Solapas principales

El Barça se asegura la primera posición de la fase regular de la Euroliga (73-82)

  • Kuric dinamitó el encuentro en el amanecer y Davies puso la música final
  • Guduric volvió a ejercer de hombre orquesta en el Fenerbahce

volver a ser primero

Sabía el Barça que era mucho más que un partido lo que debía jugar en Estambúl, porque lo que realmente estaba en juego era el liderato de la Euroliga. Son tantas las penumbrias que había tenido que recorrer el conjunto que ahora dirige Sarunas Jasikevicius que muchas han quedado en el olvido. Este año no había objetivo mayor que ese, que volver a mirar a todos sus rivales desde lo más alto de la clasificación el día en que se cerrase la fase regular de la competición más feroz del baloncesto europeo. Eso sí, no era un rival cualquiera el que tenía adelante, sino uno que encontró la vida cuando otros ya lo habían dado por muerto. Un rival que vio como su prócer se marchó sin las luces que merecía pero que encontró un gestor a la altura de la situación para intentar mantener una dinámica ganadora y representar a una afición insaciable.

la muñeca de kuric

Nombrar a Kuric junto a la palabra sorpresa a esta altura de la temporada sería quizás faltarle el respeto al status que se ha ganado el norteamericano desde el primer día en que llegó a Can Barça, aunque no por ello dejen de asombrar los picos de rendimiento que es capaz de conseguir. La mejor forma de valorarlo quizás sea evidenciar que es el único que ha conseguido poner en duda el cartel de 'Mejor tirador de Europa', monopolizado durante los últimos años por Jaycee Carroll. De la muñeca de Kuric salieron los puntos que su equipo pedía a gritos en la corniza del primer cuarto. Triples casi consecutivos que revalidaron su cartel de killer. Su rol vive en el vaivén, a veces protagonista, otras un simple testigo. Pero si algo ha conseguido Saras es que la mera presencia del '24' obligue al entrenador rival a repensar su defensa, y esa, de por sí, es una gran victoria.

guduric disfrazado de bombero

No ha pasado tanto desde aquel 18 de diciembre en el que se hizo oficial el retorno a Europa de Marko Guduric de la mano del Fenerbahce, su ex equipo. Volver a las filas del conjunto turco significaba volver a sentirse en casa; fundamental para él después de su desangelado paso por las filas de los Memphis Grizzlies de la NBA. A pesar de que apenas lleve cuatro meses en Europa, cuestra creer que el Fenerbahce haya podido jugar algún partido a baloncesto esta temporada sin él en la pista. Guduric es la base de este equipo, el pilar sobre el que gira todo y, por encima del resto, el jugador que le da sentido a un equipo lleno de estrellas pero tantas veces carente de sacrificio. Sus números, excelente, no siempre consiguen reflejar su injerencia en el desarrollo de los partidos. Quizás por eso no triunfó en la NBA, porque para él el equipo va siempre por delante de los números. Guduric es el mejor empleado, pero no por ello debe ser el mejor empresario.

LA PIZARRA DE SARAS

 

 

hanga y higgins, los antónimos perfectos

Más allá de las mil virtudes que se le podrían destacar a Adam Hanga, siempre sobresale su entrega, su pasión, su garra. Él vive de esto, pero también mata por ello. Vive de robos, de defensas insacibales y de esfuerzos inmaculados. Todo lo contrario le sucede a Higgins, que no es que no se esfuerce, ni mucho menos, pero que lo hace todo con la elegancia de quien está acostumbrado a rebozar clase. A ojos de quien lo ve, lo que hace Cory no es difícil; a ojos de lo que lo defiende es de un nivel de dificultad altísimo. Ellos son los antónimos perfectos, pero también la extrapolación de tantos otros. Porque Westermann se ve reflejado en Hanga, y Abrines en Higgins. Aún les quedan años de baloncesto en sus manos, pero tanto el húngaro como el estadounidense están dejando una huella en el equipo de la dimensión de aquellas que luego sirven para hacer referencias: 'Este defiende como Hanga', 'a aquel se le caen los puntos como a Higgins'. Grandes referentes para generaciones venideras.

el fichaje es davies

¿Cuántas veces se ha visto en las portadas de los periódicos la frase 'el fichaje es ...', completada con el nombre de algún jugador que ya pertenecía al equipo? Muchísimas. La mayoría con intenciones ocultas, pero no todas. Esta vez es una de aquellas en que no hay más intención que la de remarcar la enorme labor de un jugador atizado cuando erraba y poco reconocido cuando acertaba. Su primer mes en el Barça, cuando ganó el MVP de septiembre en 2019, marcó una vara irreal. Una vara con la que se lo midió de allí en adelante de forma injusta. Por ello él disfruta ahora de volver a ser partícipe, de entrenar con un veterano de la guerra como Pau Gasol, quien parece haberle trasladado todos sus conocimientos sobre el baile en el poste bajo. Su esencia, la de un jugador ambicioso e inconformista, se fusiona con la de un jugador elegante y soberbio. Ahora sí, el diablo viste de Prada.

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