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Pat Riley, de comentarista a leyenda

En la sombra. Detrás de la maquinaria. Haciendo que los engranajes funcionen, que el motor arranque y aguante la carrera completa. Cuando el equipo gana, los jugadores se llevan el mérito; lógico. Cuando el equipo pierde, la culpa es del entrenador. Y estar en una situación así, con la presión de la competición, no suele ser sencillo. Además, son los componentes de una franquicia que más observados y vigilados se encuentran.

Un jugador puede no rendir durante un tramo de la temporada (o una temporada completa) y se le da crédito, se achaca a problemas físicos o a dificultades de entrar en la dinámica del equipo. Y con los dirigentes de la franquicia sucede algo similar. Pueden tomar malas decisiones, descartar a jugadores que no lo merecen, o cometer graves errores salariales, pero permanecen en el cargo (y si no, mirad lo que pasa en Illinois). Pero con un entrenador esto es distinto. Comete un error, como una frase a destiempo, con la estrella y ya se le cesa del cargo (hola, Fizdale); no es capaz de salir de una mala dinámica inicial y no se le da una segunda oportunidad (Tyronn Lue); y si el equipo empieza a rendir bajo sus posibilidades ya es puesto en duda (Luke Walton).

Por ello, y siendo conscientes de que lo que consiguen depende también de los otros dos factores ya comentados, este será el comienzo de un serial. Un serial que tendrá el objetivo de ennoblecer la labor de los entrenadores, y en el que hablaremos de un entrenador por franquicia. Y para comenzar, no podíamos tener un nombre mejor que el de hoy.

Pat Riley es un entrenador, una persona, hecha a su propia medida. Que supo aceptar cuando su carrera como jugador había acabado, y que hizo lo mismo cuando tuvo que "colgar" la pizarra en el vestuario, y mudarse a los despachos de la directiva. Y que tras 51 años ligado al baloncesto es una de las figuras más influyentes de la historia, y uno de los mejores a la hora de dirigir una plantilla, y una franquicia. Aunque esta historia comienza un poco más atrás.

Jack Mckinney, el comienzo de todo

Es 1979. La temporada de Los Ángeles Lakers va bien, han ganado 9 de 13 partidos, y Magic está maravillando a la NBA, con 21 puntos, 8 asistencias y 7 rebotes de promedio. Los Lakers llevan 5 años sin pasar de Semifinales de Conferencia y Abdul-Jabbar, que llevaba en el equipo ya 4 temporadas, todavía no ha logrado causar un impacto real en el conjunto angelino. Entonces, el 8 de noviembre, una trágica noticia sacude a la ciudad de Los Ángeles, y a todo el panorama estadounidense.

Jack McKinney, entrenador Laker', ha sufrido un terrible accidente. Mientras se dirigía a Palos Verdes a disputar un partido de tenis con su segundo entrenador, Paul Westhead, los frenos dejan de funcionarle en un cruce y, al instante, sale disparado hacia delante acabando con la cabeza en el suelo. Estuvo en coma tres días, y no se recuperó hasta año y medio después. Pero fue en esos 3 días en los que la historia de los Lakers cambió para siempre.

Jerry Buss decide, por el momento, nombrar a Paul Westhead como entrenador interino mientras McKinney se recupera. Pero ese día no llega, Westhead es nombrado Head coach principal a todos los efectos y su asistente principal un antiguo jugador del equipo, que ganó un anillo con ellos, y que ahora es comentarista para la franquicia. Pat Riley. Y con esto comenzará todo.

Esa temporada, los Lakers igualarán su segunda mejor temporada con 60 victorias y 22 derrotas, y maravillarán al mundo baloncestístico. A base de asistencias, alta anotación, un gran número de posesiones y un ritmo vertiginoso, y un juego de conjunto abrumador consiguieron captar su atención. Eso explica la gran asistencia que tuvo el Forum de Los Ángeles ese curso -con casi 600.000 totales-, y el aura que empezaba a rodear al equipo. Un aura que les acompañará a lo largo de todos los PlayOffs. 4 a 1 sobre Phoenix en primera ronda, 4 a 1 sobre Seattle en Finales de Conferencia, y 4 a 2 sobre los Philadelphia 76ers, una serie que marcará el comienzo de una rivalidad, que llegaría hasta la apabullante derrota de 1983. El anillo volvía a estar bañado en púrpura y oro.

Este idilio duró apenas unos meses, pues la siguiente temporada no acabó como debería haber sido. 6 victorias menos que el año anterior, 8 en los últimos 22 encuentros de la temporada, y decepción en PlayOffs. Houston, en primera ronda, enviaba las aspiraciones de los Lakers de vuelta al calor de California con un Moses Malone espectacular -31 puntos, 18 rebotes- y una rotación mayor que sus rivales. Y si McKinney había sido el comienzo, el día 19 de noviembre, casi como si estuviera planeado, se da el paso definitivo. Westhead es dejado a un lado, y Pat Riley toma las riendas.

WESTHEAD ES SUPERADO POR RILEY Y LA PLANTILLA

Magic ha solicitado el traspaso. No se entiende con el entrenador, sus métodos no encajan con su juego y, como añadido, no acepta consejos de la directiva ni media palabra con sus jugadores salvo caso de extrema necesidad. Esto, evidententemente, provoca que cuando Westhead sea despedido el prestigio de la estrella y su reconocimiento general disminuya, aunque no parece afectarle en demasía. Aún así, será recibido de mala manera allá a donde vaya por una temporada y será abucheado en Seattle o en el mismo "The Forum", aunque utilizará sus trucos de malabarista para pasar de su promedio inicial de 17-10-9 al 20-10-9 que logrará los siguientes 30 encuentros. Porque estaba feliz.

"It's show time again" (cita de The Washington Post) decía el 15 de diciembre de 1981, casi 1 mes después del cambio en el puesto de entrenador y habiendo ganado 10 de los 12 partidos disputados desde entonces, una racha victoriosa que se alargaría hasta el 8 de enero, cuando encadenarían 2 derrotas consecutivas por primera vez en toda la temporada. Hasta entonces, un total de 17 victorias en 20 partidos jugados con Riley. Y la forma de jugar había evolucionado.

Han pasado de vencer por poco margen a superar ampliamente los 100 puntos, volviendo a las jugadas que tanto les caracterizaban. Las puertas atrás, los contraataques, y los tiros cómodos y sencillos en la zona han vuelto. El estilo que Westhead ha eliminado, y que McKinney había intentado implantar, ha regresado para quedarse. Y Pat Riley es el artífice de ello.

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Y de aprendiz a maestro, un año de diferencia

Cuando coge al equipo estos se encuentran con 7 victorias en 11 partidos, en camino de acabar la temporada con 52 victorias y 30 derrotas, y con 5 equipos con mejor porcentaje de victorias que ellos hasta el momento. Al final de temporada 57 victorias serán las que hayan conseguido en la Regular Season y únicamente Boston y Philadelphia están mejor posicionadas. Y los PlayOffs también serán suyos. 4-0 ante Phoenix en primera ronda, 4-0 ante San Antonio en Finales de Conferencia, y 4 a 2 ante Philadelphia en las Finales. Y esta vez sí el anillo volverá a viajar a California, al techo del Staples.

Un año después el guión seguirá la misma narrativa, sin cambios de banquillo pero con un gran giro final. La abultada derrota que sufrirán los de Riley en las Finales ante Philadelphia. Tras superar el récord del año anterior, y avanzar con mayores complicaciones en los PlayOffs sufriendo especialmente ante San Antonio, perderán cuatro encuentros consecutivos en la reedición de la Final de 1982. Y entonces vendrá el cambio estructural de la competición.

el renacer de una rivalidad de otra época

En los PlayOffs de 1984 será la primera vez que haya 16 equipos participantes -hasta el momento venían participando 12- y se constituirá el formato que a día de hoy sigue vigente. Primera ronda, Semifinal de Conferencia, Final de Conferencia y Finales de la NBA. Unas Finales en las que volverá a darse un enfrentamiento que estaba adormecido. 1969 será el año en que ambos equipos se encuentren por última vez a estas alturas de la temporada y, si había ya cierta esperanza de que se diese el duelo, la rivalidad que había nacido 5 años antes en Salt Lake City no hacía más que aumentar las expectativas.

Magic y Bird se habían visto las caras en 1979 en la final por el campeonato de la NCAA y desde que salten al profesionalismo se esperará con ansia su primer duelo por el título, que llegará en las Finales de 1984. Unas Finales que se acabaron decantando por el lado verde, que llegaba favorito pero que sufrirá para sacar la victoria en 7 partidos, alcanzando la gloria el 12 de junio con 9 puntos de ventaja, 111 a 102, y llevándose el primer asalto de un combate que durará varios años.

Porque al año siguiente los Lakers se vengarán, vencerán en 6 encuentros a los de Massachusetts y pondrán unas momentáneas tablas en su rivalidad ochentera. Una rivalidad que no verá el desempate hasta el año 87. Porque 1986 será el punto de inflexión de los Lakers de Pat Riley.

 

Los Lakers, con Jerry y Jerry -Buss y West- como Propietario y General Manager, formarán una plantilla muy completa, reforzándose a través del Draft con los servicios de AC Green, y manteniendo el bloque que habían confeccionado los años previos. Kareem, Johnson, Worthy, Scott, Lucas, Cooper, Rambis, Kupchak... en definitiva, un equipo con una calidad abrumadora, y que empezará el curso como se le esperaba. Al término de los primeros 20 encuentros, 18 victorias se habían decantado de su lado, que auguraban un gran final de temporada. Un final que no acabó sucediendo. Porque al llegar los PlayOffs San Antonio no será mayor problema, pero los Mavericks lograrán empatar la serie a 2 tras empezar perdiendo, y en las Finales de Conferencia el precipitado fin llegará. Otra vez los Houston Rockets, esta vez liderados por Olajuwon y Sampson, dejarán a los Lakers sin su preciado anillo. Tal y como había augurado Abdul-Jabbar a su entrenador a principio de temporada.

"No podemos superar el año pasado. Finalmente logramos vencer a los Celtics después de todos estos años. Nos hemos quitado ese peso de encima. Ya no somos los LA "Fakers" o LA "Chokers". No podemos superar ese año."

En una entrevista concedida a SellingPower Riley comentaba que en este preciso instante supo lo que sucedería a final del curso, pues el sentimiento de complaciencia se había apoderado del grupo, y ya no había vuelta atrás. Aunque la derrota ante los Rockets ayudó a recuperar la motivación perdida. Pues ni con la gran plantilla que habían formado se habían llevado el anillo. Y entonces "Riles", como se le conocía por California, dio con la clave, y volvió a demostrar su talento e inteligencia, y desarrolló la fórmula definitiva.

aparece el career best effort

1%. Eso es lo que Riley pidió, o retó, a sus jugadores que debían mejorar. Un 1% en diferentes categorías que llevaría a todos los jugadores, que ya habían sido campeones, a superar números y percentiles "career best", es decir, considerados como los mejores de su carrera, y formar un grupo invencible. Como acabó sucediendo. Este 1% recibió el nombre de CBE -Career Best Effort- y fue muy efectivo, pues mediante comparativas con sus propios rendimientos pasados y con las actuaciones de sus rivales en la plantilla y en la competición el jugador se veía impulsado a dar cada noche lo mejor de sí mismo, a esforzarse para superarse, y para acabar completando la mejor de sus temporadas.

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Riley y Johnson, unidos por el éxito

Fue el mejor año de Magic a nivel anotador, AC Green se estableció en 10 puntos y 8 rebotes, Byron Scott anotó, asistió, robó y reboteó más que en ningún año de su carrera hasta ese curso y Kareem nunca había cometido tan pocas pérdidas. Todos estaban involucrados, y Riley había logrado causar un gran impacto. Un impacto que los catapultó. A acabar la temporada con 65 victorias -algo no logrado desde 1971-, a anotar en 14 ocasiones más de 130 puntos y a convertirse en el segundo equipo de la historia en anotar cada noche 117 puntos o más repartiendo casi 30 asistencias y perdiendo menos de 1400 balones totales. Y como cabía esperar, al llegar mayo arrasaron. Denver no puso problemas en primera ronda, Golden State sacó una victoria en Semifinales y Seattle cayó por 4 a 0 en la antesala a las Finales. En las que aguardaba Boston. Porque el desempate debía ser efectuado.

Y Los Ángeles estuvo a la altura. Dos victorias iniciales contundentes, una derrota en el tercer partido, y un 4º encuentro definitorio. Porque cuando Boston estaba a punto de empatar la serie, un 4º cuarto muy bueno dio a la franquicia angelina su tercera victoria, una victoria que valió medio título. Porque aunque Boston ganaría el siguiente encuentro, la eliminatoria ya estaba decidida. Tal y como se confirmó el 14 de junio, día en que los Lakers lograron su 10º Larry O'Brien, y frenaron la tendencia de unos Celtics que no lograrán otro anillo más hasta 2008. El método de Riley ha funcionado con éxito. Un éxito que se repetirá al año siguiente convirtiéndose en el primer equipo en lograr dos campeonatos consecutivos en 19 años. Y Pat Riley había cumplido la promesa realizada un año antes, cuando aseguró que volverían a llevarse la victoria, aunque en esta ocasión fue ante los Detroit Pistons.

 

la estancia en los Knicks, corta pero fructífera

Dos años después, al término de 1990, abandonará la franquicia. Ya ha hecho lo posible por recuperar su nombre, la ha colocado en el olimpo de los conjuntos históricos, y se ha labrado un nombre y un prestigio no visto desde Red Auerbach. Y tras un año de descanso volverá al banquillo, quitará el polvo a su pizarra y se mudará a la Gran Manzana, convirtiéndose en entrenador de los Knicks durante 4 campañas.

Comenzará un camino progresivo de superación de los fracasos pasados y en su primer intento pondrá en serios apuros a los Bulls de Jordan y Pippen, acabando vencidos en 7 encuentros. Un año después volverán a verse las caras, y a perder, aunque esta vez será en las Finales de Conferencia, derrota que será devuelta en 1994. Ante unos Bulls huérfanos de Jordan, retirado por primera vez, el juego duro defensivo consigue superarles y avanzar hasta las Finales. En las que esperarán los ya conocidos Houston Rockets. La serie empezará de cara para los Knickerbockers, se llegarán a poner con 3 victorias... y acabarán perdiendo viendo desperdiciada la renta alcanzada.

Y Riley decide renunciar a su cargo. Ni por dinero -recibe una oferta de 15 millones- ni por victorias -es el entrenador con mejor porcentaje de toda la historia-, si no por "poder". Quería llevar las riendas de los despachos además de los banquillos y Dave Checketts no se lo permite, pues él tenía el control del equipo, y no Riley. Control que Miami sí estuvo dispuesta a otorgar. Se encuentran ante la situación perfecta. Solamente han superado el 50% de victorias y Riley se ha mostrado como uno de los más capaces a la hora de cambiar rumbos y gestionar grupos en la NBA en los 15 años anteriores y, aunque la controversia envolvió todo el fichaje, así volvió a hacerlo una vez más.

el punto final a una vida dedicada a los banquillos

42 victorias en su primer año y "barrida" ante los Bulls de las 72 victorias en primera ronda, pero habiendo logrado ya una mejora considerable. Esta mejora se confirmará ese mismo verano con la adquisición de Mourning y Hardaway, y con los 61 partidos ganados a final de temporada llegando hasta las Finales de Conferencia, siendo vencidos una vez más por Michael Jordan. Pero Miami ya se había establecido como equipo a tener en cuenta aunque no terminasen de arrancar. Sucesivas temporadas sobre el 60% de victorias pero sin pasar de Semifinales en la post-temporada, la mayor decepción llega en 2002 y 2003. La marcha de Tim Hardaway y Anthony Mason provocan que sólo se ganen un 44% de los choques -36 a 46- en primera instancia. Y en 2003 llegará la mayor bajada. La que provocará que Riley se eche a un lado dejando paso a Stan Van Gundy, al terminar con 25 victorias y 57 derrotas.

Pero como se suele decir, todo lo que sube baja. Y de esta manera Miami consiguió a Dwyane Wade en el Draft, asegurándose el futuro de la franquicia, y pudo traspasar un año después por Shaquille O'Neal, formando una vez más un conjunto vencedor. Y cuando el viento volvió a soplar a su favor, Pat volvió a ver con buenos ojos el puesto de entrenador.  Por lo que tras un mal comienzo -y un verano de rumores eternos- Van Gundy fue relegado, y Riley finalizó la temporada con un nuevo anillo bajo su poder. Y dos temporadas después volvió a dejar paso, esta vez definitivamente, a Spoelstra, encargándose él de los asuntos directivos. Y el resto es historia.

Pat Riley & Peter Guber Talk About Success on Winning Voices

Porque siempre quedará latente el recuerdo de su pelo engominado, sus caros trajes, y su reconocimiento en la liga como el mayor "Padrino" que ha conocido la competición, y uno de los mejores entrenadores que jamás se ha sentado en un banquillo de los Estados Unidos.

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