Solapas principales

La era de Allen Iverson

  • Allen Iverson marcó un antes y un después en la NBA.
  • Su carisma e influencia son casi inigualables.

"Recuerdo que fui a ver en directo un Boston - Philly en el que a Iverson se le señaló una técnica, emitió una queja de incredulidad, siguió al arbitro hasta la mesa de anotadores, y gritó un: '¡que te jodan!  El arbitro giró unas cuantas veces hasta llevarse el silbato a la boca con la intención de pitar una segunda técnica. Estaban a unos 7 metros de distancia de mi posición, así que vi la escena con bastante exactitud. Y os juro por la vida de mi hija que esto es lo que pasó a continuación: cuando el arbitro comenzó a llevarse el silbato a la boca, los ojos de Iverson se abrieron de par en par y este se movió furiosamente hacia el arbitro, como con la intención de darle una paliza allí mismo. Durante medio segundo, se palpó la violencia en el aire. El arbitro, sorprendido por la reacción, bajó el silbato, lo escondió en el bolsillo y no llegó a pitar esa segunda técnica. Por puro carácter, Iverson se mantuvo dentro del partido."

Extracto de The Book of Basketball, de Bill Simmons.

Aquella noche del 6 de junio de 2001, Allen Iverson se convirtió en el mejor jugador del mundo. Fue su cénit, el momento en el que Iverson cambió el sentido de la NBA, plantando cara a los Lakers de Shaquille O'Neal, aquella fuerza imparable, y de Kobe Bryant, quien ya soportaba comparaciones con Michael Jordan.

Aquella noche del 6 de junio, Iverson marcó a una generación. No sólo por su actuación. No sólo por el momento – siempre es bueno recordar que se trataba del Game 1 de las NBA Finals -, si no por el significado. Iverson dejó su legado en esa misma noche, creó el boceto en su cabeza y pintó al óleo, sobre el parquet, el crossover más bello y recordado de la historia de la NBA. Y lo acompañó de su imagen, siempre controvertida, siempre polémica. Siempre por encima del resto. Iverson traspasó el trash talking y convirtió un gesto desafiante en mito. Iverson pasó por encima de Tyronn Lue, mirando con desdén, como si existiese un abismo entre el jugador de los Lakers y él. Como si Iverson hubiese traspasado los límites de lo humanamente baloncestístico y hubiese alcanzado el propio Olimpo, destronando a cualquiera que se encontrase mirando desde la cima del mundo de la canasta.

Iverson encontró esa misma noche su respuesta. Su significado en un gesto, en una jugada, en una canasta inolvidable. Creó su propio The Shot, trazado con su estilo único e irrepetible, el de aquel chico de Hampton (Virginia) que nunca abandonó la polémica, sobre el que siempre pesó la nube negra de aquella noche donde Iverson marcó su vida en una bolera.

Fue el 14 de Febrero de 1993. Allen contaba con 17 años cuando se encontraba en una bolera de su ciudad, con algunos de sus amigos. No eran chicos ejemplares. Y Allen, en aquel momento, era el mejor jugador de su edad en todo el país. Bubba Chuck, como era conocido, preparaba su camino para triunfar en el mundo del deporte. Sí, Iverson no sólo abrió puertas al mundo del baloncesto, si no que era considerado incluso mejor jugador de fútbol americano, ocupando la posición de quarterback. Iverson debió acudir, de hecho, a Notre Dame, y realizar carrera en el mundo de la NFL, pero se decantó por el mundo de la canasta.

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En el instituto, Allen Iverson también probó suerte en el Football
En el instituto Allen Iverson también provó suerte en el Football

Todo el mundo que se encontraba en aquella bolera sabía quién era aquel chico delgado, de aspecto frágil, de apenas un metro ochenta de estatura. Ya era famoso antes de iniciar su carrera profesional.

Allen y sus amigos comenzaron a montar jaleo. Un grupo grande, todos ellos de raza negra, y que habían quedado para pasar un rato, aunque para ello tuvieran que echar a todo el mundo de aquella bolera. El ruido ya era demasiado molesto, y comenzaron las peticiones para que bajaran la voz.

Hicieron caso omiso y continuaron con su particular fiesta. Fueron advertidos otra vez. Y otra. Otra más. Se negaban a aceptarlo.

Entonces, otro grupo de jóvenes saltó, ellos de raza blanca. Molestos por el constante ruido del grupo, decidieron unirse a las protestas. Esta vez Iverson y sus amigos no se callaron. Comenzaron a discutir. La intensidad de la discusión fue creciendo. Comenzaron a oírse insultos por el color de piel. Las voces se acompañaron de gestos. De los gestos, pasaron a encararse.

La pelea estalló. Las sillas y las mesas, volaban. Una cámara de vídeo pudo captar algunos segundos de aquella batalla campal.

Un grupo de chicos blancos frente a un grupo de chicos negros. De la discusión, a la pelea en la bolera, una pelea violenta que no iba a llegar a buen puerto en ningún caso. Y, además, tomó el peor cariz posible. Allen salió de la bolera. No se sabe en qué momento. No se sabe en qué dirección. Pero lo hizo. La pelea llegó a oídos de la policía, que intervino. Unos días después, cuatro arrestados. Los cuatro, negros. Entre ellos, Allen Iverson, acusado de golpear con una silla en la cabeza de una de las jóvenes del otro grupo.

De una pelea entre dos grupos, sólo hubo cuatro detenidos. Y no sólo quedó ahí. Iverson, el joven de su edad más conocido en todo el país, era acusado. Una mancha en el expediente para el futuro deportivo de una de las mayores promesas del momento.

Si el hecho en sí ya era noticiable, el camino que tomó el proceso fue dramático. Iverson, de 17 años de edad, fue juzgado como mayor de edad por los incidentes, en base a la utilización de una legislación de Virginia casi sin uso. El resultado fue terrible: 15 años de prisión para el joven Allen y los otros tres detenidos, que veía cómo su futuro se derrumbaba.

Allen no lo entendía. ¿Cómo se le ocurriría empezar a golpear con sillas en un lugar donde todo el mundo sabía quien era? No sólo eso. Iverson defendía su inocencia declarando que qué tipo de hombre sería si golpeara a una mujer con una silla. “I rather have 'em say I hit a man with a chair, not no damn woman”, añadió tras el juicio.

Todo el proceso se mediatizó. Comenzaron las acusaciones de racismo, pues sólo habían sido detenidos cuatro chicos negros de una pelea multitudinaria. Y, además, el proceso había sido un tanto irregular, con Iverson y sus amigos juzgados como mayores de edad sin serlo, y aplicando legislación que no era utilizada habitualmente. Se creó una plataforma, SWIS, siglas formadas con la inicial del apellido de los cuatro acusados, para recolectar dinero y recoger firmas contra la decisión tomada por el juez.

El juez Overton anuló diez de los quince años de prisión de Allen, que ya había pasado varios meses en un correccional debido a que no era mayor de edad. Sin embargo, en cuanto cumpliera los dieciocho, entraría en prisión. El 8 de septiembre de 1993, era arrestado y dirigido a la prisión de Hampton. Dos días después de comenzar el curso, Iverson era detenido. De Hampton, era trasladado a una prisión de mínima seguridad, donde realizaría diversos trabajos durante su estancia.

Era su último año de instituto. Quería ir a la universidad, optando a una beca deportiva. Solicitó la posibilidad de, al menos, poder finalizar sus estudios de high school, pero se le negó. La madre de Allen declaró que era injusto. Que no iban a dejar terminar el instituto a su pequeño. Bob Gibbons, ojeador de North Carolina, no lo entendía. “No digo que no se le castigue, pero es un crío. Merece una segunda oportunidad”.

Nadie entendía la dureza de la sentencia. Iverson tenía detrás apoyo mediático, y, quizás, su fama le salvó. Comenzaron las movilizaciones, basándose en que la sentencia escondía motivos racistas. Desde la muerte de Martin Luther King, nunca hubo una movilización así contra el racismo.

Iverson pudo salir. Acabó su año escolar en un colegio para jóvenes en situaciones de riesgo, sin poder competir al más alto nivel, y aún así, Georgetown se fijó en él. John Thompson le advirtió: no iba a pasarle ni una. Y Iverson se comprometió.

La historia de Iverson en Georgetown fue corta. Una de sus hermanas enfermó y, al no poder pagar la asistencia médica, optó por dar el salto antes de tiempo a la NBA. Su falta de experiencia no fue un hándicap para él en el Draft.

1996. El año en el que cambió el baloncesto. Los Sixers tenían el primer pick. Y no dudaron en ir a por el jugador más talentoso. Iverson llegaba a Philadelphia y no tardaría en dejar huella en la NBA. En su primer partido, anotaba 30 puntos. Alcanzó o superó los 40 puntos en cinco ocasiones... consecutivas, llegando hasta los 50. Y dejó, cómo no, un gesto para el recuerdo.

Fue el 14 de abril de aquel 1997. La temporada rookie de Allen Iverson llegaba a su fin, y frente a él, los Bulls de Jordan. Y no dudó cuando tuvo delante a Michael. Cuando Iverson salió de un bloqueo, Phil Jackson gritó "Michael". Jordan quedó frente a Iverson, que lo retó, sin hablar, con la mirada, y comenzó a botar. Y terminó desequilibrando a Jordan, dibujando un crossover que es imagen de aquel Iverson rookie. En su primer año, Iverson ya marcó tendencia.

Allen Iverson Crossover

Los años posteriores de Iverson hasta 2001, no fueron peores. Bajó sus números en su segunda temporada, pero mejoró su porcentaje. Y, a partir de ahí, una máquina imparable de anotar. 26,8 por partido en su tercer año. 28,4, el cuarto. Hasta que llegó 2001.

En la temporada 2000-2001, la primera temporada del nuevo siglo, Allen Iverson se convirtió, por momentos, en el mejor jugador que había pisado una cancha. Sus movimientos, su juego desequilibrante, su capacidad para robar balones, y su carácter lo llevaron a la cima. Superó los 40 puntos en 17 ocasiones, dos de ellas por encima de los 50 puntos. Llevó a los Philadelphia 76ers al primer puesto de la Eastern Conference. Y fue nombrado MVP.

El PlayOff siguió el camino esperado. Eliminados los Pacers, tocaban los Raptors en las semifinales de Conferencia. Probablemente, una de las mejores eliminatorias de toda la historia de la NBA. Vince Carter frente a Allen Iverson. Un Vince Carter desatado, en su versión más física, que llegó hasta los 50 puntos en el Game 3. Iverson había anotado 54 en el partido anterior. Y anotaría 52 en el Game 5. En el séptimo y definitivo, cambiaron las tornas. 23 puntos, sí. Con 16 asistencias.

La Final de Conferencia, ante Milwaukee Bucks, los mismos de Ray Allen y Sam Cassell. Esta vez, los 76ers ganarían en seis partidos, con Iverson anotando 44 puntos en el partido decisivo. Los 76ers llegaban a las NBA Finals, dieciocho años después de la última.

Entonces llegó aquel Game 1. Aquella primera mitad donde Iverson se salía del mapa. Aquella lucha encarnizada con Tyronn Lue por lograr, no ya poder cogerlo, si no acercarse al balón. Y aquella jugada, con menos de un minuto por jugar de la prórroga, tras aquel triple en contraataque. Iverson besó la red e hizo besar a Lue el suelo.

Iverson Over Lue

Aquella mirada que Iverson dedicó a Lue, derrotado en el parquet, fue la simple traducción de la palabrería en gesto. El clímax de un icono generacional, que atravesó los muros que separan el parquet brillante de la NBA y el público que aclama a sus ídolos.

Los Sixers vencieron aquella noche a los Lakers, contra todo pronóstico. Iverson derribó, por una noche, el muro que suponía tener delante a Shaquille O'Neal, que anotó 44 y capturó 20 rebotes.

La historia de Allen Iverson no acabó ahí, desde luego. Su nivel siguió siendo excepcional, llegando a mejorar sus números en la temporada siguiente. Esa misma temporada en la que protagonizó la rueda de prensa más surrealista de la historia de la NBA. "I'm talking about practice". Algunos dicen que llegó borracho. La cuestión es que la imagen de Iverson era ejemplo, para bien o para mal, algo que al comisionado, David Stern, no le agradaba lo más mínimo.

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Allen Iverson en una rueda de prensa (Foto: Miqui Forniés)
Allen Iverson en una rueda de prensa (Foto: Miqui Forniés)

El Allen Iverson fuera de la pista y el Allen Iverson sobre el parquet eran la paradoja de la NBA. Cuando Iverson traspasaba las líneas que acotan el campo de juego, pasaba de ser el icono de la liga al bad boy, ese jugador que nunca debía ser imitado. Los distintos escándalos, ya fuera con compañeros, o su eterna lucha con Larry Brown, manchaban su imagen de estrella.

Pero los intentos de David Stern por apagar el brillo fuera del parquet de Iverson fueron inútiles. La importancia de Allen Iverson en las generaciones posteriores, su influencia, tanto en imagen como en estilo de juego, supusieron uno de los mayores cambios de la NBA.

LeBron James lo dijo: “I didn't want to be Michael or Magic. I wanted to be Allen Iverson”. Carmelo Anthony, quien fuera compañero suyo, dijo que Iverson cambió todo. “An entire generation owes him.”

Los tatuajes, las cintas, las coderas, esa entrada del mundo hip hop a la NBA, la imagen de Allen Iverson golpeaba a la NBA, la hacía suya. Jerry West, el logo, pudo haber sido sustituido y un gran número de generaciones lo habrían aplaudido.

Pero la luz de Allen Iverson, se apagó. De los Sixers, donde no logró alcanzar otra final, pasó a unos Denver Nuggets donde se unía con Carmelo Anthony, además de contar con jugadores como Marcus Camby. Dos temporadas y media pasaría en los Nuggets, hasta que volviera a ser protagonista de un traspaso, esta vez rumbo a Detroit. Era el fin de Allen Iverson.

Sus últimos años, con especial atención al intervalo entre 2008 y 2010, han sido un constante desastre. Polémicas, intentos de volver a jugar a su nivel, su no aceptación de un rol menor... Todo ello supuso su fin en la NBA, en los Sixers, poco tiempo después de su desastroso paso por los Grizzlies.

De ahí, a su aventura por Europa, firmando por el Besiktas, donde levantó gran expectación. Recibido como un héroe, y dando la espantada. Desde entonces, lo que se sabe de Iverson siempre viene rodeado de polémica. Su aspecto, muy deteriorado, el día de la retirada de su número en Philadelphia, la polémica con el All Star de Argentina, donde el jugador era la estrella invitada y fue rechazado porque su estado físico no era bueno, así como su actuación como entrenador en China, donde se esperaba que jugase, y que le impidió salir del país, son las últimas noticias de The Answer.

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Ceremonia de retirada del número a Allen Iverson (Foto captura: nba.com).
Ceremonia de retirada del número a Allen Iverson (Foto captura: nba.com).

Ahora, quiere volver al mundo de la NBA. No como jugador, si no como miembro de alguna franquicia. La imagen de Allen Iverson ya no es la misma. Pasó de ser el centro del mundo baloncestístico a ser una leyenda viva. Pasó de las luces y sombras a protagonizar escándalos, llegando los rumores hasta su economía, donde se decía que ya no podía pagarse ni una hamburguesa.

La historia de Allen Iverson, desde aquel 14 de febrero de 1993, fue distinta. Allen Iverson siempre defendió su inocencia. Trabajó para ser el mejor, peleó por ser deportista profesional para sacar a su familia de la miseria. “Mamá, te compraré un jaguar rojo”, decía.

Ahora, casi 15 años después de aquel partido de las NBA Finals, el recuerdo de Allen Iverson se difumina con el tiempo. Se pierde y se mancha con sus últimas noticias, con la última imagen que nos dejó en la NBA. El tiempo, muchas veces, no es justo con las leyendas.

Pero recuerden: aquel 6 de junio de 2001, Allen Iverson, “The Answer”, se convirtió, durante 53 minutos, en el mejor jugador de la historia.

 

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Comentarios

Genial Adolfo!!!
Otro artículo excelente que añadir a tu lista.
Me estoy aficionando cada vez más a esta página, y tú tienes la culpa :)))

La vida de Iverson fácilmente podría convertirse en película, el problema sería donde poner el final de la misma; en la victoria contra Lakers en el Game 1 (final feliz), o en la ruina deportiva, económica y probablemente humana de este icono del baloncesto.
No todo en la vida real tiene un final feliz, y si bien Iverson lo tuvo en el baloncesto durante unos años, el bueno de Allen no lo ha tenido aún en su vida, pero está a tiempo; si yo con casi 40 cuando juego al baloncesto soy feliz, seguro que él con 38 puede volver a serlo.