Hace más de 30 años , la NCAA asistió a un duelo anotador con muchas similitudes con el que actualmente disputan JJ REDICK (Duke) y ADAM MORRISON (Gonzaga), para obtener un galardón normalmente reservado a jugadores de Universidades menores, con mayor protagonismo ofensivo y, en consecuencia,  muchas más oportunidades de tiro.

Fue aquel un concurso entre dos atletas muy diferentes:

. – De un lado AUSTIN CARR, moreno de Washington D.C., una leyenda de los FIGHTIN, IRISH, jugador versatil, capaz de encontrar la canasta desde fuera o por dentro, ambidextro, una máquina de anotar canastas nombrado Jugador del Año en 1971, y número 1 del draft de ese mismo año.

 El alero, que ya había sido segundo máximo anotador la temporada anterior tras Pete Maravich, logró una media asombrosa, 38 puntos por partido, sobre el papel un registro inalcanzable.

. – De otro, JOHNNY NEUMANN, un chico blanco de Mississippi, con cara de angel, alma oscura y muñeca portentosa, unánimemente catalogado como el nuevo Maravich.

Capaz de anotar 63 puntos en la cancha de LSU, amenazaba incluso el record de anotación de un jugador de primer año, en poder del propio Pistola, con 43.8 puntos de media en 1968, pero un descenso en su ritmo durante los últimos cinco  partidos – "solo" alcanzó los 29.4 puntos de media en ellos- dejó su marca en 40.1, suficientes para alzarse con el título al máximo cañonero universitario en aquel lejano 1971.

Fue un año loco, un auténtico festín ofensivo, donde varios jugadores alcanzaron marcas excelentes, como el escolta John Roche que le endosó 56 puntos a Furman. o el pivot Cliff Meely, 47 a Oklahoma. Hasta el mismísimo Charlie Yelverton, el entrañable Charlie Sax varesino, consiguió alcanzar los 46 ante Rochester.

Carr, como se dijo, sería una estrella NBA, jugando 11 temporadas con los Cavs fundamentalmente en los que promediaría casi 16 puntos por noche, y aún hoy en día conserva el registro anotador en el NCAA Tournament con 41.3 puntos.

Neumann solo jugaría un año en Oxford, Miss, declarándose elegible para el draft de la ABA,  donde jugó unos cuantos años con desigual fortuna en Memphis Tams,  vagando por varias franquicias como Indiana, Los Angeles y Utah, donde se ganó reputación de jugador egoísta y conflictivo, dando con sus huesos, a los 27 años, en Italia, ni más ni menos que en Cantú, donde aún recuerdan su clase, pero también sus excentricidades.

En el momento de escribir estas líneas, el alero de Spokane, diabético y fan del Che Guevara, lidera la disputa con 28.8 puntos, por 28.1 del escolta de Duke, de manera que el suspense se mantendrá hasta el pitido final.

Son otros tiempos, pero la NCAA nunca cesa de producir sueños, de acariciar nuestra curiosidad, de parir historias con sabor a leyenda, a basket puro y fantasía.

Y que así sea por mucho tiempo.