En la Historiografía anglosajona la caída del Imperio Romano y el declive su acción civilizadora y cultural de unificación debido a la invasión bárbara de los godos se conoce como The Dark Ages. Los Años Oscuros. Es lo que los demás entendemos como la Edad Media. El legado cultural del mundo grecolatino quedó postergado en una suerte de fanatización teocrática que penalizaba al hombre y lo terrenal y exaltaba lo divino. Entendamos bien. No es que la masa de pueblo llano tuviera mucho acceso a la cultura. Más bien ninguno. Pero sí es cierto que la brillantez cultural latina, que prolongaba aquella helénica, de repente se vio oscurecida por un nuevo sustrato cultural germánico que dejó notar sus influencias en el derecho, la arquitectura, la pintura, la literatura y otros muchos más aspectos de la vida. Y todo aquel acerbo cultural grecolatino quedó recluido en los monasterios, las abadías y poca cosa más. Gracias a ello sobrevivió, cierto. Pero no lo es menos el hecho de que quedó fuera de alcance de la potencial difusión. El pueblo llano no hacía más que trabajar para sus señores feudales (han cambiado los tiempos pero no los hechos) excepto los burgueses (los habitantes de los burgos) y tampoco existía la imprenta, invento este fundamental para la difusión de la cultura.

Para resumir la perorata cultureta: a un período de esplendor en lo cultural y administrativo le sucedió otro de oscurantismo y pseudo-barbarie. Sí, reducción simplista al máximo, pero a este humilde juntaletras le sirve como base de sustentación para su hilo argumental.

Establezcamos la siguiente premisa en nuestro hilo argumental, que es la que nos atañe. Los que más que peinar canas, las combinamos también con escasez capilar recordamos sin duda aquella mini-etapa de esplendor del baloncesto español en la primera mitad de los 80 (4º puesto en el Mundial de Colombia 1982 con un robo escandaloso de un colegiado tal Reynoso en la prórroga del bronce frente a la Yugoslavia de Moka Slavnic, Kiča y Dalipagic, Plata en el Eurobasket Nantes 83 y en los JJOO de Los Ángeles 84). España se había instalado en el primer escalón de la élite europea, que por aquel entonces excepto USA, era la élite del basket mundial. Por aquel entonces el baloncesto contaba con un espacio más o menos regular en la única cadena televisiva española – la pública – que aprovechaba el tirón de popularidad de un deporte que hacía vibrar a los españoles. De repente, los colegios españoles se llenaron de niños y niñas jugando basket. Creció el número de licencias federativas de forma exponencial. A todo aquello lo conocemos los de este mundillo como el ‘Boom de los 80’. Desconozco si entonces existían sistemas de medición de audiencia, pero a buen seguro que no debido a la ausencia de competencia en el espectro radioeléctrico para RTVE. A buen seguro que aquel ‘boom’ certificado con el bronce en el Eurobasket Italia 91 (y porque nos tocó en semis con los anfitriones y sufrimos el típico ‘arbitraje FIBA’ de la época Stankovic, que si no a saber…) supuso una notable subida de las audiencias en las transmisiones deportivas del ente televisivo público.

Empezaron a interesarse los sponsors, creció la publicidad. El basket era el deporte de moda. Y entonces ocurrió lo que se veía venir. La Liga, organizada anteriormente por la FEB, y se constituyó en entidad privada auspiciada por un Eduardo Portela – exdirectivo de la sección de baloncesto del FC Barcelona – que vio negocio y convenció a los grandes de la competición para desgajarse de la FEB a imagen y semejanza de lo que ya había ocurrido en Italia, por aquel entonces la mejor liga del Viejo Continente a nivel deportivo, económico y organizativo. Y una vez establecida la ACB y consolidada como competición al amparo de los éxitos del Equipo Nacional (como gustaba el difunto Antonio Díaz-Miguel de denominar a la Selección Española), Portela procedió a vender los derechos de televisión a una de las primeras cadenas privadas que entonces empezaban su andadura en España: el Canal Plus. Y por un pastizal por aquel entonces, oigan. Pero claro, el Canal Plus era (y sigue siendo) una cadena de pago (otrora símbolo de estatus de hogar holgado en lo económico) cuya principal inversión se centraba (y se centra) en el balompié. Fútbol de pago y, cómo no, baloncesto TAMBIÉN de pago. Tanto la idolatrada NBA como el basket nacional. Y mientras la ACB y sus clubes crecían a nivel europeo en importancia económica y deportiva, cada vez más aficionados, jóvenes sobre todo, que se habían enganchado al basket con los éxitos de la Selección de los 80, se desenganchaban del mismo. Por no poder ver baloncesto en la televisión y por no poder seguirlo en los medios informativos (?), que ninguneaban sistemáticamente al segundo deporte en glorias deportivas y licencias federativas en España.

Tras la mini-etapa de esplendor de los 80, los Años Oscuros. Escondidos de la visión del aficionado. Secuestrados, ocultados. Porque miren, exactamente igual que con la ACB, ocurrió con la ASOBAL de balonmano tras le medalla de bronce en los JJOO Atlanta 96. E igualmente a la ACEVOL de voleibol con los éxitos internacionales de la Selección comandada por por Rafa Pascual. Y mientras, el fútbol campando a sus anchas en abierto en las televisiones autonómicas y TVE. Se perdió el nicho informativo que por derecho el basket se había ganado por cuatro perras. Pan para hoy, y hambre para mañana. Y eso tuvo sus consecuencias. Evidente.

Como primera y fundamental consecuencia de esa ocultación, el desapego del aficionado – acostumbrado a no ver basket por tener que pagarlo – fue notable cuando la ACB terminó su contrato con Canal Plus y decidió contratar con TVE y volver al espacio abierto. Claro, los de siempre, que nunca hemos ido y venido si no que nos hemos quedado siempre a las duras y las maduras, no faltamos a la cita. Y aun así, resultábamos escasos en la despiadada competición que supone el nuevo marco televisivo cuya premisa si ne qua non son los shares de audiencia.

Ahora que prácticamente está todo inventado, y que vivimos en la época de lo vintage, o de lo retro si lo prefieren, y que hemos disfrutado gracias al Clan de la Pocha y Asociados de la etapa más gloriosa y brillante del basket español, se nos aviene otra fase de Años Oscuros para ‘recuperar el feeling noventero’. Total, si ahora todas las marcas de zapatillas vuelven a sacar al mercado sus modelos más celebrados de los 80 y 90, se venden camisetas de basket de aquellos mismos años inusitada – prefiero no mencionar el fenómeno Lady 23 – ¿por qué no volvemos a ocultar el basket de la vista de los aficionados? Así lo ha pensado el cesado Director General de la ACB a finales de primavera negociando de nuevo con Canal Plus los derechos de tv de su competición y el CEO de la Euroliga, a la sazón discípulo de Portela, Jordi Bertomeu. La Euroliga ha firmado un contrato con la cadena del Grupo Prisa para las siguientes tres temporadas. Y tampoco estamos libres de que la ACB decida similar destino una vez acabe contrato con la cadena nacional pública. Ya conocen el refrán: ‘Cuando las barbas de tu vecino veas cortar…’

Entendemos desde esta tribuna que tanto la Liga ACB como la Euroliga son empresas privadas y no organizaciones de beneficencia. Que parte fundamental de sus ingresos es la venta de sus derechos de televisión. Pero oigan, Portela y Bertomeu, una reflexión: ¿no sería mejor sembrar para el futuro en lugar de matar la gallina de los huevos de oro que es el aficionado? ¿Cómo van a engancharse los futuros consumidores que son los niños y niñas que ahora juegan a nuestro deporte si no pueden seguir las carreras de los que deberían ser sus ídolos? Porque sí. Tenemos el streaming pirata. Pero oigan, no es lo mismo. Entendemos que posiblemente sean más rentables 20.000 pagando que 200.000 en abierto en términos de publicidad. Todo eso y más lo entendemos.

Los que ahora mismo en España estamos metidos hasta el cuello en esto, es debido en gran parte a que tuvimos la ayuda de poder ver a nuestros ídolos nacionales y extranjeros. Sin esa ayuda sería como estar ciegos. Desorientados. Sin una referencia. Sin un norte que seguir. Y ese aislamiento conduce irremediablemente al ostracismo en un país en el que la cultura deportiva es sinónimo de fútbol. Vas a un bar y todos compran el fútbol. Pides que pongan el basket y te miran con cara rara. Portela, Bertomeu, ¿y vds. pretenden que encima paguemos por eso? Hasta ahora podríamos ser pocos, pero bien avenidos. A partir de ahora volveremos a ser pocos, y además dispersos.

En la etapa del vintage y lo retro, vuelven los Años Oscuros. Ojalá mi rodilla izquierda volviera a los 90. Al menos eso que hubiese ganado, ya que no veremos BA-LON-CES-TO.

 

                                                                                                                                                El Pirata.