Solapas principales

La tormenta perfecta

aldo_allievi.jpg

Aldo Allievi.
El verano es el periodo durante el que la mayoría de la gente se reserva unos días para disfrutar de sus vacaciones y tratar de conseguir desconectar de sus obligaciones laborales. Siempre hay excepciones, claro, como sucede en los clubes deportivos. Mientras las plantillas y cuerpos técnicos descansan y cargan pilas para la siguiente temporada, en las plantas nobles suele ser época de planificación de movimientos y ejecución de operaciones. Lo que voy a tratar de contar a continuación sucedió en Italia en el verano de 1989. El baloncesto italiano seguía siendo el que más dinero movía en el entorno europeo pero empezaba notar ya las primeras señales de la crisis que estaba por venir. Los efectos no eran los mismos en todas partes. Había quien sobrevivía con ingenio y una buena cantera. En otros casos la falta de tesorería terminaba con el club en la A2. Distinto era el caso de aquellos clubes con fuerte mecenazgo para los que las vacas flacas quedaban aún lejanas o en menor medida un nuevo patrocinador volvía a colocar en el mapa a algún equipo que no hace tanto tiempo llegó a dominar Europa. Estas cuatro realidades bien diferentes chocaron frontalmente ese verano como consecuencia de un fichaje mal asumido por la afición de un club, a tal punto que provocó una secuencia de movimientos digna de una película de Berlanga o de los hermanos Marx. Operaciones hechas que se tuvieron que deshacer de mala manera en algún caso, o mejor dicho, modificar para poder arreglar el tremendo embrollo organizado por un presidente que no supo tener en cuenta los fuertes sentimientos de su propia afición. Cuatro equipos y seis jugadores envueltos, la mayoría sin comerlo ni beberlo, en un traspaso múltiple de esos que no se ven ni en la NBA. Esta es la historia.

 

EL CONTEXTO

VENECIA

Lejos quedaba ya aquella escuadra veneciana que se presentó en el Palau Blaugrana de la mano de Drazen Dalipagic y el NBA Spencer Haywood a discutirle sin éxito la Copa Korac de 1981 al Joventut de Badalona. Casi una década después acababa por dar con sus huesos en la A2 y de no ser por la electrónica Hitachi, que pese al descenso mantendría su patrocinio una temporada más, el club probablemente hubiese acabado por desaparecer. Se decidió apostar fuerte por la continuidad del “granadino” Jeff Lamp en la plantilla ya que era una garantía en la anotación exterior. La apuesta no resultaba económicamente barata por lo que su vestuario estaba en el punto de mira de equipos italianos más pudientes y, si bien es cierto que no tenía grandísimos nacionales, también lo es que varios de ellos estaban considerados como futuribles de cara, incluso, a la propia selección italiana. 

Muchas fueron las llamadas recibidas en la gerencia del club, seguidas de un ofrecimiento económico concreto que, en la mayoría de los casos, no dejaba de llevar implícito el conocimiento de la realidad económica del club adriático y su consiguiente urgencia de tesorería traducida en ofertas ridículamente bajas. De entre todas las recibidas hubo una que gustó desde un primer momento por la generosidad económica y por el inusual “formato paquete”. Después de unas cortas negociaciones era aceptada por Venecia. A las pocas horas el base Loris Barbiero, el alero Andrea “Rambo” Gianolla y el alero alto Tulio de Piccoli eran citados en las oficinas del club. 

-Chicos, os marcháis a Roma.


 

ROMA

Todavía sin haber recuperado el aliento por el esfuerzo realizado en un dramático play out contra Verona, que le permitió salvar la categoría en el último partido posible de la serie, un importante grupo empresarial italiano compraba el club, el Grupo Ferruzzi, y realizaba una inyección económica de esas que se ven muy de vez en cuando, volviendo a situar al club romano en disposición de poder aspirar a todo. Al frente colocaron a Carlo Sama, todo un personaje que años después acabaría entrando para dentro y a quien al salir, en un ejemplo de puerta giratoria tan solo posible en el sur de Europa, le aguardaba el cargo de Cónsul Honorario de Paraguay. Su estancia en la cárcel se debió a una condena judicial por su papel en el escándalo de la petrolera Enimont, a la sazón patrocinadora del club de Livorno, si es que todo quedaba en famiglia... El tal Sama trajo bajo el brazo al periódico Il Mesaggero como sponsor principal en sustitución de la electrónica Phonola, que marchó en dirección a Caserta con toda la ilusión del mundo para acabar patrocinando las gafas de Marcus Kennedy.

De contar con el dominicano José Vargas, David Thirdkill o Mike Bantom como últimos extranjeros del club, el dinero permitía traer a un joven base con un año de experiencia NBA como Brian Shaw o a Danny Ferry, uno de los grandes novatos del reciente Draft NBA que, una vez elegido por los Clippers, no le quedó más remedio que echar a correr huyendo del frenopático angelino no parando hasta llegar a Roma. Los Sbarra, Polesello y compañía ya habían abandonado el club pero tenían gente como el alero Tiziano Lorenzon o un clásico del club, Enrico Gilardi. Entre otros movimientos incorporaron al fajador Fausto Bargna, con amplia experiencia en Milán y Cantú, y los tres jugadores de Venecia mencionados en el bloque anterior. 

El equipo tenía muy buena pinta y lo que se iba viendo en los entrenamientos invitaba si bien no a un optimismo cortoplacista, sí quedaba claro que había proyecto a medio plazo. Para acelerar el proceso hacía falta otra pieza. Ya no sabían a qué puerta llamar, daban la plantilla por cerrada hasta que...

-Señor, tiene una llamada de Cantú.

-Y qué narices quieren

-Nada, Señor. Ofrecernos a Roberto Premier

 

MILAN

33191_0.jpg

Dino Meneghin hizo grande al Tracer Milano (Foto: Archivio Olimpia Milano).
Dino Meneghin hizo grande al Tracer Milano (Foto: Archivio Olimpia Milano).
¿Cantú ofreciendo a Roberto Premier? Pero si Premier es jugador de Milán. O ya no. Vamos a Milán a investigar un poco lo que ha pasado. Todavía caliente el último título liguero conseguido de aquella manera frente a Livorno el consiguiente regreso a la Copa de Europa obligaba a mejorar la plantilla. El año anterior empezaron con un alero, Bill Martin, conocido por ser el fiel escudero de Pat Ewing en sus andanzas en Georgetown que no dio el rendimiento esperado y fue sustituido por el menor de los King, Albert, no tan mediático como su hermano Bernard pero con suficiente caudal anotador para triunfar en la élite europea. Con los clásicos D'Antoni, Meneghin, Pittis o McAdoo continuando esta temporada, sí que se produjeron otros cambios empezando por el banquillo, donde el eterno segundo de Peterson, Franco Casalini, tomaba las riendas como primero en una temporada que en ese momento no se sabía que iba a ser de transición, pues al finalizar sería Mike D'Antoni quien sería nombrado para dirigir el equipo la siguiente, en la que sería su primera experiencia en un banquillo, prolongada hasta nuestros días en NBA. Otro interrogante surgió. Cómo acompañar a Bob McAdoo, con qué americano, qué tipo de jugador, exterior tipo Albert King o un interior puro ya que tanto McAdoo como Dino Meneghin coqueteaban con los 40. Ese nimio detalle hizo que se decantaran por un interior, siendo Marc Iavaroni el jugador elegido. La fortuna no estuvo de su parte, una lesión en el minuto 5 del primer de liga provocó el segundo advenimiento de Earl Cureton, compañero de Iavaroni en aquellos Sixers campeones de la NBA en 1983, circunstancia solo comparable al tercero de Dimos Dikoudis en Valencia. Cureton ya había jugado para Milán, con título NBA reciente, durante un puñado de partidos varias temporadas antes hasta que, sin encomendarse a nadie, a mitad de noviembre de aquel lejano 1983 decidió fugarse harto de las defensas a las que estaba siendo sometido. Se montó en un avión y regresó a su país, donde hasta la fecha se había estado ganando el pan en NBA de manera más que decente. Las consecuencias de la espantá fueron, entre otras, ir cojos durante toda la Recopa, competición en la que no podías sustituir jugadores durante la temporada, cosa que sí pudieron hacer en Lega al incorporar al entonces aún no tan rocoso Antoine Carr. Eso no les impidió plantarse en aquella final en la que el Real Madrid con Jackson y Robinson aprovechó la ventaja de poder contar con sus dos americanos y llevarse el título. Seis temporadas después aquello había prescrito. El rendimiento de Cureton no fue bueno y terminó siendo sustituido en liga, no en Europa, por Orlando Graham, un 4 más joven de características similares, muy del estilo Auburn University. Visto cómo quedaba el equipo era fácil detectar dónde estaba la mayor carencia, en la anotación exterior. Y lo peor de todo es que había que solucionarlo vía mercado nacional. 

gianmario_gabetti.jpg

Gianmario Gabetti.
La familia Gabetti, dueños de una potente inmobiliaria, había comprado el club a principios de los 80. Gianmario fue nombrado presidente y el club vivió una gran época bajo su mandato hasta la fecha. La temporada anterior había habido movimiento accionarial dentro de la familia con Gianmario como protagonista al comprar los respectivos paquetes de acciones a su padre, Giovanni, y a su hermano Elio. Esa libertad de movimientos de la que a partir de entonces disfrutaba y el regreso a la Copa de Europa benefició al club en gran manera. La entrada en la entidad lombarda no había sido la primera experiencia baloncestística de esta familia pues durante los últimos años de la década de los 70 habían estado patrocinando a otro club puntero del baloncesto italiano, el vecino Cantú. Enorme era la rivalidad pero también el conocimiento interno del club comense y de sus gestores por parte de los Gabetti y, sabedores de su realidad económica, dramática, dieron el paso en busca de ese jugador exterior nacional.

-Aldo, soy Gianmario. ¿Cuánto por Antonello Riva?

 

 

Ah, Roberto Premier. Más adelante, no me he olvidado.

 

CANTÚ

Media vida llevaba Aldo Allievi presidiendo y siendo propietario de la Pallacanestro Cantú. Dos años como presidente en la década de los 50 y un regreso ya como propietario en 1969. Su mano derecha era Gianni Corsolini, antiguo entrenador del club que había abandonado la entidad con la llegada de Allievi como propietario y regresaba en 1986 en calidad de General Manager. La entidad andaba un poco en horas bajas debido a su situación económica. Si bien la plantilla nacional seguía estando ahí, liderada por gente de la casa como Marzorati, Giuseppe Bosa o Antonello Riva, era la parte americana de la plantilla la que quizá no sentía los colores igual. Incursiones temporales del ex Joventut Greg Stokes o del ex Manresa Rick Gallon durante la temporada incluidas, los que llevaron todo el peso fueron Jeff Turner, un 4 abierto blanco campeón olímpico, que vino la temporada anterior de la NBA y que acabaría por volver a Orlando a jugar unos cuantos años más y Kent Benson, un 5 blanco en su día nº 1 del Draft, cuya mejor época ya había quedado bien atrás. A esta plantilla le había llegado para ‘subcampeonar’ en la última Korac ante un emergente Partizan de Belgrado pero para la temporada que iba a empezar no se había clasificado para competiciones europeas, dato importante de cara a lo que va a suceder.

Al núcleo nacional había que ponerle americanos pero a menor coste que los salientes y se empezó por Roosevelt Bouie, un 5 negro con varias campañas ya en la Lega. Mientras Corsolini y Carlo Recalcati, el allenatore, buscaban su otro jugador interior en el mercado con un puñado de liras en la mano para invertir, en el despacho del propietario sonó el teléfono.

-Aldo, soy Gianmario. ¿Cuánto por Antonello Riva?

Allievi palideció. No hacía falta que se identificara, conocía de sobra la voz de su antiguo patrocinador, actual vecino y enemigo deportivo. Lo que ignoraba en ese momento es que esa llamada terminaría por desencadenar la tormenta perfecta.

 

EL TRÁFICO

VENECIA Y ROMA

Roma adquiere de Venecia al base Loris Barbiero, al alero Andrea Gianolla y al ala-pívot Tulio de Piccoli, como ya se cuenta al principio. Venecia termina aquí su papel en esta historia y los tres fichajes llegan a Roma, donde empiezan a entrenar con normalidad a las órdenes de Bianchini. Volveremos a Roma, ahora hay que volver al eje lombardo.


 

CANTÚ Y MILÁN

b-tvwc7wwaahkq5.jpg

Antonello Riva ejecuta un tiro en suspensión
Después de mucho cavilar y llevando las negociaciones personalmente, Allievi decide vender a su crack a Milán. Que Riva era uno de los mejores jugadores europeos de la década de los 80 nadie lo puede cuestionar. Sin embargo desde aquella lesión de rodilla que le apartó de la nazionale cara al Europeo de 1985 Riva ya no era el mismo jugador. El talento y la calidad seguían ahí pero ese físico ya no poseía la explosividad de antaño y a sus 27 años ya empezaba a adquirir cierta fama, a mi juicio injustificada, de cojo. Si había que vender y sacar una buena cantidad el momento era ese. Dolía pero las arcas del club estaban vacías. La gente lo entendería. O eso pensaba.

El resultado de la negociación fue vender a  Antonello Riva a Milán a cambio de 7 millardos de liras, (unos 3,6  millones de €) más la cesión por dos temporadas del prometedor ala-pívot Davide Pessina, que venía muy bien como recambio de la pareja de americanos, y Roberto Premier en propiedad para contar con un exterior con oficio, defensa y buen tiro. A primera vista ambas partes salían ganando. Cantú saneaba tesorería a costa de desprenderse de su figura pero a cambio recibía dos muy buenos jugadores aparte del dinero. Milán podía permitirse el desembolso, obtener su anotador exterior que tenía que ser nacional sí o sí y conseguía un sitio para que Davide Pessina se acabara de foguear durante un par de temporadas, porque en el club tenían claro que Pessina volvía una vez finalizada la cesión pues muchas eran las esperanzas en él depositadas. Todos contentos... o no. Va a ser que no.

No sentó bien entre los tifosi la noticia de la salida de Riva. Lo que nadie calculó fue la reacción cuando se enteraron de que no solo perdían a Riva sino que uno de los jugadores más odiados en el viejo Pianella iba a vestir sus colores a partir de ya. Lo que había entre Cantú y Milán excedía en mucho a lo que se puede definir como rivalidad. Para colmo Roberto Premier solía ser el encargado de secar a la estrella exterior rival, en el caso de Cantú, Riva, y no pocas habían sido las broncas de la grada local con el orondo escolta milanés. Era un tipo que despertaba la animadversión unánime de todo Cantú. La ciudad enloqueció y se desató el caos. Turbas incontroladas de ultras provocaron todo tipo de incidentes y convocaron varias manifestaciones de rechazo a la figura de Premier, con amenazas de muerte a todo aquel que tuvo que ver con la operación. Hasta entonces la fanaticada radical local había funcionado en grupos distintos sin ningún tipo de coordinación, cosa que cambió a partir de estos incidentes. El asunto Premier como punto de inflexión para el nacimiento de los Eagles, no para tocar versiones de la gran banda californiana sino el de un gran grupo ultra que agrupaba a todos los tifosi locales nunca antes tan unidos.  Al dueño no le quedó otra que recoger cable y para ello, entonces sí, delegó en su Director Deportivo. Corsolini tardó poco en trillar la Lega en busca de un buen sitio para que Premier aterrizara. Tenía que ser Roma, era la única opción. A cambio de un chicle, de lo que hiciera falta, pero no veía otro sitio de donde pudiera rascar algo y que, además, estuvieran dispuestos a asumir la alta ficha del jugador. Descolgó el teléfono, llamó a las oficinas del nuevo propietario capitalino y preguntó por Sama.


 

ROMA Y CANTÚ

La llamada de Cantú ni qué decir tiene que fue muy bien acogida. Las negociaciones, bueno, no fueron largas precisamente. Si bien a Roma un jugador como Premier le venía que ni pintado en ese momento, a Cantú era a quien más beneficiaba esa operación. Lo de Roma era necesidad, sí, lo de Cantú emergencia. La gente de Ferruzzi vio venir de lejos a Corsolini y apretó, vaya si apretó. Roma consiguió a Premier sin contrapartida monetaria a cambio únicamente de dos de los tres jugadores recientemente incorporados desde Venecia. Excluyendo al base Barbiero de cualquier posible operación a Roma no le importó soltar a Gianolla y De Piccoli, que como aquel que dice no tenían todavía ni taquilla asignada. La jugada para el nuevo rico de la Lega fue redonda.

Todo el mundo respiró en los despachos de Cantú cuando Corsolini confirmó que lo de Premier a Roma estaba hecho. Nadie se interesó por la contrapartida, habían solucionado el problema Premier y con eso sobraba. Aún así más de uno en la planta noble tardó algún tiempo en poder volver a conciliar el sueño. Poca broma con un grupo de tifosi muy cabreados.

 

CANTÚ

Cerrado el grupo de nacionales con los fichajes procedentes de Roma a Corsolini le seguía quedando una ficha de americano libre. El dilema consistía en darle la titularidad a Gianolla, gran jugador de equipo pero incapaz a todas luces de soportar la carga anotadora de Riva, o atreverse con Pessina como titular al cuatro. Tras una cumbre con el entrenador, Carlo Recalcati, y su segundo, Fabrizio Frates, se decantaron por la opción Pessina, lo que les ponía en situación de crear un precedente en el club al fichar un exterior extranjero, ya que sus parejas foráneas siempre habían consistido en el clásico ala-pívot y pívot, a excepción de algún alero alto.

Llegó Pace Mannion, un escolta blanco mormón de 2 metros con amplia experiencia NBA, que rechazó otras cinco ofertas italianas mejores económicamente para aceptar el reto deportivo de reflotar a Cantú. Haría una gran carrera en Italia, se casaría en segundas nupcias con una italiana y tendría hijos, uno de ellos un tal Niccolo... o Nico.


 

EL BALANCE

VENECIA

Altas:

----------

Bajas:

  • Loris Barbiero (Roma)

  • Andrea Gianolla (Cantú, vía Roma)

  • Tulio De Piccoli (Cantú, vía Roma)

 

 

ROMA

Altas:

  • Loris Barbiero (Venecia)

  • Roberto Premier (Milán, vía Cantú)

Bajas:

----------

 


 

CANTÚ

Altas:

  • Andrea Gianolla (Venecia, vía Roma)

  • Tulio de Piccoli (Venecia, vía Roma)

  • Davide Pessina (Milán)

Bajas:

  • Antonello Riva (Milán)



 

MILAN

Altas:

  • Antonello Riva (Cantú)

Bajas:

  • Davide Pessina (Cantú)

  • Roberto Premier (Roma, vía Cantú)
     

No recuerdo nada parecido en ámbito europeo. Seis jugadores movidos, mareados y cuatro gerencias implicadas en tan rocambolescos movimientos Es curioso ver lo que una decisión mal ponderada puede acarrear consigo. De esta historia no me enteré en su día pero cuando la descubrí me vi obligado a contarla. El resultado final fue que a todos más o menos les fue bien. Pessina, por ejemplo, regresó hecho a Milán con una Korac en su palmarés a costa del Real Madrid y se hizo con la titularidad de aquel equipo donde jugaban Darryl Dawkins y Johnny Rogers, al que movió a sexto hombre, y se presentó en la F4 de Euroliga vistiendo todos aquellas escandalosas botas rojas de Diadora. De Piccoli tardaría algunos años en tener relevancia en la liga siendo su mejor papel el de enforcer para Zan Tabak en Livorno. Gianolla, recuerdo que conocido como Rambo, siguió a lo suyo, jugando serio y duro. Mannion habla maravillas de él como compañero de entrenamientos. No eran sesiones, eran guerras y ello convirtió al pelirrojo, según sus propias palabras, en mucho mejor jugador. Riva y Premier cumplieron con sus nuevos cometidos y Barbiero no lo hizo mal en Roma perdiendo algo de protagonismo posteriormente con la llegada de Alessandro Fantozzi. Todos contentos pues. 

 

Sobre el autor

 
Antiguedad: 
7 años 2 meses
#contenidos: 
13
#Comentarios: 
80
Total lecturas: 
189,089

Comentarios

Todo para llegar a Niccolo Mannion jejjeje... Solo falta por encontrarle un vástago a alguno de los muchos pivots yankies que por allí asomaron, y así completar al pelirrojo y a Donte Di Vincenzo. Se admiten sugerencias!