Solapas principales

El ASVEL desalma al Barça (69-76)

  • Norris Cole fue el verso libre que decantó la balanza
  • Solo Mirotic y Davies dieron la cara

Partido trampa

Aunque a veces suene a tópico, es verdad que no existen partidos fáciles. Los hay mejores, por una correcta ejecución del plan, o peores, pero jamás fáciles. Sino que le pregunten al Barça contra Unicaja. Para muestra un botón. Ese era uno de los retos de Saras, atormentado por las desconexiones que en algún momento habían hecho dudar a su equipo. Por ello el Asvel era un rival peligroso. Ochos días sin competir, para un equipo acostumbrado a jugar cada dos o tres, podían ser la solución al cansancio acumulado tras la Copa o un martirio ,debido a un estancamiento y una relajación indeseada. El aliciente del fichaje de Heurtel por el conjunto galo no era completo, puesto que el ex Barça no puede disputar la Euroliga, aunque sin duda sirvió de gasolina para los blaugranas.

falta de rebeldía

Uno de los riesgos que corre este Barça es el de convertirse en un equipo totalmente dependiente de las directrices de Saras. Si bien fue la pizarra del lituano la que vertebró este ‘nuevo’ equipo, en ocasiones se extraña un instinto de rebeldía por parte de sus jugadores. Quizás relacionado a ese ‘ser cabrones’ que tanto pide el entrenador. No es una crítica a la labor de Jasikevicius, sino un matiz que él mismo debe contemplar. Ante partidos tan trabados en los que el rival invita al roce, es necesario un ápice de rebelión. Algo así como una ‘gambeta’ en el fútbol. Porque el conjunto de Barcelona se vio sofocado, estéril, impotente. Todo representado en Mirotic rompiéndose la camiseta en la cancha mientras el árbitro hacía la señal de la ‘T’ a la mesa de control. Ese roce del que gozaron los franceses fue el que llevó al Barça a cometer errores infantiles. Falta de comunicación, mala ubicación en la pista, fallos en el posicionamiento de los bloqueadores. Conseguir ventajas era una travesía, trasladarlas hasta conseguir un tiro liberado, una utopía.

asvel desde la sombra

En aquello de las etiquetas reside una gran parte de la preparación de los partidos. Los protagonistas jamás lo admitirán, y lo bien que hacen, pero siempre se sabe quién es favorito y quién tiene todas las papeletas para salir derrotado. Es por ello que el ASVEL se presentó sin ningún tipo de presión. Nada que perder, todo por ganar. Porque en el subconsciente siempre retumba la idea del pequeño que tumba al gigante, la del equipo ‘inferior’ que da el batacazo inesperado. Pero es que el conjunto francés, más allá de aquellas etiquetas, es un equipo muy trabajado y, sobre todo, muy obediente en la faceta defensiva. Jugadores como Lighty, William Howard o Yabusele se amoldaron a lo que el partido necesitaba: sacrificio. Entendió el conjunto francés que sus opciones de victoria no pasaban por el talento ofensivo, sino por el carácter en la defensa de su aro. Cambios en los bloqueos y basculaciones pronunciadas para disminuir ventajas, aunque las piernas les permitieran puntear casi cualquier tiro. Hicieron la cancha grande, pero el aro pequeño para sus rivales.

LA IMPOTENCIA DE MIROTIC

 

 

gran plan, mejor ejecución

Los cimientos construidos en la primera parte por el ASVEL, basados en una defensa asfixiante en la que el físico jugó un rol fundamental, sirvieron a los franceses para encarrilar el encuentro a su conveniencia. Cada movimiento denotaba un excelente plan de partido por parte de T.J. Parker y una ejecución de alto bagaje. Anuló el equipo francés la vías de creación blaugranas, obligando a Davies y Mirotic a erigirse como aspirantes a lo imposible. El Barça chocó contra sus problemas y vio evidenciadas su debilidades, todo marcado por el conjunto galo. Su proyecto se consolida, ya son seis victorias consecutivas en Euroliga, y lo hace de la mano de jugadores de rol y sin cartel que acatan sin cesar las órdenes del hermano menor de Tony Parker. Sin alardes ofensivos, pero aprovechando sus oportunidades y, sobre todo, conociendo sus limitaciones. La figura de Fall minimizó a Pustovyi y se encarnó en una lucha férrea con Brandon Davies, que sin resistencia posible solo respondió en el otro lado de la pista. El juego de las etiquetas, y los favoritos, acabó por explotar en la cara del aspirante en el momento en que el ASVEL evidenció que ser un ‘underdog’ no le sienta mal.

la esencia de norris cole

Dentro de detallada hoja de ruta marcada por el staff técnico del conjunto francés había un único aspecto que no estaba especificado. No porque no lo tuvieran en cuenta, sino porque su esencia reside en el factor sorpresa. Se trata de Norris Cole., aquel jugador que pasó de defender a Tony Parker en aquellas finales entre Miami Heat y San Antonio Spurs, a jugar para él. Él fue la dinamita del partido, el factor ‘X’ que no podía ser previsto, porque ni siquiera lo es para los suyos. En sus manos reposó el balón cuando más complicado se le ponía el partido al conjunto galo, y de su talento individual salieron algunas de las canastas que sentenciaron el encuentro. Él sí contó con esa dosis de rebeldía que permite romper sistemas cuando estos no repercuten de forma positiva, pero también supo aguardar su momento y dejar brillar a los demás cuando así lo demandaba la coyuntura.

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