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Iberostar Tenerife jugará la final de la FIBA Intercontinental Cup (110-89)

Apelando a la historia. Ni más ni menos. Ni todo lo contrario. De esta simbólica manera alentaba durante toda la semana Iberostar Tenerife a sus masas. Envite máximo para levantar un nuevo trofeo. Otra vez en casa y con buenas cartas. Que sí, que sí, un torneo raro, la FIBA Intercontinental Cup, sin grandes trasatlánticos, pero torneo al fin y al cabo. Con copa que levantar y vitrina que adornar. Que se lo digan a Teodosic, al Che García, a Djordjevic , a Marcelinho Huertas, acostumbrados todos ellos a esos farolitos. Ahí es nada para un club que desde hace años no para de crecer, de evolucionar.
 
Una pausa en la competencia doméstica para continuar esa idilio tinerfeño ya casi que de puro amor con la FIBA, encantada ella de organizar competiciones aquí por el subtrópico. Una copa intercontinental, con el CB Canarias de invitado especial. Y que no quiere, para nada, desaprovechar. Después de este viernes de semifinal, un peldañito le queda nada más para seguir trepando.

En frente, el equipo vinculado en la G-League de los Houston Rockets, los Vipers de Rio Grande que se presenta con apenas diez fichas en una experiencia completamente nueva para muchos de sus jóvenes jugadores. Y de entrada, impresionaban, con sus cambios de ritmo, con su músculo, con su vertiginosa electricidad. Como la de Isaiah Taylor o la de Jamel Martin para revertir los triples tempranos de Sasu Salin.

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Sasu Salin y sus triples tempranos (Foto: Carlos González)

El marcador en los primeros cinco minutos era de 12-15 visitante. Puro estilo NBA. No le gustaba el derroche de puntos a Vidorreta que lo mandaba a parar con 12-20 de puro color rojo. Las rotaciones canaristas paraban la primera sangría. Fran Guerra, con Bogris hoy en los asientos desde los que no se juega, aprovechaba la falta de centímetros en los Vipers para revertir la cosa tras de la primera pausa: 26-24. Esto prometía.


Jugando como sus mayores, no desperdiciaban nada los vinculados para armar sus posesiones en transiciones relámpago de apenas segundos. Todo ello, cuando no perdían la bola, claro. Así, sin respiros, con muy poco juego FIBA, el marcador era de 38-36 en sólo 14 minutos. Para crecer también habrá que pasar por aquí, digo yo. Se acoplaba a aquel bombardeo el técnico local, con White al cinco y Yusta al cuatro, mientras Taylor seguía demostrando su vertiginoso crossover, sin apenas pasar el balón por la zona, sin siquiera optar al rebote ofensivo, uno contra uno, puro, duro. Cosas de Mike D´Antoni que serán. Que se lo digan a Capela. Los puntos de Lundberg y Yusta sobrevivían al caos ya completamente instaurado en La Hamburguesa. Así  y todo, se llegaba al descanso en 51-48 del amarillo y el negro más medioambiental.

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El triple, el arma preferida de los Vipers (Foto: Carlos González)

De vuelta de las cabinas, se mantenía el mismo sendero marcado. También para Shermadini, hastiado de tanto músculo, de tanto salto. No es este baloncesto para jugadores altos. Jarrel Martin ponía nuevamente a su equipo por delante desde la línea del solitario. No había finta a la que no saltaran los jugadores del mister Abdelfattah. Lo aprovechaban los veteranos de Iberostar para revertir el sonido de pito del trío arbitral. Además, Fran Guerra se comía el aro para volver a la ventaja local (62-60). Al menos había ahora algo de pausa para el apuntador. Haciéndole un atajo al aprendizaje, se metía en zona Iberostar, para hacer practicar el fundamento del pase al equipo visitante. Todo ello le daba para seguir por delante antes de la última pausa: 70-68.

Ya en el cuarto final, eran los del Valle los que se refugiaban en una defensa zonal, lo que les daba para volver a asomar por delante en el acta. Por suerte, esto sigue siendo un deporte de equipo en el que juegan cinco contra cinco y la circulación de balón daba seis puntos de renta a los organizadores del festival: 78-72 min. 33. Santi Yusta, en modo Liga de Verano, se iba a los veinte puntos para dar nuevamente colchón a los suyos. Brown ponía algo de réplica, pero el alero de Torrejón estaba desatado ya. Un triple suyo ponía máxima ventaja a 2:19 del final y más de medio pase en el camino. Lo cerraba Lundberg, al que mucha falta le hacía un partido como el de hoy para subir ese peldaño de más. Como el de su equipo, que ya está en la final de la FIBA Intercontinental Cup. Para no parar de crecer, de evolucionar.


Yusta desatado: 31 puntos para 42 créditos de valoración. Ahí es nada para el de Torrejón. Una ofrenda al baloncesto de ataque ante las benevolencias venidas desde el Río Grande. Sobre todo en una segunda parte para enmarcar, en la que hizo puntos de todos los colores y sabores. Delante de tanto aspirante a jugar en la NBA, Santi demostró que, como su equipo, es otro que no para de andar. Uno que con sus apenas 22 años, todo lo tiene para triunfar, para disfrutar en Tenerife, para volver a aquel equipo del que salió, ¿para la Selección? Lo disfrutan ahora por el subtrópico, sobre todo en los días en los que sale su mejor versión, la de un Santi Yusta desatado.

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Santi Yusta, simplemente espectacular (Foto: Carlos González)


Una ristra de jugones: como vigente campeón de la G-League se esperaba espectáculo de los Vipers de Río Grande y no defraudaron. Como sus mayores a los que están vinculados, poco practicaron el fundamento del pase, eso sí. Pero era una delicia ver esos cambios de ritmo enigmáticos, esos saltos infinitos, esos 1x1 de puro jugón que levantaban las exclamaciones de la grada. Lástima para ellos que esto siga siendo un deporte de equipo. Igual poco les importa eso. Algo menos les gustó la manera en la que finalmente perdieron. Otras formas de ver este magnífico deporte para una espectacular y eléctrica ristra de jugones.

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Toda una ristra de jugones en el roster de los Vipers (Foto: Carlos González)


Un último cuarto para enmarcar: no lo terminaba de solucionar, por mucho que llevara casi siempre la iniciativa en el acta. Se enfadaba Vidorreta, algo bastante normal, pero todo tenía pinta de caer por maduro, en cuanto el equipo entendiera y supiera jugar al equipo que enfrentaba. Pero la marejada del último cuarto ni la imaginaban. 40 puntos para baitr records y llegar a la final. Para desarbolar a los Vipers y hacer a su equipo volar. Un último cuarto de pura borrachera, de espectacular parcial, con el que poder jugar una fnal más. Diez minutos finales, simplemente para enmarcar.
 

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