Cuando yo tenía 8 ó 9 años mi padre consiguió una forja, y una de las primeras cosas que hizo fue un aro de hierro para una canasta. (They Call Me Coach)
Mientras escribo, John Wooden permanece ingresado en un hospital esperando un desenlace tan inevitable que algunos periódicos ya lo han anticipado. En los próximos días leeremos la serie de panegíricos tan merecidos como impersonales que se prodigan en estos casos, que seguramente se centren en su fama mundial como entrenador de los UCLA Bruins. Aprovecho para recomendar que si alguna vez tienen la suerte de coincidir con don Javier Añúa, aprovechen para preguntarle por Wooden, Moncho Monsalve y el zapato. Ya me lo agradecerán, ya.
En fin, que habrá muchos sitios donde leer cosas interesantes sobre John Wooden, así que yo prefiero hablarles de otro, de Johnny Wooden, un chaval de Indiana que aunque pocos lo recuerdan llegó a ser elegido para el Hall of Fame de Springfield como jugador de baloncesto. Porque hubo un tiempo en el que incluso John Wooden fue joven, y jugaba de base para el equipo del frutero más grande que ha existido en el baloncesto.
John Wooden nació en 1910 en Indiana, no importa en qué ciudad. Para el baloncesto, uno nace en Indiana o no nace en Indiana, y punto. Como tantos otros jugadores de ese estado, Johnny creció en una granja y aprendió a jugar con su hermano en el granero. De niño su deporte favorito era el béisbol, pero para cuando llegó al instituto su interés ya se centraba en el baloncesto. Fue allí donde adquirió la costumbre de atar la llave de la taquilla en los cordones de una de sus zapatillas, inicialmente por seguridad y luego como amuleto. Sin embargo, a punto estuvo de abandonarlo después de enfrentarse con Glenn Curtis, entrenador del equipo del instituto de Martinsville. Curtis ya había irritado a la familia Wooden cuando relegó al hermano mayor al banquillo como sexto hombre, y una pelea de Johnny con un jugador que era el ojito derecho del entrenador terminó por provocar el enfrentamiento. “No voy a darle la oportunidad de que me trate como a mi hermano.” Glenn Curtis tuvo que pasarse dos semanas pidiéndole que volviera para que Johnny Wooden aceptara reintegrarse al equipo.
Y no era para menos. Pese a todos sus defectos, Glenn Curtis era un buen entrenador que había llevado a los Martinsville Artesians al campeonato estatal dos años antes, y estaba ante una oportunidad inmejorable para repetir triunfo. Por increíble que parezca, Johnny Wooden había salido de la escuela primaria convertido ya en estrella, algo difícil de entender fuera de Indiana. Pero es que la fiebre por el baloncesto era tal que el instituto jugaba sus partidos en un pabellón para 5200 espectadores, a pesar de que Martinsville no pasaba de los 4800 habitantes. Johnny Wooden pasó tres años en el instituto de Martinsville; pues tres veces fue elegido como All-State (equivalente al equipo ideal del estado) y tres veces llegó a la final del campeonato de baloncesto para institutos de Indiana. La fase final era un maratón enloquecido durante el cual los equipos jugaban un partido el viernes, y nada menos que ¡tres! al día siguiente para coronar al campeón. “He tenido bastante éxito jugando y entrenando a equipos campeones de la NCAA”, declararía con modestia años después. “Pero no hay nada comparable a ganar el campeonato de baloncesto para institutos en Indiana. La Final Four universitaria no puede ni compararse con el campeonato estatal de Indiana.”
Johnny Wooden había llegado al instituto convertido en estrella del baloncesto en Indiana, pero se graduó convertido en estrella a nivel nacional. Las mejores universidades del país intentaron reclutarle durante todo el verano, hasta que finalmente se decidió por los Purdue Boilermakers de Ward “Piggy” Lambert, que practicaban el juego rápido y ofensivo que le gustaba. En esta época las universidades aún no ofrecían becas deportivas, por lo que Johnny tuvo que compaginar los entrenamientos y los estudios con un empleo de camarero en una “fraternity house”. Cuando descubrió que a los mejores alumnos (la llamada “Dean’s list”) se les otorgaba la matrícula gratuita, Johnny Wooden se dedicó a sus estudios con tanto ahínco que terminó graduándose entre los primeros de su promoción. Mientras, como jugador fue elegido Helms All-American tres veces seguidas, la primera vez en la historia que eso sucedía, y lideró a los Boilermakers a dos campeonatos de la prestigiosa Big Ten. En 1932, la Helms Athletic Foundation eligió a los Boilermakers como campeones nacionales de baloncesto, único título existente ya que aún no se había creado el torneo de la NCAA.
Johnny Wooden perteneció a la primera generación de estrellas universitarias que dio el salto al profesionalismo, con pocos años de diferencia con Homer Stonebraker o Branch McCracken. Inmediatamente después de graduarse jugó unos cuantos partidos en Chicago con un equipo semiprofesional, y recibió una importante oferta de los Original Celtics por una cantidad muy sustanciosa. Sin embargo, la falta de estabilidad del baloncesto itinerante de la época y la obligatoriedad de jugar en domingo (algo que chocaba con las creencias religiosas de Wooden), junto con el deseo de aprovechar su título universitario, hicieron que rechazara la oferta. En lugar de ello, Johnny Wooden aceptó una plaza en el instituto de Dayton, Kentucky, como profesor de lengua, encargado del departamento de deportes y entrenador de baloncesto, béisbol y atletismo (el puesto de entrenador de fútbol americano lo rechazó debido a su total desconocimiento de ese juego). Una de las anécdotas más conocidas de sus comienzos en Dayton es que en una ocasión se enfadó tanto con los titulares durante un entrenamiento que cogió el balón y desafió a los cinco a que le impidieran anotar. No es necesario contar el resultado, ¿verdad? Pero el gusanillo de jugar terminó siendo demasiado para él, y además el baloncesto podía ser una fuente de ingresos adicionales muy necesaria en los tiempos de la gran depresión, especialmente después de que el banco en el que guardaba sus ahorros se declarara en quiebra. Eso llevó a Wooden a ponerse en contacto con Frank Kautsky, a quien había conocido en Chicago.
Frank H. Kautsky era el próspero propietario de una tienda de frutas y hortalizas en Indianápolis, donde patrocinaba un equipo de béisbol hasta que un día un amigo lo llevó a ver un partido de baloncesto. Fue un amor a primera vista, y un amor correspondido porque el baloncesto supo corresponder a la medida del cariño que Kautsky le profesó desde ese mismo día. Organizó un equipo amateur compuesto por antiguos jugadores universitarios de la región, y el Indianapolis Kautsky’s Athletic Club copó todos los trofeos y campeonatos amateur de la región viajando en la furgoneta de reparto de la verdulería. El éxito animó a Kautsky a dar el salto al profesionalismo, o más bien al semiprofesionalismo, y para ello fichó a varias estrellas universitarias como Frank Baird o Charles “Stretch” Murphy. O como Johnny Wooden.
Johnny Wooden pasó a ser el gran reclamo del equipo. Su fama se extendía mucho más allá que la de sus compañeros, y cuando saltaban a la pista era habitual que los espectadores preguntaran cuál era Wooden. Su rapidez e intensidad entraban por los ojos de los aficionados, y su jugada favorita era penetrar para frenarse en un palmo de parqué y fintar el tiro para que el defensor pasara de largo. Entonces se levantaba y anotaba cómodamente, para delirio de los espectadores. “Very difficult to guard, a great driving dribbler, passer, a team player, good shooter and a marvelous free-throw shooter”, resumía Frank Baird. Wooden ya había servido como asistente de Piggy Lambert durante su último curso en Purdue, y como jugador era el prototipo de entrenador en la cancha. Su control del bote le permitía superar las defensas más presionantes, anotaba desde cualquier posición y sabía forzar faltas para rematar desde el tiro libre. Para muchos de sus contemporáneos, Johnny Wooden fue el mejor jugador de baloncesto del mundo en su época. Sin más ni más.
Viendo el éxito del baloncesto, Frank Kautsky tuvo la idea de crear una liga que agrupara a los diversos equipos semiprofesionales de la zona, y así surgió la National Basketball League. Los Kautskys llegaron a la final de la nueva liga, pero fueron derrotados por los Akron Firestone Non-Skids por un apretado 32-31 a pesar de los 21 puntos de Johnny Wooden. Sin embargo, la falta de estabilidad económica de la mayoría de los clubes provocó la disolución de esta liga después de sólo una temporada, y los Kautskys volvieron a su existencia itinerante. Casi todos los miembros de la plantilla se encontraban en situación parecida a Wooden: ocho de los diez jugadores eran entrenadores de instituto, y todos jugaban por una mezcla de afición y ganas de sacarse un sobresueldo. No había mejor propietario que Frank Kautsky, que vivía intensamente los partidos y si perdían se enfadaba tanto que apenas podía mirarlos a la cara. Sin embargo, les pagaba religiosamente después de cada partido con independencia del resultado, porque Frank Kautsky era un caballero. Y era habitual que después de una gran victoria o una buena actuación individual, algunos jugadores se encontraran con un billete de más como recompensa. Cobraban por partido jugado, $25 cada uno, excepto Johnny Wooden que cobraba $50. Para hacernos una idea, el día que llegó a los 100 tiros libres anotados consecutivamente Frank Kautsky paró el partido y le regaló un billete de $100 como premio. Según Johnny Wooden, era el primero que veía en su vida.
A pesar de ello, era una existencia agotadora. Johnny Wooden tenía que dar clases por la mañana, luego entrenar a su equipo, y después coger el coche para ir a jugar a cualquier sitio para volver a las tantas de la noche. A veces se llevaba el material docente en el coche, y conducía con un ojo en la carretera y otro en los libros para preparar las clases al día siguiente. Fue por el tema de las distancias que dejó el instituto de Dayton para trasladarse a South Bend, Indiana, y el propio Frank Kautsky temía que en cualquier momento dejara el equipo para buscar otro más cerca de su casa. La renovación de Wooden fue noticia en todo el estado, y con él los Kautskys pudieron jugar de tú a tú con los grandes combinados profesionales de la época como los Rens, los Celtics o los SPHAs. Es cierto que entonces los equipos locales partían con ventaja contra unos rivales que llegaban con apenas seis jugadores después de viajar cientos de kilómetros en coche, pero no es menos cierto que normalmente los visitantes se terminaban llevando la victoria.
Fue en uno de esos partidos cuando se produjo el accidentado encuentro entre dos futuras leyendas de los banquillos. En los últimos minutos de un partido que los Kautskys iban ganando a los Celtics, Johnny Wooden inició un contraataque que terminó con el tropezón de la estrella local que salió rodando por el suelo. Cuando se levantó vio a Joe Lapchick que venía detrás, y creyó que le había puesto la zancadilla. Lapchick quiso explicarle que no era así, pero Wooden no se paró a escuchar sino que intentó darle un puñetazo. Joe Lapchick lo sujetó con sus larguísimos brazos e intentó explicarse mientras Johnny Wooden manoteaba en vano sin lograr alcanzarle. Al cabo de unos segundos ambos se dieron cuenta de lo ridícula que era la escena, y estallaron en carcajadas. Fueron amigos desde entonces.
En noviembre de 1935, Frank Kautsky decidió hacer otro intento con una liga profesional, y creó la Midwest Basketball Conference. Esta vez tuvo más éxito, y después de cambiarse el nombre a National Basketball League esta liga sobrevivió hasta fundirse con la BAA para formar la actual NBA. En la temporada inicial los Kautskys de Johnny Wooden volvieron a llegar a la final, pero una vez más salieron derrotados en un partido ajustado 39-35 por el equipo revelación de la liga, los Duffy Florals de Chicago. Sin embargo, la peor noticia para los Kautskys se produjo al terminar la temporada siguiente, cuando Johnny Wooden anunció que iba a firmar por el equipo de los Ciesar Chrysler-Plymouth All-Americans.
Eddie Ciesar era un próspero vendedor de automóviles de Whiting, Indiana, que decidió patrocinar un equipo de baloncesto en competencia directa con Frank Kautsky. Ciesar y Kautsky pujaban por los mejores jugadores de la región, y en 1937 el ganador fue Eddie Ciesar, que pudo reunir un equipo formado por jugadores conocidos y liderado por el famosísimo Johnny Wooden. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que descubriera que Ciesar no poseía las mismas cualidades que Kautsky. En diciembre de 1938 Johnny Wooden estaba camino de Pittsburg junto con un compañero para jugar contra los Pirates de la NBL, y se encontraron con una tormenta que estaba cortando todas las carreteras de la región. Ignorando las recomendaciones de los habitantes de la zona y evitando placas de hielo que varias veces estuvieron a punto de matarlos, los dos jugadores consiguieron llegar a Pittsburg a tiempo de jugar la segunda parte y remontar el partido. Johnny Wooden no pudo creer lo que veían sus ojos cuando al terminar, Eddie Ciesar intentó pagarles la mitad del dinero acordado ya que sólo habían jugado la mitad del partido. Aunque finalmente consiguieron cobrar la cantidad total después de una larga discusión, para Wooden no era una cuestión de dinero sino de principios. Cuando volvió a casa, Johnny Wooden llamó inmediatamente a Frank Kautsky y solicitó volver a su equipo, con el que terminó la temporada.
En su último año, Johnny Wooden tuvo el placer de jugar al fin sin el salto entre dos que sucedía a cada canasta, y que fue abolido definitivamente en 1938. El juego se volvió mucho más rápido y animado, lo cual era perfecto para Wooden y los Kautskys que no en vano eran apodados “the speed merchants”. De todas formas, su carrera como jugador tocaba a su fin, y al terminar la temporada 38-39 Johnny Wooden anunció su retirada definitiva para dedicar más tiempo a su familia y a su trabajo como entrenador. Tengo entendido que no le fue mal del todo en ambos aspectos.
La última vez que se habló de sus días como jugador fue hace unas semanas, con motivo del “cinderella run” protagonizado por la universidad de Butler. Fue en su pabellón, el entonces Butler Fieldhouse, donde Johnny Wooden jugó su último partido de instituto, una final estatal decidida por un tiro desde medio campo de Muncie Central. Wooden aprovechó la ocasión para recordar lo cerca que estuvo de ir a la universidad de Butler y jugar para Tony Hinckle, a quien apodaba “the great one”.
Ah, la noticia ya es oficial, la espera ha terminado. Supongo que es el momento de despedirnos de Johnny, de Frank Kautsky y de su verdulería, y la hora de empezar a hablar de John Wooden, y de UCLA, y de torneos nacionales. El tiempo de los clichés, de repetir frases manidas y de citar poesías trilladas.
I have spread my dreams under your feet;
Tread softly because you tread on my dreams.