El baloncesto, como todos sabéis, es un deporte de equipo. Lo que ocurre es que en muchas ocasiones se utiliza la palabra “equipo” con demasiada ligereza, y en otras tantas, la palabra incluso se olvida.
Lo que me parece más atractivo del deporte -respetando a los individuales- es poderlo practicar al lado de otras personas con las que debes interactuar para conseguir un objetivo final. Así, el baloncesto, como deporte de equipo me parece ideal para transmitir ciertos valores en la juventud actual: solidaridad con los compañeros; respeto por los árbitros, entrenadores, seguidores y rival; comprensión ante los errores del compañero; y por que no decirlo en una sociedad como la actual, competitividad con los propios compañeros en la lucha por los minutos de juego y por encima de todo con el rival.
Los problemas pueden aparecer cuando el principio de competitividad es mal entendido por las diferentes partes que forman el grupo humano llamado equipo. El principio de la competitividad con el rival no parece plantear problema alguno: cuánto más competitivo sea el grupo mejor. Ello llevado, por supuesto, dentro de los cauces de la deportividad y máximo respeto por el rival.
Más complejo es el tema de la competitividad, cuando ésta se plantea entre los miembros del equipo. En este caso el principio sí debe ser controlado sobre todo por el entrenador y en edades más tempranas por el monitor y, sobre todo, por los padres. El jugador en ocasiones antepone sus intereses individuales a los del grupo (con lo que deja de ser equipo). Pierde de vista que lo que más ha ayudado a engrandecer nuestro juego es la necesidad que crea de ayudarse unos a otros. El baloncesto es un deporte en el cual existe un alto grado de especialización. Además, las propias características del juego hacen que los componentes de un equipo puedan aportar cosas que otros no pueden, haciéndose todos los individuos necesarios pero no imprescindibles. Estaréis de acuerdo con la dificultad de ser un equipo realmente competitivo sólo con reboteadores, o sólo con anotadores, o sólo con defensores. ¿Pero pensáis realmente que los jugadores entienden el principio de la competitividad y el principio de equipo en su justa medida? Si lo entienden, ¿pueden perder de vista esta visión en algún momento? Y si es así, ¿es justificable anteponer en esos casos el interés individual? Y por último y “quid” de la cuestión… ¿Creéis que el jugador/a es de raíz egoísta por naturaleza?
Es un tema muy actual y en el que me ha ayudado mucho un gran amigo y gran entrenador, gracias Drazen10.
Aprovecho para desearos a todos los lectores de solobasket y a todos los que trabajan en esta web unas Felices Fiestas y un Feliz 2007.