No en Casa de Mike Novak

 

Como cualquiera puede imaginar, los avances en el baloncesto y los cambios del reglamento no los provoca un único jugador. Pero es que además de atribuir el avance a un jugador concreto, encima se elige con frecuencia al jugador que no es. Así sucede con la prohibición del “goaltending” tanto ofensivo como defensivo, es decir la interferencia con el balón que se dirige al aro con la intención de desviarlo o de introducirlo según se trate de la canasta propia o ajena (o según las luces de cada uno, que de todo hay). Esta norma se atribuye a la presencia de Wilt Chamberlain, o de Bill Russell; también se la llama oficiosamente “the Mikan rule”, mientras que otros la relacionan con el olímpico Bob Kurland. En realidad, si hubiera que elegir un único nombre (cosa que como digo sería un error) ése sería el de Mike Novak.

La primera guerra fundamentalista del baloncesto (segunda, si contamos la de botar o no botar) comenzó cuando las universidades del Midwest empezaron a fichar a jugadores especialmente altos. Era un proceso que venía de antiguo, cuando el primero de los entrenadores “Phog” Allen se quejó amargamente de que el baloncesto se estaba convirtiendo en una actividad para monstruos de feria que en algunos casos llegaban a medir más de 1.90 de estatura. Luego ganó su primer torneo con Clyde Lovellette, un siete pies con mandíbula cuadrada, y dejó de quejarse. En fin, que el uso del salto entre dos después de canasta hizo que muchos equipos buscaran jugadores muy altos cuya única misión era ganar ese salto. A pesar de medir más de dos metros, la práctica totalidad de esos jugadores carecía de cualquier virtud física o técnica, y cuando se abolió el salto entre dos desaparecieron de las plantillas igual que habían venido. Hay que reconocer que Allen tenía razón cuando decía que esos pobres desgraciados arrastrándose por la pista ofrecían una imagen pésima del baloncesto.

Mike Novak fue el primer jugador de más de dos metros con auténtica calidad como baloncestista. Le daban 6-9, es decir 2.05, aunque el tallaje de la época no destaca por su fiabilidad. Como todos los pívots de entonces dominaba el tiro a dos manos de larga distancia y los ganchos en carrera, aunque su principal dominio venía de la combinación de su estatura con su capacidad de salto. Anteriormente los pívots altos carecían de capacidad atlética, y se decía de ellos en broma que tropezaban con las líneas del campo porque eran incapaces de saltar el espesor de la pintura. En cambio, Novak se movía y sabía saltar, lo cual sumado a su altura lo convertía en un pívot dominante. Entrenado por Leonard Sach en la universidad de Loyola de Chicago, Mike Novak se convirtió en una estrella universitaria de tal calibre que al entrenador Bill Reinhart le prometieron una plaza en el NIT si era capaz de conseguir que la universidad George Washington derrotara a Loyola en 1938. Reinhart, el inventor del juego de contraataque que luego aplicó Red Auerbach en Boston, consiguió derrotar dos veces al equipo de Novak, pero se encontró con que los organizadores del NIT se negaron a cumplir la palabra dada.

Después de completar su carrera universitaria, Mike Novak fichó por los Chicago Bruins de la NBL, y cuando los Bruins desaparecieron pasó a los Chicago Studebaker Flyers. Los jugadores de los Studebakers trabajaban también en la planta de fabricación de automóviles de la marca, lo cual era especialmente valioso durante la Segunda Guerra Mundial ya que estaba clasificada como industria de guerra y por tanto sus trabajadores no podían ser movilizados. Quizás lo más relevante sea que formaron el primer equipo integrado en jugar en una liga blanca, ya que contaban con seis jugadores negros y cinco blancos. Después de los Studebakers, Mike Novak pasó por los Sheboygan Red Skins entrenados por Dutch Dehnert, con los cuales llegó tres veces consecutivas a la final de la NBL – y perdieron las tres. A pesar de ello, Novak fue una de las principales estrellas de la NBL, donde destacó por su capacidad anotadora, por su gusto por la música “country” y por las dificultades de alojamiento, ya que necesitaba una cama especial en los hoteles debido a su estatura. Llegó a jugar en la NBA, aunque ya en la recta final de su carrera.

Con todo, el culmen de la carrera de Mike Novak como jugador se produjo en el National Invitation Tournament de 1939. Su equipo, Loyola de Chicago, llegaba al torneo imbatido, al igual que su gran rival la Long Island University de Clair Bee. La diferencia era que los de Chicago habían jugado contra rivales más potentes, y por eso eran cabezas de serie y los neoyorquinos no. La mejor actuación de Novak llegó en semifinales contra la universidad de St John’s entrenada por Joe Lapchick. Liderados por Dutch Garfinkle, los Redmen plantaron cara a Loyola y vendieron cara su derrota, pero al final el poderío interior del rival decidió el partido en la prórroga por 51-46. Según todos los comentaristas, la victoria se debió a la gran actuación de Mike Novak con nada menos que nueve tapones. Leonard Sach le dio la orden de permanecer debajo del aro y bloquear todos los lanzamientos del rival, y así lo hizo hasta terminar anulando el ataque de St John’s.

Después de esa exhibición, Loyola era claro favorito en la final, pero Clair Bee preparó concienzudamente a su equipo para anular a Mike Novak. En defensa usarían su famosa zona 1-3-1 con traps constantes cerrándose sobre el pívot rival, y en ataque instruyó a sus tiradores para que dirigieran sus lanzamientos a tablero y tan alto como pudieran, para evitar los tapones de Novak. Colocó a Ralph Kaplovitz e Irv Torgoff, sus dos mejores anotadores, uno a cada lado de la zona para obligar a Mike Novak a correr de un lado al otro: si intentaba acercarse a uno de ellos, el equipo debía invertir el balón al otro lado inmediatamente. La estrategia fue un éxito completo, y lograron evitar los temibles tapones de Mike Novak. Tampoco en ataque tuvo su noche, ya que el pívot Mike Sewitch se le pegó como una lapa a pesar de jugar con una fractura en el brazo. Mike Novak solamente consiguió anotar un único punto gracias a un tiro libre, y LIU dio la sorpresa al derrotar a Loyola por 44-32 en lo que Clair Bee describiría como la mayor victoria de su carrera.

Después del partido se sugirieron muchas medidas para evitar el dominio de los jugadores más altos, tales como elevar la altura de las canastas, alejar los aros de los tableros e incluso eliminar completamente a estos últimos. A pesar de su victoria, fue el entrenador Clair Bee el que presentó las propuestas más razonadas. Bee era un auténtico innovador que colaboró en algunos de los avances más importantes del baloncesto, como la zona de tres segundos o el reloj de posesión. Fue el principal promotor del concepto de “goaltending” o “interference”, es decir la prohibición del contacto con un balón lanzado mientras se encontrase en la vertical del aro. Esta norma se introdujo en 1944, cuando la aparición de varios jugadores próximos a los siete pies de altura (George Mikan, Bob Kurland, Don Otten) sembró el terror en los entrenadores universitarios. En realidad muchos de ellos no usaban esa técnica, y así por ejemplo el entrenador Hank Iba se lo tenía prohibido a Kurland, pero nadie podía estar seguro de que no cambiasen de opinión. Desde luego, Joe Lapchick en St John’s no compartía los escrúpulos de Iba, y animaba a su pívot Harry Boykoff a meter la mano en todos los balones que se acercaran a canasta.

Así volvemos a donde empezamos. La idea de limitar la capacidad de los jugadores más altos de interferir con los lanzamientos a canasta no se debió a ningún caso aislado, que podría haberse dejado pasar como una aberración estadística, sino que fue una consecuencia de la aparición de pívots como Mikan y Kurland con el éxito de taponadores como Boykoff. Todos tuvieron su parte de responsabilidad, pero si hubiese que señalar un único momento ése sería el 20 de marzo de 1939 en el Madison Square Garden, cuando dieciocho mil espectadores vieron a Mike Novak colocar nueve tapones a los Redmen de Lapchick.

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