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El Barça conquista Kaunas en el regreso de Saras (62-73)

como en casa en ningún sitio

No existe lugar en el que se esté más cómodo que en casa. Ninguno. Allá la gente es ella al 100%, y así fue Saras en Kaunas. Zalgiris fue su amor más fuerte. El más intenso. El más genuino. Fue en Kaunas, su ciudad natal, donde terminó todo. También donde volvió empezar. Allá colgó las botas en el 2013, pero también fue en el Zalgirio Arena donde se despertó su faceta de entrenador. Su amor por Kaunas fue recíproco, solo basta con ver el cariño que le brindaron los aficionados en sus cuatro años como entrenador. Los lituanos viven y se desviven por el baloncesto. Por la naranja botando. Por el chirrido de las zapatillas. Por el ‘chof’ de las redes. A su casa justamente llegaba Saras con la necesidad de ganar para revertir las dos derrotas consecutivas ante Asvel y Valencia. El Zalgiris, más allá de la liga doméstica, encadenaba cuatro derrotas al hilo. A pesar un inicio muy bueno, poco a poco el equipo se fue desinflando. La cultura baloncestística es indudable, el vacío que dejó Saras también.

un plus físico

El Barça sabe que su fuerte es la defensa, y que fue ésta la que le provocó las últimas derrotas. Su base está ahí. Desde la llegada de Saras planteó un sistema defensivo que requiere una alta concentración de todos los jugadores y que es tan efectiva cuando se ejecuta bien como riesgosa cuando hay despistes. Por ello se plantó en el Zalgirio Arena con la idea de subir el tono físico desde el primer minuto y hacer del roce su mejor amigo. Le funcionó a ratos, lo suficiente para que a los lituanos les costara casi cinco minutos anotar su primera canasta, pero las desatenciones lo privaron de poder generar una renta cómoda. El Pick and Roll fue su arma central en los primeros compases, gracias a la gran lectura de Mirotic, Davies y Oriola. Los interiores castigaron lo suficiente como para obligar al Zalgiris a sobrepoblar la zona, medida acertada ante la inoperancia desde el triple de los culés. Por ello apareció Kuric para emparejar la balanza. Su estado de forma es sensacional. Su puntería, abrumadora.

la escuela lituana

Zalgiris es una montaña rusa. De cinco victorias en los primeros seis partidos, a cinco derrotas en los siguientes encuentros. A pesar de ello, la fábrica de talento lituana sigue su curso habitual. Una de sus últimas joyas es Rokas Jokubaitis, un pibe de veinte años que se achanta ante nada ni nadie. Su talento, exponencial, se queda chico en comparación a su clase para jugar. Es uno de esos bases que desprende elasticidad y dominio del cuerpo a la vez. Que combina calidad y elegancia en pos de un resultado óptimo. Con sus veinte añitos recién cumplidos se animó ante defensores del calibre de Hanga para demostrar que el talento no tiene edad. Junto a él, Lauvergne fue de los mejores de la primera parte. A pesar de las dudas que genera desde hace tiempo su capacidad de dominio en Europa, y aunque seguimos esperando ver la mejor versión de un jugador que generó expectativas de gran envergadura, el francés volvió a evidenciar las carencias en el puesto de pívot del conjunto culé.

LA MUÑECA DE KYLE

 

 

la decisión de calathes

Las desatenciones, las mismas que condicionan la defensa culé, fueron las que complicaron el partido. Más por errores propios que por méritos de los lituanos. Los famosos errores no forzados. Los fallos en el pase, en situaciones simples en las que se buscaba trasladar la ventaja obtenida hasta encontrar el tiro liberado, tiraron por la borda la mejora defensiva en la segunda parte. Mirotic desapareció del partido, permitiendo que Davies se creciera. Él se adueñó de la zona.. Para descongestionar apareció Abrines. Tan intrascendente en los primeros compases como determinante en los últimos. Él siempre tiene una última bala. Del último período se encargó el base griego. Calathes relegó sus errores a un segundo plano con una exhibición más de dirección de juego. Su visión rompe defensas, sus pases las esquivan.

Davies desde la sombra

La versión más imperante de Brandon Davies fue la que permitió al Barcelona conseguir la victoria que lo mantiene líder de la Euroliga. Justamente en la que fue su casa durante dos años. Donde consiguió ser el mejor pívot de la Euroliga. Ante Zalgiris logró bajar el ritmo del encuentro a uno en el que él se sintiera más cómodo. Sin las revoluciones a ritmo frenético, su juego volvió a ser el de aquel pívot que brillaba ya hace un tiempo a las órdenes de Saras. Y justamente lo hizo el día en que Mirotic se nubló. La compatibilidad de Davies con el montenegrino disminuye notoriamente cuando Niko no está acertado desde el triple, porque ambos colapsan la zona. Davies salió victorioso de la decisión de Saras de sentar al ‘33’, porque obtuvo la libertad necesaria para ser él. Para continuar de forma tajante hacia el aro después de un pick and roll y para trabajar sus acciones en el poste bajo sin necesidad de estar alerta ante un posible dos contra uno. Eso no significa que no puedan jugar juntos, ni mucho menos, pero sirve de aviso para que se busque un equilibrio en el que ambos puedan explotar sus cualidades sin pisar las del otro.

ESTADÍSTICAS

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Estadísticas Zalgiris. Vía: Euroleague.

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Estadísticas Barça. Via: Euroleague

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