Solapas principales

Los Animales Fantásticos de la NBA

  • Conoce a cuatro de los jugadores de mayor impacto en la liga esta temporada
  • Analizamos sus características y juego, comparándolos con fieras del mundo animal

Se cumplieron la semana pasada tres meses de competición en la liga más salvaje del mundo, la NBA. Durante este tiempo hemos tenido ocasión de ver prácticamente de todo: lesiones (pequeñas y graves), rachas increíbles, remontadas inverosímiles, cuarentones dando lecciones (Ginobili y Vince Carter, eternos), actuaciones individuales asombrosas, y mucho mucho espectáculo: mates, triples, tapones y asistencias. Bestialidades, en todo caso, más propias en ocasiones del reino animal que del limitado ser humano.

En una liga que reciente y progresivamente ha ido diciendo adiós a algunos de sus símbolos más influyentes de las dos últimas décadas, los últimos en decir adiós de este prestigioso altar fueron nada menos que Kobe Bryant y Paul Pierce, dos auténticas leyendas de dos de las franquicias más laureadas e históricas en los 70 años de vida de la liga, y que colgaron sus botas el pasado verano. Sus ausencias, unidas a las anteriores de otros emblemas como fueron Garnett o Duncan, han dejado algo de vacío en el olimpo de los dioses de la canasta estadounidense. Sus huecos quieren ser ocupados por algunos de los actuales jugadores que pretenden sumar méritos para ser considerados, como los citados, leyendas eternas de la mejor liga del mundo. Puede que sólo uno tenga ya un espacio reservado ahí, además peleando entre los superelegidos dentro de los elegidos: es LeBron James, cuyo impacto y dominio de la liga está fuera de toda duda. Otros aspirantes que pueden hacerlo, con mayor o menor mérito a estas alturas, son los warriors Kevin Durant y Step Curry, La Barba Hardem, el celtic de nuevo cuño Kyrie Irving, o Mr.Triple Doble Russ Westbrook, último MVP de la liga.

Veremos hasta dónde llegan estos afamados y ya contractualmente muy bien considerados aspirantes. Son la élite de la NBA y primeras espadas para ocupar el trono de King James, una vez El Monstruo se humanice. Pero tras ellos llega una magnífica hornada de precandidatos, todavía algo cortos de edad, pero cuya proyección empieza a ser una realidad, y cuyos números e impacto en la liga no ha dejado indiferente a nadie. Estamos hablando de cuatro nombres elegidos entre un gran grupo de jóvenes jugadores que han destacado (algunos llevan ya alguna temporada haciéndolo) en este inicio de temporada, y con ciertas características en común: todos proceden de fuera de los EE.UU. y los cuatro poseen características especiales que los hacen parecer animales en libertad, dominando su hábitat natural, ya sea la sabana de la pista, la jungla de la zona o los árboles de las canastas. Son animales únicos y portentosos, bestias, con cualidades a menudo casi indefendibles, y que quién sabe si les llevará a reinar, como el León, la selva de la NBA. Os presentamos a los animales fantásticos de la liga, cuatro jugadores cuyas características nos recuerdan, haciendo buen uso de la imaginación, a los respectivos animales con los que los relacionamos:

Ben Simmons, el canguro australiano:

Empezaremos por el más joven de los cuatro. Ben Simmons nació en Melbourne, Australia, de ahí que su símil en el mundo animal no haya sido el más ingenioso. La característica principal del canguro son sus saltos, y no es la cualidad que más destaca en el jugador de los Sixers, si bien deja a menudo mates que por su agilidad y potencia sí llaman la atención. Sin embargo, Ben juega como se mueve el marsupial, con la cabeza siempre arriba, oteando el horizonte, buscando vías por donde desplegar su amplia zancada. Se trata de un base fuera de lo normal; mide 208 cm y tiene una visión de juego espectacular. Lo más particular de su juego es su capacidad para hacer de todo: anota, asiste y rebotea a un nivel poco frecuente para sus 21 añitos. Podría ser, salvando las distancias, lo más parecido a Luka Doncic que hay al otro lado del Atlántico. Por su altura y posición en la pista, domina el juego con autoridad, elige siempre la mejor opción, y aprovecha sus centímetros para someter a sus defensores, bien posteándoles, o superándoles de frente y penetrando hasta el aro.

Simmons fue el nº1 del draft de 2016, pero la mala suerte que persigue a la franquicia de Philadelphia con los novatos le privó, por una lesión en un dedo del pie, poder debutar durante el transcurso de esa temporada con los Sixers. Lo hizo este año, estrenándose ante los Wizards, en un partido en que ya dio muestras de lo que podía ser capaz y de la innegable calidad que atesora (19 puntos, 10 rebotes, 5 asistencias). Anteriormente tan solo había disputado una temporada universitaria en EE.UU., en Luisiana, donde promedió la friolera de 19 puntos, 12 rebotes y 6 asistencias por encuentro, lo que le valió para ser el universitario del momento y que apostaran por él como primera elección del draft, rumbo a la ciudad del amor fraternal.

Las estadísticas del australiano están asombrando en toda la liga, y es uno de los más firmes candidatos a llevarse el prestigioso galardón de Rookie del Año, junto al celtic Jayson Tatum, otro niño prodigio. Simmons promedió en sus cuatro primeros encuentros como profesional al menos un doble-doble, algo que no sucedía desde el debut del gran Shaquille O’Neal. Pero su hito fue más allá, ya que precisamente en el cuarto logró su primer triple-doble, y para esto hay que remontarse mucho más en el tiempo, concretamente hasta 1960. El canguro se marcó una histórica actuación ante los Pistons, con 21 puntos, 12 rebotes y 10 asistencias. A día de hoy, Simmons suma ya cinco triples-dobles (el último, muy reciente), y logró ser el tercer jugador de la historia que ha necesitado menos partidos (23) para alcanzar tres triples-dobles. Los dos que lo lograron antes fueron nada menos que Oscar Robertson y Magic Johnson.

Su sociedad con otro de los animales del futuro, Joel Embiid, está siendo fundamental en la buena racha de los Sixers, que han pasado de ser un equipo perdedor a pelear por clasificarse para los Playoff, a los que hace seis temporadas que no acceden. Actualmente se encuentran séptimos, con un balance 23-21 (datos del 25 de enero), y parece que pelearán con Milwakee, Detroit y Nueva York por las dos últimas plazas de acceso a las eliminatorias por el título.

Siguiendo con el análisis de Simmons, hay una peculiar característica de su juego que salta a la vista: a penas lanza desde media y larga distancia. Su estadística de triples finalizando el mes de enero es de cero aciertos en diez intentos. Un caso que recuerda a otros bases poco lanzadores, como el rookie más mediático, Lonzo Ball, o a los inicios de nuestro Ricky Rubio, al que también le costaba mirar al aro si no era en penetración. Derivado de este “problema” (el tiro) nos encontramos con otro si nos fijamos en los tiros libres. El australiano es uno de los veinte jugadores que más faltas provoca de la liga, atendiendo a ese aspecto de su juego en que las penetraciones y el contacto son muy frecuentes en los minutos en que está en pista (promedia 35 por partido), y el resultado de sus visitas a la línea ofrece datos preocupantes, un 55’6% en los 750 lanzamientos que ha intentado.

Esto marca claramente el camino a mejorar del joven jugador aussie, que tiene mucho tiempo por delante para pulir su mecánica de tiro y elevar sus porcentajes, para convertirse así en un jugador todavía más completo y con más rango de amenaza sobre la pista. Por el momento, tras un último mes en que ha decrecido algo sus impresionantes estadísticas, cifra sus promedios en 17 puntos, 8 rebotes y más de 7 asistencias por encuentro. A poco que evolucione positivamente, y si prolonga en el tiempo las cualidades que está demostrando, estamos ante un canguro que llegará muy lejos entre la fauna de la NBA, y algunos ya lo ven como el sucesor del león más feroz de la liga, LeBron James, El Rey de la selva.

Giannis Antetokounmpo, el bisonte griego:

Estamos probablemente ante el más popular y consolidado de los cuatro jugadores a los que hacemos referencia. Giannis nació en Atenas hace 23 años y su infancia no fue nada sencilla. Hijo de inmigrantes “sin papeles” nigerianos, trabajó desde niño como vendedor ambulante para ayudar a la subsistencia de su familia, al igual que su hermano Thanasis, dos años mayor y actual jugador de Panathinaikos. “Anteto” mide 2’11m y su posición es la de power-forward, representando como pocos esa figura de alero potente que tan de moda se ha puesto en el baloncesto actual. Aterrizó en la liga americana en la temporada 2013-14 como número 15 del draft, y en su primer curso, sin ser espectacular, promedió 6’8 puntos, 4’4 rebotes y 2 asistencias en los 77 partidos que disputó, valiéndole para ser elegido en el segundo mejor quinteto rookie del año.

Esa primera temporada Antetokounmpo la inició con tan solo 18 años, y procedía de un modesto equipo de la segunda división griega, el Filathlitkos BC, donde su proyección llamó la atención no sólo de los ojeadores norteamericanos sino de los Europeos, y a punto estuvo de recalar en el CAI Zaragoza, con quien llegó a pactar un contrato de cuatro temporadas, pero con el que no llegó a debutar debido a los cantos de sirena que recibió de la NBA, que le hicieron decantarse por dar el salto a la mejor liga del mundo.

Con la actual, el griego está disputando su quinta temporada con los Bucks en la liga norteamericana, y aquello de la adaptación y progresión se está cumpliendo a rajatabla en su juego, y así lo reflejan sus estadísticas; sus promedios no han hecho más que aumentar año a año, y con ellos su reconocimiento e impacto en la liga: de los casi 7 puntos y más de 4 rebotes por partido en su año rookie pasó a 13+7 en su curso shophomore. En el tercero eran ya 17+8, y en el pasado año sus guarismos fueron ya de estrella NBA, con 23+9, que le llevaron directos al All Star Game de Nueva Orleans como hombre franquicia de Milwakee, y con un reciente contrato que así lo demostraba a razón de 100 millones de dólares por 4 temporadas más.

Pero como no parece tener techo este animal, su temporada de máxima explosión ha llegado en la actual. Durante el primer mes de competición sus exhibiciones fueron constantes, una tras otra, y sus promedios eran de escándalo: más de 30 puntos y 12 rebotes por encuentro, lo que le posicionaba inicialmente en la carrera por el MVP, a poco que le fuera regular a su equipo, dirigido por el mítico Jason Kidd (despedido curiosamente mientras escribimos este artículo). Ese nivel extraterrestre del griego durante el primer mes era prácticamente imposible prolongarlo mucho tiempo, así que sus estadísticas se han ajustado a las de un ser humano con condiciones animales: más de 28 puntos, 10 rebotes y casi 5 asistencias por partido para la bestia ateniense en los primeros 42 partidos de la temporada.

Analizando su juego, lo que más llama la atención a simple vista son sus portentosas condiciones atléticas, que le permiten dominar físicamente en todos los aspectos del juego. Su envergadura es asombrosa, su potencia de piernas asusta y junto a su enorme zancada le permite atacar el aro con la fuerza y seguridad con que un bisonte cruza las praderas americanas a toda velocidad. Precisamente, esa forma de penetrar con todo y contra todo es la que más me ha fascinado de Giannis. Desde fuera hacia dentro, con la pelota en las manos, Anteto siempre ataca sin rehuir el contacto y sin importarle qué pívots le esperan bajo canasta. Su modo de anotar es por abrasión, como diría algún comentarista, chocando contra todos, y en contraataque, con pista abierta para correr, es mejor no ponerse por delante, como harías viendo llegar al bóvido salvaje desbocado. Sin embargo, no conviene olvidar sus 211 centímetros de altura, porque verlo correr y botar la bola con esa altura está al alcance de muy pocos jugadores en la historia. Le encanta cruzar la pista así, con el aro entre ceja y ceja, y no le importa cuándo deba dar el primer paso de la batida, ya que siempre encuentra la forma de dar la segunda zancada extendiendo la pierna de forma casi inhumana, y estirando los anteto-brazos (símil que se utiliza frecuentemente con el famoso Inspector Gadchet) hasta colgarse del aro salvajemente o dejando la bola muy cerca de él.

Se trata, sin duda, de uno de los jugadores más espectaculares de la liga, y está por ver dónde está su techo. Por lo pronto, volverá al fin de semana de las estrellas en unas semanas y en esta ocasión ha coqueteado con ser el jugador más votado de toda la liga, aunque finalmente fueron LeBron y Curry de nuevo quienes se llevaron ese honor. El siguiente paso de Antetokounmpo es aspirar a pelear por cotas más altas, es decir, capitanear a su equipo hacia las primeras posiciones del Este y luchar con Celtics, Raptors, y Cavaliers por la corona de la Conferencia. De momento, junto a Bledsoe y Middleton, se encuentran entre los ocho primeros, y con un animal así, quién sabe dónde está el límite. Incluso, Kobe y Durant, la mamba y la tarántula, ya han dicho que Giannis puede llegar a ser el mejor jugador de la liga: palabra de animal.

Giannis Antetokounmpo- The Human Highlight Reel

Joel Embiid, el gorila africano:

Sobre el siguiente protagonista ya escribió en esta web nuestro compañero Alejandro Gaitán el pasado año: https://www.solobasket.com/nba/joel-embiid-es-process

Joel Embiid es un portentoso jugador camerunés nacido en Yaoundé en 1994 (cumplirá 24 años en marzo). Se trata de un pívot muy móvil de 2’13m que, tras un tormentoso aterrizaje en forma de lesiones en la NBA, está convirtiéndose en uno de los jugadores más dominantes, mediáticos y carismáticos de toda la liga, todo ello con menos de 70 partidos como profesional.

Apodado The Process (luego recordamos porqué), Embiid pisó por primera vez EEUU con 16 años, cuando sólo llevaba uno jugando a baloncesto. Tras su paso por un par de institutos, dio el salto a la NCAA con la universidad de Kansas, y su espectacular año, lastrado por una lesión de espalda, le catapultó hasta el número 3 del draft, en el que su compañero universitario Andrew Wiggins alcanzó el primer puesto.

Escogido por los desastrosos Sixers, JoJo inició una terrible época de lesiones, operaciones y desesperación que lo privaron de poder debutar en la NBA hasta su tercer año en Piladelphia, en la temporada pasada, cuando su hueco en la enfermería fue ocupado por el mencionado Ben Simmons, con el que este curso está formando una de las parejas de mejor futuro en toda la liga, y que quieren ser santo y seña del final del “Proceso”. Este concepto (“trust de Process” -confía en el proceso-) acuñado oficialmente por el ex base de los Sixers Tony Wroten, hacía referencia a que había que tener paciencia y saber sacrificar el presente por un mejor futuro, y en esa línea iban las decisiones tomadas por el GM de la franquicia, Sam Hinkie. Se ha convertido en un mantra y una forma de entender el largo camino hacia el éxito: trabajo y paciencia.

El esperado debut de Embiid llegó por fin la pasada temporada, y no pudo ser más prometedor. Siempre minimizando y cuidando sus minutos, y sin jugar nunca un back-to-back (dos partidos consecutivos contra el mismo equipo), promedió 25 minutos, más de 20 puntos y casi 8 rebotes, en los 31 partidos que disputó. Justamente esos fueron los números en su ansiado debut, que llegó en octubre de 2016 frente a los Thunder, colaborando con 20 puntos, 7 rebotes y dos tapones en una victoria de prestigio. Al final del curso fueron un total de 28, el mismo número que habían conseguido los dos años anteriores juntos. El Proceso seguía en marcha, y con la llegada de Simmons y Fultz (reciente nº1 del draft), el objetivo estaba más cerca.

Su explosión definitiva llegó durante los primeros meses de competición de esta temporada, donde está promediando 24 puntos, 11 rebotes y 3 asistencias, y en la que ha dejado actuaciones memorables, como la que cuajó ante los Lakers del hijo de su archienemigo LaVar Ball, a los que endosó unos dígitos de otra época, probablemente del futuro: 46 puntos, 15 rebotes, 7 asistencias y 7 tapones. De locos.

Joel posee unas características envidiables y extraordinarias para jugar a baloncesto. A su altura y envergadura aúna unos conceptos técnicos que son difíciles de comprender ante un jugador que empezó a jugar tarde y en un territorio poco dado a este deporte. Embiid se mueve con una habilidad en la pintura, de espaldas y de frente, que recuerdan a otro mítico africano que alcanzó el Hall of Fame tras una existosa carrera, Hakeem Olajuwon, al que se le asemeja por su movimiento de pies y sus bailes bajo canasta. The Process, que por volumen y peso parecería tener que moverse lentamente, tiene una agilidad que le hace recordarme a un gorila, cuyos centenares de kilos no le impiden saltar, correr y trepar con la velocidad de un felino. Con Embiid sucede lo mismo, y añade a estas cualidades un exquisito tacto con sus manos y dedos, que lo convierte en un pívot moderno, con un rango de acción mucho mayor que los clásicos: anota un triple por partido, lo que hace a sus defensores tener que estar pendientes de él también cuando se sale de la sombra del tablero. Da la sensación de que estamos ante uno de los jugadores que puede dominar la liga y marcar una época, si deja definitivamente atrás sus problemas con las lesiones. Con todo ello, forma parte de una hornada de jóvenes pívots modernos que han revolucionado el concepto clásico de center evolucionándolo hasta dotar a esa posición de una nueva dimensión dentro del juego; son los Demarcus Cousins, Anthony Davies y K.A.Towns, cuyas habilidades bien valdrían un hueco en este artículo.

Además, a sus portentosas condiciones aúna un carácter extrovertido, risueño y vacilón que lo convierten en uno de los jugadores más carismáticos y seguidos de la NBA. Su affaire con Rihanna se convirtió en viral, y sus bailecitos y provocaciones (sanas) sobre el parqué consigue que tenga sobre sí mismo siempre el foco y la cámara. Nuestro gorila peleará junto a sus compañeros por volver de nuevo a los Playoff, y quién sabe si este animal llevará a su manada al final del camino, donde el anillo haría que todo el proceso hubiera valido la pena. Trust the Process.

Histórico de Embdil | Minuto #0

 

Kristaps Porzingis, el unicornio letón:

Pocos aficionados españoles deben quedar que no conozcan perfectamente al bueno de Kristaps. Este gigante nacido en Letonia hace 22 años pasó una buena época de formación en nuestra tierra, concretamente en Sevilla, donde llegó con 15 años y donde terminó de formarse y dar el estirón (nunca mejor dicho), cogiendo la rampa de lanzamiento para volar como prometedora estrella a los Knicks, que lo eligieron en el número 4 del draft de 2015, después de dos temporadas en la élite del basket español.

Porzingis jugó en el CB Sevilla a las órdenes de Aíto García Reneses y Luis Casimiro, en un equipo que, con el tiempo, se ha convertido en mítico: coincidieron en aquella plantilla el diamante letón, Willy Hernangómez, el base checo Thomas Satoransky, el también knick Marcus Landry, Latavious Williams, Joan Sastre o Pierre Oriola (este último en la segunda temporada, cuando ya se habían marchado alguno de los anteriores). Podría ser, con la ventaja que otorga el paso del tiempo, uno de los equipos jóvenes de más talento y prometedores que se ha juntado en la liga española. Una lástima que los tiempos que corren y los billetes que vuelan no permitan mantener una plantilla así; es la ley de la selva, o mejor dicho, el ciclo de la vida.

Pero vamos con el Unicornio. Se le conoce así porque representa algo fantástico; imaginable y soñado, pero imposible de ver: un tío de 221 cm que se mueve con una coordinación, velocidad y finura desconocida hasta la fecha. Parece sacado de un laboratorio cocinado por entrenadores-científicos del futuro. Su habilidad no es sólo que no corresponda a un hombre tan alto, es que es tan o más hábil que muchos jugadores bajitos. No es casualidad, aunque parezca ironía, que el año pasado ganara el concurso de habilidades del All Star, que consiste en un circuito de aros, conos y obstáculos que los jugadores deben recorrer con la mayor velocidad, incluyendo lanzamientos a canasta. Pues sí, Kristaps fue el mejor de todos los participantes, entre los que estaban Isaiah Thomas, Gordon Hayward o Nikola Jokic; parecía un chiste, pero era real. Parecería fantasía, pero era el Unicornio.

NBA All-Star Skills Challenge 2017! Kristaps Porzingis Demi God Cheese!

Pero podríamos decir que esta asombrosa capacidad para botar, pasar y correr del letón no es la mejor de sus armas. Porzingis esconde todavía una característica más especial que lo hace aún más peculiar y poderoso: su muñeca de seda. En las dos temporadas y media que lleva en la NBA, su porcentaje de lanzamiento de tres ha ido en aumento. En su primer curso, con 20 añitos, sorprendió a los norteamericanos anotando 81 triples de 243 intentos (33%). El año pasado mejoró y alcanzó los 112 de 314 (36%), y en esta temporada, donde sus prestaciones siguen en aumento, ha convertido ya 75 de los 194 intentos, lo que supone casi un 39%, algo inimaginable para un jugador de ese físico.

Por suerte para el espectáculo, evidentemente tirar de tres no es lo único que sabe hacer bien este bicharraco. Su enorme envergadura, coordinación y fuerza, unido a esos 221 cm, lo convierten en una máquina de taponar y de dejar mates alucinantes, de esos que intimidan al más pintado que pretenda frenarlo en vuelo. Dejamos aquí algunas de sus imágenes habituales cuando el chiquillo se siente poderoso:

Su inicio de curso fue sencillamente espectacular. Durante los dos primeros meses, su promedio anotador rondaba los 30 puntos por partido, y aunque el cansancio y las molestias físicas han disminuido ligeramente su aportación anotadora, actualmente supera los 23 puntos y casi 7 rebotes por partido, además de ser uno de los máximos taponadores con 2.3 por encuentro. Tras las dudas iniciales por su endeble apariencia física, se ha convertido sin discusión en el gran ídolo del Madison Square Garden, y la gran esperanza neoyorquina para una franquicia que hace muchos años que no saborea las mieles de partidos importantes: hace 5 temporadas que no visitan los Playoff, y desde la 1999-2000 que no disputa las finales de conferencia.

El arranque de temporada del Unicornio fue tan bestial que le dio para batir varios récords y situarse en alguna de las listas de efemérides más glamurosas que la Liga se encarga de dar a conocer. Por ejemplo, sus extraordinarios seis primeros partidos, lo convirtieron en el cuarto jugador de la historia igual o menor a 22 años que anotaba al menos 30 puntos en 5 de los 6 primeros partidos de la temporada , o la de convertirse en el primer knick de la historia en anotar 300 puntos en los 10 primeros partidos del año:

Por todo ello, podríamos decir que Porzingis se trata de un animal especial. Ni siquiera le podríamos comparar con uno corriente, porque sus condiciones y proyección lo sitúan incluso por encima del resto, aunque será él quien deba adaptar sus cualidades excepcionales y su buena y amoblada cabeza a una realidad donde los depredadores, dentro y fuera de la pista, aprovechan cualquier despiste para atacar tus debilidades, por mínimas que sean. De momento, el Unicornio, con el peso de una mega urbe como Nueva York sobre sus anchos hombros, tratará de demostrar que los unicornios existen, y de devolver a los Knicks al lugar que merecen, después de tantos años de peregrinaje por un árido desierto donde sólo los animales fantásticos son capaces de sobrevivir.

Fuentes:

NBA.com

ESPN.com

solobasket.com

NBAmaniacs.com

Wikipedia

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Comentarios

La evolución de los jugadores y convertirlos en aposicionales es lo que permite que este tipo de jugadores sean autenticos cracks, eso, y las reglamentación actual en pro del espectáculo en la cancha.
Sin desmerecer a nadie, comparar a Embiid con Hakeem no es justo, ni para uno, ni para el otro, debido, entre otras cosas, a que Olajuwon sufría el contacto la brega y lucha y el trabajo dentro de la zona que hoy día no se permite, y con esas circustancias, promediaba números mejores. Embiid tiene cualidades propias que le hacen destacar, en parte quizás por la ausencia de pivots puros que te exhijan un esfuerzo tanto en ataque como en defensa, competir 35 minutos al 100% en las dos zonas, no solo en una, ahi sí veríamos la dimensión de Embiid
Lo de Antetokoumpo, es más de lo mismo, ahora un jugador así, con un bloqueo en la bombilla se planta en el aro, sin oposición ni de su par, ni del defensor del bloqueo, ni del interior que debe cubrirlo. La reglamentación de contactos, unido al incremento de rango de tiro de los interiores, ha hecho que jugadores así sean indefendibles en muchas situaciones de juego, pero además es que ha perdido incluso la voluntad de intentarlo (hoy era noticia las 51 faltas del partido de los Sixers, como un partido duro ¿en serio?, en el Estu-Baskonia de ayer en 40 minutos, se cometen 50, y fue un partido blandito).
Y en esa misma situación tenemos a Porzingis, hace diez o quince años, solamente habría podido jugar de 3, no hubiera podido pasar por la zona porque los contactos no le dejarían, yo todavía recuerdo el cambio físico enorme de Pau Gasol cuando llegó a la NBA, donde los interiores físicamente querían sacarlo a empujones y tuvo que ganar músculo y peso sin perder su movilidad para estar a la altura.
Cada época tiene sus virtudes y sus defectos, la realidad es que se ha abierto tanto la mano para ganantizar espectáculo en la cancha, que se les ha ido y ahora jugadores fisicamente especiales, se convierten en Top de la liga, sin necesidad de demostrar las cualidades técnicas que tienen, que en estos tres casos son muchas y que tendrán que trabajar cuando los físicos no respondan.

Hola pelolovic, gracias por el comentario. La comparación Embiid&Olajuwon, como hago referencia, es por esa habilidad para "bailar" en la pintura. Ese juego de pies que tenía "The Dream" era inimitable, pero "The Process" se le parece en algo, además de la coincidencia en la procedencia. Por lo demás, Embiid tiene muchas más cosas (pívot moderno) que también explicamos en el artículo. Insisto, gracias por tu opinión! ;)