Solapas principales

El Barça sobrevive al fango del Pireo (74-76)

  • Higgins y Mirotic se apoderaron de los minutos finales
  • Unas décimas de segundo privaron a Printezis de la canasta del empate

con la frente en alto

Después de aquel casi perfecto mes de noviembre, el Barça sufrió un período de inestabilidad, deportivo y extradeportivo, que generó un cierto revuelo en los aledaños del Palau. Algún resultado adverso, el ‘caso Heurtel’, la ausencia de Mirotic y la lesión de Davies parecieron hacer temblar los cimientos del equipo de Saras. Justo en ese momento, de cierta fragilidad, fue cuando el Barça se infló el pecho por el carácter demostrado para enfrentar esa pequeña adversidad. Lo hizo por la reafirmación del apego del grupo con el entrenador y por el juego demostrado en la cancha. Desde aquel tropiezo en Munich, en el último partido del pasado año, el Barça cambió el chip -junto con el año- para comenzar una racha de ocho victorias que aún mantiene viva. El equipo levantó la frente cuando el entorno les hundía la cabeza. La moral, más alta que nunca.

el mejor representante de la clase trabajadora

Grietas en las manos, las gotas de sudor en la frente, el mono de trabajo puesto y la ambición de superarse. Ese es el ‘Oriola Starter Pack’, del mejor representante de la clase trabajadora. Sería un ejercicio interesante analizar la cantidad de veces que Oriola ha sido puesto en duda, o mejor aún, que directamente ha sido descartado como ‘un jugador que no da la talla’. Y por mucho que algunos se lo creyeran, él no lo hizo. Su ímpetu y la confianza en sus dotes lo han llevado a apoderarse de la palabra ‘trabajo’ hasta tal punto que se asocian de forma casi natural. Sus números serán mejores o peores, pero su sacrificio es siempre el mismo. Y también lo suelen ser los resultados. En la planificación de la temporada se preveía fichar a un pívot, lo que hubiese relegado al de Tàrrega a ser el tercero en la cola, detrás del fichaje y de Brandon Davies. Sin embargo, él sigue ahí, jugando de titular en algunos de los escenarios más imponentes de Europa. La mayor virtud de Oriola es no creerse Mirotic pero trabajar como si lo fuera.

entre la vigencia y la nostalgia

Invade al Olympiacos un cierto aroma a lo antiguo, mezclado con la añoranza de la que supo ser la mejor pareja de Europa. Ese Spanoulis-Printezis brindó al aficionado griego algunas de las alegrías más grandes de sus vidas. La magia del base para deshacerse de jugadores más altos y rápidos con un control de los tiempos que envidian hasta el las fábricas de relojes suizos. Ni siquiera un Rolex puede atinar a competirle en precisión a Kill Bill. Por el otro lado, la elegancia hecha persona. Printezis era el mejor acompañante posible de Vassilis porque no existe mejor combinación para un reloj de categoría que un traje hecho a medida, como los que supo hacer el ala-pívot durante toda su carrera a todos los que osaron desafiarlo. Esos tiempos, brillantes, fueron los que volvieron a rememorar los griegos, con la inexorable participación de Sloukas y Ellis, para competir de tú a tú ante uno de los grandes favoritos. Aquella mochila, la de los recuerdos, que tantos contratiempos le causó al conjunto griego al pesarle en cada paso hacia la reconstrucción, esta vez fue su principal escondite para refugiarse mientras esperaba para salir al acecho.

EL PEAJE DE ORIOLA

 

 

SOBREVIVIENDO EN EL FANGO

Virtud o defecto, una de las característica de este Barça de Saras fue imponer un estilo de juego marcado por una pizarra milimétrica y un esfuerzo defensivo colectivo de alta envergadura. No obstante, en Grecia, exceptuando los primeros minutos, fue incapaz de imponer sus ideas. El Olympiacos planteó un encuentro trabado, en el que los bases del Barça tuvieran dificultades para poder ejecutar los sistemas y, sobre todo, en el que los rebotes fueran siempre de los locales. En ese juego brilló Mckissic, reforzado de cada contacto, y también se arrastró el Barça, cautivo del poderío físico de los locales. Chocaron los culés con una muralla de cemento, inquebrantable, hasta que Calathes marcó la línea a seguir. Combatir con fuerza lo que puede ser contrarrestado con cerebro era lo que privaba al Barça de entender el final de encuentro que debía hacer para llevarse el partido. Sin brillo, sin lujos, sin acrobacias, pero con mucha cabeza. La que pusieron Higgins, Mirotic y hasta en ocasiones Davies, el más sacrificado de la lucha grecorromana. El Barça, acostumbrado a moverse como pez en el agua, también supo hacerlo en el fango. Saras heredó el Ferrari de Pesic y lo está transformando en un todoterreno.

el desafío de higgins

Los cinco puntos anotados por Higgins en los últimos dos minutos de partidos no son más que una evidencia del nivel de confianza del estadounidense. Los dos tiros libres finales, previos a un doble de Printezis que hubiese mandado a la prórroga el encuentro de haber estado dentro de tiempo, fueron el acorde final de un concierto más del ‘22’. La responsabilidad le gusta, lo obliga a retarse, y ahí es cuando encuentra la motivación necesaria. Ese fue el contexto que se encontró ante las bajas del Barça de los últimos días, y que le sirvió para propulsar su nivel. Ahora, con casi toda la plantilla disponible, supo hacer de la estabilidad un adversario: la búsqueda por mantener su nivel es tan o más feroz que la que encarnó hace unos meses para alzarlo. Su mayor desafío es contra él mismo, contra el jugador que fue y que puede ser. Su mayor desafío es seguir siendo Cory Higgins cuando a su lado esté Nikola Mirotic.

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