Haciendo mi rastreo periódico de ebay me he tropezado con el regalo ideal para el aficionado ochentero: la camiseta de Larry Spriggs de la universidad de Howard. Poco más de veinte dólares, que al cambio no está mal, más gastos de envío. Hace tiempo que quería hacer una retrospectiva de Spriggs, un jugador cuyo breve paso por el Real Madrid ha sido muy comentado pero de cuya historia se sabe poco más que llegó luciendo un anillaco gordo que certificaba su participación en el campeonato de la NBA de 1985.

Es posible que os suene el nombre del instituto Northwestern High School debido a Len Bias, que se graduó allí antes de acudir a la Universidad de Maryland situada apenas a un kilómetro de distancia. O quizás os suene de su alumno más famoso: Jim Henson, el creador de los teleñecos. De ella salió en 1976 Larry Michael Spriggs, a medio camino entre Bias y la rana Gustavo. Spriggs no encontró hueco en ninguna universidad, pero sí consiguió acceder a San Jacinto, quizás el junior college de mayor prestigio baloncestístico del país. A pesar de que muchos alumnos permanecen los dos años en el junior college, su buena temporada permitió a Spriggs dar el salto a la universidad de Howard después de sólo un curso.

Howard era una histórica universidad negra más conocida por Thurgood Marshall o por Toni Morrison que por su equipo, los Howard Bisons. Incluso en la modesta “Mid-Eastern Athletic Conference” (Division II) Howard era de los equipos más débiles. Todo eso cambió con la llegada de Larry Spriggs, que coincidió con el despegue de la MEAC a partir de 1978 y culminó en 1980 con el ascenso a la Division I de la NCAA. Spriggs fue elegido mejor jugador de la MEAC las tres temporadas que pasó en Howard (1979, 1980 y 1981) al clasificar a su universidad para la final del torneo tres veces seguidas. En 1980 y 1981 Howard se proclamó campeona de la MEAC, y el premio fue la primera clasificación para el torneo de la NCAA de la historia de la conferencia. La aventura de Larry Spriggs en la “March Madness” no pudo ser más breve (fueron eliminados por un contundente 43-78 frente a la Wyoming del mítico Chris Engler), pero el simple hecho de haber logrado clasificarse sigue siendo el mayor éxito de la historia del equipo de baloncesto de la universidad de Howard.

Larry Spriggs fue elegido por los Houston Rockets en cuarta ronda del draft de 1981, donde a pesar de partir con pocas posibilidades a punto estuvo de quedarse en el equipo. Spriggs se labraría su carrera en la CBA, donde debutó formando parte de los Rochester Zeniths. Los Zeniths entrenados por Mauro Panaggio eran los vigentes campeones, y Larry Spriggs fue elegido como mejor debutante de la CBA en 1982. Cerca del final de la temporada fue repescado por los Rockets para reemplazar a Major Jones (uno de los hermanos Jones de Albany St) y participó con ellos en los playoffs de la NBA, pero no consiguió quedarse. Spriggs volvió a la CBA para la temporada 82-83, inicialmente en Las Vegas Silvers hasta que los apuros económicos de esta franquicia forzaron su traspaso a los Albany Patroons. En Albany coincidió con Phil Jackson, que estaba empezando su carrera de entrenador, lo cual supone que Spriggs ha sido uno de los pocos que ha jugado para Phil Jackson y para Pat Riley (y para Lolo Sáinz, ya puestos). En los Patroons coincidió también con otros jugadores conocidos en España, como Hollis Copeland, Mike Davis y Ralph McPherson. Incluso tuvo su momento de gloria llegó en el All Star de la CBA, cuando anotó 22 puntos y fue elegido como MVP (curiosamente, el mejor jugador de la edición anterior había sido un tal Brad Branson). Sin embargo, su carrera en los Albany Patroons no llegó a durar una docena de partidos, en los que promedió unos veinte puntos y media docena de rebotes: en Chicago Orlando Woolridge sufrió una grave lesión de rodilla, y los Bulls llamaron a Spriggs para ocupar su lugar. Tampoco esta vez consiguió abrirse un hueco, pero su buen juego en la CBA le consiguió un puesto en la plantilla de pretemporada de Los Angeles Lakers.

Los Lakers buscaban reforzar su línea de aleros después de la salida de Mark Landsberger y la lesión de Kurt Rambis, y Larry Spriggs peleaba con un tal Calvin Garrett por la última plaza disponible. Después de pasar la mayor parte de la temporada jugando a las sillas musicales con ambos entrando y saliendo de la lista de lesionados, el ganador fue Spriggs que como premio consiguió ser inscrito en la plantilla de playoffs, en los que su función principal consistía en animar desde el banquillo y comprobar que todos los jugadores cumplían el “toque de queda” durante los viajes (según Pat Riley, cada noche acudía fielmente a informar de que todas las camas estaban en su sitio, sin especificar si ocupadas o vacías). Todo eso cambió al año siguiente.

La temporada 1984-85 fue cuando Larry Spriggs pudo ejercer por fin como jugador de los Lakers de pleno derecho. Pat Riley no terminaba de confiar en Kurt Rambis como titular, y apostó por la pareja Jamaal Wilkes – James Worthy. Pero Wilkes no estaba totalmente recuperado de la enfermedad gastrointestinal que sufriera la temporada anterior, y después de sólo ocho partidos su bajo nivel de juego obligó a dejarlo en el banquillo. Larry Spriggs, el único jugador de la plantilla cuyo contrato no estaba garantizado, se vio así convertido en titular durante la primera vuelta. Incluso después de que Rambis recuperara la titularidad en la segunda mitad de la liga, Spriggs siguió jugando minutos debido a la lesión de Wilkes, que el 1 de Febrero sufrió la rotura de los ligamentos de su rodilla izquierda en una jugada en la que se interpuso en la penetración de Ernie Grunfeld de los Knicks.

Con el tiempo, Pat Riley fue definiendo un concepto de banquillo dividido en dos escalafones: en primer lugar estaban unos jugadores, dos (interior y exterior) o tres (escolta, alero y pívot), que formaban parte integrante de la rotación; y detrás de ellos se encontraban una serie de especialistas para cubrir posibles carencias puntuales. Entre ellos se encontraban habitualmente un base puro, un cinco de físico imponente o un tirador exterior, que jugaban más o menos dependiendo del partido, el rival y los emparejamientos. Larry Spriggs se encontraba entre estos últimos, como un especialista defensivo no exento de calidad ofensiva que ocupaba un espacio entre Michael Cooper y James Worthy, siendo más grande y fuerte que el primero y más rápido que el segundo. Como alternativa táctica, en ocasiones Riley optaba por sacar a cancha a Cooper, Spriggs y Mike McGee, formando parte de un quinteto rápido y defensor que practicaba una presión a tres cuartos de pista muy incómoda para los rivales. Así pudo disfrutar de muchos minutos en la final de conferencia contra los Denver Nuggets, un equipo de juego rápido y anotación alta cuyo poderío residía en una potente línea de aleros. Spriggs aportó muchos minutos de calidad en esa serie, y formó también parte del abanico de posibilidades para defender a Larry Bird en la final: según Dave Wohl, uno de los entrenadores asistentes de los Lakers, la idea era intentar desequilibrarlo alternando a Cooper, que le negaba la recepción de balón, a Worthy, que le daba distancia a cambio de cerrar la penetración y el pase, y a Spriggs, que lo defendería de manera más física a base de contactos. Sin salir de un papel secundario, la aportación de Larry Spriggs al anillo de 1985 justificaba su orgullo al exhibirlo.

Spriggs parecía tener una relación especialmente estrecha con “Magic” Johnson, quien en alguna ocasión alabó su capacidad de pase. Fue uno de los jugadores de los Lakers que completaron el combinado NBA que jugó varios partidos de preparación contra la selección olímpica estadounidense el verano de 1984, y años después al final de su carrera formó parte del “Magic All-Stars” (el equipo de exhibición organizado por “Magic”) como entrenador y jugador. Sin embargo, sus días como jugador NBA de pleno derecho estaban tocando a su fin. A pesar de la marcha de Jamaal Wilkes y Bob McAdoo, la llegada de A.C. Green y Maurice Lucas significaba que James Worthy ocuparía la plaza de “tres” a tiempo completo, y eso relegaba a Spriggs a un rol marginal. Pat Riley había presumido de profundidad de banquillo a principio de la temporada, apodándolos como la “SWAT Squad” y presentándolos como un argumento para repetir campeonato. Sin embargo, conforme avanzaba el año los fue usando cada vez menos, llegando al extremo en unos playoffs en los que McGee y Spriggs apenas participaron. Riley apostó por el tamaño de Petur Gudmundsson y Mitch Kupchak para ajustarse a la fiebre de las “torres gemelas” que hacía furor en la liga (Sampson y Olajuwon, McHale y Parish, Ewing y Cartwright), en detrimento de la velocidad que aportaban los aleros.

La limpieza de la plantilla que siguió a la derrota contra los Rockets supuso el fin del sueño NBA para Larry Spriggs. Su salario nunca había sido mucho más que el mínimo, y no cabía esperar que mejorara. El Real Madrid le ofrecía el doble de lo que ganaba en Los Ángeles (iba a ser el extranjero mejor pagado de la historia del club), y Spriggs no se lo pensó. El resto es bien sabido: a pesar de su brillantez con el balón en las manos, nunca se adaptó al equipo. Las carencias del juego interior del Real Madrid después de la marcha de los hermanos Martín, especialmente Antonio, y una interminable plaga de lesiones terminaron por hundir la temporada, y como había sido la gran apuesta de la temporada las críticas se centraron en Larry Spriggs. Según un entrenador que tuvo la oportunidad de trabajar con él, Spriggs era un jugador al que le resultaba difícil mantenerse en forma. Cualquier parón le hacía perder tono físico con rapidez, y luego le costaba más trabajo que a otros recuperarse; lo cual además lo hacía especialmente propenso a las lesiones que fueron una de las razones de su irregular rendimiento. Tuvo una carrera razonable en la segunda fila del baloncesto europeo, aunque su mayor fama vino de una balasera en Turquía en la que se vieron implicados Ricky Winslow, Henry Turner y Dallas Comegys (qué gran nombre para el cine porno). Eso provocó que muchos aficionados pusieran en duda que Larry Spriggs fuera alguna vez miembro relevante de la rotación de un campeón de la NBA. Incluso le rompieron la nariz en playoffs, y aún así siguió jugando.

En fin, que son dieciocho euritos por la camiseta, aunque luego te claven en los gastos de envío. Pero el friquismo es lo que tiene, ¿no?