De Juan Manuel Gozalo, a Javier Ares, Herreros y Daimiel. De Héctor Quiroga a el trío maravilla Montes-Iturriaga-De La Cruz. De San Epi a San Navarro. De escucharlo en un camping por la radio y luego incorporarnos en las madrugadas para verlo en televisión (con las hazañas ya consumadas), a grabar un carrusel en sofisticados DVD\’s con disco duro que permiten editar. La diferencia de todo esto son 24 años. Nada más y nada menos. Los 24 años que han debido pasar para que la Selección vuelva a estar entre las 4 primeras plazas de un Mundial.
Fue en Colombia, Brabender decía adiós a la Selección, Andrés Jiménez era convocado por primera vez, y un chaval de 20 años llamado Fernando Martin armó tal "polvareda", que todos preguntaban quien era aquel tipo. Ahora no se retira nadie (por suerte), más que hablar de incursiones destacadas, hablamos de confirmación de nuestros jóvenes, y los 12 se encargan de armar "polvareda". Porque los 12 seleccionados que componen nuestro equipo nacional y todo su "staff" técnico, son los que se están llevando al unísono todos los halagos. Que ya están siendo unos cuantos.
A propósito, y antes de continuar, el que diga que hace 24 años que no llegados a las semifinales de un Mundial, le sonará la "chicharra" o la sirena, como en el "Un, dos tres", y las "tacañonas" se pondrán felices. En Colombia, en 1982, no hubo semifinales. Desde aquí corrijo a Iturriaga y De La Cruz (de los que ya hablaré más adelante), como dijeron en el partido ante Lituania: allí fue liguilla, tras una fase previa, donde se clasificaron los 6 mejores, los dos primeros de cada grupo inicial, más la "golfada" de incluir en esta fase final al anfitrión Colombia, como séptimo equipo del grupo. Y tras apalizar a los anfitriones, como hizo todo el mundo, fuimos apalizados por Yugoslavia, para derrotar a continuación a Australia, Canadá, y caer derrotados ante la URSS en la última jornada de esa fase final. Pero no fueron semifinales. De hecho, llegar a la final lo tuvimos crudo, puesto que tras la gran desventaja acumulada frente a los "plavi", habría que ganar, y de bastantes a los soviéticos, para poder aspirar a la final. Por eso, al quedar cuartos, nos enfrentamos a Yugoslavia, como terceros de aquel grupo. El resto, entre una malísima primera parte y el árbitro estadounidense Reynoso, pueden documentarse, y sabrán de nuestro cuarto puesto.
Aquel Mundial de España, que como en esta ocasión, aspirábamos al oro, y nos quedamos en una decepcionante quinta posición (que no fracaso, oiga). Y luego aquellas pesadillas, terribles, sombrías, tenebrosas, destructoras y lamentables, acaecidas en Argentina y Canadá. El destierro a Salta, la permanencia en ese Copps Coliseum de Hamilton, tan coqueto, pero tan desesperantemente vacío, jugando aquella "liga del hoyo". No más, por favor. Y todo cambió en Atenas, y se culminó, con los primeros atisbos de esta generación, en Indianapolis.
Ver jugar a estos chicos ahora, con lo que uno lleva a cuestas, es una bendición. Es sacar pecho, con el orgullo del que se levanta tras ser apaleado. Es ese plano a contraluz del héroe de la película, que magullado hasta los dientes, con el arma en ristre, contempla todos los enemigos abatidos a sus pies, para luego mirar al cielo. Lo más bonito de todo, es que esta nuestra Selección nos ha hecho olvidar nuestras magulladuras.
No me da ningún vértigo la sucesión de victorias consecutivas que llevamos. Los que tengan miedo que el saco se puede romper, que se olviden. Que miren a los 12 saltando de alegría en el centro de la cancha, tras derrotar a Lituania. Hilos especiales para un saco muy especial. El saco que "albergará" a Argentina dentro de dos días.
Todos ya esperamos lo mejor. Los que hemos "sufrido", disfrutamos este cuarto puesto conseguido. Los que se han unido al carro en estos días de "vino y rosas", les parecerá natural lo conseguido (realmente ha dado esa impresión) y aspiran a mucho más. Claro, que a mucho más ya aspiramos todos. Pero eso sí, por favor, déjenme disfrutar estos momentos, que me saben a gloria. Que desde aquel camping escuchando el España-USA, de cómo asfixiamos a nuestros rivales corriendo, que ni el propio "Doc" Rivers, ni Sunvold, ni Wiggins nos podían seguir, de la voz de un mítico Gozalo, han pasado muchas desdichas para que ahora no tenga la frialdad de saborear estos momentos. Ale, que continúen.