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Antonio Izquierdo: el pucelano paciente

  • Llamado a convertirse en uno de los iconos locales del CB Valladolid por su condición de canterano, es el jugador que menos minutos ha disputado en la presente temporada.
  • "En el equipo se echa en falta un núcleo fuerte de jugadores españoles. El año pasado éramos seis y se nota, ya que conocen la liga y ayudan a la integración del resto"

El base Antonio Izquierdo (Valladolid, 1993) era una de las mayores promesas en la capital del Pisuerga. Tras pasar por el equipo de los colegios Marina Escobar y Ponce de León, ingresó en la cantera del CB Valladolid en edad cadete, donde sin embargo duraría poco. En su primer año junior decidía emigrar a Sevilla, donde jugó para el Cajasol durante tres años. "Vi que aquí en Valladolid la cantera no era muy fuerte y me enteré de que en Sevilla la trabajaban muy bien. Surgió esa oportunidad y además me apetecía cambiar de aires. Me sirvió para probar cosas nuevas, jugar muchos campeonatos diferentes tanto locales como nacionales, competir con otros jugadores y poder asistir a eventos tan importantes como el Torneo de L'Hospitalet. Además, gracias a que lo ganamos, pudimos ir incluso a la Euroliga Junior en París".

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Antonio Izquierdo con el junior de Cajasol (Foto: Facebook Torneopedrajas)
Antonio Izquierdo con el júnior de Cajasol (Foto: Facebook Torneopedrajas)

Esta experiencia en Sevilla se saldó con un balance muy positivo e incluso con el debut en ACB de la mano de Joan Plaza. Sin embargo, finalizado el contrato, el jugador volvió a Valladolid. "Allí no se dio la opción de renovar y salió la opción de volver a Valladolid. Me hizo mucha ilusión tener la posibilidad de volver a casa. Tenía muchas ganas de jugar para el equipo de mi ciudad".

Así pues, tras finalizar su etapa de formación, daba el paso al profesionalismo en el equipo de su ciudad. Con Roberto González en el banquillo, el base pasó un año "de adaptación a la Liga Endesa" casi en blanco, con 40 minutos jugados en 15 partidos. "Sabía que era mi primer año como profesional y que iba a ser muy difícil. Venía sin apenas experiencia al máximo nivel pese a haber debutado ya, pero me lo planteé como un año para coger experiencia y seguir mejorando a nivel individual y a nivel físico. El poder entrenar con jugadores mejores que yo me iba a ayudar mucho a mejorar en lo técnico y en lo táctico. Fue por tanto una etapa más de experiencia que de disputar minutos".

Tras un gran año en lo deportivo, con el equipo salvado y con una gran imagen mostrada en la cancha, llegó el, probablemente, peor verano del club, con numerosos movimientos en la cúpula y la duda de si el CB Valladolid seguiría adelante. Mientras se decidía el futuro del club, Antonio vivía la experiencia de participar en la pre-selección española sub 20 de cara al Europeo de Estonia, en la que fue el último jugador descartado. En este momento era el único jugador confirmado por el club, pero con el futuro tan en el aire, el jugador se planteó otras alternativas. "Claro que me planteé marcharme, sobre todo tras estar un año sin jugar. El problema era que tenía contrato y estaba a la espera de lo que pasaría con el club, si desaparecería y ver qué pasaba con mi contrato, si se salía en LEB Oro y podría suponer una buena oportunidad para poder jugar..." . Al final el club salió en la máxima categoría, y ya demasiado tarde para poder buscar otras posibles opciones en algún equipo de LEB Oro o Plata, consciente de la dificultad de resultar importante en un equipo ACB. "Aún así, me quedé pensando que podría contar con más minutos al haber estado ya en la situación de último jugador como canterano y con un año de experiencia".

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Izquierdo con la sub 20 (Foto: CB Valladolid)
Izquierdo con la sub 20 (Foto: CB Valladolid)

Sin embargo, dadas las penurias económicas por las que atravesaba el CB Valladolid, la plantilla que se configuró abría una puerta a la esperanza del canterano de poder entrar en la rotación del equipo. Además, estaba llamado a ser, junto al alero Iván Martínez, uno de los jugadores que tomara el testigo de Nacho Martín como icono local de la afición pucelana.

"Viendo el equipo que habíamos formado, tan rápido y en tan poco tiempo, pensé que podría ser un bonito año. Sabía que no iba a jugar muchos minutos, pero bueno, al menos sí esperaba entrar a formar parte de la rotación y dar minutos de descanso a los jugadores principales".

Pero la realidad ha resultado bien distinta, e Izquierdo es el jugador que menos minutos ha disputado con diferencia en el peor equipo de la liga (15 minutos en total en 7 partidos). Ricard Casas ha demostrado desde el primer momento que no confía en él, y no parece que eso vaya a cambiar en un futuro cercano. "Hablé con él al principio de la temporada y me dijo que contaba conmigo como un jugador para los entrenamientos. Entonces yo me lo planteé como una posibilidad de, a través de un buen trabajo durante la semana, tener minutos. Él me dijo que si veía que mi evolución era buena sí podría tener más minutos. Pero el caso es que por unas circunstancias o por otras, porque no le ha gustado cómo está siendo mi evolución o cómo estoy  entrenando no estoy teniendo los minutos que todo jugador quiere tener".

Y todo esto pese a que se han dado una serie de circunstancias que podrían haber dado pie a que el técnico pucelano confiara en el jugador canterano. Por ejemplo, el carrusel de cambios que se están produciendo en el equipo, que han hecho que hasta 7 jugadores hayan pasado por el Polideportivo Pisuerga desde el inicio de la liga. "Son jugadores que vienen al club, creen que van a encontrarse con una situación y luego se encuentran con otra. Para los que nos quedamos aquí es una motivación para seguir trabajando y demostrar que somos valiosos y vamos a seguir siendo jugadores del club, aunque sí que es verdad que a veces se hace difícil tener tantos compañeros en tan poco tiempo. Pero también da rabia pensar que llevo aquí desde pretemporada tirando de esto e intentando que todo el mundo se acople y luego ver que llegan otros compañeros y juegan antes que yo, pero yo sigo trabajando y esperando mi oportunidad".

Este cambio de jugadores no ha sido suficiente, ni el hecho de que el equipo no haya competido en varios encuentros en los que ha caido derrotado por diferencias abultadas, incluso alguna de las mayores derrotas en la historia de la ACB, como la de hace dos meses ante el FC Barcelona por 59 puntos, en la que nuestro protagonista no disputó ni un minuto. "Da rabia. Es el equipo de mi ciudad y quieres ayudarlo a salir de esa situación. Es una pena que se dé este resultado y yo no haya podido hacer nada por intentar remediarlo, que a lo mejor salgo y lo hago peor, pero al menos he tenido la oportunidad de intentar ayudar al equipo de mi ciudad y mejorar su imagen".

La mala marcha del equipo en Liga (como ya se sabe es último con dos victorias en 18 encuentros) tiene para el base una causa fundamental, que a su vez fue la clave del éxito el año pasado: la presencia (en este caso ausencia) de un núcleo fuerte de jugadores españoles. "El año pasado éramos seis y se nota, jugadores que conocen tanto la liga como las categorías de formación y ayudan a la integración del resto. Este año es el primero para la mayoría en ACB y es complicado venir de otras ligas en las que tienes menos responsabilidad, adaptarte rápido y producir desde el principio". 

Aún así, pese a la mala primera vuelta del equipo, confía en la salvación, que sería muy positiva para el futuro del club, pues facilitaría la llegada del tan ansiado patrocinador del que aún nada se sabe, "y a partir de ahí habrá que mirar cómo termina el año y cómo son mis sensaciones, pero sobre todo buscaré un sitio en el que pueda disponer de minutos. Evidentemente me encantaría que fuera aquí en Valladolid porque es mi ciudad y es un orgullo, pero aún estoy en etapa de formación y necesito poder jugar, poder equivocarme, y si no es aquí tendrá que ser en otro sitio, sea en ACB o en LEB".

Mientras tanto, Antonio Izquierdo seguirá dándolo todo en los entrenamientos, a la espera de una oportunidad en el equipo de su ciudad que se le está resistiendo. Siempre fue difícil ser profeta en la tierra de uno.

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