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Allen Iverson machacando el aro (Foto: Miqui Forniés)

Allen Iverson: el día que David venció a Goliath (Video)

  • Los 48 puntos de Iverson en las Finales de 2001

6 de Junio de 2001: pabellón Staples Center de Los Ángeles, California.

¿El escenario? Primer partido de las Finales de la NBA. ¿Los protagonistas? De un lado, los Philadelphia 76ers comandados por su diminuto, pero fiero líder y superestrella, Allen Iverson. Al otro lado, los temibles e intratables Los Ángeles Lakers del "Big Black Tornado", Shaquille O`Neal, y su lugarteniente más condecorado, Kobe Bryant.

Un ambiente inmejorable, un duelo a priori descompensado, pero que generaba una expectación enorme entre los incondicionales del baloncesto NBA. Pocos imaginaban, antes de que el balón echara a botar, que iban a presenciar una de las actuaciones individuales más impresionantes en la historia de este deporte.

Pero retrocedamos unos cuantos meses en el tiempo, condición indispensable para poder comprender en su totalidad la magnitud de lo que estamos tratando.

Los Lakers abrían la temporada 2000-2001 con la complicada misión de defender un cetro de campeón que habían conseguido en las finales ante los Pacers de Indiana. Eran las primeras que se apuntaban desde el lejano 1988, cuando Magic, Worthy, Kareem y compañía derrotaron a los Bad Boys Pistons en siete igualados y competidos partidos. Por lo tanto, la ilusión y confianza con respecto al equipo alcanzaba cotas máximas, a pesar de que asomaban los primeros rumores sobre un posible rifi-rafe entre las dos grandes figuras del plantel: Shaq y Kobe.

La temporada regular transcurría de forma tranquila para los Lakers, que parecían encender el piloto automático durante largos tramos del año, reservando energías para los siempre disputados Playoffs del Oeste, donde la calidad global de los equipos era alta, o muy alta.

Por su parte, Philadelphia seguía dando pasos en su aspiración de alcanzar la tan ansiada tierra prometida. El equipo había disputado la postemporada del año anterior, pero anhelaban más, no se contentaban con eso. Refuerzos estrella como el del pívot congoleño, Dikembe Mutombo (que volvería a ser nombrado jugador defensivo del año al término de esa temporada), a mitad de curso, iban encaminados en esa dirección.

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Mcgrady Iverson

Sin embargo, la verdadera guía e inspiración de esa escuadra no era otro que Allen Ezail Iverson. Un Leónidas moderno, pero de raza negra, y batallando por hacerse un hueco hasta el aro, en lugar de entre las interminables filas de soldados persas.

Era un jugador que contraponía dos formas radicales y antagónicas de sopesar y considerar su persona: la primera, sostenida por el comisionado de la NBA y una buena parte del conglomerado mediático, le describía como un descarriado egoísta, mas aproximado al perfil de un "thug" (matón/macarra), que al de un jugador de baloncesto. La otra, defendida en su mayor parte por el núcleo joven de los aficionados, veía en él la encarnación del sueño americano, del "me against the world" (aquel célebre tema de 2pac), sin límites ni miedos. Un mesías reservado para todos aquellos chavales de barrio que soñaban con dominar las canchas, y que enlazaba con el espíritu hip-hop y “gangsta rap” de la época.

Era algo más que un jugador profesional de baloncesto. Era un icono. Representaba una actitud ante la vida, que empatizaba con los desamparados del barrio, con los que apenas tenían posibilidades de lograrlo, con la idiosincrasia del ghetto. En resumen, con todos aquellos que empezaban la carrera en última posición y aspiraban a terminarla en cabeza. Una personalidad única e innegociable que refrendaba con frases como esta:

"No quiero ser Michael Jordan, no quiero ser Bird o Isiah. No quiero ser ninguno de esos tipos. Cuando mi carrera termine, quiero poder mirarme en el espejo y decir: ¡lo hice a mi manera!"

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Allen Iverson A.K.A. Jewelz (Foto: myspace.com/alleniversonakajewelz)
Allen Iverson A.K.A. Jewelz (Foto: myspace.com/alleniversonakajewelz)

 

El caso es que los 76ers se constituían como un plantel hecho a la medida de Iverson, pero dependiendo exclusivamente de su inspiración. Philly terminó la temporada con 56 victorias por 26 derrotas, la mejor desde hacía un lustro, y con su crack nombrado MVP de la temporada y MVP del All-Star. Todos se rendían a la calidad del de Hampton.

Así pues, aguardaban los tan esperados Playoffs.

Los Lakers mejoraban su juego con el paso de los partidos, hasta alcanzar su pico máximo de rendimiento en el lugar y en el momento justos. Eran una máquina de hacer baloncesto, no se había visto nada igual. Pasaron por encima de Portland, Sacramento y San Antonio, en unas Finales de Conferencia que vieron al equipo tejano absolutamente aplastado, vapuleado y hecho trizas. Los Spurs representaban un frágil muñeco de trapo en manos de Shaq y Kobe. Conclusión: Los Ángeles se plantaba en las Finales con un 3-0, 4-0, 4-0. Una aproximación veraz al “fo-fo-fo” añorado por Moses Malone.

En el otro lado del país, el camino de Philadelphia se hacía más tortuoso y dificultoso, con un componente de épica importante. El duelo mantenido entre Iverson y Carter en las Semi-Finales de Conferencia aún conserva su brillo en las retinas de los aficionados, con un game 7 que se llevaría Philadelphia merced a la última canasta fallada por Carter, y que condenaba a Toronto al ostracismo. En las Finales de Conferencia, una vez más se hubo de necesitar otro séptimo partido para dilucidar un vencedor del duelo Bucks-76ers, favorable a estos últimos, de nuevo.

De tal manera que llegábamos al momento cumbre que protagoniza este texto. Vuelvan a situarse en el sitio que describí justo al principio.

Los Lakers, a tenor de lo expuesto, partían como absolutos favoritos. No iban a dejar escapar la oportunidad de estrenarse en las Finales con una victoria en su cancha, y la utopía de correr imbatidos durante todos los Playoffs seguía viva, más latente que nunca.

Philadelphia, por su parte, se postulaba como una mera comparsa, un actor de relleno para un guión en el que tenía un hueco marginal.

El primer cuarto empezaba muy fuerte para el conjunto angelino, con un parcial de 5-18 a su favor. Pero los Sixers, en una demostración de pundonor inigualable, lograban cerrar el marcador 22-23 gracias a los doce puntos de Iverson, que aparecía motivadísimo.

El segundo cuarto veía conservada la igualdad general en el marcador, con dos equipos que, a grandes rasgos, no perdían la concentración más allá de esporádicos lapsos de tiempo, evitando que alguno cogiera una distancia cómoda de puntos. "The Answer", el hijo pródigo adoptado por la ciudad del amor fraternal, veía despachados dieciocho puntos más, en un recital mayúsculo, inabordable para la defensa de los Lakers, que veían como AI les castigaba una y otra vez desde la media distancia, o forzando los tiros libres. 56-50 a favor de Philadelphia. Los nervios empezaban a aflorar en el Staples Center.

Los visitantes establecerían un punto de inflexión en el tercer cuarto, cuando llegaron a ir ganando por una diferencia de doce, pero igualado rápidamente con la atronadora respuesta de O`Neal, que anotaba a su vez dieciocho puntos más y situaba el marcador en un 79-77. En cualquier caso, a partir de ese momento, Iverson y los suyos tomaron conciencia de que contaban con una posibilidad de ganar el partido. Tal vez era una posibilidad remota, pero estaba ahí. Habían llegado al último cuarto vivos, arrastrados por la valentía de su estrella, y lo mejor de todo, ganando.

El cuarto periodo elevaría el nivel de intensidad y esfuerzo defensivo hasta límites asfixiantes. Ningún equipo fue capaz de llegar a los veinte puntos, y ahora si, empezaba a perfilarse el momento de los héroes, de los elegidos. Llamaba a la puerta el tan famoso "clutch-time", aquel que separa a los vanagloriados de los defenestrados.

Un mate estruendoso de Shaq tras gran jugada y pase de Kobe ponía el 92-94 en el marcador, pero acto seguido, una bandeja imposible de Eric Snow igualaba el encuentro.

94-94. Final del tiempo reglamentario.

En el Staples se empezaban a oir los primeros murmullos de incredulidad. "¿Prorroga? ¿En serio?"

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Allen Iverson, colerizado
Allen Iverson, colerizado

Necesitaban una bofetada que les devolviera de lleno a la realidad. Una realidad inexcrutable y palpable: Philadelphia, el rival menos esperado, el acoplado a la fiesta, podía dar la campanada y robarles el primer partido. El máximo culpable respondia al nombre de Allen Iverson y portaba el dorsal 3 a la espalda.

El tiempo extra empezó de forma titubeante, con ambos equipos abalanzándose al aro de forma precipitada. Los Lakers lograban los cinco primeros puntos de la mano de su dúo dinámico, pero la respuesta llegaba por medio de AI, como no, ayudado por un joven Raja Bell. 98-99.

Los casi dos minutos restantes obrarían el milagro, y verían desarrollar una de las más increibles gestas en la historia del deporte norteamericano. Tras un fallo en la bandeja de Tyronn Lue, Philadelphia ejecutaba rápido la transición y se ponía dos arriba gracias a un triple de su guerrero y alma máter. El balance defensivo de LA, muy deficiente. Aquel error les iba a costar caro.

Solo unos segundos después llegaba la jugada del partido, tal vez la que mejor ha podido definir al protagonista de esta historia. Su firma de identidad en la NBA.

Tras recibir el balón en el lado derecho de la cancha, inscrito en el hueco que se forma entre la línea de fuera y la del triple, Allen empezó a realizar una serie de amagos y jab-steps para tratar de desequilibrar a su defensor, Tyronn Lue. Uno-dos, uno-dos, el baile comenzaba. El nivel de decibelios alcanzado creaba una atmósfera delirante. Un sólo grito al unísono: "DE-FENSE! DE-FENSE!"

Acto seguido, Iverson decidía hacer un rápido cambio de ritmo hacia la derecha, ayudado de su eléctrica y casi sobrehumana velocidad. Lue, cazado completamente por sorpresa, trataba de seguirle a duras penas, casi como anticipando el desastroso final. 

El cambio de ritmo se vió repentinamente frenado en seco por AI, que ejecutaba uno de sus mortales crossovers, ese que ni el mismísimo Michael Jordan pudo ver venir. Lue se quedaba clavado como una estatua durante unas centésimas de segundo, triste sabedor de lo que acababa de ocurrir y tratando desesperadamente de molestar con su mano el tiro de Iverson, que ya había ganado el espacio suficiente para lanzarlo con comodidad.

Canasta. Limpia.

La cabeza de Iverson se giraba hacia el público, dibujando una mirada llena de arrogancia y confianza, pero que cautivaba hasta al más receloso de su figura. Para colmo, el pobre Tyronn perdía el equilibrio en su intento por deshacer el error, y caía postrado a los pies de su verdugo. El de Hampton pasaba por encima de su cuerpo mientras le lanzaba una desafiante mirada desde arriba, en un gesto de cruel, pero poético, desprecio al derrotado, al soldado rival que moría en su lecho.

103-99 para los 76ers.

La acción concentraba una infinita cantidad de lo que los americanos denominan "swag". Confianza, carisma, clase, desparpajo, chulería. Una imagen que recorría centelleante los televisores de toda la nación, y parte del mundo, tan rápido como un rayo pueda resquebrajar el cielo.

El partido estaba casi sentenciado, y la canasta posterior de Kobe Bryant no serviría para levantar el ánimo hundido del equipo, que se dejaba llevar hasta un marcador final de 107-101. El milagro se consumaba, era una realidad.

Allen Iverson vs Shaquille O'Neal UNREAL Duel 2001 Finals G1 - SHA'Q with 44 Pts, A.I With 48 Pts!

Los Sixers, a la postre, perderían esas Finales con un resultado global de 4-1 (LA ganó los cuatro partidos siguientes).

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Lakers celebrando el título de 2001
Los Lakers celebran el título de 2001 (Foto: basket-infos.com)

Pero aquella noche no se le olvidará jamás a nadie. Por unos instantes, unas cuantas horas con sus respectivos minutos y segundos, Iverson se convertía en el mejor jugador del mundo. Su pasión le había llevado en volandas, y contagiaba a un país entero. EEUU se rendía al mito, y contemplaba la escenificación deportiva de uno de los pasajes más famosos de la Biblia: David contra Goliath.

Fue la noche del pequeño gran hombre, parafraseando al magistral Gonzalo Vázquez.

 

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Comentarios

En este articulazo se habla de tres jugadores con un aura de superioridad impresionante.
Los crossovers de Iverson eran pura magia, verlo era una gozada, como un tio de 1'80 podia hacer las cosas que hacia, el niño malo de la NBA...Baloncesto en estado puro.
De Shaq poco que decir, en el video se ve a esta mole haciendo lo que nadie ha hecho ni hara nunca como el, si no hace 10 mates de empujar y levantarse con una mano martilleando el aro, no hace ninguno. (y que compararan a Howard con este tio...) Imparable.
Kobe tiene poco que describir, simplemente es la ambicion personificada, el no rendirse jamas, todo mezclado con una calidad insuperable.
Una pena que ya en la NBA no haya jugadores asi, en este caso no es una mitificacion del pasado, es una realidad, el halo de supercracks de estos ya no existe.

cierto, quizás una de las ultimas leyendas de este deporte, en los states. Es el tipo de jugador (como Navarro en nuestro país), que le ves y dices "debe ser un magnifico jugador de petanca, o ajedrez), con el merito de que el pequeño iverson con 180 cms y 70 kilos, compite en la liga mas física del mundo. Tremendo el talento, el descaro y ese afán suicida de derribar lo establecido...hay momentos en el video que Bryant, parece un infantil, eso no debe ser nada fácil... aunque recuerdo que nuestro "canijo" también le casco 33 en el staples, con el barca. Grande Iverson, y grande este recuerdo!

Uno de los mejores artículos que he leído, especialmente la descripción de Iverson como icono, el "me against the world", un pandillero ganando millones de dólares..y a la vez uno de los mayores genios de este deporte. Ya no hay jugadores así, no queda ni uno, la época "gangsta", el glamour de alguien que se sabe superior al resto..no queda nada, Lebron y Durant son el 90% de la liga de hoy, lo demás migajas. Iverson, "The Answer", el pandillero egoísta que él solito llevó a un equipo con Eric Snow o Lynch entre sus titulares, a una final NBA. Un héroe.