador, fue entonces cuando tuvo lugar la jugada clave del partido, Nakic se escapa en contraataque y sufre una dura personal de Kaprivikas, el yugoslavo le contesta con un codazo, es entonces cuando definitivamente Sabonis suelta toda la ira y adrenalina que tenía contenida ante las continuas provocaciones que sufría y tras cruzar el campo como un poseso llega a la altura de Nakic, al que le suelta un impresionante puñetazo que hace que termine con sus huesos en el suelo. Tras la consiguiente refriega de jugadores de uno y otro equipo, Sabonis es eliminado y se va al banco con 27 puntos, 12 rebotes, 3 tapones y 3 asistencias, dominado por la impotencia y la frustración.

Desde entonces se acabó el partido, Zalguiris erraba uno tras otro sus ataques, y Petrovic aprovechó la situación para llegar a los 22 puntos y comenzar su tradicional show con regates, asistencias espectaculares, pases por la espalda. En definitiva, los lobos azules acabaron bailando y humillando al Zalguiris. De esta manera la Cibona lograba proclamarse por segundo año consecutivo como campeón de Europa. Muchos años más tarde, Sabonis, en una entrevista, aseguraba que su mayor frustración como jugador había sido la derrota en aquella final, que en buena medida vino marcada por su agresión a Nakic. Seguramente aunque nunca lo reconoció, también se arrepintió de haber llamado comparsa a jugadores como Cvjeticanin (24 pts.), Usic (23), Cutura (14) o Nakic (que logró 11 rebotes y 4 tapones).

Sobre el autor

Antiguedad: 
17 años 11 meses
#contenidos: 
2
#Comentarios: 
1
Total lecturas: 
27,207

Comentarios