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Kobe Bryant: motivos, que no trofeos, para ser una Leyenda

eL hombre que calcó al mito

Uno de los mayores logros que consiguió Kobe Bryant a lo largo de sus 20 temporadas en activo no aparece en su palmarés. Allí encontramos 5 anillos, 2 Oros olímpicos, 2 MVP de las NBA Finals, un MVP de la temporada (2008). También 18 participaciones en el All Star (sólo se perdió los de sus dos primeras temporadas en la liga, pero en la del debut fue campeón del concurso de mates del All Star Weekend). Cuarto mejor anotador histórico de la NBA (ya saben, recientemente superado por LeBron), e infinidad de elecciones en los mejores quintetos de la temporada, tanto general como defensivo.

Pues para muchos, el mayor hito de la Mamba Negra no fue ninguno de esta cascada de datos, sino uno que no tiene trofeo, y que se forma de la impresión y opinión de cantidad de aficionados, analistas, jugadores y técnicos que rodean el mundo del baloncesto: Kobe fue, es, y seguramente será, lo más parecido al mayor mito que ha dado este deporte, Michael Jordan. Y eso, que a priori parece un “premio” menor, ya que habla de “parecerse a alguien”, puede suponer muchísimo.  
Como sucede en el fútbol con “el nuevo Maradona”, hace décadas que la gente espera “al nuevo Jordan”. Kobe no fue el primero en parecerse, en imitarlo o en que alguien le viera similitudes con Air, pero lo cierto es que Bryant logró ser tan objetivamente parecido, que parece realmente increíble que dos seres humanos de distintas procedencias y edades, puedan asemejarse tanto.

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Jordan & Kobe (@NBA)

Ambos medían 1’98, y atléticamente tenían bastantes similitudes. Ambos jugaban de escolta. Ambos iniciaron sus carreras siendo auténticos matadores, con vuelos espectaculares, y rectificados estéticamente preciosos y casi imposibles. Pero fue su evolución en el juego, la potenciación de su tiro como principal arma, lo que les continuó uniendo en la línea del reflejo. Ese tiro suave, bombeado, esa caída del cuerpo hacia atrás (fade away), y los gestos que lo acompañaban.

Sus gestos. Y sus miradas. Y su lengua. Era un calco. Y el carácter, la ascendencia sobre compañeros y rivales, el carisma y el respeto de todo el entorno NBA. Todo en Kobe fue un reflejo de Michael, su ídolo, su inspiración. Ese que colgaba en un poster de su habitación cuando comenzaba a jugar y que siempre imitaba, como tantos otros niños. Quiso ser como Jordan, y eso es imposible. MJ sólo hay uno, pero Kobe consiguió ser lo más parecido que jamás habrá al Dios, y de camino, logró crear su propia figura, logró ser otro mito casi a su altura. Lo dicho: hay logros que no conllevan trofeos, pero que, sin embargo, permanecen más en la memoria.

Kobe Bryant vs Michael Jordan - Identical Plays: The Last Dance (Part III)

el hilo entre generaciones: hacer historia y ser leyenda

Otro de los “títulos sin trofeo” que Kobe se ha llevado a donde quiera que todos acabemos (incluido las leyendas), es ése mismo, SER Leyenda. Se utiliza mucho ese término, porque es algo realmente subjetivo, opinable, amplio... Pero conviene matizar entonces la trascendencia y el impacto que Bryant ha tenido en la historia de la NBA, y por ende del baloncesto. Kobe es, probablemente, el icono de una época dorada en la historia de la liga. La Mamba, por todos sus éxitos, por su carácter, mentalidad, trayectoria, es el símbolo de una época (por situar en una década, los 2000), en la que convergieron megaestrellas como Shaquille O’Neal, Tim Duncan, Kevin Garnett, Allen IversonSteve Mcgrady, Paul Pierce, Vince Carter... es decir, probablemente la época de mayor talento (esto sé que es muy debatible) que jamás haya existido. Kobe, como imagen, superó a todos ellos y fue el emblema. Por contratos, por impacto, trascendencia, idolatría... él quedará para siempre como el jugador que sucedió a Jordan (icono global de los 90, por acotar), y que precedió a LeBron, quien coincidiera en el tramo final de los 2000 y que dominaría la década que ahora hemos terminado.

Y con estos tres ejemplos podríamos construir el hilo conductor de los mitos del baloncesto NBA, si comenzamos por Wilt Chamberlain y Bill Russell (50’s y 60’s), Kareem AJ y Julius Erving en los 70, la dupla Bird & Magic en los fantásticos 80, hasta llegar, de nuevo, a los 90 de Jordan y sus legendarios Bulls. Son nueve nombres en total. Nueve jugadores en aproximadamente 70 años de historia del baloncesto norteamericano. De aquí podríamos sacar una definición de “únicos”, de “Leyendas”, que forman de manera lineal la historia de la NBA, y Kobe Bryant está entre ellos, lo que le convierte en un jugador generacional, y por tanto, de época.

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Lakers legends (OCRegister)

una estrella diferente: sus lazos con europa y españa

De Kobe será recordada también su capacidad de enfrentarse a los problemas, al baloncesto, y a la vida en general. Su carácter ganador, su mentalidad indestructible, la Mamba mentality. Y esta manera de pensar, de actuar, de comportarse, forman parte de una personalidad abierta, distinta a la del típico chico (norte)americanoen gran parte por su trayectoria vital y el tiempo que vivió junto a su familia en Italia, donde su padre jugó durante siete temporadas. Kobe conoció Europa, viajó con su familia, y se crio en parte con la cultura europea e italiana, tan distinta de la estadounidense. Esto le hizo ser más “abierto” para con los de “fuera”, para creer en las capacidades de otrestereotipo de jugador que, hasta la fecha, no era habitual que triunfara en el país del “sueño americano”. El de Philadelphia fue el mentor de Pau en su llegada a Los Ángeles (2008). Fue su padrino, su “hermano mayor” y desde el primer momento le demostró respeto y admiración, algo que obviamente era mutuo. Le dijo nada más aterrizar “te necesitamos para ser campeones. Contigo seremos campeones”. Y ahí nació una relación fantástica, de mucha amistad, cariño y contacto familiar y diario, que ha perdurado hasta la fecha.

Pero Kobe Bryant ya tenía de antes predilección por España. Era conocida su afición por el fútbol, su simpatía por el Barça, y su relación más o menos personal con Gerard Piqué, al que había conocido en EE.UU. Kobe era un norteamericano europeizado, que dominaba dos idiomas del viejo continente (su mujer Vanesa tiene ascendencia mexicana), español e italiano, pero que sentía verdadera curiosidad y afición por un continente frecuentemente denostado en el mundo “yankee”. 

De hecho, una de sus últimas anécdotas tuvo relación también con este tema. Recientemente, en una visita de los Dallas Mavericks al Staples Center de L.A., se hicieron virales unas imágenes del saludo y abrazo de la Mamba con Luka Doncic, así como la foto que se hicieron Luka y la malograda hija de Kobe, Gianna. Lo curioso del asunto estuvo en cómo sucedió, y es que Bryant, ataviado de “incógnito con gorro de lana, llamó la atención de Doncic a su espalda con unas palabras en esloveno cuando este se disponía en la banda para sacar. El genio se había preocupado y esforzado por aprender algo coherente en esloveno para llamar la atención de Luka, y así saludarlo a continuación cariñosamente.

Esta es una muestra más, para algunos insignificante pero para otros no, de la grandeza de una figura como la de Kobe, de la que se podrían estar contando anécdotas y experiencias durante tantas horas como el cuerpo pueda aguantar. Pero dan fe de que Kobe Bryant era algo más que una estrella del baloncesto. Una figura diferente que se había convertido en un mito, y que ahora, más si cabe con su trágico final, se ha convertido en una leyenda que, pese a habernos dejado, siempre será inmortal. Será ETERNO

DEP, Kobe, y GRACIAS.

 

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