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La historia de una foto, de un ídolo, y de una Leyenda: Juan Carlos Navarro

  • Cuelga las botas uno de los mejores jugadores de la historia de nuestro baloncesto
  • Un viaje nostálgico y personal sobre la trayectoria del mito: 20 años en la élite

No recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez que lo vi. Yo debía tener catorce años por entonces, y las capas de la memoria son finas e inconsistentes dos décadas después. Sin embargo, sí tengo el recuerdo de esa sensación de admiración que despertó en mí desde el primer momento. Fue en la temporada 1997-98, curso en que Joan Montes le hizo debutar con el primer equipo blaugrana. Concretamente, un 23 de noviembre, ante el Covirán Granada, en el Palau. Juan Carlos tenía 17 años y medio, y era un chaval descarado, diferente, sin miedo, que venía de romperla en las categorías inferiores. Anotó 10 puntos en 11 minutos, con seis tiros libres y dos canastas en juego.

Ese año participó en doce encuentros con los mayores (alternando partidos con el filial), y el más destacado fue el que hacía diez como profesional, precisamente en una derrota en casa frente al Valvi Girona de Trifón Poch, que contaba entre otros con un tal Darrell Middleton, con Pep Cargol, Greg Sutton o Francesc Solana. Los de Girona vencieron 81-88, pero aquel chavalín delgado de la camiseta ancha y penetraciones veloces dejó su primera gran actuación: 17 puntos, con 3 de 5 en T2, 1 de 2 de T3 (¡su primer triple en la liga!) y 8/10 en TL. Fue el jugador culé con mejor valoración, aunque por aquel entonces ese dato era menos relevante para el aficionado, al menos para un chaval de 14 años como yo. 

Pero este curso fue especial para mí. Yo era un chaval valenciano, aficionado y abonado del Pamesa Valencia, y asiduo asistente a la Fonteta de San Lluis, donde disfrutaba de las estrellas locales: Bernard Hopkins, Nacho Rodilla, José Luis Maluenda, Aaron Swinson o Víctor Luengo, entre otros. Y un 18 de abril, llegaba el FC Barcelona de Joan Montes, con los Jerrod Mustaf, Roger Esteller, Roberto Dueñas, Xavi Fernández o Rodrigo de la Fuente.

Realmente el partido era lo de menos; yo quería ver en persona a la que para mí era la nueva sensación de la liga, el chaval del desparpajo, al que había visto cuatro partidos por la tele y que me había dejado prendado. Mi gozo en un pozo: no disputó ningún minuto durante el partido. Pero yo me había estado fijando en él concienzudamente durante todo el calentamiento. Hacía unas penetraciones extrañas, lanzando la bola al aire, muy alta, para caer a plomo sobre la red: chof!, que diría Guillermo  en Giménez. Me fascinaba la facilidad para encontrar aro con esa parábola, y pensaba que eso podía ser útil para evitar la envergadura de los defensores (yo era un jugador bajito al que también le gustaba penetrar). Al día siguiente, en mi entrenamiento, todas mis entradas eran así. Evidentemente, sin la misma puntería que Juan Carlos (yo estaba empezando y sus manos no eran las mismas que las mías, huelga decirlo), pero suficiente para llamar la atención de mis compañeros, que se tomaban aquellas jugadas con una mezcla entre mofa y sorpresa. Les dije de dónde lo había sacado, y unas semanas después, o unos meses, todos imitaban esa bombita, como seguro que sucedía en centenares o millares de pistas de basket por toda España.

Después de aquel partido, donde no vi jugar pero sí calentar a La Bomba, me esperé a la salida de los jugadores hacia el autobús. Me hice cuatro fotos con jugadores visitantes: Mustaff, Esteller, Fernández… y Juan Carlos Navarro. El chaval salió con su amigo Oriol Junyent, cargados ambos con las mochilas del resto de compañeros (los rookies, ya se sabe), lo recuerdo como si fuera ayer. Lo paré con calma, nadie nos rodeaba, y nos echamos una instantánea que, año a año, he ido apreciando más, hasta tenerla como uno de los trofeos más valiosos de mi colección.

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Con Navarro, 1997-98

La temporada siguiente, y tras 12 participaciones en el primer equipo con un total de 120 minutos en la anterior, Juan Carlos ya podía considerarse integrante de la primera plantilla culé, a la que habían llegado nuevos jugadores, flamantes fichajes, como Sasha Djordjevic, Derrick Alston, Milan Gurovic, o Efthimiuos Rentzias (pívot griego muy querido por la afición azulgrana, que hasta hace poco conservaba una pancarta de apoyo con letras griegas en el Palau, más de 15 años después de su paso por Barcelona). Esa temporada acumuló 17 partidos más en la Liga ACB, con sus 18 añitos, y seguía dejando muestras de un talento y desparpajos pocas veces vistos antes: alcanzó una vez la decena de puntos y cuatro más llegó hasta los 9. Eso sí, pese a ser un consumado especialista en categorías inferiores, en la élite todavía no se prodigaba en el lanzamiento de tres: 4 de 17 en total durante su segunda temporada profesional.

Por fin pude verle en directo esa temporada, concretamente en la jornada 11 (31 de octubre de 1998) en el partido entre el Pamesa y el Barça de Aíto y su elenco de estrellas. Venció el equipo valenciano 89-76. Navarro jugó 11 minutos, anotando únicamente una canasta y 4 tiros libres. Unos meses después, Juanki ganó su primer título como profesional, y la primera de sus ocho ligas ACB, imponiéndose el equipo catalán al Caja San Fernando de Sevilla por 3-0 en la Final, con Derrick Alston designado como MVP de la misma.

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Navarro en directo, 1998-99

Después de aquello llegó Lisboa: verano del 99, Campeonato del Mundo Júnior. Una selección de chiquillos comandada por Raül López y Juanki Navarro, acompañados por Felipe Reyes, Berni Rodríguez, Carlos Cabezas, o Pau Gasol. Se alzaron con el Oro después de haberse llevado el campeonato de Europa un año antes, y se confirmaban como una generación que podría hacerse un hueco entre los grandes, y que a la postre cambiaría la historia del baloncesto en nuestro país. Todavía conservo, en VHS, aquella final ante EE.UU. narrada por Pedro Barthe para La 2 de TVE. Fueron pioneros y para siempre quedará aquel campeonato como la semilla de todo lo que vino después (campeones del Mundo en 2006, subcampeones olímpicos dos veces, y otras dos veces campeones de Europa):

Final Mundial Junior Lisboa Baloncesto 1999 USA vs España

Para la temporada siguiente, 1999-2000, La Bomba ya ocupaba el primer escalón de mi podio de jugadores preferidos, habiendo desbancado a Djordjevic, Gurovic, Maluenda, Rodilla o Esteller, que así a bote pronto venían siendo mis preferidos (a este lado del Atlántico, claro, porque en territorio yankee había un Dios con el 23 cuyo listón nadie iba a poder superar en mi habitación del sentimiento). Navarro disputó todos los partidos del campeonato: las 35 jornadas de liga regular más 14 partidos de Playoffs, hasta llegar al quinto, último, y mítico partido de la Final, en el Palau, ante el Madrid de Sasha Djordjevic, en el día que se convirtió en “el Figo del basket” para el aficionado culé. La Liga fue blanca, y aquello, un duro palo para jugadores y masa social azulgrana.

Pero en ese año, como decía, Navarro se hizo un hueco en la élite (junto a su amigo Pau), con esa cantidad de partidos y minutos a sus espaldas, y algunas actuaciones que comenzaban a maravillar en Europa. 13 partidos por encima de la decena (dejando su tope en 19) y promediando ya 8 puntos en 18 minutos por encuentro. Mi recuerdo más marcado de ese curso fue aquel coast to coast en Fuenlabrada, donde cruzó la pista en cuatro segundos para meter la canasta ganadora sobre la bocina (68-69, 5 de diciembre de 1999).

Para entonces, ya era prácticamente mi único referente, mi espejo. En cada entrene, en cada partido, en cada sueño, yo botaba como Navarro, hacía bombas como Navarro, tiraba triples como Navarro… Evidentemente, los resultados eran muy diferentes en cuanto al éxito de esos intentos, pero la estética, la mimética, y la inspiración, tenían mucho que ver con La Bomba. Por fin, había conseguido cambiar mi prestigioso 10 en el equipo por el anhelado 11. Y ya no lo solté hasta el fin de mis días como jugador. No logré que lo colgaran en el techo, una pena, pero lo que yo me divertí en esas pistas “siendo” Navarro sólo lo sé yo.

Después de aquello, su vida comenzó a cambiar. Se subió al tren del éxito, de la fama, de los triunfos, y llegó a la cima. Necesitaríamos cuatro artículos como este para narrar sólo sus andanzas más destacadas: 7 ligas y 7 Copas más, las dos Euroligas (mención especial para la primera, en 2003, donde era el referente del equipo mano a mano con Dejan Bodiroga, en un equipo mítico con Jasikevicius, Fucka, Femerling, Varejao, Dueñas o Nacho Rodríguez, dirigidos por Svetislav Pesic. Para el recuerdo, un robo suyo a 25 segundos del final para anotar al contraataque y sentenciar en las semis al CSKA).

Basketball - FC Barcelona Eurolegue Champions (2003)

Llegaron más y más conquistas, individuales y colectivas: dos ligas más con el Barça (2003 y 2004), un bronce y una plata en el Eurobasket con la selección... Y llegó Japón, en 2006. En el país del sol naciente tocó el cielo. Con sus amigos, con la camada de Lisboa, con los Reyes, Berni, Cabezas, Calde (que se perdió Lisboa por lesión), con su querido Pau, abrazaron la gloria eterna en un torneo redondo con Pepu como capitán de un barco legendario.

En la era post-Japón, siguió creciendo, y siguió ganando. Hasta que llegara la segunda Euroliga en 2010, se llevó a la boca tres medallas más con la selección: bronce y oro en europeos y la sabrosísima plata de Pekín 2008, a las que añadió otra Copa del Rey con un Barça que no pasaba por su mejor época, justo el año antes de probar la aventura americana. 2008 fue el año del cambio. Año en que dejó en stand by Barcelona y le dio al play en Memphis, y en otras muchas ciudades americanas donde, sin hacer mucho ruido, dejó la segunda mejor marca de triples de un rookie en la historia de la mejor liga del mundo (156), y empató con la mejor en un solo encuentro (8) . Claro, todos sabemos que él, a sus 27 años, no era un rookie cualquiera.

Pero estamos hablando de Navarro casi exclusivamente en términos cuantitativos. Que si medallas, que si euroligas, que si estadísticas… La Bomba era mucho más que todo eso. Navarro era la chispa, la magia, la determinación, la sangre fría… Era la pelota caliente en los últimos segundos, los triples imposibles, las defensas de tres hombres en torno a él, o las bombas inalcanzables para los pívots rivales. Navarro era la kryptonita para el Real Madrid, pero la esperanza para los mismos aficionados que lo sufrían cuando se cambiaba la azulgrana por la roja. Fueron actuaciones memorables, imborrables, como las del Eurobasket de Lituania en 2011 (MVP del torneo), como el partido contra los Lakers (34 puntos) en un amistoso con el Barça, o como alguno de los espectaculares duelos contra el Madrid, como el de 2012 (33 puntos)… Un catálogo sin fin de partidos que la memoria humana no puede contener. Menos mal que se inventó Youtube, y podemos recrearnos ayudando a nuestra memoria a revivir algunos de los momentos que tanto nos hicieron disfrutar de su baloncesto:

Juan Carlos Navarro mix-The legend

Tras todos estos años gloriosos, comenzó a llegar el declive. 15 años en la élite es mucho tiempo y el físico no da para exhibiciones inhumanas. Cuando eres un jugador grande, de poca movilidad, puedes rentabilizar los esfuerzos, adaptarte de una manera algo más sencilla y buscar la eficacia apoyándote en tus virtudes. Sin embargo, cuando el duende de tu juego está en la velocidad, la chispa, la finta y el esprint (como Joaquín), es más complicado adaptarse a la decadencia. Juan Carlos comenzó a tener serios problemas con su físico, principalmente en la espalda, además de otros en la fascia y el tendón de Aquiles, y un gran número de problemas musculares, que le hicieron perderse gran cantidad de partidos las últimas cuatro temporadas.

La Bomba se nos estaba haciendo mayor y todos veíamos que tarde o temprano su detonador ya no estallaría. Coincidió además su decadencia física con la peor época del FC Barcelona en lustros: su última liga fue en 2014, y su última Copa (hasta esta temporada) en 2013. Como a todos en esta vida, se le aparecieron y multiplicaron los detractores, los haters, que es su nuevo nombre. Aprovecharon su lenta caída hacia la normalidad, hacia el mundo de los mortales, para golpearle frase a frase, palabra por palabra, queriendo vulgarizar sus cualidades y su trayectoria. Es lógico que haya división de opiniones y que a muchos les hubiera gustado no verle caer al pozo de lo banal, pero soy de los que piensan que a los mitos hay que dejarles que elijan cómo marcharse. Es una decisión muy complicada, y hay que saber entender la voluntad y las circunstancias de cada uno. Navarro se vio capaz hasta el último día de seguir aportando, en su medida, a un equipo que seguía necesitando de un líder. Podría estar equivocado, es cierto, pero en esta vida de la memoria corta y el insulto largo, es más fácil ponerse del lado de los que se esconden tras una pantalla, y señalar con sorna al que pueda tener un problema o ya no sea como era antes.

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infografía lesiones (vía @mundodeportivo)

Mi carrera deportiva duró mucho menos que la de Juanki. Precisamente, serios problemas físicos en la espalda me obligaron a olvidar el sueño de ir a la NBA (…), así que, tras arrastrarme las dos últimas temporadas, hace una década aproximadamente que colgué las botas y entré de lleno en el mundo de los adultos, con menos espacio para las pasiones como el baloncesto. También dejé unos años de acudir a la Fonteta, por lo que a Navarro no recuerdo cuándo fue la última vez… hasta que llegó la temporada 2016-17. Por casualidades del destino, y porque la cabra siempre tira al monte, regresé al redil del basket, y el periodismo de dio la oportunidad de volver a la Fonteta. Volví a ver al “Pamesa” (ahora Valencia Basket), y volví a ver a La Bomba en directo.

Y llegó 2018, el año del adiós. El Barça de la deriva, encontró en Pesic un faro con luz fija para alumbrar hacia adelante, y al menos durante unas semanas, el efecto-Pesic dio para alcanzar un título, la Copa del Rey de Gran Canaria, que a la postre fue el último de La Bomba. Su último partido en Valencia fue el pasado 17 de enero, en el partido de Euroliga que disputaron ambos equipos en la Fonteta. Se cumplían exactamente 20 años desde la primera vez que lo vi, en el mismo marco, ante los mismos cimientos envejecidos del pabellón valenciano, y tuve la oportunidad de tener unas palabras con él, preguntándole por el partido y por las escasas opciones que la derrota les dejaba en esta competición. No me atreví a comentarle el hecho de que, 20 años antes, en ese lugar y siendo los dos unos críos, habíamos compartido un instante que yo guardaba para siempre, como se conservan las cosas que te importan porque te han hecho disfrutar mucho. No se lo dije, solo sería uno más, pero intuyendo que quizá podría ser la última vez, le volví a pedir que mirara de nuevo a mi cámara, como justo ahora hacía 20 años. Dos vidas unidas por una pasión, pero sobre todo por la admiración y el respeto hacia las leyendas. Gracias por tanto, Juan Carlos:

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Con Navarro (20 años después)

#GraciasJuanki

Gracias, Juan Carlos

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Comentarios

Mi opinion es que ya que tiene contrato con el club y como a el le hacia ilusion seguir otro año y despedirse en la cancha el club deberia hacerle ficha como 13 y todos entendiendo bien la situacion . Me parece un error del Barsa pero cada uno actua como quiere y sabe. Agur Juanqui. Y perdona lo de vete al teatro que era broma(txantxetan). JCN leyenda forever.

Se va el más grande, junto a Pau, desde la retirada de Epi. Mito a la altura de Fernando Martín. Un genio. Gracias por todo.
No obstante, lamentablemente para él y para todos, no ha sabido retirarse a tiempo. El club tampoco ha sabido estar a la altura, y lo han retirado de modo inadecuado. Muy mal por todos. En efecto, se merecía no sé si jugar esta temporada (deportivamente, la verdad es que no), pero sí el estar en el roster y despedirse cancha por cancha durante toda la temporada. Como Bryant. Nunca Navarro fue menos grande que el alero USA.
Tarde y mal se va. Precipitada e inadecuadamente le hacen irse. Pero, a pesar de esto, se va el más grande que se va en mucho tiempo. Gracias por todo, Juan Carlos Navarro.

Personalmente, retirarse despidiendose cancha por cancha me parce un insulto a la competición. Si acaso puedes hacerlo si sabes que no te juegas nada ese año (caso de Kobe, Mumbrú...) Me alegro que la Bomba no haya tenido la ocasión. Es un competidor nato, y su club siempre está en todos los fregados por el título. Así que está despedida, es justa y oportuna. Cae en fin de semana, y eso ayudaa q todos los medios y redes se han volcado con ello.
Solo añadir que Juanki nos hizo vivir un sueño. Su aportación va más allá de los titulos y estadisticas. Su juego, y su estilo, simplemete revolucionó el basket FIBA. Un mito

Maravillosa tu visión personal, Rubén. Con una foto para comenzar y otra para terminar. Y posiblemente ese es el mayor mérito de la Bomba: ¿cuantos niños y niñas habrán soñado con baloncestos gracias a la magia de Juan Carlos Navarro? ¿Y cuantos adultos hemos vuelto a una infancia de ilusión al verlo jugar?

La bomba, el jugador con más talento por centímetro y kilo de Europa. El más determinante. No sentía presiop, para él siempre fue un juego (de niños). Se merecía haber jugado este curso. Hay cosas que no se le pueden negar a los genios.