Solapas principales

Kevin Johnson, dispuesto al ataque (Foto: claremontshows.com).

El primer gran avistamiento de estrellas NBA

  • De como se forjó un espíritu baloncestista gracias a un portero de balonmano, un puñado de revistas y un tipo aporreando un bombo tras la conquista de una Copa.

Gira, il mondo gira
Nello spazio senza fine

Jimmy Fontana, ‘Il Mondo’.

Todo está sujeto a unos cambios, mientras el mundo gira, y las personas formamos parte de esa evolución. Nací futbolero, como otros muchísimos niños de mi generación. Practicante extremo de aquel deporte extinguido que era el fútbol de calle. 15 contra 15 en callejuelas estrechas. Siempre bajo la amenaza de un pozal de agua jabonosa que siempre tenía a bien arrojarnos la vecina, en batín y rulos, afectada de turno. El “¿por qué no váis a vuestra casa a jugar?” era la amenaza que motivaba más y más a unos niños que soñaban con ser Kempes, Saura o Tendillo. Así era la vida de un niño en Benaguasil en los inicios de la década de los 80: música (teníamos posiblemente la tercera mejor banda sinfónica de España ya que las otras estaban en Llíria); cebollas (población eminentemente agrícola con la sebácea como emblema) y balompié.  Fútbol en blanco y negro que empezó a teñirse en colores gracias a las Phillips, Thompson y Grundig. Éstas eran las marcas más vendidas en las tiendas de electrodomésticos del pueblo. El modelo 2000 Supercolor de esta última marca  salía a la venta de cara al Mundial de fútbol del 82 y los niños ya pudimos ver a Naranjito y Citronio en colores.

Superepi (Foto: blaugranas.com).

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Sabía de la existencia del baloncesto –no le llamaría basket hasta el 86- porque tenía un amigo, Polet, que insistía en que viera a un tal SuperEpi que jugaba en su Barça. Lo primero en lo que me fijé no fue en su calidad sino en la mata de pelo que afloraba de su pecho. Siempre fijándome en lo colateral. La imagen de un afroamericano aporreando un bombo después de la consecución de una Copa del Rey me ponía nuevamente sobre la pista de este deporte todavía arisco para mí. Veía por televisión que el público se lo pasaba en grande en lo que parecía una fiesta del deporte. El enganche al mundo de la canasta empezó a consolidarse en los JJOO de Los Angeles. Aquellos juegos entraron todos por vía intravenosa. Desde los saltos y piruetas de la pizpireta Mary Lou Retton hasta el bronce de José Manuel Abascal. La selección española se clasificaba para la final y no me quedó otra que ponerme el despertador tempranito para ver aquellos tipos que saltaban mucho y que parecían de otra galaxia.

Mis primeros escarceos con el baloncesto se los debo a un portero de balonmano, Nacho. Nunca eligiría el camino recto en el río de la vida. Siempre siguiendo el curso de los meandros. Recuerdo que era una tarde de verano, concrétamente un sábado. El sujeto, viendo que hacíamos entradas a canasta a lo LeBron James, decidió enseñarnos cuatro conceptos básicos (dobles, pasos…no pisar las rayas delimitadoras de la pista...). Yo había abandonado ya el fútbol de barrio al comprobar que nunca podría ganarme el pan con ello. Y eso que era muy habilidoso lanzando penaltis. Entre otras cosas, gracias a una desviación ósea en las piernas que me permitía disparar hacia el Este mientras apuntaba al Oeste. “R.J. no te deberíamos dejar lanzar, que nos despistas”- me gritaba un portero rival tras ser fusilado desde pocos metros de distancia.

Mi inquietud por el deporte activo -no de sofá- me llevó a practicar balonmano antes de probar fortuna con el baloncesto. Creía yo que poseía el brazo más potente del planeta después de derribar un larguero en el cole. Dada la temprana edad en conseguir tal hazaña era de suponer que el poder corrosivo del óxido había hecho bien su trabajo y la barra horizontal estaba en las últimas. Evidentemente no se me ocurrió tal consecuencia y me atribuí todo el mérito. Así pues, me enrolé en la práctica de este juego de contacto hasta que acabé harto de los arañazos del equipo femenino del club. Un sparring de uñas tomar. Ahora –y espero que no me escuche mi señora- mataría por enfrentarme a ellas, pero por entonces la pubertad todavía no había llamado a la puerta.

Mi amigo Pistolo se presentó una tarde con un amasijo de revistas de baloncesto: Gigantes del Basket y algún que otro Nuevobasket. El baloncesto ya empezaba a fluir y esta toma de contacto con la prensa especializada me aproximó a un mundo totalmente desconocido para mí. Existía mucha información sobre la liga ACB, la Primera B -que me era más cercana-, competiciones extranjeras y una sorpresa muy agradable en las últimas páginas. Sabía la existencia de una revista, ya desaparecida, dedicaca al fútbol (Don Balón), pero no imaginaba que también las había sobre baloncesto.

Había una competición llamada NBA, con un porrón de equipos repartidos en divisiones que a su vez se agrupaban en Conferencias, Este y Oeste. Hacía un par de años que había visto por televisión a los Boston y a los Lakers –así los denominaban- jugarse el campeonato americano. Inocente, pensaba que sólo había estos dos equipos ya que eran los únicos que aparecían por la pequeña pantalla  (esto podría aplicarse perfectamente en la actualidad). Lo cierto es que mi tronco, un buen portero de fútbol en edad moza, empezó a inundarme la casa de revistas de basket y pronto nos contagiamos del sabor NBA. Mi estilo de juego estaba repleto de arabescos, rectificados, pases sin mirar y muchas, muchas entradas a canasta. El hecho de que jugando de alero no lanzara un triple en 4 temporadas lo explica todo. Mi entrenador, un habilidoso lanzador exterior que jugaba en Segunda División Nacional, odiaba que me pasara el balón por detrás de la espalda y, sobre todo, que entrara a aro pasado:

-¡¡¡JR, así no. Hazlo fácil!!! –voceaba desde la banda. Yo siempre tuve la teoría de que él se molestaba porque no le salía :D. Nunca le ví hacer una entrada a canasta fuera de los paradigmas de la ortodoxia. Ya en edad junior la competencia era más salvaje. Algunos de los bases rivales me sacaban cabeza y media. Mis citas con los bares/recreativos eran más frecuentes que las asistencias a los entrenos. Era el momento de colgar las botas antes de romperlas. Por cierto, ¡qué malas me salieron las Converse Cons versión semibota!.

Mis monstruos favoritos

Recuperemos el hilo NBA. Había unos tipos fantásticos, casi superhéroes. Les llamaban las Torres Gemelas. Jugaban “en los Houston” y medían 2.20 o casi, cada uno. El más alto, Ralph Sampson, eliminó a los Lakers, que era el equipo de moda, con una canasta de ensueño. Realmente aquel tipo medía 2.24 y su compañero, 2.13, así que tan gemelas no eran aquellas torres. Eso me mosqueba bastante. Tanto o más que el que llamaran 'La hora de Bill Cosby' a aquella comedia de menos de media hora de duración. En España teníamos a un jugador muy alto, Fernando Romay, pero nunca entendí porqué era tan lento. Si aquel de 2.24 se movía como una gacela...Romay debería volar. Al parecer los grandotes, aquí en Europa, todavía no habían aprendido a correr así que para compensarlo unos años más adelante les enseñarían a tirar triples (un tipo de lanzamiento que alguien inventó)...y se han ganado muy bien la vida con esto.

Aquella diferencia física era la que permitía acciones tan bellas y contundentes a la vez que me cautivaron desde un primer momento. En España lo podíamos ver en los jugadores negros que aterrizaban en nuestra liga. Mis primeros recuerdos del mate a capón procedían del recién estrenado Pla de L'Arc, con el espectacular Wiley Brown (Llíria) como protagonista. En la máxima división, sobresalían David Russell, Willie Jones, Essie Hollis, Nate Davis, Eugene McDowell, Art Housey, George Singleton, Kevin McGee

Como estos los había a porrones en Estados Unidos.  Dominique Wilkins fue mi primer idolatrado. En mi pueblo o eras de Jordan o eras de Wilkins. Yo siempre he ido con el menos popular y en el caso del alero de los Hawks  llegué a creerme que era mucho mejor que el escolta de los Bulls. Luego teníamos la elegancia convertida en arte de Julius Erving, por ejemplo y el espectáculo por excelencia que representaba el mago Earving Johnson en los Lakers del Showtime. ¡Aquellas cheerleaders tan bien retratadas por Superbaket! Los Celtics me parecían aburridísimos y no me gustaba que a un tipo blanco (Larry Bird) le consideraran mejor que a Magic Johnson. Había grandes jugadores blancos como Jack Sikma, Paxson (Jim), Kelly Tripucka, Kiki Vandeweghe,Tom Chambers o Kevin  McHale, pero tenían prohibida la entrada a mi club. Como los Breuer, Mokeski, Rasmussen, Eaton, Koncak o similares pájaros. Mi pasión eran los big man con un poco más de tono en la piel. Bichos como Pat Ewing, que justo acababa de llegar, Akeem Olajuwon, Buck Williams, Terry Cummings, Kevin Willis…e incluso llegúe a pensar que Benoit Benjamin sería algún día un pívot dominante y que Sam Bowie no se volvería nunca a lesionar.

Pervis Ellison.
¡Qué gozada descubrir que había una segunda competición, la NCAA, que servía de cantera a la NBA! y que era vivida con mayor entusiasmo todavía que la competición reina. Louisville Cardinals fue la primera que me aprendí. Allí jugaba un joven pívot, Pervis Ellison, que estaba llamado a hacer grandes cosas. Algo que, lamentablemente (por lesiones y falta de agresividad) no ocurrió. Disfruté como nunca al ver la final universitaria entre Indiana Hoosiers y Syracuse Orangemen, en el 87,  gracias a que TV3 se podía ver en Valencia si se instalaba un amplificador en la antena. Un antenista de mi pueblo, ‘El Soro’, hizo su agosto modificando las antenas ya que todos querían ver ‘la catalana’. En una época con dos canales, la existencia de un tercero suponía muchas más horas de entretenimiento delante de la caja tonta. Y os aseguro que había muy pocos anuncios.

Continuando con el amateurismo, otro gran descubrimiento fue la existencia de una noche mágica (que se convirtió en trágica en el 86). Se le llamaba draft y en ella los equipos que peor habían quedado tenían la posibilidad de elegir a los mejores jugadores que salían de la universidad. Mi primera toma de contacto fue en 1986. Desde Estados Unidos decían que el mejor jugador era un alero de la universidad de Maryland llamado Len Bias. Los Cavaliers -que eran los que elegían en primer lugar- apostaron por el mejor pívot disponible, Brad Daugherty. La noche se oscureció más que nunca tras conocerse que Bias había fallecido por consumo de cocaína, caprichosa droga que se llevó por delante a más de un jugador y que arruinó la vida a muchos. En España ya conocíamos del poder mortífero de las drogas gracias a películas como ‘El Pico’ y quién no conocía en su pueblo o barrio a los cuatro calavéricos que habían vendido su alma al diablo. Sin embargo yo nunca imaginaba que algunos de los ídolos del deporte, un ejemplo para las masas, también podían caer bajo sus redes.

La pasión por el baloncesto se consolidó con la aparición del programa ‘Cerca de las Estrellas’, presentado por Ramón Trecet y con Esteban Gómez de eficaz colaborador.  Aquel programa se convirtió en una especie de templo de culto a la NBA y supo aprovechar la efervescencia de la competición americana que comenzaba a consolidarse gracias, entre otras cosas, a la aventura de Fernando Martín. El sarcástico Vicente Salaner y Franco Pinotti eran algunos de los acertadísimos invitados y por allí pudimos ver a jugadores como el entonces mediático rookie Piculín Ortiz o al ya contrastado Brad Branson.Trecet no lo sabe, pero tuvo un 90% de culpa de que finalmente me decidiera por estudiar Ciencias de la Información en vez de de aspirar a ser arqueólogo algún día. Llegué a zamparme una serie de La 2 sobre Arqueología -muy interesante, por cierto- como preparatorio para la carrera de Historia, pero no hubo manera. Las reliquias no pudieron con las ganas de escribir sobre basket. De aquella época existe alguna carta al director publicada en Gigantes sobre Lionel Simmons, el renacimiento de los Suns o Buck Williams. Algún coleccionista las puede encontrar. Mi mater amatisima aprovechó mi traslado a Barcelona para deshacerse de ingentes cantidades de revistas de baloncesto...y alguna que otra revista de esas con muchas fotos, camuflada entre los magazines.

PD: -Una cosa, Esteban, yo tampoco creo que te parecieras tanto a Fred Roberts, como afirmaba Ramón.

Los Hawks pronto dejaron de ser mi equipo favorito. La llegada de Reggie Theus y Moses Malone no fue positiva y tras rebuscar en las miserias me encontré con que los Phoenix Suns estaban pasando un calvario con las drogas y necesitaban mimitos. 

-Voy a hacerme de este equipo. Igual se convierte en campeón gracias al draft –pensé. Walter Davis y Larry Nance eran sus mejores jugadores. Una temporada después, ya en 1988. Nance era traspasado a Cleveland a cambio del joven y talentoso Kevin Johnson. Unos pocos partidos sirvieron para que le rindiera total pleitesía y mi fidelidad hacia su figura celebra este año sus Bodas de Plata. Kevin y Eddie Johnson, más Hornacek y Tom Chambers convirtieron a este equipo en uno de los mejores de la NBA. La llegada de Charles Barkley les acercó de nuevo al anillo, pero Jordan, Pippen y Paxson pasaban por allí para aguarles la fiesta.

Fueron los mejores años de baloncesto que recuerdo. Supongo que para cada persona con una infancia dentro de los parámetros normales los mejores y mayores recuerdos se asocian a los años en los que se va edificando la personalidad, se fortalecen los gustos y también las fobias. Mientras el mundo gira, estos componentes van modificándose e incluso aparecen nuevos, mientras que otros se diluyen.

Thurl Bailey.

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La manera de entender el baloncesto ha variado así como la manera de jugarlo. Ya avisaba Bruce Willis en ‘El último boyscout’ que la llegada de los agentes libres se había cargado el fútbol. No seré tan tajante (risas), pero sí es verdad que a veces pienso que se ha vuelto todo muy complicado. Quizás demasiado. Así que me quedo con aquella aparente simplicidad de entonces, con aquellos mitos de ébano: Alex English, Charles Barkley, Magic Johnson, James Worthy, Dominique Wilkins, Kevin Willis, Dale Ellis, Terry Cummings, Ricky Pierce, Xavier McDaniel, Akeem Olajuwon, Bernard King, Karl Malone, Isiah Thomas, Thurl Bailey, Roy Tarpley (maldito!!), Mitch Richmond, Eddie Johnson, Isiah Thomas, Orlando Woolridge, Clyde Drewler, Jerome Kersey, Adrian Dantley, Marc Aguirre, Sam Perkins, Fat Lever, Alvin Robertson, Terry Porter, Kevin Johnson y un sinfín más. Dicho sea que con el tiempo he sabido valorar las figuras de Bird, Stockton, Price y compañía sin que haya supuesto un ejercicio extenuante.

Al final, con la llegada de la adolescencia más salvaje, los posters de Samantha Fox y Sabrina Salerno borraron de las paredes las huellas de estos gigantes, pero nunca en el corazón.

Y el Mundo siguió girando.

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Comentarios

Me parece haber vivido lo mismo pero tirando pal norte...;)

Mis primeros contactos con el mundo de la cesta de melocotón fueron en blanco y negro con el torneo de Navidad de la Casa Blanca (gracias a que mi padre es merengue hoy me gusta esto del baloncesto). Corbalán al palomero...(creo que Hector Quiroga ya se había retirado). Que grande!

En mi caso me enganché más tarde a la NBA que algunos de mis amigos, tal vez porque no sorpotaba a Jordan...luego rendido a sus pies claro.
Yo siempre fui más de jugadores por entonces (ja quien me lo iba a decir) que de equipos, aquí tienes otro fan de Kevin Johnson. También de Wor(F)hy, para mi siempre será Worfy. Y bueno quien no disfrutaba del gran Olajuwon, la verdad que de Sampson solo tengo recuerdos borrosos.

Tiré por Villacampa en lugar de Epi, me gustaban sus entradas a canasta (ejem), siempre le ví más completo. O igual fue porque no era de Bird...
Por cercanía uno de mis idolos fue el gran Kopicki (el de Bilbao, no el de Italia, claro). Y por cercanía lejana el gran Juan Antonio Morales (sin aquella lesión hubiera sido grande, me recuerda al caso Norel (y quien sabe si Noel).

Y para mi el mejor jugador de la historia es Sabonis. Quien más me divirtió, "la pantera rosa".

Mi experiencia como jugador, tirar y tirar, aunque no llegué ni a federado (torneos interinstitutos), meter las metía de todos los colores, pero en las pachangas, en los partidos serios me podía la presión :D

p.d: Interesantes articulos de la saga también los de basketmaniatic y Kike Casanovas.

En mi caso no es ya que todo me suene como propio: es que yo acabé jugando a balonmano 8 años porque en mi colegio no terminó de salir equipo de baloncesto, y, sobre todo, que mi madre también es de Benaguasil y yo me pasaba todo el verano por allí. La vida es un pañuelo!

muy grande, muy bueno, magnifico. soy de una generación posterior, pero me veo retratado en cuanto a la manera de llegar a amar el basket,practicarlo y algunas perlitas mas jajajajaja, muy bueno señor sanchis, mi mas sincera enhorabuena!!!!!!!!! seguid así, que hacéis un trabajo enorme.