Solapas principales

La Copa de la ilusión

  • El título que necesitaba el barcelonismo
  • Higgins, Mirotic y Calathes fueron ejercieron de cimientos para un equipo coral

“No sabes cómo lo necesitaba…” Así definía Mirotic la conquista de la Copa del Rey unos minutos después de levantar el trofeo en el Wizink Center. La presión que caía sobre sus hombros se agigantaba en cada minuto que pasaba sin coronarse, y por ello la Copa tiene sabor a revancha.

El equipo de Saras fue un justo vencedor, aunque no por ello tuvo facilidades para campeonar. Sufrió -inesperadamente- ante Unicaja y pasó apuros en los últimos minutos ante Baskonia cuando ya tenía el partido en el bolsillo. De hecho, fue la final donde mejor se encontró el conjunto blaugrana, plasmando su plan de juego desde el primer minuto y barriendo al Real Madrid de la cancha. El Barça ya había ganado hace un par de años la Copa, con Pesic en el banquillo, pero aquella fue una victoria de tres hombres, Heurtel, Tomic y el propio Pesic, y ésta es la de un equipo.

la santísima trinidad

Como toda gran obra, este equipo cuenta con una estructura fundamental que aporta la solvencia necesaria. Sus cimientos no son otros que el trió compuesto por Higgins, Calathes y Mirotic.

La Copa de Higgins es quizás la confirmación de un jugador que no tenía absolutamente nada que demostrar, pero al que se le exigía como si fuera un novato. En él encontró el Barça a su líder silencioso, sin aspavientos ni excentricidades. Jamás un gesto de más, una sonrisa prematura o una celebración anticipada, todo se lo guardó para el final -y la final-, cuando se fundió con Saras en un abrazo que simboliza la comunión del hincha con el equipo.

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Higgins MVP. Vía: F.C.Barcelona

Con Calathes jamás se encontrará la justicia en su juicio. Porque se dice que no tira triples, y sentenció la final con uno. Porque se dice que ya está viejo, y jugó 87 minutos entre los tres partidos y en días consecutivos. Porque se dice que se esconde en los grandes escenarios, y se adueñó -una vez más- del equipo en la final.

Con él no hay punto medio porque combina lo mejor del base antiguo con las novedades del moderno. Calathes es como un Seat Ibiza del 2000 al que le cambiaron el motor por uno nuevo, le agregaron GPS y le pusieron un equipo de música en el que combinar a Mozart con  Bad Bunny no parece una mala idea.

Diferente fue el papel de Mirotic, capaz de ceder el puesto de estrella para acomodarse en el de líder. Ya se había intuido su condición cuando se encaró con Shermadini para defender a Bolmaro, pero se confirmó cuando su sonrisa al ver el MVP de Higgins fue más grande que la del propio Cory. Al Mirotic jugador -el mejor ‘4’ de Europa- ya lo conocíamos todos, al Mirotic líder lo estamos descubriendo ahora.

 

 

el oficio de abrines y kuric

El papel Abrines y Kuric, alternando titularidades, fue de una relevancia absoluta por un rendimiento exponencial que permitió oxigenar al equipo aportando puntos, pero también lo fue por su sacrificio defensivo.

Si bien lo que destaca del mallorquín es su inmaculado lanzamiento de tres puntos - 8/8 en triples durante toda la Copa- fue su papel en la defensa de Carroll lo que lo mantuvo en pista. Abrines esquivó todos los anzuelos pergeñados por Laso y torturó al tirador madridista hasta que éste claudicó en su intento por revolucionar el encuentro. Una victoria más de Saras en la batalla táctica.

Algunas similitudes con ello tuvo el papel de Kuric, habitual por sus lanzamientos impugnables pero crucial por su labor reboteadora. Brilló ante Baskonia -7 rebotes- colaborando con una labor clave para el sistema de Saras. En un sistema que promueve los cambios automáticos en los bloqueos y que, por ende, aleja a los pívots del aro, es crucial que los jugadores ‘pequeños’ se involucren en la faceta reboteadora.

el interruptor de brandon davies

Con él no valen las medias tintas, porque él no las admite ni las promueve. Capaz de ser el mejor, pero también de ser un lastre. Lo fue durante los dos primeros partidos, pero se reivindicó en la final. Y no es casualidad que el mejor partido de Davies coincida con el mejor partido del Barça. De él depende en gran parte la ejecución defensiva de este equipo, porque pocos jugadores pueden combinar una envergadura que condicione los tiros bajo el aro con una agilidad que le permita cambiar en los bloqueos y defender con cierta suficiencia a jugadores exteriores.

Su energía fue uno de los motores de la final, siendo incisivo en la defensa del rebote pero también obligando al Real Madrid a sufrir para proteger su aro ante las arremetidas de ‘Rambo’. Cuando el ‘interruptor’ de Davies está en el lugar adecuado, el juego interior del Barça es el más autosuficiente de Europa.

la valía de los jugadores de rol

En todos los equipos campeones existe un equilibrio entre estrellas y jugadores secundarios. Aquellos que no brillan, pero que se encargan de sacarle brillo a los demás. Los llamados ‘jugadores pegamento’. Saras encontró en Hanga, Oriola, Smits y Westermann a las piezas ideales para complementar su idea de juego, porque tanto ellos como el lituano asocian de forma directa el esfuerzo con el éxito. Jamás recibirán el reconocimiento que merecen, pero tampoco lo buscan, y ahí reside su esencia.

 

 

En Westermann y Hanga encontró el Barça la intensidad necesaria para que su defensa mostrase su mejor versión. La envergadura de ambos permitió achicar espacios y reducir la visión de los bases rivales, obstaculizando las ofensivas contrarias desde el primer eslabón. Con Smits y Oriola se consiguió elevar los niveles de energía cuando el Barça no encontraba las respuestas desde la táctica. Porque cuando el talento falla, la actitud debe estar ahí.

Todos ellos sufrieron altibajos en sus minutos durante la temporada, pero eso no les privó de mostrar su potencial cuando les llegó la oportunidad. Para ellos todo era cuestión de esperanza. No nos engañemos, a todos nos gustaría, cuando volvamos a salir de noche, tener la confianza que tiene Rolands Smits.

saras como epicentro

La incidencia del entrenador lituano se explica en  cómo sus jugadoras han elevado el rendimiento individual propiciados por un contexto colectivo favorable. Para él no fue una casualidad, sino una causalidad.

Junto a sus protagonismo en los partidos se vislumbra una talente ejemplar, evidenciado en la valentía que lo llevó a poner a Bolmaro a defender a Henry y Vildoza, en la capacidad de convertir a Pustovyi, un jugador desahuciado por Pesic, en una pieza útil para la rotación, o en la impronta de dejar fuera de la convocatoria a Sergi Martínez en todos los partidos de Copa porque, a pesar de que venía siendo un jugador de suma importancia, él creyó que el equipo necesitaba otro perfil. Bajo el carisma conquistador de un ganador nato se esconde el trabajo de un gestor de grupos de élite. 

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Sarunas Jasikevicius. Vía: ACB Photo

Combinar estrellas, definir roles, unir al vestuario, acoplar refuerzos. Todo ello se hace invisible a las cámaras, conquistadas por sus broncas en los partidos, pero fundamental para sus jugadores. Lo evidencia la cohesión del grupo, y ahora también empieza a hacerlo su vitrina. No existe faceta en la que Jasikevicius no haya repercutido, dentro o fuera de la cancha, como tampoco existe jugador que haya rendido mejor que con él en el banco. Los resultados, hasta ahora, son buenos, pero mejores son las sensaciones. 

Saras revolucionó a un equipo moribundo tácticamente y lo convirtió en uno dotado de todos los recursos necesarios para triunfar. El lituano ya tiene el título que ratifica que el camino es el correcto, y eso no hará más que propulsar su inapelable ambición. 

 

Análisis de la copa ACB por nuestros redactores:

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Comentarios

Al leer el titular pensé que el artículo versaba sobre el número premiado hoy en el Cuponazo, o lo que es peor sobre la tan manida y falsa nueva normalidad, por aquello de esos mensajes virtuales en las gradas que hacían de aficionados de cartón piedra, una oda a la educación en faltas de ortografía para regocijo de la audiencia. Qué pensará Celaa de todo esto? Se contempla en su nueva Ley?

En fin, ilusión....si lo dice alguien del Canarias me lo creo. En el Barcelona solo se conjuga el verbo exigir.

La ilusion seria que no la ganara uno de los dos de siempre, parece que solo existieran ellos dos , no se ni para que se molestan en ir los otros equipos participantes...

Un equipazo con un Big 3 de lujo, a lo NBA, y gran entrenador en el banquillo, con carisma de líder también. Y les faltaba Claver, pegamento en este equipo ... pero, ¡ay, si los árbitros llegan a pitar el agarrón final de camiseta de Davies a Abromaitis en cuartos! ... ¿diríamos lo mismo?