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La teoría del caos

  • Pau Gasol rompió con todos los pronósticos de un Eurobasket que no terminó como muchos esperaban

Inequívocamente, la palabra caos tiene que ver con el desorden de lo establecido, con situaciones inesperadas, sobre todo, para los que mantienen un plan o un guion a seguir. Para muchos, lo correcto es lo previsto, lo vaticinado y lo esperado, sea cual sea el resultado; el ser humano vive tranquilo y en paz si todo lo que va sucediendo a su alrededor tiene sentido con lo que imaginan, aunque todo depende de cómo le afecte. Sin embargo, cuando el caos hace acto de presencia todo lo demás deja de tener sentido, básicamente porque rompe con el orden establecido. Este Eurobasket 2015 que ya hemos dejado atrás tuvo un hombre, un héroe disfrazado de jugador de baloncesto, un gigante que puso en práctica la teoría del caos, desatando una corriente de imprevistos que pusieron patas arriba cualquier cábala posible.

Cuando Pau Gasol abandonó el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid tras el varapalo del Mundobasket de 2014 en su mente se abriría un debate interno; por un lado, su cabeza le decía que quizás era el momento de ir desmarcándose de la selección, mientras que su corazón le rebatía que su compromiso e ilusión a la hora de jugar para España deberían estar siempre entre sus prioridades.

La derrota en el Mundial hizo dudar a Gasol de su continuidad con la selección

Aquella frase de “nunca se sabe cuándo será tu último partido con la selección” sembraba dudas, era la primera vez que Pau dejaba en el aire su futuro con España y esa era una preocupación hasta entonces inexistente. Nos habían pintado la cara y nos habían dado un tortazo directo en la frente, la derrota dejaba una cicatriz demasiado dolorosa, una herida complicada de cerrar.

Como tras toda tormenta, la calma apareció y todo se fue diluyendo con el paso de los meses, devorado también por el paso frenético de una temporada que apenas dio tregua. Poco a poco, el Eurobasket de Francia fue tomando forma y empezó a aparecer en el horizonte, la cita tenía un jugoso premio en forma de billete directo a los Juegos Olímpicos de Río, aunque no sería el único. El majestuoso Lille Metropole iba a ser el escenario de la fase final del torneo, una cuestión que abría la puerta a una posible revancha ante Francia, una manera de devolver la moneda y cerrar el círculo abierto en Madrid.

ADIÓS AL FAVORITISMO

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La derrota ante Serbia justificó todas las dudas (FIBA)

Después de una temporada de ensueño en lo individual pero agridulce en lo colectivo, Pau Gasol volvió a dar el sí quiero a la selección española. Su compromiso volvía a quedar inmaculado, aquellas dudas se disipaban y el optimismo rebosaba de nuevo en un combinado acostumbrado a ganar. No obstante, las fichas de dominó empezarían a caer en forma de bajas demasiado importantes: Ricky Rubio, Marc Gasol, José Manuel Calderón, Juan Carlos Navarro... España había perdido esa aura de favorito máximo al entorchado, algo agravado por las espectaculares plantillas que presentaban tanto Serbia como Francia. La baja de última hora de Álex Abrines terminaba de enterrar, para muchos, las posibilidades de alcanzar los objetivos marcados para el torneo.

A todo esto se unió la incertidumbre que sembró la Ruta Ñ, una gira de partidos que dejó mucho que desear en algunos aspectos. España llegaba de esa manera a Berlín para debutar ante Serbia y para disputar el denominado grupo de la muerte. La derrota ante los balcánicos refrendaba el discurso de una España menos favorita que de costumbre, de una selección que había dado un paso atrás. Otro resbalón ante Italia y el dejarse llevar del último cuarto de Alemania dejaban claro que el guion preestablecido del Eurobasket seguía su curso. Lo natural era que España se la pegase, que tuviese que ir a un preolímpico para estar en Río.

La realidad de España era que, de haber sido eliminada, nadie se habría echado las manos a la cabeza porque estaba dentro de lo que todo el mundo esperaba y algunos ansiaban, y porque el camino a la final era una auténtica quimera cargada de dificultad. Cuando el pecado ya se estaba convirtiendo en carne, Pau Gasol, el hombre sobre el que se han cimentado todos los éxitos de nuestra selección, quiso dar un paso al frente con el que ni Francia, Serbia o Grecia contaban. Pau no está acostumbrado a perder, realizó un esfuerzo sobrehumano aun lesionado y comenzó a poner en práctica la teoría del caos.

EPOPEYA A LA FRANCESA

Casi nadie creía en España, casi nadie pensaba en un escenario con España como campeona, pero ni siquiera como finalista. Ahí es donde Pau Gasol supo brillar, donde el catalán encontró la motivación definitiva para levantar a toda una selección que empezó a creer en sí misma sin ningún ápice de duda. Con problemas físicos incluidos, Gasol se merendó a Polonia anotando seis triples, luego fulminaría a Grecia evitando cualquier intento de escabechina, pero su verdadero papelón iba a ser ante Francia. Los Deja Vú de aquel partido en Madrid volvieron a las cabezas de muchos, Francia tenía la mejor selección del campeonato, la mejor selección de su historia, jugaban en casa ante 27.000 franceses; el choque tenía todos los ingredientes para convertirse en la vendetta perfecta, y Gasol lo sabía.

Este encuentro estaba en su mente, en su recuerdo, porque los galos eran los que habían conseguido que se replantease su futuro con la selección; sus palabras tras vencer a Grecia lo dejaban bastante claro:

Su partido ante los galos fue una auténtica oda al baloncesto, un homenaje a toda su carrera, Gasol destrozó el alma de todo un país que no esperaba para nada una derrota ante el que se ha convertido en el eterno rival. Pau rejuveneció sobre la marcha y sobre el parquet, asumió los galones que se le presuponen, fue dejando a un lado el cansancio y los problemas físicos. Su exhibición no dejó indiferente a nadie, y es que, aunque la costumbre le haya quitado ese sabor especial a los partidazos de la estrella de los Bulls, esos 40 puntos y esa manera de remontar un partido que parecía perdido volvieron a demostrarnos la eternidad de su figura.

LA TEORÍA DEL CAOS

Su lenguaje corporal durante el transcurso de ese duelo dejaba claro que Pau quería más, que había venido hasta Lille a por algo más que una medalla, que su hambre por ser campeón, por ser el mejor sigue intacta. Contra todo pronóstico, Gasol instauró una anarquía dentro del Eurobasket que pudo con todo y con todos, rompió los planes establecidos de todos sus rivales y cambió el destino de la selección para volver a conseguir un oro que, seguramente, sea el más satisfactorio de su carrera. Esa anarquía desató el caos, rompió los pequeños mundos y los mapas mentales que todos los expertos habían vaticinado para este torneo.

Pau Gasol impuso una anarquía y se apoyó en el caos para reinar, otra vez, en Europa y en el Mundo

En lo embrionario del baloncesto español, en aquellos tiempos donde el deporte de la canasta seguía unos derroteros distintos a los marcados en la actualidad llevaban a la certeza de que al hombre de la España media siempre le iban a faltar las cualidades suficientes para ser referencia en un mundo hecho “para los altos”. Eso fue lo que todos pensaron antes de aterrizar en este campeonato de Europa, que a España le faltarían mimbres, pero Gasol tiene otra mentalidad. Su fortaleza y su capacidad para asumir responsabilidades le han llevado a lograr otra gesta, una hazaña de dimensiones desmedidas y que, probablemente, nadie podrá olvidar jamás.

Atrás quedan ya las lamentaciones y los errores, los fallos y el resbalón del Mundobasket, España ha vuelto a la cumbre de la que nunca debió bajar. Francia tenía un plan, Serbia tenía un plan, Grecia tenía un plan, pero Pau Gasol lo tiró todo por la borda de forma inesperada. Eso es lo que significa la palabra caos, un desorden inesperado, que en este caso no ha sido otro que una medalla de oro que pocos se atrevieron a vaticinar. Pau Gasol impuso una anarquía y se apoyó en el caos para reinar, otra vez, en Europa y en el Mundo.

¿Saben lo que tiene el caos? Que es justo. 

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Comentarios

Y, perdón, lo olvidaba: Señor Parker, la definición de "ganar con Francia" es justo eso que Vd. nunca conseguirá mientras en el equipo contrario ponga "España" y la lidere un tal Pau Gasol.

Bonito artículo. Hoy estamos a 24 de Septiembre, y todavía se me quieren saltar las lágrimas leyendo cosas como esta y recordando la inmensa gesta de nuestros jugadores, pero sobre todo la del Gran Gasol. Alguien dijo que la leyenda no se construye con la excelencia, sino con lo imposible: Amén.
Y qué bien sabe ver cómo los reptiles (perdón, pollitos) galos se retuercen en su propia bilis y miseria ... porque el toro negro le dió, pero bien, por detrás al gallito azul ...

De verdad, creo que si Pau se llamara Gasulonis o Gasolovic estaría algún puesto más arriba en vuestros rankings.Después de la exhibición en este Europeo lleno de NBAs, de sus medallas, después de haber ganado 2 anillos (en uno de ellos pudo ser nombrado MVP de las finales, aunque evidentemente el título tenía nombre y apellido antes de concederse), haber sido rookie del año, haber alcanzado semejante cifra combinada de puntos, rebotes, asistencias y tapones en la mejor liga del mundo, de demostrar un juego completísimo para medir 2,15, de ser un líder que hace mejor a sus compañeros y no al contrario y un largo etcétera, a mí me cuesta creer que no sea el mejor europeo para nadie de aquí. Yo sí creo que el deporte y el baloncesto, en particular, progresa y los jugadores son mejores ahora que hace 20 años. Una cosa es ser pionero y otra es ser el mejor.

Competir con el recuerdo inmaculado de las viejas leyendas es muy difícil. Para los de mi generación (ya casi cuarentones) Sabonis y Petrovic son los héroes incomparables de los primeros partidos que vimos, y eso contribuye a mitificarlos. Creo que Pau, dentro de unos 20 años los podrá alcanzar o sobrepasar. En este caso es una cuestión de dejar que el tiempo lo ponga en su lugar cubriéndolo con un halo mítico.

Yo creo que, a no ser que se sea un mitómano empedernido, todos los que hemos visto a Sabonis, Gallis o Petrovic delante de nuestros morros sabemos que Nowitzki, Gasol y Parker son mejores. Otra cosa es que SabonisSabonis sin lesiones hubiera sido el mejor pívot de la historia, o a donde hubiera llegado Petrovic, pero la realidad es la que es, y andar con nostalgias esta fuera de lugar; Gasol está a un nivel superior.

Hombre, yo recuerdo que de crio, cuando me aficionė a esto, los mejores del mundo eran unos tales Larry Bird y Magic Johnson, y aquí dominaban unos tales Corbalan, Epi, Martín... Y se hablaba de chavales como Jordán allí o Petrovic aquí, que la iban a liar de mayores. Y TODOS los gurus de las revistas hablaban de que ninguno de ellos llegaría al nivel de mitos que no habíamos visto, como Chamberlain, Maravich, Buscato o Dalipagic. Al final el tiempo pone a cada uno en su sitio, y creo que debería estar claro que el Big Three de los europeos NBA del s. XXI son los tres mejores jugadores europeos de todos los tiempos.

Hombre, si me los comparas con Buscató, Epi, Corbalán, Fernando Martín...está claro. Pero Petrovic metía más de 20 por partido cuando era chungo que confiaran en ti siendo europeo. Y Sabonis aún con las rodillas cascadas daba clínics en los minutos que estaba en pista. Que no digo que estos últimos sean "por narices" los mejores, pero yo no los veo por debajo (A Drazen debajo de Parker desde luego que no). Pau y Nowitzki han sido tremendos, pero su físico (al igual que Sabonis) les ha ayudado. Petrovic se machacaba horas y horas entrenando porque tenía un cuerpo "normalito"

Esperemos que en Rio (y en los Bulls) Pau siga haciendo de las suyas para convertirse en el mejor jugador europeo de la historia. Lo tiene bastante cerca.
Si en numeros no lo es ya, por deportividad y talante desde luego que sí. Otras mega estrellas europeas, Petrovic, Sabonis, estan algo lejos a ese respecto (el primero por sus feas provocaciones al contrario y público, y el segundo por su inestabilidad emocional en pista)

Pero que bonito ha sido este campeonato...como un cuento: ganan los buenos, el príncipe (Pau) se lleva el oro y el mvp, les damos matarile a los malos en su propio castillo (y son además groseros y envidiosos)...aish, cada noche pienso en este final y duermo la mar de bien...

Sí, a veces se me ha metido un mosquito en el vino, y lo he largado y el vino seguía igual de bueno y gratificante. El vino, perdón, el eurobasket, me ha sabido a gloria. La mezquindad de silbar al mejor jugador del torneo cuando le entregan el MVP, la bajeza de abuchear a un jugador lesionado que está en el suelo, la patética entrega del bronce o la rabieta de Collet, el muy hormonado Gobert o el tarado de le Monde, todo ello, es como un mosquito, bastante asqueroso si se le mira de frente, pero en fin, ni nos va a transmitir su enfermizo chauvinismo ni nos va a impedir que disfrutemos de un denso y aromático vino de calidad. Por cierto, qué desagradable es el color que el mosquito deja cuando se le pisa y para cuándo un artículo de la monda que diga que Ferrán Adriá también se dopa.

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