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CAMPEONES, una genial ficción con un personaje inspirado en un vergonzoso fraude real

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Un banquillo de auténticos campeones
Campeones, la película de Javier Fesser que ha encandilado al público español en las últimas semanas, cuenta la historia de Marco Montes (interpretado por Javier Gutiérrez), un entrenador de baloncesto de cierto prestigio en la Liga ACB, que pasa por un mal momento personal y profesional. Despedido del equipo en el que se desempeñaba como técnico ayudante, el Estudiantes, tras agredir al entrenador jefe en pleno partido, y detenido tras embestir a un vehículo policial mientras conducía ebrio, la jueza condena a Montes a entrenar durante varios meses a un equipo de baloncesto formado por personas con discapacidad intelectual.

El objetivo del entrenador Montes es hacer de sus jugadores un equipo competitivo que disfrute del baloncesto. Para ello, tendrá que superar sus prejuicios sobre las personas que tienen estas discapacidades, además de enseñar conceptos básicos de este deporte como el bote, el pase y el tiro, habilidades que sus jugadores no poseen. Todos menos uno, Román, notablemente más talentoso que sus compañeros, que sin embargo abandona durante un tiempo el equipo, receloso de un entrenador que parece buscar la victoria a cualquier precio.

 

Román, un campeón sin medalla

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La selección paralímpica. En rojo, Ramón Torres (El País/EFE)
Aquí es donde llegamos a nuestro punto de interés. Y es que Román, que fue jugador profesional antes de perder parte de sus facultades mentales a raíz de un accidente que le dejó en coma, no desea repetir la experiencia que vivió varios años antes, cuando participó con la selección española en los Juegos de Sídney del año 2000. El equipo español ganó la medalla de oro en el torneo de baloncesto para discapacitados mentales, pero rápidamente se destapó el fraude. De los 12 miembros del equipo, solo Román y otro compañero más tenían deficiencias mentales. Ninguno de los 10 jugadores restantes poseía discapacidad alguna. Al igual que sus compañeros, Román se vio obligado a devolver su medalla de oro, por culpa de la avaricia de unos dirigentes que buscaban más subvenciones con una victoria en el torneo paralímpico. Costara lo que costara, sin escatimar incluso en trampas tan vergonzosas como hacer pasar por discapacitados a personas sin deficiencias.

El nombre de Román es ficticio, pero no así el de Ramón Torres, el jugador en el que está inspirado el personaje, y uno de los dos únicos miembros (el otro era Juan Pareja) con discapacidad real de aquella selección española. Una selección que protagonizó ese indecente episodio que ocurrió en los Juegos Paralímpicos de Sídney 2000, que tristemente no fue ficticio. Un engaño masivo, que no sólo afectó al baloncesto, sino también a la natación, al atletismo y el tenis de mesa, que fue desvelado por Carlos Ribagorda, un periodista que trabajaba para la revista Capital, y que decidió infiltrarse en el equipo de baloncesto como un jugador más.

 

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Los jugadores que fingieron discapacidad (MARCA)


Ribagorda, el hombre que destapó la trama

 Como contaba en 2013 La Información, Ribagorda, que no sufría ninguna discapacidad, había jugado a baloncesto a nivel amateur, y fue observado por directivos de la Federación Española de Deportes para Discapacitados Intelectuales (FEDDI), que le pidieron integrarse en el equipo fingiendo alguna deficiencia mental. El periodista, decidió formar parte del grupo, y tras disputar algunas competiciones en las que fue recopilando información sobre la trama, acabó por destapar, tras los Juegos de Sídney, un fraude que tenía un móvil económico: conseguir más subvenciones. Al menos eso fue lo que adujo el presidente de la FEDDI, Fernando Martín Vicente, considerado el gran responsable de la trama.

Las declaraciones de Ribagorda, recogidas en el diario Mundo Deportivo el 24 de noviembre de 2000, cuando el escándalo salió a la luz, lo dicen todo sobre la magnitud del engaño: "A los jugadores del equipo de basket, 10 de cuyos 12 miembros éramos 'normales', nos pidieron incluso que bajáramos el ritmo para no despertar sospechas”. En el caso del tenis de mesa, incluso convencieron a un jugador con un defecto físico en una pierna para que disputase el torneo para discapacitados mentales. Una auténtica tropelía que, volviendo al baloncesto, ya venía organizándose varios años: 4 jugadores sin discapacidades formaron parte del Mundial de Brasil 1998, cifra que aumentó a 9 en el Eurobasket de 1999, celebrado en Polonia, en el que ya formó parte Ribagorda.

Centrándonos en el Torneo paralímpico de Sídney, España fue ganando sus partidos sin demasiados problemas, y sin despertar sospechas. Derrotaron en la primera fase a Portugal (73-58), Brasil (94-48) y Japón (87-20), para enfrentarse después en las semifinales a Polonia (victoria por 97-67). La última víctima, ya en la final, fue Rusia (87-63), en un partido en el que Ribagorda recuerda el buen nivel de los jugadores rusos, incluso hasta el punto de resultar sospechoso: "Esos sí que nos hicieron sudar, nos jugaron de tú a tú, costó bastante ganarles. Tenían a tres que eran muy buenos... Vamos, que eran mejores que nosotros. Esos yo creo que tampoco eran discapacitados", fueron sus palabras en El Mundo varios años después.
 

Primeras sospechas

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El ex presidente de la FEDDI, Martín Vicente (EFE)
Las primeras suspicacias se levantaron tras la publicación en diferentes medios de imágenes de los jugadores celebrando la medalla de oro. Algunos de ellos comenzaron a ser reconocidos por sus compañeros de trabajo o de estudios, e incluso por jugadores que habían competido contra ellos en torneos municipales de baloncesto, sin presentar ningún síntoma de minusvalía  intelectual. Ribagorda contó cómo los miembros del equipo paralímpico recibieron instrucciones de no afeitarse y llevar gorra y gafas de sol en el vuelo de vuelta a España para no ser descubiertos. Acusaciones que desde un principio rechazó el presidente de la Federación, Martín Vicente, mostrando como prueba los certificados médicos de los jugadores.
 

El presidente dimite

Pero el fraude ya estaba destapado. El 1 de diciembre de 2000, y tras la investigación que abrió el Comité Paralímpico Español, Mundo Deportivo publicaba la dimisión de todos sus cargos de Martín Vicente, que no solo presidía la FEDDI, sino que también era vicepresidente del propio Comité Paralímpico. El mandatario asumió la responsabilidad de haber compuesto un equipo con jugadores que no cumplían los requisitos de discapacidad (entre otros, poseer un CI inferior a 70), aunque se excusó, según sus palabras, en la dificultad de valorar la deficiencia psíquica de una persona y detectar las posibles trampas que se pudieran cometer. Unas excusas que Carlos Ribagorda también desmintió en unas declaraciones publicadas en el diario Qué, en las que negaba haberse sometido a ningún test de minusvalía cuando entró en el equipo. Sólo un rutinario reconocimiento médico y unas flexiones para demostrar su buen estado físico. La impunidad con la que elaboraban los informes médicos falsos también fue denunciada por el periodista.

Por supuesto, como publicó en 2013 MARCA, todos los jugadores fueron despojados por el Comité Paralímpico Español de sus medallas doradas, incluyendo a Ramón Torres, el jugador que sirve de base al personaje de Román en Campeones, y miembro del Club Aderes de Burjassot (Valencia), campeón de España en 2009, en el que se inspira el equipo de baloncesto de la película. Por cierto, como curiosidad, el baloncesto para personas con minusvalía psíquica no volvió a aparecer en unos Juegos Paralímpicos, siendo ya retirados del programa de Atenas 2004.

 

13 años después, el JUICIO

Hubo que esperar 13 años para depurar las responsabilidades penales, que finalmente solo recayeron en Martín Vicente, único condenado en el juicio celebrado en 2013. Como informó 20 Minutos en aquel momento, el castigo se redujo a una multa de 5.400 euros, y la devolución de las subvenciones que le correspondieron tras la medalla de oro, que ascendieron a más de 140.000 euros. El resto de imputados, 17 personas en total, fueron absueltos. Entre ellos figuraban 7 miembros de la FEDDI en aquella época: el vicepresidente (Jesús M. M.), el entrenador jefe (Eduardo Manuel G. M.), el delegado (José Manuel J. G.), el director médico de la Federación (Francisco M. S.), la psicóloga (Laura del P. G.), la pedagoga (María de los Ángeles V. M.) y el médico (Francisco José O. C.). Los absueltos restantes eran los jugadores que se hicieron pasar por discapacitados, que respondían a los nombres de Adolfo Poveda, Ángel Prieto, Benito Martínez, Carlos Adán, Daniel Pons, Enrique Castro, Fernando Arias, Juan Luis Rodríguez, Jordi Pons y el propio periodsta que desveló el fraude, Carlos Ribagorda.

Uno de los capítulos más vergonzosos en la historia de nuestro baloncesto y nuestro deporte en general, una afrenta a los valores deportivos, y más tratándose de un colectivo tan desfavorecido como es el de las personas con discapacidad intelectual. Lo positivo es que casi 20 años después, los controles son mucho más exhaustivos, los reglamentos de las competiciones mucho más estrictos y, por qué no decirlo, la sensibilidad social hacia este colectivo ha aumentado bastante, lo que explica en buena parte el éxito de Campeones. Que sirva para que una desvergüenza como la que aconteció en Sídney nunca más vuelva a ocurrir.

 

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