Vaya por delante que lo ocurrido en la noche del jueves 19 de agosto en OAKA es condenable. Vaya por delante que la que se lió fue no parda, no… pasó de castaño oscuro…
Escribió Marguerite Yourcenar en sus Memorias de Adriano que el emperador encontraba sosiego espiritual bajo el cielo ateniense, ciudad en la que pasaba largas temporadas desde joven y en la que la vida encontraba un sentido de calma, de pausa. Una forma de entender la vida no tanto en lo cuantitativo, si no en lo cualitativo (ya decía Luis Racionero que una de las características de la barbarie es la falta de mesura, de equilibrio y el apego a la cantidad), siguiendo la máxima socrática de que nada en exceso es malo y que la justa mesura se encuentra en el punto medio. Anoche, los locales disfrazados de hoplitas y los visitantes de chevnik perdieron la mesura de la sana competitividad y rompieron el precario equilibrio de la natural agresividad y dureza mental del guerrero moderno que es el deportista. Y de paso, convirtieron el prestigio del Torneo de la Acrópolis en una ruina histórica tal que fuese el Partenon. Aunque peor parados pueden salir el prestigio y la credibilidad de FIBA Mundo y Europa, por extensión. En esta consideración entraremos más tarde.
Vayamos por partes: El pique entre Fotsis y Teodosić viene ya de largo, desde la temporada anterior (y eso que el serbio jugó poco ya que apenas contaba para Giannakis). Sumémosle la rivalidad existente entre los jugadores de los dos históricos helenos, Panathinaikos y Olympiakos. Sumémosle la pasión con la que se vive el basket en tierras griegas y serbias. Sumémosle que ambas selecciones tienen una cuenta pendiente desde el Eurobasket 2007 – aquel partido de cuartos a cuyo término Darko Milicić soltó aquellas lindezas acerca de los árbitros, sus señoras madres y sus hijas que le costaron la limosna de 10000€…(Boli me kurac). Sumémosle el fuerte carácter competitivo de ambos grupos humanos, así como la sangre caliente del Mediterráneo…Y encontraremos la receta mágica para que en la noche del 19 de agosto, el Torneo de La Acrópolis se convirtiera en ruinas. Los mismos lectores han abundado en el tema en los foros de la noticia con sus atinados comentarios. No hace falta casi añadir más…
Y sumémosle la tradición de ambas escuadras en el arte de la marrullería, la picaresca y la repartición de panes consagrados dentro de una cancha de basket. Los griegos, constantes devoradores de pabellones auriculares externos arbitrales amén de pícaros como ellos solos. Los Plavi, especialistas en el juego sucio, las provocaciones y la intimidación. Como recordaban acertadamente algunos lectores en sus comentarios a la noticia en solobasket.com, no hay refriega, tangana o follón o escándalo arbitral en el basket europeo en los últimos 50 años en los que los serbios (y antes yugoslavos, comprendiendo a croatas, montenegrinos, bosnios, eslovenos y macedonios) no hayan estado por medio. De raza les viene a los galgos de OAKA. A bote pronto me vienen a la memoria varias batallitas que seguramente los más jóvenes lectores no han conocido o de las que han oído hablar someramente. Partido por el Bronce en el Mundial de Colombia 1982, España-Yugoslavia, un tal Reynoso árbitro norteamericano de ascendencia mejicana, anula dos canastas perfectamente legales a Chicho Sibilio ante la incredulidad e indignación del banquillo español para que los plavi se acaben llevando el bronce a Beograd. Al año siguiente, 1983, cuartos de final del Eurobasket de Nantes Italia-Yugoslavia, con la cuenta pendiente de la final olímpica de Moscú 1980. En un momento concreto de la segunda parte cuando los italianos (otras hermanitas Clarisas lideradas por Meneghin y Romeo Sacchetti, escolta atizador donde los haya habido) llevaban una cómoda ventaja en el electrónico, se monta una tangana espectacular iniciada por Kikanović (angelito él) que concluye con carreras en toda la pista, Goran Grbović amenazando con las tijeras del fisio a Meneghin y el propio Kikanović y a ‘Moka’ Slavnić repartiendo generosamente coces a todo lo que se movía subidos en la atalaya de la tribuna de prensa. Tampoco es baladí la persecución de Belostenny (R.I.P.) en el hotel de Madrid en el Mundobasket 86 a varios jugadores yugoslavos en respuesta a sus provocaciones. Por no hablar del famoso trash talking de Vlade Divac a Sabonis en las semis de aquel Mundial. Tampoco es difícil olvidar las provocaciones balcánicas en competiciones europeas de clubes, tales como escupitajos de Petrović a Alfonso Del Corral o la trifulca en la que Sabonis arreó un guantazo a Nakić en la final de 1986 de la antigua Copa de Europa. Como consecuencia, el gigante lituano hubo de abandonar el parquet expulsado y los croatas conquistaron el título de campeones. En los ochenta no había forma de jugar en una cancha de la antigua Yugoslavia o contra un equipo yugoslavo de la que no salieras atracado, chuleado, humillado y casi agredido.
Más recientemente los más jóvenes podrán recordar la final del Eurobasket de 1995, con el amago de plante de los lituanos ante el escandaloso arbitraje perpetrado por Pitsilkas y compañía. Huelga comentar el idilio Divac-Sabas… Al igual que el atraco a mano armada que sufrieron los argentinos la final del Mundobasket Indianapolis 2002, perpetrado por el mismo individuo armado de silbato que en la final del Eurobasket del 95. Los campeones en ambas citas, los mismos: balkan.
Tampoco los helenos se quedan cortos en esto del juego sucio y la marrullería. Manel Comas puede relatar cómo siendo entrenador del CAI Zaragoza y disputando una final de Recopa (1991), los maños fueron atracados por el Paok, tanto dentro como fuera del parquet. Por no hablar del asunto de los pasaportes: Nesterović jugaba como griego gracias a una abuela de su prima de sabe-dios-qué pariente (Makris). Curiosamente a Dragan Tarlac también le encontraron los de Olympiakos un antepasado griego que le permitió jugar como nacional en la HEBA. Por no hablar de los escándalos en las competiciones domésticas de la HEBA. Basta recordar que la temporada pasada los dos grandes del basket heleno hubieron de aplazar el último encuentro del play-off final debido a los incidentes violentos dentro y fuera de la cancha. Año tras año, asistimos a un rosario de escándalos, refriegas y actos de picaresca, tanto en una como en otra competición, serbia y griega. ¿Sanciones? ¿Suspensiones de licencias? ¿Multas? Da igual, al año siguiente veremos otra cosa aún más rocambolesca.
Y para muestra un botón. Parece que la FIBA ha movido ficha dejando claras sus intenciones: Florian Wanninger, portavoz de FIBA habla sobre la batalla campal del Grecia-Serbia: "En un caso similar en 2009 impusimos duras sanciones. El catálogo de condenas en estos casos va desde una multa económica hasta una suspensión de varios partidos". ¿Hace falta más? ¿Alguien dudaba de que las cosas no irían más allá de esto? Unos francos suizos recaudados como multa y algún partido de sanción que tratándose de dos de los candidatos a las medallas posiblemente no pase de perderse la primera fase.
Sólo daré dos datos: desde 1976 hasta 1995 el Secretario General de FIBA Mundo fue el serbio Boris Stanković. Desde que dejó la Secretaría General, es Presidente Honorario de la institución; ya sin voto, pero aún con voz. Hasta mayo del presente año, el Presidente de FIBA Europa ha sido el griego Giorgos Vassilakopoulos. A word to the wise, que dicen los ingleses.
Como decía alguien: ¡¡Que los echen de este mundo!!