Que no se preocupen los seguidores del MMT Estudiantes, porque no voy a contar ningún episodio que haya estado a punto de sacar de sus casillas al nuevo entrenador del equipo colegial. Lleva poco tiempo en el cargo y, de momento, la evolución del grupo invita al optimismo.
Dedicaré estas líneas a un hecho que sucedió hace ya algunos meses, cuando Luis Casimiro dirigía al Alta Gestión Fuenlabrada. El conjunto madrileño jugaba en Menorca el domingo por la mañana y los enviados especiales de Telemadrid coincidimos en el mismo hotel con la expedición fuenlabreña.
La isla balear nos recibió con lluvia y con fuertes rachas de viento, así que decidimos pasar la tarde en la cafetería del hotel viendo por la 2 de TVE el correspondiente partido de la Liga ACB. No recuerdo exactamente el nombre de los dos equipos que se enfrentaban en ese encuentro, pero uno de ellos era el DKV Joventut, de eso estoy seguro.
Como el tiempo no acompañaba para dar una vuelta por Mahón, el entrenador del Fuenlabrada también bajó a la cafetería y compartió con nosotros un rato de baloncesto mientras nos informaban por sms de los resultados de la jornada, sobre todo de los rivales directos en la lucha por la permanencia.
Lo malo es que no estábamos solos en aquella sala, ya que había dos hombres de unos cuarenta años que también parecían interesados en el partido que daban por la tele. Y si antes dije que uno de los equipos era el Joventut, es porque uno de ellos empezó a dirigirse a Luis Casimiro nada más ver en la pantalla a Sito Alonso, el ayudante de Aíto García Reneses.
Al parecer, Sito Alonso había entrenado a un equipo de la localidad natal de aquel hombre y, cuando se dio cuenta de que tenía al lado a otro técnico de baloncesto Luis Casimiro-, empezó a contarle con pelos y señales toda la trayectoria de Alonso. Y ahí es donde entra la paciencia del nuevo entrenador del Estudiantes.
El monólogo del amigo de Sito Alonso se prolongó durante varios minutos y Casimiro aguantó el tipo con la mejor de sus sonrisas. Lástima que nos perdiéramos el final de la historia. Nuestros estómagos ya no aguantaban más y, armados con paraguas, salimos a la calle rumbo al primer sitio que nos ofreciera algo de comida. No queríamos dejarle solo ante el peligro, aunque no nos quedó más remedio.
Nunca le he preguntado a Luis por el desenlace de aquella charla pero, en el tiempo que estuvimos presentes, demostró una educación y un saber estar exquisitos. Eso es lo que se ha llevado el Estudiantes, que ya es mucho.